AP LA IMAGEN ESPECULAR DE LA DERECHA ECUATORIANA Por Natalia Sierra*

Abril 06 de 2017

La ilusión última de la democracia —y, simultáneamente, el punto en que las limitaciones de la democracia llegan a ser directamente tangibles— es que puede cumplir la revolución social sin dolor, por “medios de paz”, simplemente ganando las elecciones. Esta ilusión es formalista en el sentido más estricto del término: se abstrae de la estructura concreta de las relaciones sociales dentro de la cual la forma democrática opera.”  Zizek Slavoj. 

Desde el mismo proceso constituyente en  el 2008, en el cual ya se podía mirar la presencia de los grupos económicos tradicionales y advenedizos que terminaron apoderándose de todo el gobierno de Alianza País, se gestó  la resistencia de las organizaciones populares coligadas a los programas de la izquierda, que observaron el viraje del gobierno a los intereses del capital. Durante esta última década, estas organizaciones, que estuvieron en la lucha en contra del neoliberalismo y que fueron  las que construyeron las bases sociales que permitió el triunfo electoral del A.P. en el 2006, resistieron todos los embates del gobierno en contra de sus intereses (violenta modernización del capitalismo extractivo, neo colonialismo, patriarcado, machismo, conservadurismo).

Fueron diez años duros y difíciles para las organizaciones sociales y la izquierda, sobre todo, porque el gobierno al que habían llevado a la administración del Estado y que se autodenominó de izquierda y revolucionario, gobernaba cada vez más para los intereses del capitalismo nacional, regional y asiático. Así, no solo que las políticas del gobierno golpearon los intereses de los sectores más empobrecidos, oprimidos y explotados del país, sino que además se lo hacía a nombre de la transformación social y el Socialismo.  La lucha social en estos años, por lo tanto, no solo fue por la defensa de los intereses de la sociedad  – de las mujeres, los trabajadores, los campesinos, los pueblos ancestrales, los estudiantes, los jubilados, los ecologistas, periodistas – y la naturaleza- fuertemente golpeados por este gobierno, sino por la defensa de la ideología de la transformación social.  Fue la lucha ideológica por defender la utopía de otro mundo es posible quizá  la más difícil  disputa política de estos años, de alguna manera se lo había logrado. De hecho, en el debate público nacional se planteaba y reconocía la oposición de izquierda y la oposición de derecha al correísmo, lo cual de alguna manera expresaba que entre la vieja derecha oligárquica y la nueva derecha extractivista había una mínima diferencia.  Una brecha irreductible entre “dos modelos políticos”  de la derecha ecuatoriana y regional.

Es conocido que, por lo general, con  cada proceso electoral las organizaciones sociales son fraccionadas y debilitadas en la falsa creencia que llegando a la administración del Estado  van a poder transformar el sistema. Sin lugar a dudas la democracia electoral tiene una magia que una y otra vez atrapa a quien se hace destinatario de su mensaje. Y una y otra vez las organizaciones caen en su seducción. Esta última elección la magia del poder burgués ha terminado por liquidar la mínima diferencia que existía entre la vieja y la nueva derecha, es decir la brecha de la resistencia  social que la sostenían pocas organizaciones, colectivos e individualidades que se negaron a decidir entre las dos derechas. Organizaciones que apostaron por la autenticidad del acto de la transgresión radical al sistema, fueron absorbidas por la última disputa electoral entre la vieja y la nueva derecha ecuatoriana, ambas subsidiarias  o partícipes directas del capitalismo.

El saldo de estas últimas elecciones es la duplicación de la derecha, cuyo resultado es dos perfiles casi idénticos de la derecha ecuatoriana. La ausencia en el Estado de la vieja derecha oligárquica ecuatoriana  se retiene en la compulsión de repetir el gobierno de Alianza País.  Lenin Moreno es el doble asombroso de Lasso, su sombra obscena, al que llegamos simplemente por redoblar a la derecha.  Este es el resultado de haber perdido la batalla ideológica con la derecha en la identidad de Alianza País. Hay que reconocer que la izquierda como la conocíamos ha  desaparecido en el reflejo al infinito de la vieja derecha mirándose al espejo de la nueva derecha de A.P.

En esta elección que dividen al país entre la vieja y la nueva derecha, división  que ratifican la hegemonía del poder  del capitalismo patriarcal, no se pudo sostener y menos profundizar  una distinción clara entre la derecha y lo Otro que hasta ahora llamamos la izquierda. Como toda diferencia que no se radicaliza ha sido tragada por el sistema hegemónico.

Es momento de recogerse en el vientre de las comunidades y las luchas  reales, de las cuales no deberíamos salir  para ser partícipes mudos y cómplices del espectáculo electoral que siempre nos debilita un poco y cada vez más.

*Artículo publicado previamente en el blog Mirando a través de la fisura