AMOR DE BANQUERO ¡TERNURA TOTAL! Hugo Palacios (el búho)

04-09-2017.

Más allá del 80% de aprobación y demás números que pueden desviar el camino, y todo el proceso y sinvergüencería del creyente Glas, la reciente conversación entre el banquero del Pichincha y el Lenín, en la que Don Antonio le dice que aunque no votó por él está encantado de cómo gobierna, a uno se le ponen los pelos de punta. ¡Jésus y todos los apóstoles nos libren de un banquero que sonríe! ¡Que Luzbel y todas sus huestes nos protejan de los banqueros que ya ni pestañean de lo contentos que están!

Eso de conversar con todos y hacer felices a todos y apretarse la mano con todos tiene sus límites. Pero cuando un banquero es feliz es porque sus bolsillos se inflan. Cuando un banquero no puede más de contento es que sus cuentas se multiplican por diez. Cuando un banquero le dice al Presidente que alucina con sus políticas económicas, ya no hay salvación posible. Que Don Antonio Acosta y Guillermito Lasso se abracen vale y pasa. Los dos son hechos del mismo material, tienen la misma sonrisa, su chequera es directamente proporcional al número de clientes. Entre ellos la cosa es de números mayores; sus afectos empiezan con cinco dígitos y su erotismo descansa en un cajero automático. Allá ellos. Pero…

Pero amor entre banqueros y el dizque representante del pueblo en Carondelet es amor de estocada, romance de pan de tres días, aventura de bicicleta sin asiento. De terror, de asco, de llorar por litros. Yamismo Don Acosta de Ministro de Economía y el Palacio de Carondelet con un inmenso letrero que dirá: Auspicia Banco del Pichincha. O ya de plano: Palacio del Pichincha Bank.

Qué tendrán los banqueros que casi todos sucumben. Aunque el Rafico los combatió en teoría, en la práctica ganaron como nunca en su período. Y ahora el Lenín cierra los ojos y les abre los brazos como si fueran familia. Bien me dijo mi abuela: “banquero guambra, si quieres tener harta plata hazte banquero; claro, olvídate de eso que llaman conciencia. Pero como eres pobre, mejor olvídate y dedícate a odiarles con toda la pasión del caso, así como ellos odian a los pobres, de los que tanto lucran”. Ay mi abuela, haciéndome odiador desde pequeño, resentido social en dos versiones. Y añadía: “Ve, yo nunca he leído a ese Marx, pero si la lucha de clases es detestarles a los banqueros soy marxista de pies a cabeza”.

Es que eso de ser amigo de banqueros debe tener sus ventajas. Le dan a uno eso que llaman clase, caché. Amor electrónico será la nueva zaga de la telenovela ecuatoriana. Si era nomás de votar por el Lasso, por lo menos de él ya se sabía lo que era y a quién representaba. Cómo iba a imaginarse uno que en el fondo estaba votando por el Banco del Pichincha y sus colegas a plazo fijo. Que combata la corrupción y le vire la tortilla a la “década ganada” todo bien, pero de ahí hacerse los ciegos cuando estrecha la mano de banqueros y gritar ¡Salud! con los empresarios y decirse casi hermano con el Nebot ya no es de dios.

Y bueno, de más en adelante, la corbata del Lenín ya no será verde agüita, más bien amarilla con negro, y bien por debajo un número seis en forma de bigote. Dios los cría, nosotros elegimos y ellos se juntan. Amén.