RAFAEL CORREA Y SU GOBIERNO: UN BALANCE GENERAL Por Ileana Almeida

Mayo 3 de 2017

El gobierno de Correa ha llegado a su fin. En las primeras declaraciones programáticas del movimiento que lo llevó al poder, Alianza País, se anunció que se haría la “revolución ciudadana” y se implantaría el “socialismo del siglo XXI”. Sin embargo, sería poco serio acusar al presidente  Correa de no haber cumplido algo, que de antemano se sabía, era solo una fanfarronada demagógica. Entre quienes financiaron su primera campaña electoral -hay que recordarlo-  se cuenta el entonces banquero Guillermo Lasso, que en los comicios que acaban de realizarse fue quien enfrentó al candidato oficialista.

Muy pronto, casi en cuanto tomó posesión del mando, Correa comenzó a restar simpatías porque multiplicó epítetos y menosprecios a diestra y siniestra con la intención de buscarse enemigos en la izquierda y entre los ecologistas  “infantiles”, como él calificó a uno y otro sector.

La izquierda ecuatoriana tradicional ha tenido limitaciones teóricas y programáticas, como ha ocurrido en toda América Latina, pero se ha mantenido firme y solidaria en la defensa de los intereses populares y ha luchado por las transformaciones sociales durante casi un siglo. Por su parte, los ecologistas, que conforman un movimiento relativamente nuevo, se han impuesto la tarea de proteger la naturaleza frente a la explotación irracional de sus recursos. De modo que la imputación peyorativa de un recién llegado a las lides políticas, como era el caso de Correa hace una década, caía por su propio peso.

No pasó mucho tiempo para que arremetiera contra los indígenas, tildándolos de emponchados, emplumados e ignorantes, a la vez que desconocía a su movimiento -con la Conaie (Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador) a la cabeza- que en el país es el de mayor sustrato social y cultural. Con semejante orientación, la legislatura dominada por el correísmo, ha dictado leyes nocivas para los pueblos originarios.

El ensañamiento contra los movimientos sociales y críticos que no ha podido controlar, ha servido para constatar el temperamento impositivo, arrogante y rencoroso del presidente. La gente conserva en sus retinas, las imágenes de los líderes indígenas arrastrados por las calles de Quito por la policía de a caballo, y con los rostros tiznados, como para subrayar la afrenta que les hacía el poder en las manos “revolucionarias” de la Alianza País.

Al mismo tiempo se multiplicaron los ataques contra el movimiento obrero y las acciones para dividirlo, mientras que a los intelectuales, periodistas y medios de comunicación opositores, o sospechosos de oposición, se les hacía objeto de reiteradas agresiones, que no han cesado ni con la remoción o el abandono de los puestos de trabajo de muchos de ellos. El machacón estribillo contra “la prensa corrupta” ha acabado por privar de sentido y significado a tal acusación. Reflejo de tal  intolerancia es la Ley de Comunicación, de corte represivo, como lo demuestra su aplicación para sancionar, con multas y todo, a  medios informativos.

La política de Correa se orientó a  concentrar todos los poderes.  Afirmó que “va meter sus manos en la justicia”, y claro, esto precisamente fue lo que hizo. De la misma manera, metió sus manos en la Asamblea. Esta dejó de fiscalizar. Todos recordamos a las asambleístas que se ufanaban de su feminismo y defensa de los derechos de la mujer. Bastó un tirón de orejas del presidente para que las representantes del  feminismo en la Asamblea  olvidaran sus proclamas.

Sabemos que toda política conlleva una filosofía, quizás en los primeros tiempos, Correa fue sincero al manifestar que en su mandato él haría hincapié en la utilidad social y no en la ganancia del capital privado, sin embargo, los sectores pobres siguieron en el desamparo de siempre y pronto se abrieron posibilidades para los intereses de las clases privilegiadas. Advino la filosofía utópica del progreso que abrió las puertas al avance triunfal de las leyes del capitalismo.

Se le reconoce a Correa su energía y sus esfuerzos a la causa de modernizar al  país. Los servicios públicos sensiblemente mejoraron, se fortaleció la base industrial, se impulsó el comercio, se subieron los sueldos y se fomentó el consumismo de la clase media. Claro, el país  recibió por las regalías del petróleo la cantidad de  miles de millones de dólares, aun así la deuda del Ecuador sobrepasó lo prescrito por la ley.  Las obligaciones con China las pagarán los ecuatorianos por  décadas.

Los sectores más pobres fueron olvidados,  no se logró  mejorar su nivel de vida, lo más grave,  entre las prioridades del gobierno,  no se incluyó  el mejoramiento del campo. En este régimen, como en los anteriores, tan criticados por Correa, los de la “partidocracia”, las ganancias se  han logrado  sacrificando a los pueblos indígenas y a su naturaleza.  Sí, se han creado nuevos hospitales, que con dificultades, atiende la salud de un número mayor de pacientes si comparamos con épocas anteriores. El sistema educativo fue reformado, se contrataron nuevos profesores,  se garantizó el desayuno escolar, pero la educación (pública y privada) tuvo que someterse a directivas ideológicas oficialistas. Se construyeron escuelas modernas, dotadas de buena estructura, preferentemente en zonas rurales, son las llamadas “escuelas del milenio”, más por la falta de transporte y vías de acceso los niños de las comunidades indígenas no pueden acceder a ellas, mientras tanto se han cerrado las escuelitas comunitarias. Ahora muchos niños deambulan por la ciudad limpiando zapatos y expuestos a la droga.

Sí, se llevaron a cabo algunas acciones positivas para ciertos sectores populares como la elevación del salario de las empleadas domésticas, se obligó a que se respetaran las ocho horas diarias de  trabajo y se exigió su afiliación al seguro social, esta medida se hizo extensiva a los trabajadores de la construcción y a los guardias de seguridad. Hay algunos buenos programas  de habitación popular, se han inaugurado parques de recreo.  Las carreteras, la obra más visible de la riqueza petrolera, son magníficas, sin embargo alejadas de las comunidades y caseríos.

En las calles se ve mucha gente sin trabajo y muy empobrecida. En la ciudad han aparecido grandes construcciones -elefantes blancos- como la sede de UNASUR, que se ocupa pocas veces al año. Se han construido también enormes plataformas para las gestiones económicas y sociales, dejando sin uso a más de doscientos edificios en buen estado y apropiados para la gestión pública.

Con la subida de los precios del petróleo se  benefició a ciertos sectores de la clase media en las ciudades, se elevaron las jubilaciones de los profesores  y de empleados púbicos. Con el  descenso de los precios del petróleo y los sismos en el litoral ecuatoriano, el Gobierno ha tenido que recurrir a préstamos interiores y exteriores, se aumentó la deuda con China,  se  ha tenido que acudir a los Organismos Financieros del Gran Capital, además ha dispuesto del dinero del Banco Central y del Instituto de Seguridad Social.

Muchos de los funcionarios públicos que rodean de cerca a Correa han sido, a pesar de que en los discursos Correa habla con desprecio de la partidocracia, miembros de los partidos más conservadores y tradicionales del país.

Se han creado nuevas universidades para hallar la óptima correlación de los intereses industriales del país con el conocimiento moderno. Aquí también encontramos la verdadera filosofía del gobierno: educar a los jóvenes para explotar mejor los recursos naturales. La universidad a Ikiam, cuya finalidad es incrementar el desarrollo de la Amazonia,  contempla medidas eficaces para conocer la flora y la fauna, pero desconoce totalmente que los terrenos dedicados al centro de estudios, es  territorio ancestral del pueblo quichua-napo. Con la organización de nuevas universidades, se humilló a la universidad pública que ha perdido su antiguo orgullo de representar a lo mejor del pueblo en su ascensión intelectual.

Últimamente los dirigentes del pueblo shuar, que se levantaron en contra de la ocupación de su territorio ancestral por compañías mineras, están perseguido por el ejército y escondidos en la selva.

La corrupción que pesa sobre este gobierno es escandalosa,  parientes del presidente, ministros de su gabinete, han cometido atracos millonarios y  se los ha dejado fugar del país. Ahora hay la acusación de las coimas pagadas por Oderbrecht a funcionarios del gobierno, pero aquí sucede lo contrario de lo que pasa en otros países donde ya hay señalados y procesados. El fiscal, que es tío del Presidente, se hace el de la vista gorda y no se puede saber hasta ahora, cuáles son los acusados de los sobornos en el país.

En política exterior el gobierno ha mantenido acuerdos con los países del Alba y de UNASUR, se ha mostrado en todo momento solidario con una América Latina unida e integrada. Pero aun así, hasta el presidente Evo Morales le ha llamado  la atención públicamente por el despilfarro del que hace gala.

En la última campaña  a más del posible fraude cometido por el CNE, que no ha podido ser desmentido categóricamente, ha habido un despliegue gigantesco de propaganda a favor del candidato oficialista que ha sido capaz de convencer a la gente sencilla que sigue creyendo que lo mejor para el país es “la revolución ciudadana” y el socialismo del siglo XXI.

Los extranjeros que desconocen la realidad ecuatoriana se pronuncian a favor del presidente Rafael Correa porque su discurso está hecho a la medida de los afanes antiimperialistas de los progresistas del mundo, pero  ellos no conocen la realidad de cerca y se hacen falsas ideas de lo que pasa en  Ecuador.