CORREA-MORENO: ESCARAMUZA TWITERA O EL FORCEJEO POR LA TELEDIRECCIÓN DE LA OPINIÓN Por David Valarezo*

Julio 26 de 2017

En la posesión presidencial del 24 de mayo de 2017, el presidente Moreno hizo un trascendental anunció relacionado a su política comunicacional, su gobierno no continuaría con la realización de los “enlaces ciudadanos” o “sabatinas” como mecanismo de rendición de cuentas, programas que en campaña fueron fuertemente cuestionados por varios medios privados y dirigentes de opinión quienes los catalogaron como un “despilfarro de dinero”, “propaganda gobiernista” y como “instrumento de ataque a los opositores”. La reacción del presidente que dejaba el poder, Rafael Correa, fue hacer público en twitter su desacuerdo con la decisión de su sucesor, considerándola como una claudicación frente al principal enemigo de la revolución ciudadana: “la prensa corrupta”.

Este cambio en la estrategia comunicacional del gobierno del presidente Moreno podría comprenderse  por tres elementos: legitimación de la imagen del nuevo líder; cambio en la relación entre gobernante y medios de comunicación; y, cambio en el control de la teledirección de la opinión pública.

Legitimación de la imagen del nuevo líder.

La imagen del nuevo líder, ha sido construida por Moreno desde dos significantes vacíos, “cambio” y “diálogo”.  Así,  en la carrera por la presidencia de 2017, los medios de comunicación privados como principales generadores de opinión pública heterónoma[1], crearon un escenario bajo la necesidad de “cambio”; por ello, tanto Guillermo Lasso como Lenín Moreno focalizaron su campaña en el significante “cambio”. El primero con la oferta de un cambio institucional total, tanto así que hasta anunció en campaña que llamaría a Consulta Popular con la finalidad de instaurar una Asamblea Constituyente que cambie a la Constitución y al Estado; en el caso de Moreno, más reservado, centró su objetivo en crear una imagen que responda a la idea: “cambio de estilo mas no de proyecto”.

Tras vencer en las elecciones de abril, Moreno vio conveniente consolidar su imagen  construida en campaña: “el líder del diálogo” y “el cambio de estilo”, por lo que emprendió la empresa comunicacional sobre estos dos significantes vacíos: “cambio” y “diálogo”. En ese sentido, debía generar un relato que le permita maniobrar sobre estos y así imprimir su propia marca. En el caso del significante cambio, construye un relato que se fundamenta en la siempre utilizada “refundación”, señalar a todo lo anterior como negativo y viejo, de allí sus señalamientos críticos al régimen de su compañero de movimiento Rafael Correa a quien ha sentenciado bajo la premisa de que “el proyecto está muy bien, más no el estilo, yo creo en el diálogo…”.

El meta-mensaje que introdujo Moreno es afirmar que toda esa política personalista que desarrolló Correa debía ser desechada, y lo ha hecho así, desde actos simbólicos como retirar los cuadros del ex mandatario, hasta acciones más concretas como reuniones públicas con los opositores al anterior régimen como dueños de medios, líderes de la derecha y líderes de las confederaciones indígenas. Estos actos tenían como principal mensaje el presentar una imagen de cambio en la política de confrontación de Correa.

En el caso del significante “diálogo”, como anteriormente se dijo, responde a la imagen de “cambio” que quiere proyectar Moreno; hasta de cierta manera, necesaria para la opinión pública, en vista de que, en los días previos a su posesión, los medios de comunicación colocaron la doxa de que su gobierno carecía de legitimidad, por lo cual su tarea primordial se ha convertido en los primeros días de gestión en la construcción de legitimidad con el Ecuador que no lo votó. Para ello se ha sostenido en el discurso del diálogo social, lo que ha rendido frutos, pues si se revisan las encuestas de niveles de aceptación, lo colocan en un 70% de aprobación de gestión.

En la “sociedad teledirigida”[2] , producto de  la “revolución multimedia”  el ser humano ha sufrido una transformación, ha pasado de homo sapiens a homo videns. La palabra ha sido remplazada por la imagen como principal motor de la comunicación. En esta metamorfosis, el poder político es también trastocado por el video y la comunicación de masas. Los escenarios y tarimas ya no le pertenecen al político o video-líder en palabras del politólogo Sartori, ahora el video-líder responde a los medios de comunicación y no directamente a las masas, a la opinión pública, las encuestas y sondeos de opinión. Lo que merece una reflexión sobre la diferencias entre el estilo de Rafael Correa y Lenín Moreno.

Mientras Correa comunicaba su imagen entre la video-propaganda y las tarimas y sabatinas, y era él quien colocaba la doxa directamente en el público; el estilo de Moreno es el de proyectar su imagen a través de los medios de comunicación (privados y públicos) quienes serán los delegados en colocar la nueva doxa en el público.

Cambio en la relación entre gobernante y medios de comunicación

La tortuosa relación entre el ex mandatario Correa y los medios de comunicación privados generó un escenario tan conflictivo que terminó desgastando su imagen. La campaña electoral explotó mucho ese recurso y terminó polarizando a la sociedad en favor de la necesidad de cambio y diálogo. Se generó un sentido práctico (Bourdieu) de que los niveles de confrontación entre gobernante y medios de comunicación, debían terminar.

Moreno más que Correa es un video-líder, su imagen es el diálogo y el cambio de estilo, por lo que ha desechado casi en su totalidad la estrategia comunicacional del gobierno Rafael Correa[3] que se afianzaba tanto en la palabra como en la imagen teledirigida desde el gobierno y sus instrumentos comunicacionales.

Entre las principales acciones de la estrategia de Moreno está generar alianzas con el Ecuador que no lo votó, una de esas alianzas, sino la más estratégica, es con los medios de comunicación –una suerte de pacto – consistente en dar libertad a los medios (y sus dueños) de comunicación, a cambio ellos se encargarán de ser sus voceros y defender su imagen frente a la confrontación mediática entre la facción correísta.

Cambio en el control de la teledirección de la opinión pública: “el significante vacío lucha contra la corrupción”.

El cambio en las relaciones entre gobernante y medios de comunicación, desde el planteamiento de Moreno, ha significado el desplazamiento de la tele- dirección de la opinión pública y agenda de la opinión, desde el Gobierno hacia los medios de comunicación privados.

Antes del viaje a Bélgica del ex mandatario Correa, hubo un fuerte cruce de balas en redes sociales, protagonizada principalmente entre el presidente Moreno y el ex presidente Correa. En esta escaramuza twitera se presentaron fuertes críticas a las decisiones de Moreno en cuanto la estrategia de alianzas con sus principales opositores y con los medios de comunicación privados. Frente a ello, Moreno respondió afirmando que lo de Correa se trataba del síndrome de abstinencia de poder entre otros trineos que hacían ver que existía un real distanciamiento entre los líderes de AP.

Tras la pugna mediática, podemos leer que no se trata de una disputa por el poder en sí, sino, una disputa por la teledirección de la opinión. De parte de Correa existía una clara estrategia de ser él quien domine la opinión heterónoma, pues esa fue la base en la que construyó su legitimidad.

En los primeros 50 días de gobierno del presidente Moreno, su estrategia de comunicación guarda un rumbo distinto a la de su predecesor, antes que imponer la agenda de opinión, ha priorizado el atenderla, dejando a los medios el papel de la tele-dirección. Este cambio de batuta se puede evidenciar en la colocación de la opinión pública del tema del combate a la corrupción, la cual desplazó en horas apenas a la agenda propuesta por los sectores populares de amnistía e indulto a los activistas judicializados.

El riesgo de esta decisión puede ser que en el Gobierno de Moreno caiga en la encrucijada de no tener agenda política propia sino una anclada a los que los medios impongan como prioridad,  hecho que se ha podido evidenciar, en el todavía ligero cumplimiento de las ofertas de campaña, la cual ha priorizado el desenredar los temas de corrupción y de diferenciarse del anterior gobierno.

El abandonar la estrategia de política comunicacional de teledirección de opinión, puede también tener un tremendo costo político a largo plazo. Si de algo se puede reconocerse de la anterior administración es de su gran capacidad por acumular capital político y en gran medida fue producto de controlar la teledirección. El dejar a los dueños de los medios de comunicación la agenda de opinión, podrá significar someterse a los designios del poder mediático, quienes no priorizan la agenda social-popular, ni económica lo que podría obligar a Moreno a construir su imagen a los temas que le imponga la prensa y no en base a las necesidades que tiene la ciudadanía.

*Abogado y Politólogo por la Universidad Central del Ecuador, Maestrante por la Universidad Andina Simón Bolívar

[1] Para Giovanni Sartori hace una distinción entre las opiniones públicas, por un lado, las generalizadas o nacidas propiamente del público a las que denomina como “opiniones públicas autónomas”, mientras que por otro menciona a las “opiniones públicas heterónomas”, entendidas como aquellas que provienen del poder político o de los instrumentos de información de masa. De estas últimas hace alusión a que tanto el poder político como los medios de comunicación son quienes “colocan” la doxa relacionadas a la res publica en la sociedad, de esta manera se forma la opinión publica heterónoma.

[2] Giovanni Sartori, “la Sociedad Teledirigida”, 1998.

[3]La estrategia de Correa ha sido sintetizada plenamente en el Twitter de Paulina Recalde, gerente de una popular encuestadora ecuatoriana: “Fijó agenda, construyó pedagogía, creó relato y escenificó disputa política” Twitter.