DEL SOCIALISMO REAL AL SOCIALISMO IRREAL Por Tomas Rodríguez León

Mayo 17 de 2017

No es cuestión reformar la propiedad privada, sino abolirla; no de paliar los antagonismos de clase, sino abolir las clases; no de mejorar la sociedad existente, sino establecer una nueva” K Marx

La sobrevivencia de la Rusia soviética subordinó las tareas del movimiento obrero y comunista mundial a su defensa, se abandonaron en los hechos los principios de la revolución y se firmó la capitulación en armisticio de convivencia pacifica con el capitalismo. Para el movimiento  comunista, el Socialismo Necesario será solo el posible y todo revolucionario deberá conformarse con el posibilismo que será entendido luego como real.

La derrota  del paupérrimo socialismo, con  la alta aflicción provocada  en los posibilistas, encontró alivio a la tristeza reformista en las propuestas de humanizar el capitalismo, dada la quiebra del socialismo real y el estreno del neoliberalismo y sus maldades. Pelear contra el neoliberalismo y la globalización sustituía toda mención al socialismo, al tiempo que se escondía con vergüenza el imaginario del socialismo real y sus entuertos.

La consolidación del maridaje entre la socialdemocracia internacional con el capitalismo imperialista, impidió una alternativa no vergonzante en la restitución doctrinaria del socialismo,  (si lo hubiese intentado, no  hubiese podido realizar nada bueno  porque  su programa ya era francamente liberal).  En ese contexto, en América Latina emerge la   revolución chavista, que sin ponderación teórica, aunque con el mérito del intento, recupera el verbo socialista y su versión no utópica sino pragmática. Nace un  socialismo irreal para recoger la basura tirada en el piso del socialismo real.

Para la construcción del socialismo criollo bolivariano, se prescinde de Marx y  muchísimo más de Lenin, y se invita a retroceder ideológicamente a todos, pero en especial a la clase obrera -Chávez dirá con franqueza que es una lástima que se haya dado la división entre Bolcheviques y Mencheviques-. El socialismo irreal  del siglo XXI dirá que no quiere pelearse contra la económica capitalista -Correa anuncia que no se quiere cambiar el modelo de acumulación- sino direccionarla desde el Estado, factor  próximo a la economía fascista. Recordemos que la esencia de la  economía  fascista, es que se asigna al Estado una fuerte influencia directiva y  el control efectivo de  la producción y asignación de recursos.[1]

El socialismo  marxista  tiene como eje la eliminación de la plusvalía y la explotación del trabajo.  En la versión irreal, el socialismo será  consecuencia del binomio benefactor estado-partido sin concepción de clase. Mientras la burguesía acepte las reglas de juego  y asimile el triunfo de la burocracia del siglo XXI la co-gobernabilidad político económico  (jamás con la clase obrera) estará garantizada.  Este vínculo  buscará  alianza con los militares para pretender eternizarse.

Partidos y gobiernos  del neo socialismo o socialismo irreal encuentran apoyo en los anteriores defensores del socialismo real y juntos conducen al movimiento de masas a la desmoralización. El socialismo de Correa, más que el de Maduro, asimila la  explotación del trabajo con un discurso de izquierda. La plusvalía ya no es el valor que el obrero genera y que no es retribuido, sino el valor de la renta que debe ser apoderado por el Estado. Y las utilidades son legítimas si son del capitalismo, pero no si se reclaman por los trabajadores. “Los empresarios  nunca han ganado como en nuestro gobierno” dice Correa, acotando: “las utilidades en el 2014 superaron los 11.600 millones de dólares cuando en 2006 no llegaban a 4.000 millones. “Estamos hablando del triple  ¡vaya Socialismo¡[2] ()

El marxismo y los marxistas que en el pasado dedicaron  enorme espacio a la crítica a los reformistas,  ahora son satanizados como  coautores de  mala fe de la extrema derecha. Los   socialistas irreales quieren el monopolio del poder y la verdad, en  lógica maniquea, los malversadores de la ideología, buscando la adhesión monopólica y monolítica, niegan la crítica o la admiten solo como critica a los adversarios, no saben de la crítica de Rosa Luxemburgo a Bernstein, de Lenin al menchevismo de Engels a Dühring, de Marx a Lasalle, Prodhum y Bakunin. No son marxistas.

La estafa ideológica y política es mayor  cuando el cuento de “construir el socialismo” se lo creen las masas, pero de las masas eligen no a los proletarios organizados sino a las capas empobrecidas de la sociedad y a los trabajadores públicos agradecidos por el cargo. ¡Hasta les crean una CUT¡ En este fraude ideológico- histórico que se quiere perpetrar, existen progres cómplices y encubridores, obsecuentes y silenciosos.

Si del socialismo real,  los reformistas insisten en el socialismo irreal toca a los marxistas validar el socialismo científico.

[1] Gregor, James A. (2006). The Search for Neofascism: The Use and Abuse of Social Science. Cambridge University Press, p

[2] Enlace Ciudadano Huaquillas, sep. 2016