TRES RELATOS SOBRE LA TRANSICIÓN. Por Napoleón Saltos Galarza

 

19 diciembre 2017

una historia inca podía ser relatada de tres o cuatro maneras diferentes, y en ellas se basaron los cronistas. (Rostworowski 1999, 66)

La consulta convocada por Lenin Moreno para el 4 de febrero es el campo de un primer desenlace de la transición de gobierno. Apunta a resolver la disputa con la facción correista por el dominio de la institucionalidad del Estado, en especial de los organismos de control; pretende afirmar la legitimidad del nuevo gobierno ante la debilidad de la entrada por la imagen subordinada del mandato a la figura de Correa, el estrecho margen del triunfo electoral y las sombras del fraude.

La Consulta es un movimiento táctico que deja a un lado las aspiraciones tanto de la oposición de la derecha tradicional, que anhelaba la reinstauración de un neoliberalismo abierto, como también de los actores sociales, que deseaban el paso a un modelo post-extractivista y la instauración de una democracia con participación. Como dice Eduardo Mangas, la Consulta es para “cerrar la transición”, mientras desde afuera se buscaba que sea la apertura de un nuevo período.

DE TRAICIONES Y FIDELIDADES

El carácter de la Consulta empieza en el tipo de preguntas planteadas. El centro está en la preguntas 2, para cerrar el paso a la reelección de Rafael Correa; y en la pregunta 3, para tomar el control del Consejo de Participación Ciudadana y reestructurar los organismos de control bajo la tutela del nuevo gobierno.

El Presidente Lenin Moreno desperdició la oportunidad política, expresada en la aceptación por encima del 80%, para pasar a una democracia más amplia. El consenso para desmontar la institucionalidad autoritaria, creada por Correa con las enmiendas constitucionales de 2014, no fue aceptada. El argumento fue la necesidad de un paso gradual.

La derogatoria de la enmiendas del 2014, que era el consenso político de la oposición, implicaba el restablecimiento normativo de la autonomía de la justicia, del carácter de bien público de la comunicación, de los derechos del sindicalismo público a la organización, del papel de las Fuerzas Armadas como defensoras de la soberanía. El aval ciudadano fue dirigido a la legitimación del régimen.

En los primeros seis meses del nuevo gobierno, el escenario político se contrajo a las disputas entre la facción morenista y la facción correísta, en un juego de espejos que dejaba a las demás fuerzas en offside.  Se presentó un empate político.

Los plazos del desenlace empezaban a cumplirse. Correa buscó, con su presencia, inclinar la balanza a su favor, empezando por retomar el control de AP y preservar la figura de Glas, para “recuperar el rumbo”.

El relato de la traición[1] guió la estrategia correista. Una lectura de atrás hacia adelante que tiene una doble función: relativizar y encubrir los límites de la Revolución Ciudadana, incluidos los casos de corrupción y el agotamiento del modelo. Al convertir a Lenin Moreno en el traidor, el horizonte es el retorno del mundo del bien, de la revolución traicionada, del caudillo salvador. Y generar una adhesión desde la fe en la bondad del proyecto, más allá del momento de persecución; la fidelidad y el sacrificio. El gesto final fue el abrazo de Correa al Vicepresidente Glas, a las puertas de su condena anunciada. El argumento repetido por los fieles es que no hay pruebas contra Glas, el mártir de la persecución política. No importa que el fiscal acusador sea un antiguo fiel del correismo.

La estructura hiperpresidencialista heredada le permitió a Moreno retomar la iniciativa, con la convocatoria a Consulta Popular y el bloqueo de la Asamblea de Alianza País convocada por Correa. A ello se sumó la condena a Glas a seis años de prisión por asociación ilícita en el caso Odebrecht, lo que deja abierta la puerta para el control de la Vicepresidencia por la facción morenista. La decisión tardía del CAL refuerza esta perspectiva.

El relato oficial del retorno a la fuente de Montecristi trata de ser instaurado desde la facción morenista, herederos legítimos ante la traición y la corrupción del otro bando. La distancia para proclamar un nuevo comienzo y encubrir los compromisos y las continuidades.

Las infidencias de Mangas muestran el trasfondo de las disputas y las continuidades, de las rupturas y los compromisos. El relato del gobierno se nutre de la resistencia, tanto desde el polo oligárquico como desde el polo social, al autoritarismo de la administración de Correa. El caballo de batalla es la lucha contra la corrupción, y la espada es la consulta.

Derrotada en el ámbito nacional, la facción correista intenta un punto de apoyo internacional, con la demanda de la inconstitucionalidad de la convocatoria a la Consulta Popular por decreto y con preguntas que alterarían la estructura de la Constitución, sobre todo en la institucionalidad de un Consejo de Participación bajo discrecionalidad del Ejecutivo.

Atrás de las disputas por la representación en el control de Alianza País, de la institucionalidad del Estado y de los vínculos con el poder local y transnacional, se mantiene la continuidad del modelo económico, en torno a la hegemonía del capital financiero-rentista global y local; con una variación de ciclo. El período de abundancia por la oleada extractivista global, le permitió a Correa actuar desde el “Estado mágico”, bajo una forma bonapartista-populista-autoritaria, para reordenar el bloque hegemónico. Resuelta la crisis política, el funcionamiento bonapartista pierde piso por dos lados: la base económica se debilita por la modificación del ciclo mundial con la baja del precio internacional del petróleo y de las commodities, lo que impide la actuación “mágica” desde arriba; la constitución o fortalecimiento de grupos económicos y la rearticulación con el capital mundial vuelven superfluo un funcionamiento discrecional del Estado y la economía.

La presencia de Moreno representa la oportunidad para pasar a una nueva forma de representación y de funcionamiento del Estado, mediante un vínculo más orgánico con los grupos de poder locales y transnacionales, y nuevas formas de subordinación de los actores sociales. El camino está abierto para pasar del ciclo de dominio desde el Estado, una especie de vía junker de modernización desde arriba en los diez años de Correa, a un ciclo de normalización de funcionamiento del Estado capitalista dependiente, basado en dos pilares, el retorno de algunas formas de la democracia representativa-liberal, sin afectar a las bases estructurales del neoinstitucionalismo presidencialista instaurado a raíz de la Constitución de Montecristi; y la consolidación de la alianza público-privada, como soporte de la acumulación financiero-rentista dependiente.

El régimen también ha perdido algunas escaramuzas, en particular el retiro de Eduardo Mangas, una de las figuras atrás del trono; así como la baja de credibilidad en 10 puntos (61%). Aunque no hay variaciones en el respaldo a la Consulta, pues éste se mantiene en torno al 72-74% antes y después de la llegada de Correa. El estado de la opinión pública gira en círculo en torno a una descorreización sin horizonte. Sobre todo en las redes sociales se puede sentir este giro en una especie de torbellino que absorbe las energías de la sociedad.

REALINEAMIENTOS ARRIBA

Este primer desenlace amplía la cancha. El primer alineamiento en torno al SÍ y al NO en la Consulta empieza a encontrar matices.

El reacomodo de fuerzas arriba tiene un primer diseño. Los grupos económicos consolidados en el período correista, se han realineado en torno al nuevo presidente, y, en silencio, han logrado copar el frente económico. En particular, destaca la incidencia del grupo NOVIS, que ha logrado captar los ministerios de comercio exterior, de la producción y de agricultura, y establecer una coordinación con el sector energético, para normalizar las relaciones con el capital financiero mundial. Mientras en torno a las declaraciones de Mangas se formó una pequeña tempestad, los reacomodos en el equipo económico han pasado en forma discreta.

Desde la derecha neoliberal, la presión por una mayor liberalización y privatización de la política económica ha logrado el restablecimiento de varios temas mediante el veto presidencial a las modificaciones introducidas por la Asamblea en la Ley Orgánica de Reactivación Económica. Los sectores tradicionales, representados por el Partido Social Cristiano, han logrado un adecuado convenio con el régimen, sobre todo en los negocios en su territorio de influencia.

Aunque persiste un descontento subterráneo ante las actuaciones del régimen, hay un realineamiento negociado. Después de la derrota de Lasso en la segunda vuelta, se encontraron con la sorpresa del diálogo convocado por Lenin Moreno y de un acelerado distanciamiento de Correa. Lasso pudo proclamar que la vía era su propuesta electoral. Las Cámaras asumieron con entusiasmo las mesas de negociación sobre las políticas económicas. Aspiraban el retorno a políticas de shock. La imagen de Macri era el referente. Cuando vieron algunas propuestas de la Ley de reactivación y del Presupuesto del 2018, empezó la desilusión. Hablaron del engaño. Pero encontraron pronto el cauce del influjo. A más de las concesiones finales mediante el veto presidencial, el régimen les dedicó una pregunta en la Consulta sobre la derogatoria de la Ley de herencias. Aprendieron el sentido del gradualismo de Moreno; y mantuvieron una diferenciación entre el apoyo a la Consulta y la presión sobre las políticas económicas.

El gradualismo – des-pa-ci-to – del régimen abarca también la política: las salidas de Mangas, Espinosa y Espinel se presentan como renuncias, para evitar el trauma de las rupturas.

La débil presencia de CREO confirma la tesis de que en el país hay partidos electorales y no partidos políticos, hay partidos de estaciones, temporales. Las infidencias de Mangas avivaron la duda del fraude y permitió un breve retorno a la escena de Lasso y Páez, después de una ausencia notoria en los acontecimientos de la transición.

También en el otro polo, los avatares de Alianza País lo muestran como un partido temporal, sostenido por el aparato de Estado y la figura carismática de Correa; ha cumplido su ciclo y en el horizonte aparecen nuevas formas de representación electoral, del lado morenista emerge Democracia Sí; y Correa empieza a hablar de su Partido de la Revolución Ciudadana. La visita de Correa y los alineamientos en torno al NO muestran que persiste una base sólida de apoyo a la facción correista, que se ha reducido[2], pero actúa con fidelidad.

El Ecuador es terreno de disputa geopolítica entre el eje Norte-Sur, liderado por la tríada Estados Unidos-Unión Europea-Japón, y el eje Este-Oeste, liderado por la alianza China-Rusia. El desplazamiento de Glas reubica las figuras de intermediación con el capital chino. Y entonces se producen fisuras que permiten ver el funcionamiento estructural del capital, a partir de su dinámica global. Los negocios petroleros y mineros, así como las grandes obras de infraestructura, no se deciden en el ámbito nacional. Un signo es la figura de Cadena Marín, el principal bróker petrolero. No tiene plena aceptación norteamericana; lo que presiona por reubicaciones locales, de los subgrupos dentro de Alianza País y dentro del régimen. Los reacomodos definen una nueva mayoría dentro de la Asamblea.

Los discursos en torno a las negociaciones de un TLC con Estados Unidos, el retorno del FMI, iniciados en la fase final del Gobierno de Correa, apuntan al ajuste orgánico de la vinculación con el capital financiero mundial; un juego de equilibrios entre la dependencia china y la dependencia norteamericana. El sistema funciona sin sujeto, sin palabra abierta.

DESDE ABAJO

Las transiciones muestran una mezcla caótica de procesos, que influyen en el estado de las masas. Los sectores organizados se mueven entre dos dinámicas: el apoyo a la descorreización y una inicial posición crítica a los límites del gobierno de Moreno. El pronunciamiento – “peor es nada” –  de la CONAIE y Pachakutik ante el contenido de las preguntas, la Marcha “por un diálogo con resultados” muestra esta doble tensión. Algunos sectores han levantado la consigna “SÍ, pero…” ante la Consulta, como una táctica para impulsar una política diferenciada, para colocar en la agenda política temas silenciados, en especial la lucha contra el patrón extractivista, y la defensa de la autonomía del IESS. En esta dirección apunta también la posición de los Yasunidos, sobre todo ante el tema extractivista.

En otras organizaciones, particularmente las adscritas al gobierno o alineadas con la principalización de la lucha contra el correismo, como en el caso de la UNE y del Frente Popular, hay un respaldo sin condiciones, “Siete veces SÍ”.

Históricamente las Consultas se han transformado en Plebiscitos de respaldo u oposición al régimen. El Frente por el NO derrotó la Consulta de Febres Cordero de junio de 1986, más allá de los temas consultados, centrados en la participación electoral de los independientes. La Consulta de mayo de 1997 bajo la Presidencia de Fabián Alarzón, triunfó con el SÍ, como expresión del rechazo al bucaramato, lo que fue aprovechado por el régimen como mecanismos para legitimar el “golpe”. Con ello se reduce el espacio de acción autónoma desde los actores subalternos.

Empero hay también una experiencia diferente: el triunfo del NO contra la Consulta de Sixto Durán de noviembre de 1995, que apuntaba a la privatización del IESS y la supresión de los derechos laborales, sobre todo del sector público, fue encabezado por la Coordinadora de Movimientos Sociales y la CONAIE, en contra del establishment que se alineó en torno al SÍ.

Regresa la vieja cuestión, “golpear juntos y marchar separados”. La disyuntiva es nuevamente seguir la estrategia del mal menor, colocarse a la cola del régimen, en nombre del objetivo de la descorreización; o sentar las bases de la reconstitución autónoma del proyecto político de los de abajo. ¿Es posible otro relato?

¿Cómo moverse en los diversos escenarios de la lucha: el tiempo político inmediato de la Consulta, el tiempo oculto del patrón de acumulación financiero-rentista? ¿Cómo vincular la táctica a una estrategia de construcción de un poder popular propio? También en política, como en la economía, el problema no es sólo hacer, sino saber ¿quién acumula?

La estrategia es manejo de los tiempos. Un cauce alternativo parte de la capacidad de “adelantarse” en el tiempo, ver la proyección de la post-consulta. No sólo ¿cómo se va integrar el próximo Consejo de Participación Ciudadana? El riesgo es pasar de la tutela de Correa a la de Moreno. Sino, sobre todo, ¿cómo modificar las bases normativas de un régimen autoritario e hiperpresidencialista?, para recuperar la perspectiva de una democracia real, que no sólo descriminalice la lucha social, libere y dé la amnistía a los perseguidos políticos-sociales y democráticos; sino que fundamente la democracia en la palabra, las aspiraciones y el poder de los de abajo, de los oprimidos. Una democracia que sea capaz de concretar las demandas de luchas contra las violencias de género, sobre todo contra las mujeres, las niñas y los niños, como fundamento hacia una sociedad postpatriarcalista. ¿Cómo desmontar el modelo económico, estructurado en torno al extractivismo y las alianzas público-privadas?, para pasar a un patrón de acumulación productivo, soberano, ecológico, que siente las bases de una economía post-capitalista.

[1] Hay un discurso convergente de diversos voceros: Jaime Galarza habla de Judas, sin mencionar al Presidente. Carol Murillo señala que Moreno gobierna con la oposición al proyecto histórico de Alianza País.

[2] Un referente es el respaldo al NO en la Consulta que según CEDATOS se ubicaría en torno al 18%.

Foto: AFP