¿PEDAGOGÍA CRÍTICA O ESCUELAS DEL MILENIO? Por Tomás Rodríguez

Julio 4 de 2017

“Preferiría ver que una escuela produce un barrendero feliz, antes que un erudito neurótico” A Neill

“El modelo Unidades educativas del milenio está centrado en infraestructura y equipamiento. Los profesores apenas si son mencionados en el inventario de recursos. El modelo pedagógico permanece intocado”. Rosa María Torres

El pensamiento acrático en pedagogía busca formar sujetos sociales críticos, facilitando  medios que desarrollen conciencia autónoma y propicien destrezas para reconocer  tendencias autoritarias. El propósito de la educación libertaria es que los estudiantes cuestionen y desafíen la dominación y que las figuras del poder opresor sean  abominadas.

Pero hasta el acto de enseñar, puede también conectar el conocimiento con el poder  para hacerse un nuevo ejercicio de control a subjetividades y saberes, es cuando la cátedra se trasforma en púlpito dominante donde el espíritu, la bondad y la maldad pasan a ser vigilados. El llamado proceso enseñanza-aprendizaje resulta en este caso  un grosero impartir, una transmisión no consentida de exógenos contenidos intencionados que buscan obediencia y sometimiento de conductas que sacralizan verdades oficiales.

La proyección libertaria se cuidará por lo tanto de innecesarios direccionamientos gobernantes y sabrá despojarse de mecanismos en extremo verticales. Su eje formativo será  moral y solidario, su dimensión sensible no sucumbirá a moldear seres de copia y sabrá trascender desde el plano afectivo hacia lo racional. El efecto será un gran constructo intelectual, valioso y no la repetición cognitiva. Así, la libertad gobernará a la razón y no a la inversa. Entendiendo, así, que es mejor el aprendizaje que las enseñanzas, será bueno centrar los procesos desistiendo de los afanes de docentes exagerados que afirman el poder desde la cátedra. Fenómeno nuevo que hará parir un  axioma de libertad que busca que la gente aprenda, incluidos los que enseñan.

La pedagogía tradicional vertical, presume de modernizante con mega construcciones –Unidades Educativas del Milenio-  pero desconoce que lo cognitivo se marchita sino  construye desde el amor y la libertad, que son hechos próximos, cotidianos y pequeños. Rousseau nos recuerda que los niños solo aprenden lo que aman y Celestin Freinet nos insiste en que educar no es educar sino crear condiciones de aprendizaje.

La distancia es clara, la pedagogía del poder es colonial, enorme, lejana e hipertrófica (UEM) y la  escuela crítica libertaria,  es des-colonial – descolonizante,  confrontando al poder en su gama de representaciones: política, económica,  étnica, de género etc. Las escuelas críticas enfatizan su particular rechazo a la  dominación del cuerpo, porque es ahí donde la libertad se hace justicia u vergüenza. Asume el enfoque de respeto e igualdad de género como un paso necesario a la libertad. Descoloniza y rechaza todo desplazamiento cultural, toda occidentalización de forma y contenido -las UEM generan un modelo metropolitano, casi imperialista ajeno al mundo cultural y a la cosmovisión étnica y popular-. Y será, porque no, una eco-pedagogía preocupada por la naturaleza y por todas las  formas de vida.

Educar en relación con la exigencia de la libertad y la felicidad es no despreciar las ciencias, pero es también no dejar que las ciencias sean gobernadas por las necesidades industriales o políticas del sistema. Los contenidos nacerán solo de la curiosidad y la reflexión, de la motivación y el gusto solidario.

Aclaración necesaria, lo libertario no es lo liberal y no son variantes liberales las categorías dialogo, respeto, valoración de la diversidad, solidaridad, pensamiento crítico. Estos temas son el resultante de lo mejor en la evolución de la especie humana, recogidas por la educación democrática y libre. Son, digámoslo, anticipos del imaginario utópico de la sociedad  libre que propendemos; solidaria, justa, maravillosa  ¡comunista¡ sin clases sociales, sin cárceles y sin Estado.

Para liberar  (liberarnos todos) de los sistemas verticales, que limitan  la capacidad de análisis y creación, hay que educar dando sentido a las experiencias sensibles y reflexivas. Animación que irá a teorizar más allá de la reiteración de rutinas sin sentido; la lección, la evaluación, la copia, el horario, el mal recreo.

El cometido libertario lleva a pensar en lo importante de la vida, propone educar sin más postergación en lo necesario para el individuo y la sociedad con austeridad, paz, y fraternidad. Se dota de tiempo para procesar  elementos  para luchar contra el racismo, la homofobia, la discriminación (contendidos de mayor calidad formativa)   estableciendo una comunidad comunista y comunalista de aprendizaje que busca una ciudadanía democrática, crítica y universal.

El ser que se forma para la pedagogía libertaria y critica, debe existir disfrutando y aprendiendo del amor, eso es humanización libre, crea y recrea, critica pero también juega, sin ideas de sacrificio donde nacen cadenas de ilusión con promesas esperanzadoras e inciertas. ¡Tranquilidad impura¡

La pedagogía acrática es contraria a los esquemas y a las formas de planificación que asesinan la ternura y robustecen las burocracias. Es libre porque vive en la dimensión de los afectos más que de los efectos, en los recreos más que en los contendidos, más en la proximidad que en tomas de distancia, más en la escuelita del barrio que en la lejana y extraña UEM.

Cuatro normas libertarias y nada más en la humanización de la educación: leer, escribir, hablar y escuchar para interpretar los contenidos de las ciencias y la  realidad. Didáctica  básica para estudiar los fenómenos, problematizar la naturaleza y aportar con  soluciones  pertinentes  que  cambien un mundo hoy carente de sensibilidad aunque     empachada de saberes formales. El academicismo, con sus reglas inoperantes y sus sistemas evaluatorios restringiendo la creatividad del sujeto, deberán en la perspectiva libertaria ser dados de baja.

Autogestión, apoyo mutuo y cooperativismo desde el aula, son el camino a la libertad, una puesta en marcha de estudiantes que crecen cuestionando y desafiando la dominación. Teoría y práctica que no admite realidades jerarquizadas ni castigos disciplinarios con chorros de violencia abierta o sutil. Educación crítica libertaria y pensamiento contestatario desde la  realidad a la conciencia

Las Unidades Educativas del Milenio son la antípoda de este sueño.