¿ADIÓS, SEÑOR PRESIDENTE? Por Viviana Collaguazo

Junio 13 de 2017

La vía clásica o por excelencia de la burguesía para la construcción de la sociedad capitalista y de su Estado es la revolución pasiva. Esta es la regla, mientras la revolución radical o jacobina es la excepción.[1]

Barrington Moore y Theda Skocpol.

Lejos del título del libro que Carlos Matus escribió “Adiós, señor presidente”, en este artículo se pretende dar cuenta de, si a partir de este nuevo mandato a cargo del flamante presidente constitucional de la República del Ecuador, Lenín Moreno, el “Adiós” que se dio a Rafael Correa es real, es un hasta siempre o un hasta luego. A raíz del cambio de mando presidencial, el pasado 24 de mayo, se ha generado una gran interrogante, ¿El correísmo seguirá su cauce en este nuevo gobierno o se abrirá un horizonte diferente para que las clases subalternas legitimen su lucha y sus demandas sean respondidas?

En el siguiente acápite, partiremos de la caracterización de la llamada “Revolución Ciudadana”, permitiéndonos llegar al proceso que Gramsci denominó “Revolución sin Revolución”; habilitando el análisis de la partida del presidente Correa.

Revolución Ciudadana, “Revolución sin revolución”

Revolución Ciudadana

El slogan “Revolución Ciudadana”, utilizado por Rafael Correa para caracterizar a su gestión gubernamental, fue uno de los que más incidieron en el sentido común de la población ecuatoriana. Pero suele pasarse por alto que el slogan es en sí mismo contradictorio y resulta un encubrimiento, generado desde algunos sectores académicos e intelectuales, de los procesos reales. Las revoluciones son producidas desde las clases subalternas, y, como lo estableció Marx, una vez que éstas toman conciencia de la problemática generada en torno al modo de acumulación vigente, se produciría una escisión entre las clases propietarias- dominantes y las clases subalternas, en donde la revolución[2] sería el proceso que rompa con el orden establecido por medio de la violencia. Al ubicar, si se quiere, la mencionada revolución en las urbes, en el ser ciudadano referido como el sujeto político abstracto de las democracias, se anula simbólicamente a las clases subalternas y a las contradicciones sociales reales, debido a que las clases sociales reales quedan disueltas en el genérico “ciudadano”.

 “Revolución sin revolución”

El proceso de la llamada “Revolución Ciudadana” no da cuenta de una revolución en su sentido ‘más clásico’ o de ‘estilo jacobino’ por las contradicciones antes descritas y además, porque la Revolución Ciudadana se ha concebido desde el aparato estatal. No obstante, sí se puede hablar de un proceso de “revolución sin revolución”, de una “revolución pasiva” en términos gramscianos que se explica a continuación.

“Gramsci toma la expresión revolución pasiva de Vincenso Cuoco y la convierte en categoría analítica […], a su vez, vincula la noción de Cuoco con la de Quinet, quien emplea la fórmula “revolución-restauración”.” (Ansaldi, 1993). Siguiendo a Gramsci, esta categoría expresaría: “El hecho histórico de la ausencia de iniciativa popular en el desarrollo de la historia italiana y el hecho de que ‘el progreso’ se verificaría como reacción de las clases dominantes al anarquismo esporádico e inorgánico de las masas populares con ‘restauraciones’ que acogen alguna parte de las exigencias populares, por consiguiente ‘restauraciones progresivas’ o ‘revoluciones-restauraciones’ o también ‘revoluciones pasivas.” (Gramsci, 1975, en Ansaldi, 1993: 53).

Gramsci plantea, de la mano de los procesos de revolución pasiva, el rol de los intelectuales asociado al Estado “debido a su condición de sujetos históricos ya que reemplazan a la burguesía estructuralmente débil en el pasaje del momento económico- corporativo al ético-político” (Ansaldi,1993:54). En este sentido, los intelectuales formados en el seno de las distintas estructuras sociales forman parte imprescindible de la construcción de hegemonía debido al ejercicio de su ‘rol intelectual’ -pensar, traducir, interpretar, analizar, leer, etc.- para poder mediar, en principio, la lucha de las subalternidades en base al consenso y a la coerción, seguidamente poder transformar las demandas subalternas en inacciones y luego generar un sentido de pertenencia a nuevas demandas, esta vez de la clase dominante; de esta forma, las demandas de las subalternidades terminan siendo alienadas y cooptadas.

Kanoussi y Mena definirán a la revolución pasiva como: “Ausencia de alianza con las masas, ausencia de reforma intelectual y moral, ausencia de una voluntad nacional-popular que transforme el Estado a la manera jacobina.” (Kanoussi y Mena 1985, en Ansaldi 1993: 55)

De Felice agregará que: “es una dialéctica conservación- innovación”. La revolución pasiva es: “Un proceso de transformación capitalista que resulta del acuerdo entre clases o fracciones dominantes […] con exclusión de las clases subalternas y de los componentes “jacobinos”, con empleo sistemático de la violencia o coerción y con una decisiva intervención del Estado en todos los espacios societales. Se trata de una solución “desde arriba”, elitista y antipopular […]” (Ansaldi,1993:55-56).

Por tanto, la revolución pasiva sería un proceso de dominación político e ideológico ejercido desde una reconstrucción permanente en la sociedad a la que “moderniza” pero no transforma estructuralmente. Así, el poder se mantiene en las clases dominantes con el apoyo estatal, favoreciendo al capital, para que esto suceda limitan a través de consenso y coerción el ‘poder transformador’ de las clases subalternas que se expresa eventualmente.

En este sentido, la revolución ciudadana encarnaría una “revolución pasiva” debido a la incapacidad de las clases subalternas de ejecutar un proceso revolucionario radical; así, los procesos de transformación para la constitución de un Estado moderno serían dirigidos en forma vertical, desde arriba hacia abajo, es decir desde los dominantes hacia los dominados, articulando los intereses de las clases dominantes con los intereses de las clases subalternas mediante un consenso para garantizar el desarrollo del proyecto hegemónico, en este caso desplegado por el correísmo, y la estabilidad de las relaciones de dominación (Rosero, 2016).

En el marco de este análisis podemos afirmar que, en efecto, el proyecto correísta da cuenta de la existencia de una revolución, pero de una “revolución pasiva”, que conlleva un proyecto hegemónico que trata de legitimar este proceso vía consenso-coerción este proceso, utilizando dispositivos de poder que se inscriben en las subjetividades individuales mediante el sentido común.

En este sentido, la política de Moreno “con la mano extendida y los brazos abiertos”, haciendo alusión a una apertura al diálogo, no es otra cosa que garantizar la continuidad del proyecto hegemónico correísta, debido a que éste necesita del consenso de los dominados para seguir sustentando y legitimando el proyecto de dominación hegemónico sin dejar de obedecer a los intereses del capital[3]. Tanto más cuando uno de los factores que contribuyeron a debilitar la hegemonía correísta fue justamente el autoritarismo y la criminalización de la protesta.

El inicio del proceso de transformación en la organización del gobierno de este nuevo régimen, ha sido la reorganización de funcionarios que “simplemente” cambian de lugar o de funciones, el acercamiento a los líderes indígenas intermediado por la fracción indigenista que lo apoya, así también el dialogo con los sectores productivos. Por consiguiente, no se evidencian atisbos de una reestructura ni siquiera dentro de la tecnocracia gobiernista, no obstante, falta por ver las políticas de ajuste social y económico que probablemente se implementarán en el nuevo mandato, combinándose con políticas sociales controladas nueva deuda externa y la distensión, por lo menos inicial, de las aristas represivas más odiosas.

Último enlace ciudadano

En el último enlace ciudadano No. 523 del sábado 20 de mayo del 2017, acompañado de los característicos dispositivos de poder simbólicos y luego de la parafernalia de inicio y de fin tras el informe de su gestión, Correa dejó sentada su legitimidad y su aceptación popular, basadas en tres aspectos: primero, en un discurso plenamente alienante, que difícilmente saldrá del sentido común de la población nacional e internacional. En el ámbito nacional, en estos enlaces, Correa ha generado un espacio o escenario de horizontalidad con el pueblo, pareciendo un ciudadano más y empleando un tipo de lenguaje “más pegado” al léxico popula­r-más que nada costeño-, en donde se generaría un diálogo con el otro, eliminando la barrera de jerarquización. En el aspecto internacional, de manera inteligente y diplomática, empleó un discurso de izquierda, de respeto a la biodiversidad (humana y natural) en su más amplia extensión, enfatizando el idealizado Buen Vivir -promovido desde el Estado-.

Un segundo aspecto fue, la constante y característica descalificación a la oposición ,en este caso particular, a la facción de derecha representada por el excandidato presidencial Guillermo Lasso y a los medios de comunicación invocado en dos ocasiones en su último enlace ciudadano al nuevo mandatario, Moreno, pidiéndole que dé continuidad al proyecto: “Ojalá -con todo respeto- la próxima legislatura no caiga en la trampa, no se deje poner las prioridades y la agenda legislativa[…]”,“[…] los próximos cuatro años debemos crecer en conciencia política, en conciencia ciudadana y rechazar a estos mentirosos […]”[4] (Correa, 2017). Finalmente, el tercer aspecto fue la exposición cuantitativa y cualitativa de las obras ejecutadas a lo largo de “la década ganada”, haciendo hincapié en las mayores obras de infraestructura.

Lo que no se explicitó en el enlace ciudadano fue, que los grandes grupos económicos ecuatorianos no sólo se mantuvieron en estos diez años de gobierno, sino que sus ganancias incrementaron. Campaña hace un análisis económico acerca del “Movimiento económico y financiero del Ecuador” y dirá: “Los 100 grupos económicos más grandes facturaron ventas por USD 50.128 millones, equivalente a más del 50% del PIB. A su vez, los 50 grupos económicos registraron ingresos por USD 37.977 millones por el mismo concepto.” Concluyendo que: “En el periodo 2006-2015, hubo una mayor concentración de la producción e ingresos.” (Campaña, 2017).

En la misma línea, casos de corrupción quedan pendientes, como las denuncias al gobierno de AP por concepto de coimas otorgadas por la empresa brasilera Odebrecht[5], los casos de nepotismo[6] y la aún no esclarecida denuncia de fraude electoral. En este sentido, ¿se naturalizó la corrupción o se legitimó aún más la pasivización[7] ejercida sobre las clases subalternas?

Y finalmente, tampoco se dio cuenta que el ejercicio de la hegemonía en el marco del sistema capitalista escinde las luchas – sindicalistas, indigenistas, feministas, ecologistas, animalistas, ambientalistas, etc.- con el fin de opacarlas, cooptarlas, limitarlas y deslegitimarlas anulando la politicidad popular en el marco de la auto-representación.

Lenín es otra persona

Más allá de que el electo presidente obedezca al proyecto correísta y haya sido engendrado dentro de éste, Lenín Moreno tiene otros intereses que asedian sus necesidades personales y las del círculo que ahora le rodea -como es “natural”-. No debemos subestimar la capacidad del nuevo mandatario, ni asumir que su obediencia a los intereses de Correa y generados por el correísmo será absoluta. Sencillamente es otra persona, y por los atisbos en los inicios de su gestión – antes descrita- no resulta prematuro decir que su gobierno será igual o más arremetedor que el ejercicio del correísmo, aunque algunas formas varíen y aunque haga esfuerzos por mostrar una cara nueva, como dice Correa: “A esta revolución no la vencerá nada ni nadie, como lo demostramos en las últimas elecciones” (Correa, 2017).

¿Es realmente un adiós?

En base al análisis realizado, el Adiós a Correa, no significa de ningún modo el fin del proyecto correísta. El cambio de figura en el poder también es parte del proyecto de dominación hegemónico llevado a cabo en esta década, debido a que Correa sale por la puerta grande – antes de “quemarse”-, con amplia popularidad y legitimidad; lo que no ha pasado con otro presidente en la región latinoamericana en lo que lleva de recorrido el siglo XXI. No resulta tan descabellado el pensar que Correa podría regresar en un futuro no lejano. En este sentido no es un adiós a Correa ni al correísmo.

Conclusión

Las condiciones para la producción y la reproducción del capital ya fueron generadas antes del correísmo y lo que se ha hecho en su gobierno es acentuar las crisis o contradicciones inherentes al sistema, enraizando la dependencia periferia – centro, mediante la profundización del extractivismo, subordinando la economía nacional a la economía mundial, además de  deslegitimar, limitar, dividir y anular la subjetivación política[8], posibilitando la ejecución del proyecto hegemónico dominante que responde a la reproducción del patrón de acumulación del sistema capitalista. En este sentido, lo que vendría a hacer Moreno es a recomponer y a reposicionar el proyecto correísta, hegemónicamente debilitado, mas no a terminar con el mismo.

Bibliografía

  • Ansaldi, W. (agosto de 1993). “¿Conviene o no conviene invocar al genio de la lámpara? El uso de las categorías gramscianas en el análisis de la historia de las sociedades latinoamericanas”. En: Estudios Sociales, Santa Fe, Nº 2, pp. 45-65. Recuperado de: http://geshal.sociales.uba.ar/articulos-ansaldi/

[1] Moore Barrington y Skocpol Theda (1966), en Ansaldi 1993; 56.

[2] La revolución es pensada en un proceso generador de violencia y que se combate con violencia, es así que, las victorias alcanzadas por las clases subalternas a lo largo de la historia han sido a base de sangre.

[3] Convendría leer la “revolución pasiva” junto al “bonapartismo”, debido a que éste es la expresión de los “fines estratégicos” del capital, pero no administrados directamente por él.

[4] Refiriéndose en concreto a la prensa y los tildó como “sicarios de tinta, prensa de rockola – a la cual le pones una moneda y te toca el disco que quieras-, prensa mercenaria”, insistiendo en tener medios de comunicación “alternativos” (Correa, 2017).

[5] Justamente en la sesión de gabinete ampliado desde Babahoyo, Los Ríos llevada a cabo el dos de junio de 2017, el presidente Moreno informó: “El día de ayer, el señor fiscal dio a conocer la lista de los involucrados en el tema de Odebrecht […], […] inmediatamente manifestamos al señor fiscal […], […] nosotros ofrecimos todo el contingente, toda la ayuda que habíamos comprometido desde el comienzo por parte del gobierno nacional, yo había mencionado en mi mensaje a la nación que iba a haber una lucha frontal contra todo tipo de corrupción y ésta es una forma de comprobarlo.” (Moreno, 2017). Empero, en la lista de los implicados, hasta ahora conocida, en los casos de corrupción de la empresa brasileña Odebrecht figura el nombre Ricardo Rivera, tío del actual vicepresidente de la República del Ecuador Jorge Glas, quien no lo ha mencionado de forma directa sino: “Hay un familiar mío que está siendo sujeto de investigaciones. Una vez más, como he actuado toda mi vida, que se investigue, que se investigue todo y que se aplique la justicia como tiene que ser”. (Glas 2017, en El Comercio junio 2 de 2017). Esta acción de Moreno reafirma nuestra postura, en la que se da cuenta de los esfuerzos del gobierno para recomponer la hegemonía que se iba debilitando con Correa al mando, que al parecer va teniendo buen efecto – pequeña muestra de ello, la pronunciación de Cynthia Viteri -ex candidata presidencial de una fracción de la derecha-, exaltando en su cuenta de Twitter la salida de Correa y consintiendo la gestión de Moreno (El Comercio, 2017)-.

[6] Como señala un artículo de Plan V: “Alianza PAIS: todo queda en familia” en donde se da cuenta de la serie de parentescos consanguíneos -fuera de compadrazgos- que los integrantes del Movimiento Alianza País tiene en el gobierno (Plan V, 2017).

[7] La pasividad es una parte y a la vez es la consecuencia del proceso de construcción continua del proyecto hegemónico, que responde a la reproducción de subalternidad, “La cual no se limita a la relación de dominación objetiva que opera a nivel de las relaciones de producción, sino que se asocia fundamentalmente a la subordinación como relación subjetiva, en el marco de las formas de “subjetivación política”.” (Rosero,2016:13).

[8] Subjetivación Política. – Entendida como Modonesi lo explica “a la formación y desarrollo de movimientos sociopolíticos. Sociopolíticos en la medida en que […] esta articulación excluye y niega cualquier hipótesis de autonomía absoluta de lo político o de autonomía de lo social.” (Modonesi: 2010,15).