VENEZUELA LA TRAGEDIA Por Jaime Muñoz Mantilla

Fotografía: Bloomberg

Junio 22 de 2017

El contexto

Los pueblos buscan, hoy día, a tientas, su liberación, tras la implosión del “socialismo real” en la URSS y Europa Oriental, y la involución de China hacia el capitalismo.

Lo hacen, en medio de la larga agonía del sistema capitalista que cobra dimensiones de una agresividad sin precedentes. Tras el horror de Vietnam, sobrevino la agresión a Irak, a Afganistán, a Libia, a Siria.  Para el efecto, cuentan con su aliado fundamental, el sionismo.  E inventaron ISIS, obra de la CIA, que, tras cumplir su papel en la agresión a los estados islamistas laicos, se convierte en Estado Islámico, que, como el cuervo, se revierte en contra del propio sistema (aunque usado de forma maquiavélica por el imperio para el derrocamiento del gobierno sirio). No para alcanzar la liberación de los pueblos oprimidos, sino para un imposible retorno al pasado medieval.

USA, el gendarme armado del imperialismo mundial globalizado, proyecta agredir a Rusia y a China. Pese al esfuerzo de los colosos neocapitalistas por preservar la paz, se ven estos Estados, abocados a armarse ante una amenaza cierta del imperio, cuya agresividad llevaría al apocalipsis: la tercera guerra mundial.

Va el imperio del norte, tras la conquista total del planeta, salvando todos los obstáculos y utilizando los peores recursos incluido el genocidio. Por acá, de América Latina, su patio trasero. Y el mayor bocado es Venezuela, poseedora de la mayor reserva de crudo del planeta.

Dieron pasos previos: estimularon al viejo neoliberalismo a la reconquista de un poder perdido, colocando en la Casa Rosada a Macri, conspicuo oligarca argentino, cuyas primeras medidas fueron cercenar los derechos de los trabajadores e incrementar la desocupación, al tiempo que incrementar la brecha entre ricos y pobres. En Brasil fraguaron un golpe de Estado, para colocar en el poder a Temer, vicepresidente de Dilma Roussef, corrupto personaje aquél, que revirtió todas las conquistas alcanzadas por el PT en los largos años de gobiernos de Lula y de su sucesora.

Los Estados “socialistas” y “progresistas” y la Doctrina del shock

Cuando el pueblo rumano se cansó del tirano Ceausescu que,  con careta socialista, avasallaba las libertades de los trabajadores y vivían, él y su esposa, los lujos de un rey, fue derrocado y ultimado ferozmente. Pero, tras ello, en lugar de ampliar los tibios intentos de socialismo, se implantó un estado capitalista, absorbido ulteriormente por el bloque occidental y entró de lleno al capitalismo. Polonia siguió igual camino. Luego del derrocamiento de Jaruzelzki, el último jefe de estado obediente a los dictados de la tambaleante URSS, accedió al poder Lech Walesa, líder obrero que encabezó el grupo Solidaridad. Lejos de derivar el proceso a la recuperación del sistema socialista, como se había proclamado, su gobierno cayó en manos de los Chicago boys. Lo destaca Naomi Klein en su obra fundamental, la Doctrina del Shock.

La analista canadiense describe, con lujo de detalles, la estrategia de Milton Friedman, el gurú del neoliberalismo y su doctrina del Shock -pese a que la caída de Jaruzelzki fue un fenómeno implosivo, es importante señalar que el polaco Wojtyla, el pontífice aliado de la CIA jugó un papel fundamental-.

Qué es la doctrina del Shock.

Friedman y su equipo manejan la estrategia de aprovechar catástrofes naturales, o sociales, para irrumpir con alternativas de shock: privatizaciones, flexibilización laboral, represión a la protesta social. y hegemonía del mercado en la economía. Léase; hegemonía de las grandes empresas.   Fue Friedman asesor personal del sangriento dictador chileno Pinochet, desde la política de crear, también, artificiosamente situaciones de shock allí donde no están presentes.

La doctrina del shock fue descaradamente aplicada en los propios EE.UU., en New Orleans, cuando la ciudad sufrió el embate de un huracán.  Bush la aplicó, privatizando escuelas, entre otras medidas. Sudáfrica es otro ejemplo. El equipo de Friedman acudió acucioso a “prestar ayuda” a la inexperta administración pos apartheid. El poder colonial, tras la lucha indoblegable del pueblo sudafricano,  abandonó la administración del Estado pero dejó intocada la estructura capitalista, derivada, ahora, a un neoliberalismo desatado.

Lo hizo en la propia China, cuando el gigante asiático abandonaba los postulados del marxismo, de la Revolución Cultural, para abrazar el proyecto capitalista de Deng Siao Pin.

La Doctrina del Shock en América Latina

El Chile de Allende fue el primer ensayo, en la aplicación del Plan Cóndor diseñado por Henry Kissinger, secretario de estado norteamericano, con la mano de la CIA y el envío de un acorazado a amenazar en las costas del país hermano.

Y es ahora Venezuela el blanco de aplicación de la doctrina del Shock. En rigor, Venezuela no era escenario de crisis, no había shock producido por catástrofes naturales ni por espontánea crisis social. Ésta fue provocada por una oposición de derecha recalcitrante y brutal, gestada desde el empresariado más reaccionario. La muerte de Chávez la precipitó. El diseño de corte progresista que se plasmó en la Constitución Bolivariana fue la expresión legal de un proceso que, básicamente, tuvo una inspiración revolucionaria. Sin embargo, mostró una debilidad importante: la conciencia pobre de un pueblo, cuya fe se depositaba, y se deposita, en un líder, un caudillo carismático que, a su desaparición física, dejó un vacío irreparable. Chávez no dispuso del tiempo suficiente para implementar las bases sólidas de su proyecto revolucionario.

Ahora bien, esa debilidad ha ido acompañada de aberraciones propias de un proceso inmaduro, matizado de lacras tan importantes como la corrupción en altas esferas del gobierno. Las denuncias de la oposición derechista y de los propios gobiernos reaccionarios de América, incluido el norteamericano, no carecen de sustento. De ahí que la recurrencia desde el gobierno de Nicolás Maduro de injerencia de la CIA –que obviamente es evidente, y que repiten los partidarios de la “revolución ciudadana” correista- pierde piso por la verificación de que tales denuncias son reales. La complicidad de los medios de comunicación juega su papel, pues, si bien son voceros de esas denuncias, callan el otro lado de la medalla: el cerco imperial, sobre todo económico, de que va siendo víctima Venezuela.

Las empresas extranjeras productoras de alimentos se niegan a vender sus productos a la república hermana, al igual que las farmacéuticas. Lo que provoca un malestar creciente que deriva en hambre de amplios sectores populares. Debe tomarse en cuenta que Venezuela ha padecido de ausencia de soberanía alimentaria desde los lejanos días del arranque del boom petrolero, en la dictadura de Pérez Jiménez, cuando la abundancia de dólares provenientes de la explotación del crudo servía para la construcción de obras faraónicas, autopistas de primer orden incluidas, importación de automóviles de lujo accesibles a las capas medias, y artículos suntuarios. Así como para la corrupción instalada hasta nuestros días -“Qué culpa tiene el tomate de estar colgado en la mata, si viene un yankee hijueputa que lo mete en una lata y lo manda pa’Caracas”  era la canción que se cantaba hacia los años 70 y que traducía esa realidad lacerante Y que más tarde, el gobierno de la Revolución Bolivariana poco o nada hizo para corregir tamaña realidad lacerante.

Así las cosas, entre la ineptitud del gobernante al mando, la corrupción desatada –que incluye posibles vinculaciones con el narcotráfico-, una oposición oligárquica terrorista, que usa las “guarimbas” asesinas para atacar al pueblo leal al proceso, un pueblo desesperado por la carencia de productos básicos, un movimiento revolucionario dividido, leal a Maduro un sector, vigorosamente crítico el sector chavista, el gobierno diseña un proyecto impopular: la convocatoria a una Asamblea Constituyente que, a estar con la opinión de Aporrea –chavistas fuertemente críticos- tiene el propósito de desmontar todo el contenido revolucionario de la Constitución Bolivariana, para acomodarla a las contingencias, que podría derivar en concesiones al empresariado neoliberal, desnaturalizando su condición revolucionaria. Recurso desesperado del oficialismo que habría verificado una     desastrosa derrota en las próximas elecciones libres (¿?).

La convocatoria a Asamblea Constituyente conlleva la aberración de votaciones libres para el 50% del electorado y el otro 50% con representaciones funcionales de sectores organizados, que no son otra cosa que organizaciones controladas por el oficialismo. El rechazo a tal procedimiento no viene tan sólo de la oposición derechista sino de sectores al propio interior del movimiento progresista, y que incluye a la Fiscal General, otrora leal a Maduro. La prensa oficial, obviamente, calla cuando se trata de acoger las críticas de los sectores avanzados del chavismo.

Entonces, la perspectiva de lo que está por venir es sombría. Militantes ecuatorianos que participan en actividades de agrupaciones populares leales al proceso ven con pesimismo el desenlace.

Las solidaridades acríticas de los gobiernos llamados “progresistas” no hacen otra cosa que contribuir a la desorientación de la opinión ciudadana.  A tal punto que, para hablar de Ecuador, sectores progresistas se niegan a ver la participación de la CIA en el intento desestabilizador venezolano. De su lado, los partidarios del correísmo pretenden encontrar similitudes entre los procesos: nicaragüense, venezolano, ecuatoriano y boliviano, y de los derrocados gobiernos de Dilma en Brasil y de Fernández en Argentina. El único denominador común ha sido un enfrentamiento con el imperio del norte. Y, quizá, la evidencia de una corrupción presente en la mayoría de esos procesos, caldo de cultivo para la denuncia y el empoderamiento de la derecha pro imperialista. Amén de una dependencia creciente, con diferencias de grado, de las economías de estos países a la China neocapitalista.

En cuanto a otros hechos, Ecuador es radicalmente diferente del proceso venezolano. Acá, los principales beneficiarios del proyecto de AP son los grandes empresarios criollos y las transnacionales que saquean el subsuelo de la patria, unas tímidas elevaciones salariales para los trabajadores, cuyas organizaciones lucen fracturadas por obra y gracia de la voluntad omnímoda del caudillo, y una limosna para las capas más empobrecidas, el “bono solidario”, mientras la desocupación crece y se vislumbra una injerencia significativa en las futuras decisiones en política económica, incluida la flexibilización laboral. Bolivia, pese a quiebras, luce diferencias importantes, sobre todo por la participación más o menos significativa de las organizaciones sociales en las decisiones gubernamentales.  Nicaragua muestra un comandante Ortega convertido en jefe indiscutible, con manchas de corrupción y con la oposición vigorosa de revolucionarios de la talla de Ernesto Cardenal.

Con todo y este panorama desalentador, creemos que el deber de los ciudadanos de AL y el mundo entero es oponerse vigorosamente a la intervención armada norteamericana en Venezuela, amenazada ya por declaraciones explícitas o veladas de Obama y Trump.

La alternativa a toda esta crisis, confusión y desconcierto está por formularse. Lo cual sólo puede darse con la participación activa del pueblo llano, de trabajadores e indígenas, de educadores y estudiantes, de profesionales progresistas, de la Academia responsable.

Impulsar la reunificación de las organizaciones sociales de izquierda, seria, investigadora, responsable, ligada a los intereses de un pueblo que requiere una profunda transformación revolucionaria de nuevo cuño. Y en la cual estén ausentes los dogmas y se comience a organizar, desde la base social, el germen de un nuevo socialismo en el que la democracia cobre dimensiones reales.