LA COYUNTURA ECUATORIANA A LA LUZ DE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES Por Alejandra Colla-guazo*

Mayo 03 de 2017

Atisbos generales de la década ganada

El clima electoral ecuatoriano es pensado como una construcción y deconstrucción permanente que da cuenta de la inestabilidad política que históricamente presenta el Ecuador -como ejemplo, el presente análisis-. Después de la tensa calma que se vive inmediatamente después de cada una de las elecciones, al conocer los resultados los ciudadanos empiezan a preocuparse y a preguntarse: ¿cuál será el hilo conductor del nuevo régimen? Y en seguida empiezan a pensar en las diferentes posibles alternativas de un nuevo gobierno.

En el marco de “la década ganada, como ha denominado al período de su gobierno el presidente Rafael Correa, se fueron transformando y generando procesos económicos y sociales heredados mayormente del modelo de acumulación neoliberal. En este sentido, la dinámica de la economía ecuatoriana se ha visto transversalizada, más allá de la economía del sistema-mundo por la economía nacional y transnacional, generándose un cambio en la forma de dominación política y transgrediendo en la composición social y estatal como veremos enseguida.

La composición de nuevas economías y la consolidación de otras es un elemento que ha caracterizado al gobierno de Correa. Por una parte, la continua dependencia hacia los capitales transnacionales, ha acentuado el extractivismo principalmente de hidrocarburos y de una incipiente y feroz minería. Así también, se extendieron los mercados populares con bienes de consumo “de fácil acceso”, incrementando la demanda popular, generando concentración de la riqueza y a la par devastando a las economías populares y comunitarias. En consecuencia, estas pequeñas economías se adhirieron al capital comercial y al capital financiero; así también, se consolidaron y emergieron nuevas burguesías nacionales. En concomitancia, también se modificó la sociedad, desarrollándose mayor fraccionamiento y estratificación en las clases populares y en las clases medias, además del robustecimiento a las clases dominantes.

La composición política también cambió, ya que la relativa autonomía del Estado, que debe existir en este tipo de sistema económico, intentaba concentrar permanentemente, todos los poderes estatales, proceso que se llevó a cabo a lo largo del gobierno correísta, generando y ejecutando nuevas funciones.

En este escenario, la realidad ecuatoriana presentó una seria inestabilidad que a la postre desató conflictividad social, política y económica -desarrollada en líneas posteriores-, además de dos hechos de extrema relevancia en los cuales nos centraremos: 1. La disputa final del poder entre dos candidaturas, la de Lenín Moreno y la de Guillermo Lasso y 2. La victoria de representación presidencial -con un estrecho margen- de Lenín Moreno.

Izquierda derechizada y Derecha plena

El proyecto que ha construido el correísmo en términos gramscianos, ha sido sin duda un proyecto hegemónico debido a la capacidad que ha demostrado en articular la “coerción y el consenso”. Además, ha demostrado poder estructurar y reestructurar permanentemente el proyecto hegemónico que lidera, debido a que ha sabido arbitrar entre los intereses de las diferentes clases -alineado a los intereses de la clase dominante-, así como al carácter populista de su gobierno, herencias populistas y prácticas clientelares. Parafraseando al sociólogo Mario Unda, Correa recuerda el discurso de izquierda que lo llevó al poder tras el desgaste de los gobiernos neoliberales, y ha sabido emplear momentos antes de cada elección algunas políticas cargadas de un fuerte tinte izquierdista dirigidas principalmente a las clases populares con el fin de legitimar su gobierno (Unda, 2016).

Cuando el presidente Correa expresó que no se postularía para una nueva contienda electoral, saltó de inmediato la posible candidatura de Lenín Moreno, debido a que el movimiento Alianza País no le era ajeno y poseía características para ejercer esta nueva dirigencia como su desempeño en la toma de medidas de amparo social, su autoproclamada apertura al diálogo y su carisma – que curiosamente, comienza a ser puesto en cuestión; en todo caso, habrá que esperar un poco para ver si se desarrolla y cómo-, demostradas durante la vicepresidencia en el Ecuador (2007-2013). En la contienda interna, Moreno fue preferido a Jorge Glas y a Ricardo Patiño, entre otros posibles candidatos.

Por su lado, la tradicional derecha nunca ha dejado – ni dejará– de estar acechando -al gobierno de turno- y en la crisis hegemónica en la que se halla el correísmo -tema que trataré en líneas posteriores- ha intervenido ferozmente, utilizado el mismo imaginario de izquierda que ha utilizado el correísmo para proponer el cambio de un “gobierno socialista”, a un gobierno lleno de oportunidades laborales con su propuesta de “un millón de empleos en cuatro años de gobierno”, agregando además que el pueblo ecuatoriano está cansado del autoritarismo del Correa.

Guillermo Lasso no es otra cosa que la expresión de un ala de la derecha y de algunos grupos económicos que se han visto desplazados del poder político – la división de CREO y del PSC, representantes más fuertes de la derecha ecuatoriana, revela que existe diferentes intereses entre distintos grupos económicos-.

Escenario electoral

En las elecciones presidenciales de 2017 se postularon ocho candidatos que representaban intereses amalgamados en los cuales ninguno representaba a las clases populares. Un hecho particular que llamó la atención fue la jerarquización de las candidaturas desde los primeros momentos, generándose una suerte de vaticinio en el orden de resultados de las elecciones.

Se vio al candidato Lenín Moreno encabezando el ranking de la contienda electoral, representando oficialmente a la “izquierda” ecuatoriana con el Movimiento Alianza País –AP; seguido por el banquero Guillermo Lasso, como la antítesis del primero, representando a la tradicional derecha, con el Movimiento CREO -Creando Oportunidades-, en alianza con el Movimiento SUMA -Sociedad Unida Más Acción-; a la abogada Cynthia Viteri, representando al Partido Social Cristiano y apoyada por el Movimiento Concertación; y, al General retirado Paco Moncayo, representando al Acuerdo Nacional por el Cambio, conformado por la Izquierda Democrática, el Movimiento Unidad Popular y el Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik. A la par, los cuatro siguientes lugares se disputaban los candidatos Abdala Bucaram (hijo), representando del partido Fuerza Ecuador, Iván Espinel, candidato por el movimiento Fuerza Compromiso Social, Patricio Zuquilanda, representante del partido Sociedad Patriótica y Washington Pesántez, candidato por el partido Unión Ecuatoriana.

Las elecciones presidenciales en Ecuador se llevaron a cabo el 19 de febrero del presente año, dando los siguientes resultados: Moreno, 39,36%; Lasso, 28.09%; Viteri, 16,32% -que como era de esperarse en el siguiente proceso electoral del 2 de abril del 2017 apoyó al candidato Lasso-; y Moncayo, 6.71% -que no apoyó a ninguno de los candidatos finalistas-. Disputándose el 9.52% los cuatro candidatos restantes (Consejo Nacional Electoral, 2017).

Votar por algún candidato que no fuera representante de Alianza País o de CREO, dada la coyuntura electoral ecuatoriana, no tenía sentido según varias afirmaciones de analistas políticos, intelectuales y otros. No obstante, pensamos que uno no debe votar con la convicción del triunfo, sino por poner en práctica el ejercicio de la democracia, que de paso sea dicho no estamos aludiendo a la democracia burguesa, sino a la democracia forjada de las luchas sociales.

Crisis hegemónica de Alianza País

La crisis de hegemonía de Alianza País se inició en el año 2013 y giró principalmente en torno a la conflictividad con los movimientos populares: indígenas por ser el sujeto más politizado, radical y movilizado, sobre todo alrededor del extractivismo, del manejo del agua, de la justicia indígena y de la educación intercultural bilingüe”; trabajadores públicos en torno a las reformas laborales; maestros y estudiantes en base a las reformas educativas. Además, estos conflictos se vieron atravesados por los intentos gubernamentales de controlar a las organizaciones sociales y por la criminalización de la protesta: represión a las movilizaciones, apresamiento y enjuiciamiento, acusaciones de terrorismo, sabotaje y rebelión contra el Estado (Unda, 2013).

A esta crisis se le suma el predominio del Ejecutivo sobre las otras funciones del estado, a la que Unda denominará conflictividad institucional, y la conflictividad entre el gobierno y algunos sectores de la burguesía  como: las derechas, los grandes medios de comunicación debido a la concentración del debate sobre la libertad de expresión entre el gobierno y esos medios, dejando de lado el derecho a la expresión del resto de la población y de las organizaciones sociales y la emergente burguesía que busca afianzar su nueva posición (Unda, 2013).

Lo que se oculta atrás de la criminalización a la protesta social es la deslegitimación y en última instancia “la anulación de la politicidad del sujeto popular” (Unda, 2016); en este sentido, al anular cualquier tipo de democracia y de participación popular, la sociedad civil ya no ejerce ningún tipo de control sobre aparato estatal y este hecho resulta por demás peligroso debido a que sus intereses son históricamente antagónicos a los intereses de las clases subalternas.

Además de profundizar el fraccionamiento y la criminalización a la lucha social, la política extractivista en favor del capital transnacional, que el gobierno correísta ha desplegado con mayor intensidad en el último período de su mandato, lo ha llevado a reprimir más a las organizaciones sociales, principalmente en la Sierra sur y en la Amazonía del Ecuador, desarrollándose batallas campales en donde se ha dado paso a la militarización de la zona, a desalojos, dejando atrás actos de violencia física y simbólica que han causado incluso heridos y muertos. El diálogo y el consenso por parte del mandatario han estado ausentes.

En las elecciones seccionales del 2014, el oficialismo perdió electoralmente en las alcaldías de las principales ciudades del país -Quito, Guayaquil y Cuenca- además, del descenso en la popularidad de Correa debido al autoritarismo propio de su tecnocracia.

Al término de la primera vuelta electoral del 2017, la crisis de hegemonía de Alianza País -AP- se cristalizó en los resultados del candidato oficialista alcanzando el 39,36% de los votos seguido por el candidato de CREO con el 28,09% de los votos (CNE, 2017).

En la campaña electoral para segunda vuelta, en la que se disputaba el poder entre  Moreno y Lasso, en los diferentes medios de comunicación televisivos y radiales se bombardeó a la ciudadanía ecuatoriana con las realidades de los hermanos países de Argentina y Venezuela, trasmitiendo la oficialidad por una parte cadenas nacionales de la actual realidad económica y social con Mauricio Macri, llegando a denominar al banquero Lasso como “el Macri criollo”; y, por otra parte Lasso acribilló al pueblo ecuatoriano en la misma línea con la realidad venezolana, llamando a un cambio y a dar fin al “socialismo correísta”, de lo contrario Ecuador se convertiría en “la nueva Venezuela”.

Bajo este panorama en favor de uno u otro candidato, las denuncias de corrupción al gobierno de AP por concepto de coimas otorgadas por la empresa brasilera Odebrecht se vieron diluidas y se trataron con una asombrosa opacidad. El pueblo ecuatoriano exigía la lista de quienes recibieron las coimas, misma que durante este período se mantuvo oculta.

Los resultados electorales en la segunda vuelta favorecieron a Moreno en la Costa ecuatoriana, mientras que no lo beneficiaron en gran parte de la población mayormente indígena de las provincias de la Sierra centro-sur y de la Amazonía -exceptuando Sucumbíos con el 50.49%- (Rodríguez, 2017). En el caso particular de la región Insular -Islas Galápagos-, la pérdida de hegemonía del proyecto correísta se expresó con la victoria del candidato Guillermo Lasso, debido a que la figura de Correa y el proyecto que representa se vio muy desgastado desde el año 2014, al igual que en el continente, debido al rechazo que los residentes de las islas cuando: “El Gobierno ecuatoriano decidió levantar la moratoria para construir nueva infraestructura de alojamientos turísticos en las islas Galápagos, para primar la calidad sobre la cantidad…” (El Universo:2014), lo que se traduciría en la destrucción del turismo comunitario, además el encarcelamiento de Eduardo Véliz quien“ había liberado una protesta de los pequeños hoteleros de Galápagos” (plan v: 2016) generándose también la desafiliación de AP del asambleísta por Galápagos, Ángel Vilema, debido  al veto del Ejecutivo sobre la Ley de Régimen Especial de Galápagos, alegando: “…Nosotros hemos apoyado este proyecto político durante 8 años, pero sin duda alguna que el veto y tomar esta decisión, definitivamente es incolsulta, afecta los derechos de la población…”( El Telégrafo: 2016).

Entre Moreno y Lasso            

En la segunda vuelta, que tuvo lugar el 2 de abril del presente año, el resultado nos ponía a todos los ciudadanos en una encrucijada, pues los candidatos finalistas, aunque representaban a grupos de poder diferentes, lo que tenían en común era que ninguno representaba a las clases populares.

Antes del 3 de enero de 2017, fecha en que se inició oficialmente la campaña electoral en el Ecuador, la totalidad de la población ecuatoriana se empezó a polarizar, ya no era un voto a favor de Moreno o Lasso; y conforme pasaba el tiempo, era una clara contienda que se tradujo en correístas o anticorreístas”. Y, como aderezo, el escueto tinte izquierdista en Lasso y el fuerte tinte derechista en Moreno.

Particularmente, el ejercicio electoral del que estamos saliendo en el Ecuador ha escindido dramáticamente a la población en general y ha generado un sinfín de violencia -física y simbólica-, gestándose un miedo inconmensurable a expresarse libremente en cualquier ámbito. Las redes sociales jugaron un papel fundamental en la politicidad social ayudando al incremento del caos social, del cual se pretende apenas salir. Y me pregunto, con una sociedad imbuida en el miedo y más caotizada de lo habitual, al estar alienada y fagocitada por sistema capitalista, ¿qué puede llegar a pasar?

En el pasado no se iba más allá de un monólogo o un diálogo con debate, aun sin consensos y/o enfrentamientos que se diluían con otro encuentro social, actualmente la toma de partido por un candidato u otro ha generado ira, rabia, rencor. La sociedad aparece así reproduciendo lo que la revolución ciudadana empezó a hacer de forma más clara en su segundo gobierno: fraccionar, dividir, separar, anular. En este contexto, con una sociedad de estas características, la lucha y la resistencia social popular se disemina, quedando a merced de la opresión.

Moreno al poder

El 10 de abril del año en curso, los datos oficiales del CNE revelaron que, con el 100% de actas escrutadas, Lenín Moreno obtuvo en la segunda vuelta el 51,15% de los votos, frente a Guillermo Lasso, que alcanzó el 48,85% de los votos.

El resultado final nos permite observar: por un lado, aunque ya no tiene el respaldo mayoritario, un porcentaje elevado de la población ecuatoriana sigue creyendo en el proyecto de la revolución ciudadana más allá de Correa. Es decir, si bien la hegemonía de AP se halla debilitada, aún mantiene fuerza suficiente -demostrada en esta victoria- para ejercer otro gobierno y para atraer nuevas capas de “intelectuales orgánicos” -dirigentes sociales y académicos que se están dejando atrapar por las redes oficialistas- (M. Unda, comunicación personal, 15 de abril de 2017).

Por otro lado, el estrecho margen de ganancia debido a la falta de apoyo de los sectores de izquierda excluidos, debilitados y reprimidos por el correísmo – trabajadores, campesinos, indígenas, estudiantes, maestros, jubilados, ecologistas, feministas, además de un sector de clases medias urbanas -, esto ayudó a que el Movimiento CREO haya podido adherir más votantes a su favor, más allá de los votantes conservadores. La derecha está mostrando su capacidad de disputa y su retorno al escenario político con una amplia aceptación -pese a la división interna que mostró-.

Además, la falta de memoria colectiva de largo y mediano plazo es otro síntoma que se pudo visibilizar en este escenario; olvidando lo que significó el neoliberalismo no sólo en el Ecuador sino en la región, gran parte de la población le dio su voto al banquero Lasso, involucrado en el feriado bancario en el gobierno de Mahuad (1988-2000).

Con respecto a la izquierda -o centro izquierda-, se la puede analizar como un espacio que está, pero no encuentra formas y estrategias para ir acumulando fuerzas en una perspectiva de construcciones contrahegemónicas (M. Unda, comunicación personal, 15 de abril de 2017).

Conclusión

Queda por decir: en la limitada representación en la que nos hallamos los ecuatorianos y las ecuatorianas, sabíamos que gane Moreno o Lasso, debemos seguir luchando por la construcción de un sujeto popular políticamente autónomo y capaz de representarse y representar a las clases populares; inherentemente a esto, debemos reconfigurar la organización social popular, luchar y resistir. Además de analizar los problemas que son enteramente visibles en la realidad y operativizar las posibles salidas a la problemática que nos oprime.

Bibliografía

Comunicación personal. 

  • UNDA, Mario. Realizada online el 15 de abril de 2017. Desde, Buenos Aires (Argentina)

*Maestranda en Estudios Sociales Latinoamericanos por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y graduada en Sociología y Política por la Universidad Central del Ecuador (UCE). Se especializa en conflictividad social y movimientos sociales en Ecuador y Bolivia. Actualmente trabaja en una investigación acerca de la disputa hegemónica entre el gobierno de Evo Morales frente a los movimientos indígenas del Estado Plurinacional de Bolivia.