DE IMAGINARIOS, INCERTIDUMBRES Y CERTEZAS. Por Anaité Vargas

Foto EFE

03 de agosto 2016

Había yo imaginado ya en la primera vuelta electoral que el entonces candidato Moreno no podía ser tan cándido como se mostraba. Se me reafirmo la imaginería durante la segunda vuelta, y me llegó la certeza de que si ganaba Moreno, este marcaría un parte aguas entre él y su predecesor.

Una vez electo Moreno como presidente, imaginé entonces que se vendría toda una estrategia para desvincular su gobierno con el de Correa. Imaginé también que esa incomodidad de tener que caminar de la mano con Glas se vería reflejada en una distancia entre Presidente y Vicepresidente y que esto conllevaría a un escenario que justificara la destitución de Glas como Vicepresidente y solo así Moreno podría elegir un binomio leal a él y a sus objetivos de gobernanza.

Imaginé también que ese contexto provocaría la ira de dios y eso podría llevarnos a contar en algún momento con un nuevo presidente – producto de argucias legislativas -, incluso imaginé que sería designado como presidente quien encabezara la Asamblea Nacional, es decir José Serrano, a la luz de hoy.
Imaginé que para algunos Moreno podría ser un fusible necesario, predije incluso que este podría durar a lo mucho dos años.

Con tanta imaginación, lo que me llegó fue una enorme incertidumbre. ¿Valdría la pena el esfuerzo de Moreno por hacernos creer que de verdad no tiene nada que ver con Correa? ¿Marcaría realmente una senda de acción de izquierda que nos lleve a un estadio superior? ¿Sostendría como defensa el valor primordial de la vida por sobre el capital? ¿Aportaría al fortalecimiento del tejido social como verdadero “mandante”?… en fin, tantas preguntas que me nacían y cuya respuesta era un evidente NO por todos lados al regresar a ver al contrincante de derecha que se nos ofrecía como panecillo caliente recién salido del horno.

La incertidumbre me lanzó a votar nulo.
La incertidumbre también me llevó a pensar que podríamos ser parte de un circo político en el cual las disputas del poder sean los actos de malabarismo que nos distraen de lo esencial: la construcción del país que soñamos.

La incertidumbre entonces me llevó a la certeza.
Certeza de no dejarme convencer de comprar un boleto para circo alguno. La certeza de no aceptar ni caer en el juego ilusorio de las defensas histéricas ni las acusaciones viscerales. La certeza de mis convicciones y de seguir defendiéndolas más allá del escándalo y show político. La certeza de mis humildes principios de defensa de los derechos humanos y mi necia obsesión por darle vueltas al tema de construir alternativas al desarrollo.

He aquí mi aporte, que el dedo que se levanta señalando el camino no condicione o límite ver el horizonte… o como dirían algunos amigos “el águila no caza moscas”.