ANÁLISIS DEL DISCURSO MORENO-CORREA Por Tomas Rodríguez León

Foto: NYtimes.com

Julio 25 de 2017

“Yo soy el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y no permitiré que nadie me desobedezca”

Rafael Correa

“Nada para ustedes sin ustedes”; “nada sobre ustedes, sin ustedes”

                Lenín Moreno           

“Seremos serios en la administración del gasto, serios en el manejo de los déficit, serios en la política monetaria y más que serios, perros, en la vigilancia del sistema financiero”

Pepe Mujica

Durante la última década, el método concentrador de audiencias fue la confrontación. Muchos  referentes semánticos, tributaron al discurso autoritario que repletos de lexemas violentos y lenguajes de provocación dieron agenda a la acción hiper gobernante. Este acontecimiento a repetición, necesitó de un verbo en mercadeo y clientelar donde todo se exageró en una realidad  calculada en dimensiones que revisaban constantemente el tamaño: “la inmensa mayoría”  “el infinito amor” “somos más, muchísimos más– y se maximizaron atributos propio o ajenos. Un ensayo constante de disputas extremas.

Traducido a la política práctica, la vida cotidiana fue volviéndose irritante porque la opinión diferente fue torpedeada y porque se deslegitimaron todas las contradicciones. Claramente el poder insistió en la anulación del otro, al mismo que negándole existencia ciudadana, se lo  declaró: disidente. Este método nada nuevo ya fue practicado a su turno por todos los totalitarismos. Lo feo fue, que una “izquierda” auto definida como  nueva, recurría a un viejo proceder.

El  discurso político en el contexto económico

El discurso político, a pesar de la pobreza semántica del líder supremo, (atiborrado de circunloquios y culinarias manifestaciones) en lo económico se barnizo de academia siendo contradictoriamente al mismo tiempo: dadivoso, populista y autárquico.

La frase, minimizó la necesidad de apertura al mercado (amparado en los altos precios de las materias primas, en particular del petróleo), inhibió la liberalización del comercio y minimizó la importancia de la inversión extranjera. Venezuela de Maduro y Ecuador de Correa fueron siameses en este dogma, mientras en el oriental Uruguay, Mujica reconociendo las limitaciones de producción de materias primas, impulsaba un lenguaje liberal de izquierda que desestimaba las practicas populistas de sus colegas y dice: “la apertura comienza en la región. Pero esto no es incompatible con una apertura igualmente importante a escala universal”. También dice sobre  Venezuela “no  está construyendo ningún socialismo sino mucha burocracia”. Por otra parte, los sandinistas de Nicaragua asumen la política de apertura  suscribiendo TLC con EEUU y pactos comerciales con China, que desembocan en el proyecto de construcción del canal interoceánico.

Entre la izquierda populista y la izquierda liberal neo marxista, la visión  modernizante  del Estado  ha tenido claras líneas divisorias. En tanto el discurso de Maduro y Correa exaltan el crecimiento burocrático, la llamada recuperación del Estado y sus roles, Mujica recupera la crítica a la burocracia imperante desde una mirada anarquista que vuelve a reposicionar a los actores de la economía: la clase obrera y los capitalistas.

En la confusión doctrinaria de los discursos, Maduro y Correa provocan el cierre de sus economías; cae la inversión extranjera, impera la inseguridad jurídica y se frena el desarrollo con un pobre crecimiento económico. En el discurso, los verbos actualizaron arcaicos conceptos nacionalistas de soberanía que forjaron un antimperialismo superior al practicado por China, Cuba o Vietnam, quizás en la línea de Corea del Norte. En contraposición, la izquierda liberal de Mujica expone que “para superar la pobreza hay un solo camino: generar riqueza” capitalismo para el socialismo, crecer económicamente para que el Estado pueda redistribuir.  Mujica no hace sino replicar el discurso de China y el partido comunista que lo gobierna: reglas claras para la inversión, generación de empleo, crecimiento económico.

La democracia y la izquierda en el discurso 

A partir de Hugo Chávez y la revolución bolivariana, se produce una inflexión en el proyecto revolucionario de la izquierda en América Latina, en su versión previa dos tendencias eran claras en los movimientos marxistas; la de los partidos comunistas y socialistas con su programa de reforma,  democrático – pacifista y la izquierda revolucionaria insurgente con su programa de acción directa y lucha armada. Cuando reverdece  esta otra izquierda del siglo XXI, esta  quiere de entrada  lucirse sin Marx ni menos  que un proyecto en construcción, levanta un discurso de democracia social y participación  tirando agua bendita contra Lenin (el ruso) y  quemando los libros clásicos del marxismo, rescata solo a Gramsci de forma parcial, asimilando solo los aspectos que lo demuestran como icono inofensivo.  Esta izquierda de última generación no es homogénea, por un lado están los seguidores de Chávez: Maduro y Correa, y por otro lado, los que venían de una tradición militante marxista rebelde: Mujica, García Linera, Daniel Ortega y Sánchez Ceren, al centro Lula, Bachelet y Evo.

El Estado de Bienestar keynesiano o el modelo de participación social han sido parte del discurso y del imaginario de todas las izquierdas, pero en Venezuela y Ecuador, desde el renunciamiento a la triada liberal de división de poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, se   asume una centralidad hegemónica  y concentradora en el ejecutivo. La democracia bolivariana ha ido cediendo a una forma indefinida de función política con  mecanismos institucionales de control, castigo y vigilancia, francamente dignos de un modelo ideologizante y propagandístico, que rebasa las normas establecidas y va haciendo rupturas del modelo parlamentario (se incendió el Reichstag) y Bonaparte resucita.

El liberalismo social, visión humanista de la izquierda apacible (Mujica, Mandela) tampoco alteró la institucionalidad burguesa  pero al menos, la usó para su programa social, mientras   que la incendiaria conducta del izquierdismo de Maduro y Correa no construyó alternativa alguna a la economía de mercado o a la economía planificada. Con un programa social paternalista, solo existió mientras los recursos se lo permitían y los discursos  fueron  disparados sobre los conceptos.

El liderazgo de Mújica en Uruguay y el discurso político que lo fundamentó, fue menos formal pero más profundo e hizo de los valores sociales, valores no negociables, en tanto que en Ecuador por ejemplo,  no solo se doblegó la agenda social sino que se reprimieron a sus actores,  quienes terminaron enfrentando al régimen claudicante a su propio programa, inclinad a  prácticas neoliberales en búsqueda de recursos para lo mismo, de lo mismo (minería, Yasuní, deuda)

El dialecto no dialéctico de la confrontación

Dialéctica, etimológicamente “arte de conversar “reciprocidad, intercambio, logo, discurso”,  en el mundo griego  es igual a discutir en busca de la verdad opuesto a la “retórica” o arte de hablar. Sócrates practicaba la dialéctica para alcanzar las esencias de las cosas. En la modernidad, Kant se sitúa en el nivel del discurso y en Hegel, la dialéctica es peculiar movimiento de la razón. Para Marx, la dialéctica toma el concepto de movimiento del mundo de la naturaleza y de la historia. Es decir, la dialéctica siempre fue contexto no conflicto, la dialéctica marxista concibe las contradicciones  como una  unidad de los contrarios, “La dialéctica, es el estudio de la contradicción en la esencia misma de los objetos” (Lenin)

Cabe destacar que al margen  de  la lógica formal,  los revolucionarios  no son confrontadores,  ni la  acción rebelde es de esencia violenta. La  violencia revolucionaria por excepción o método   ocurre por respuesta a la acción o la naturaleza del poder, aunque siempre  intentará ser evitable. Pero la dialéctica política es una constante. Lenin y los Mencheviques, Marx y Bakunim, Luxemburgo y Katutski, dan cuenta de que el otro existe y es reconocido “la lucha interna le da al  partido fuerza y vitalidad”  repetirá Lenin el enunciado de F. Lasalle.

Cuando un líder  se dice revolucionario y para demostrarlo, arma conflictos incesantes, ya es un tema de diagnóstico clínico y no político, más digno  de análisis para las neurociencias que para la ideología. Los políticos confrontadores padecen de neurosis narcisista, extreman su  importancia personal, son  centro- universalistas, viven  para sí y la atención hacia los demás es solo instrumental. Todo está por debajo de su nivel de consideración  y el que se opone se convierte en una amenaza.

Los temas del discurso: Correa y Lenín Moreno

La tónica del discurso  de Correa fue  homogénea,  pobre  y controversial pero  cuidadoso  para no perder sus lineamientos originales, revela su consistencia  morfológica: punzante y coherente con   tendencia siempre a romper toda probabilidad de apertura.

Dice Rafael: “no nos engañemos con falsos consensos, enfrentamos conspiración“, dos  preocupaciones ejes para el análisis: la no aceptación del consenso y la figura del conspirador. La figura del conspirador es interna y externa, está en la oposición que lo enfrenta pero también en los marcos de su propia estructura, quienes se oponen adentro son los peores y correrán la misma o peor suerte que el oponente externo: Amores, Acosta, Rodríguez, Bustamante, Viteri…la lista es larga. La crítica de inmediato correrá por mal destino y hasta  la neutralidad y la abstención será considerada un acto de traición: Pavón, Bustamante.

Pero el tema va mas allá y se vuelve doctrinario contra la probabilidad de dialogar: “Nos quieren imponer la política light, la política de mostrador”. Nos quieren hacer creer que la política democrática es necesariamente la política del consenso. Para Correa existiría la eventualidad de una democracia sin dialogo, admisible solo con  la de su propio monologo. Por las rutinas vistas, el presidente  Correa, hizo del diálogo y los consensos una identidad  semiótica  que se demostrará luego en su oposición a la cultura de dialogo en la nueva oferta desde  Moreno ¿pero es posible una democracia sin diálogo?

“La democracia del consenso es una posición profundamente conservadora que niega justamente el pluralismo y el antagonismo que son constitutivos de cualquier política democrática” Correa confunde dialéctica política con antagonismo, creando la confusión terrible: para evitar el consenso hay que suprimirlo y hay que convocar  a la confrontación que resultaría más democrática, no importa si el discurso se dirige al monólogo y para remate  Correa expresa : “es necesario renegar de las falacias en las que nos quieren envolver, como aquella de la supuesta división del país o de la democracia como sinónimo de consenso”.

Para el pensamiento democrático: liberal, socialista, conservador o cristiano, el consenso, aunque no sea posible es tan deseable como despreciable es someter a la sociedad al dilema confrontación o consenso. El consenso se propicia, la confrontación se evita, ambos puede que sean  una entelequia, pero en la convivencia democrática son necesarios para soñar una mejor vida social. Esto no ocurre  ni en Correa  ni en Maduro, quienes  lo ven a la inversa.

Los consensos según Moreno, un discurso nuevo

Lenín Moreno, no oculta en sus antecedentes su matrícula de pertenencia al MIR, organización marxista con auge en los setenta, ochenta como para afirmar su condición de fuente ideológica  y dice en la línea de Mujica: “Aquí está la mano tendida para trabajar, no importa de qué partido sean” y toma distancia dl discurso de su colega precedente. Pero no se queda ahí y remata “Hace falta un estilo de mayor consenso, de menor confrontación” lo que se traduce en los hechos, que es que el problema va más allá de los estilos y tiene un disparador de concepciones ideológicas antagónicas.

Esta mano está tendida para todos, para la oposición también”. “Nada sobre nosotros, sin nosotros”. “nada para los ciudadanos, sin los ciudadanos” de la democracia tutelar el discurso de Moreno se inclina hacia lo participativo, lo que es una ruptura para quien, la oposición estaba en todas partes, la confrontación era multidireccional y los consensos eran no imposibles sino indeseables. Moreno deja en claro que el país empieza un nuevo momento: “del diálogo, el consenso y la apertura”.

Capitulo significativo es el que Moreno aborda respecto  al peor enemigo de Correa “la prensa corrupta”, casi como  gritando insiste “no puede haber diálogo sin libertad de expresión (…)”, al  tiempo que  ofrece una “relación fresca y dialogante” con los medios, proponiendo una libertad de prensa con altura y responsabilidad” porque de hacerlo “encontrarán puerto seguro en el nuevo gobierno“.

Para dar mayor énfasis a su propuesta y como lo simbólico importa, Lenín Moreno ordena sacar su retrato personal de todas las dependencias públicas, un hecho inversamente proporcional a la desproporcionada presencia de Rafael Correa que con su mirada al infinito decoraba fatídicamente  todas las dependencias, la decisión de Lenin,  da lugar  al fin de  un verídico aunque no reconocido culto a la personalidad. ¡Todo un discurso deconstructivo¡

Si Rafael Correa y Lenín Moreno son consecuentes con sus postulados, la ruptura está garantizada, como garantizada está la mujicalizacion de la revolución ciudadana que será el paso del populismo de derecha a la izquierda liberal. Pero lo que resulta evidente es que ya se cambió  de liderazgo y rumbo.

BIBILIOGRAFIA

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