SONRISAS Y ABISMOS: CRÓNICA DE LA JORNADA DE REPRESIÓN Y MOVILIZACIONES EN CATALUNYA Por: Marc Almodóvar

20-09-2017

Tomado de El Salto http://www.elsaltodiario.com

Tengo un problema.

Temo que cuando acabe este artículo, ya estará más que caducado.

Cuando los amigos de El Salto me encargaron un artículo sobre la represión ‘para el miércoles’, pues todo estaba bajo control.

Nada. Unos dos millones de carteles intervenidos. Decenas de imprentas asaltadas por la Guardia Civil. Otras tantas visitas a medios de comunicación. Citaciones a no emitir anuncios ni nada acerca de eso que el Gobierno ha dicho que va a hacer el día 1 de octubre.

Cristóbal Montoro anunciando, con regate dialéctico, una intervención de las cuentas catalanas. Webs clausuradas, funcionarios alertados, decenas de debates y actos públicos en toda la geografía española amenazados por la fiscalía. La misma que iniciaba diligencias contra 700 alcaldes, al más puro estilo Minority Report, por un delito que manifiestamente todavía no pueden haber cometido.

Algunos ayuntamientos mostraban cómo correspondencia que nada tenía que ver con el referéndum, había sido abierta por la Guardia Civil. Cartas que hablaban del comedor del colegio o las obras en el alumbrado del pueblo. Correos interviniendo envíos de revistas por contener artículos relacionados con el citado delito. La benemérita publicando triunfalmente fotos de los espectaculares decomisos, cual alijo de heroína o armamento terrorista.

La intensa sinfonía se culminaba con esa imagen de funcionarios custodiados por policías descolgando pancartas con la palabra democracia. Todo en nombre de ídem, claro está. Democracia versus democracia. Y tiro porque me toca.

De mis tiempos en Egipto recuerdo haber escrito sobre la detención de un burro al que habían apodado Al-Sissi. En Sabadell, el fin de semana pasado se detuvo la comparsa de la fiesta mayor porque un gigante llevaba una papeleta del referéndum en la mano. Y volvemos a la casilla de salida.

Todo eso era ayer. Hoy nos hemos levantado con 41 registros a dependencias de la Generalitat, 16 detenciones de altos cargos del gobierno catalán, varias empresas privadas asaltadas por tricornios y la sede de las CUP rodeada durante horas por policías de paisano con pasamontañas esperando una orden judicial que parece que no llega.

Montoro, sin resolución judicial de por medio, sella la intervención del presupuesto catalán anunciada días antes y según algunos informes, cerca de 300 entidades están siendo investigadas y pueden ser intervenidas por su colaboración con el referéndum. Entre ellas hay hospitales, universidades o fundaciones de investigación.

Rajoy llevaba seis años en el precipicio. Pudo haber hecho mil cosas. Optó por no moverse. Ahora parece haber dado ese paso al frente. El abismo le espera

El presidente catalán ha hablado de “estado de excepción encubierto”. Ayer era el vicepresidente Oriol Junqueras quien hablaba de aplicación encubierta del 155. Y eso lo decía antes de que su gente durmiera en un cuartelillo. Otra vez triunfales, los del tricornio anuncian haber hecho el decomiso con mayúsculas. ¿Las armas de destrucción masiva? Podría ser: 9,89 millones de papeletas de voto para el uno de octubre.

Y como todo esto va de imágenes y poesía visual, mientras las patrullas de la policía militar asaltaban las sedes del gobierno catalán, en las redes su cuenta de Twitter felicitaba a la Legión por su 97º aniversario. “La bandera de la legión será la más gloriosa, porque la teñirá la sangre de sus legionarios”. Lo curioso? Que la Legión se fundó un 28 de enero. Todo muy normal, vaya.

Seguramente cuando acabe este articulo todavía habrán pasado muchas cosas más. Quizá esté caduco. Algunos sueñan con ver los tanques por la Diagonal. Uno no debe nunca subestimar la capacidad represiva de un Estado que se nota herido. Según Mariano Rajoy, todo está en orden y se actúa con proporcionalidad de acorde con la ley. Proporcionalidad, dice.

Durante años circuló ese chiste que atribuía a Franco una frase. “Estábamos al borde del abismo pero dimos un paso al frente”. Rajoy llevaba seis años en ese precipicio. Pudo haber hecho mil cosas. Optó por no moverse. Ahora parece haber dado ese paso al frente. El abismo le espera.

El famoso choque de trenes parece que ha llegado. Pero la oleada represiva, lejos de amedrentar la sociedad catalana, la ha espoleado de golpe.

Miles de ciudadanos han cortado las calles denunciando las acciones del Estado. De todas las edades. De todas las adscripciones. Se han concentrado allí donde la Guardia Civil hacia acto de presencia. Lo han hecho con tranquilidad pese a la tensión. Lanzando claveles al aire. Alzando las sonrisas. Mostrando las famosas papeletas. Festejando al grito de “votaremos, votaremos” una insurrección masiva de desobediencia activa que difícilmente va a tener punto de retorno. Gritos de desobediencia y reclamando una huelga general resuenan ahora en las calles de Barcelona y los municipios de Catalunya.

En las concentraciones de hoy las caras ya no son de esos ‘friki-indepes’ de la ANC, con sus camisetas fluorescentes y su kit dominguero al completo, que no se pierden ni una. Esto ya no va de eso, señores. El asociacionismo al completo está saliendo a reclamar fin a la demofobia del estado español. Del Régimen del 78. Hay pocas excepciones. Incluso muchos anarquistas andan convocando a su gente a unirse a las protestas contra la represión. Y ahí están, codo con codo. Aquellos que dudaban, que tenían reservas sobre cómo se ha llegado a esto, sobre las garantías de la votación, sobre el carácter instrumental de la ANC, sobre ir de la mano con la burguesía convergente o que simplemente les generaba urticaria estar hablando de Estados o nacionalismos, están viendo que esto no va de eso.

La gente cantándoles socarronamente a los picoletos aquello de la Trinca de “passi-ho bé i fins l’any que ve”, es la imagen gráfica de una autoridad sin autoridad

En las calles, muchas caras conocidas. Y una gran mayoría no son independentistas. O no lo eran antes del 20 de septiembre. “Tú por aquí?”. “Y qué esperabas?”. “¡Me encontré a tu madre!”. “Pues claro”. Sonrisas cómplices. Otra vez en el mismo lado de la trinchera. Si es que dejo de ser así.

El aire que se respira es de total ruptura. Aquel “que no nos representan” llevado a un conflicto en el que la sensación es que se han rebasado todas las líneas rojas. Un divorcio en toda regla. Cuando hablo de ruptura me refiero, por ejemplo, a la forma con la que se ha recibido a la Guardia Civil. Los coches de la policía militar han sido irreverentemente pintados, llenos de pegatinas y ataviados con banderas. La gente cantándoles socarronamente a los picoletos aquello de la Trinca de “passi-ho bé i fins l’any que ve”, es la imagen gráfica de una autoridad sin autoridad. De un punto de no retorno. Una clara muestra de lo que parecen infundir las fuerzas del orden españolas entre muchos catalanes que se preguntan sobre esa doble velocidad en encontrar sobres llenos de papeletas y sobres llenos de sobornos. Si uno espera una revolución pura, por supuesto que esta tampoco lo es. Pero el martillo del Estado español parece haber acabado de despertar al pueblo dormido.

Post-Data: Por cierto, otra imagen kafkiana de la jornada. No se si saben dónde dormirán las fuerzas policiales. Pues como Zoido ha decidido mandar tantos policías a controlar ese referéndum “que nunca se va a producir”, ha tenido que buscarles cobijo. Nada mejor que fletar tres cruceros turísticos para escenificar, de una vez por todas, quiénes son los guiris en Catalunya mientras se reactivan las campañas del #stopcruceros en la ciudad de Barcelona. Es realmente que ni de ésas se salvan algunos.