RODAS. EL PELO QUINTO DE LA ARRUGA SEXTA… Por Hugo el búho

Agosto 08 de 2017

Así, a lo Trifullka. Este caballero, que de seguro sólo leyó a Paulo Coello y que debe emborracharse en voz alta con Arjona, y que es conocido cariñosamente como el Canguil es el Alcalde de Quito. Plop. Es como el pelo quinto… Ganó porque la política tiene sus arbustos que cubren el horizonte en tiempos de campaña. Y lo peor de todo es que sigue siendo Alcalde de Quito. Para que vean que la ineptitud es un don a largo plazo. Debo confesar que mi autoestima está a la baja desde aquel dramático suceso. Un amigo extranjero me preguntaba. ¿Y qué tal su Alcalde? Respiré y conté hasta veinte como enseña el manual para no golpear al prójimo. Y respondí: Ah, es como la arruga sexta. Sonrió con indulgencia.

En estos días fue de conocimiento público que el Chulpi… el tostado… la alverja… el canguil o lo que sea, censuró un mural de unas artistas bolivianas que provocó urticaria en la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, en unos cuantos Concejales y en un segmento curuchupo de la muy noble y muy leal San Francisco de Quito. Bastó que un curita de la cúpula -que nunca entenderá lo que es la cópula- ponga el grito en el cielo para que el pelo quinto hiciera causa común con esas sotanas añejas. La exposición La intimidad es política causó indignación, sesenta y seis padres nuestros y doscientos avemarías en las gentes de bien.

Los pobres, escandalizados por unos cuantos penes de más. De los curitas de la Conferencia Episcopal se entiende. Ese tema es prohibido para sus mentes sacrosantas, impolutas y divinas. Para ellos los curas pedófilos que en el mundo han sido son una mera casualidad, un pecado que no requiere de publicidad. Pero para el Canguil, que administra esta ciudad de un Estado laico no se entiende. Ya sabemos lo limitadito que es, ya sabemos. Pero uno siempre espera un arranque de dignidad, de sentido común, un mordisco de racionalidad, algo. Pero no, el otro ordena a sus funcionarios que se inventen algo para no quedar tan mal y ¡zas!, casualmente ha sido un muro patrimonial donde se instaló el milagroso altar blasfemo.

Pero no solo tenemos un Alcalde de mentiras. Según lo que se sabe, un tal M. Ponce, concejal él, se ha ruborizado con tantos miembros viriles en las paredes. Y en nombre de la moral y las buenas costumbres y los pipís vergonzantes ha solicitado acciones que protejan los ojos vírgenes de los quiteños. Aleluya. Hay que regalarle una sotana, un crucifijo y una revista Playboy. Estos que se escandalizan con una que otra irreverencia de corte sexual, deben tener un historial en Google de porno a escondidas impublicable. A don Ponce en la cara se le nota un aire de voyeur clandestino. Todo un ángel asexuado de pocas luces.

¿Habrá como pedirle a Don Lenín que dé retirando las funciones al susodicho también? Favor completo. Y les mandamos al Glas -autonombrado sangre de Cristo- y al Rodas -nobel canguil de la curia- a ser asesores puritanos de la Conferencia Episcopal. Dos pájaros de un tiro. Perdón, la palabra pájaro puede ser objeto de malas interpretaciones y capaz que dirigen un oficio a la Real Academia de la Lengua para que la quiten del vocabulario por atentar contra la moral de los nidos aleluya amén.

Y Quito sigue sin Alcalde. Aquél personaje estará viéndose desnudo frente al espejo, contando en cámara lenta el pelo quinto de la arruga sexta…