EL CABALLO DE TROYA DEL ANTI COMUNISMO. Por Tomás Rodríguez León.

23 de febrero 2018

Antes de Marx y Engels, había un intenso desarrollo del pensamiento comunista y socialista utópico cuando lo mejor de la intelectualidad europea, frustrada con la oferta liberal, optaron por sueños distintos. Entre ellos se destacan: Owen, Fourier, Saint Simón y, por supuesto, la olvidada Flora Tristán, la primera gran comunista y primera gran teórica de la liberación de la mujer.

“Los comunistas siempre han jugado un rol activo en la lucha por la libertad” Nelson Mandela

COMUNISMO: esa ‘mala palabra’ que utilizan para encubrir el origen de los males del sistema. Pero los trabajadores ya no temen al adjetivo y ven que una lumpen burguesía  acrecienta sus  bienes con los dineros de la corrupción o con narco dólares.  No son los comunistas quienes se enriquecen con la explotación del trabajo, lo hacen los oligarcas y burgueses, casi siempre anticomunistas. Los fariseos socialistas del siglo XXI de comunistas no tienen nada, ni su programa es anti capitalista. Sus gobiernos lastimeros lo único que lograron fue consolidar una lumpen burguesía sin ideología y en el fondo también anti comunista.

En la década de los 70,  gobiernos de derecha prohibieron la palabra comunismo y esta se hizo delito. Aun así, cientos de miles de jóvenes atraídos por el verbo que se hizo carne, corrieron tras los sueños comunistas del Che Guevara, el eternamente joven que trascendió en Bolivia, y del mismo que murió en la cruz pero que anduvo en la mar.

El comunismo no es obra  ni es gracia del siglo XIX y XX. Ya en la antigua Grecia,  Heráclito, Demócrito, y aun Aristóteles y Platón, intuían en la propiedad privada y el poder el origen de los males sociales. Sectas religiosas opuestas al dominio imperial de Roma constituyeron organizaciones comunistas en el mundo hebreo. Jesús y sus apóstoles fueron los más destacados, y las primeras comunidades cristianas desarrollaron prácticas de propiedad común de bienes (de ahí deviene la comunión), y son inherentes a esta moral la caridad, la solidaridad, y la distribución equitativa de panes y peces. En fin, fue lo que podría hoy definirse como propuesta comunista

Entre el siglo XVI y XVI  el pensamiento comunista se eleva en el ideario de Tomas Moro, Tomas Munzer y Tomas Wetling. Los tres sacerdotes católicos  plantean una sociedad de trabajadores sin amos y sin estado de opresión, es decir sin leyes, prisión ni ejércitos. El más destacado fue Tomas Moro que acuña la palabra ‘utopía’ para designar la sociedad ideal de felicidad y paz.

A finales del siglo XVII el pensamiento de la ilustración catapulta el pensamiento burgués revolucionario, entre ellos, el más puro y radical JJ Rosseou avanza hacia posiciones comunistas con su concepción del origen de la propiedad y su propuesta  libertaria respecto al estado. El ala más radical de la revolución francesa, catapulta a Francois Babeuf, quien promueve las ideas comunistas como las auténticamente revolucionarias.

Poco antes de Marx y Engels, había un intenso desarrollo del pensamiento comunista y socialista utópico cuando lo mejor de la intelectualidad europea, frustrada con la oferta liberal, optaron por sueños distintos. Entre ellos se destacan: Owen, Fourier, Saint Simón y, por supuesto, la olvidada Flora Tristán, la primera gran comunista y primera gran teórica de la liberación de la mujer.Marx y Engels no inventaron el comunismo, su pensamiento es producto de la mejor síntesis de la filosofa, la economía y el pensamiento social, a decir de Lenin. El mérito de Marx es haberle dado contenido científico a las tesis del comunismo, y haber desarrollado categorías dialécticas y económicas como la lucha de clases como fuerza motriz de la historia, la plusvalía y el desarrollo de la teoría del valor. Luego de Marx, el comunismo también avanza. Bakunin propone el comunismo libertario sin la presencia del estado, Prodhon el cooperativismo, Kropotkin el apoyo mutuo. etc.

La revolución rusa de 1917 con Lenin y Trotski lleva a la cúspide al comunismo. Con la muerte de Lenin el comunismo se enferma de totalitarismo y su versión en el estalinismo consolida un modelo desde el estado omnipresente que contradice un principio marxista que ve en el estado la fuente de opresión de clase. Nace el socialismo.

El concepto clave del comunismo marxista y anarquista es la destrucción del estado y de la propiedad privada de los medios de producción. El marxismo habla del socialismo como primera fase que acepta transitoriamente el estado,

Engels propone una sociedad de productores libres asociados y Bakunin “destruirlo todo excepto la novena sinfonía de Beethoven”. El anarquismo libertario niega la fase socialista. En el siglo XX la lucha entre el capitalismo y el socialismo tiene dos polos contradictores: el imperialismo y los comunistas marxistas que encabezan la izquierda mundial.

Los comunistas, traspasan la política y se desarrollan en los mejores espacios de la ciencia, la cultura, las letras. El siglo XX es cuna de comunistas como Gorki, Malroux, John Reed, León Felipe, Pablo Neruda, y más recientemente Saramago en el mundo de las letras. En Ecuador, Enrique Gil, Joaquín Gallegos y toda la generación de los treinta. En la pintura, Pablo Picasso y Bretón (trotskista), en la música, Pablo Casals, en la pedagogía Makerenko, Freinet, Vigotski, Berhinski, en el teatro Bertolt Bercht. En la pintura Orozco, Rivera y Siqueiros. Científicos como Einsten se adhirieron al pensamiento socialista y así también Chaplin, García Marqués entre muchos más.

Con la caída del modelo soviético de socialismo, el Pensamiento burgués y pequeño burgués ha querido hacer del comunismo cosa del pasado y ha proclamado un supuesto triunfo del capitalismo. Pero ese triunfo es falso, como se observa en la estrepitosa calamidad económica, política y social del sistema burgués imperial. En contraparte, los comunistas no solo sobreviven sino que reverdecen, corrigiendo errores históricos (y asumiendo otros). Los 80 millones de militantes comunistas son el factor de éxito de China y de su modo de producción, Cuba, la asediada  poética y heroica, resiste y avanza, como avanza Vietnam.

En América Latina el comunismo libertario vive acumulando energías históricas sin renunciar a las utopías, reelaborando desde lo posible los sueños  que la llevarán a un modo de vida y sociedad superior. El comunismo democrático es posible, y para su edificación es convocante el pensamiento de Rosa Luxemburg y Antonio Gramsci, quienes pensaron el comunismo desde los trabajadores y no desde la burocracia. El comunismo democrático es el comunismo comunalista, con núcleo ideológico y moral, que integra el ecologismo y el feminismo desde la periferia “democracia sin Estado”.  Es fundado en la economía comunal y en la participación directa, considerando el trabajo decisorio desde abajo y el protagonismo de los municipios como ejes de la vida social.

Miles de intelectuales de izquierda dieron luces y validaron el humanismo comunista perseguido, vilipendiado, pero nunca derrotado. Está claro que no puede existir una izquierda sin comunistas. Ecuador le debe mucho al comunismo y el comunismo no le debe nada a la patria. Han estado siempre  los comunistas en la línea del progreso, la paz y el pan para los pobres. En Venezuela no existe comunismo y los estertores de la derecha reaccionaria mundial quieren reeditar el rabioso espíritu de los esbirros, aplaudiendo la invasión imperial valiéndose de los errores y horrores de un proceso desgastado.

Por ultimo, para desasnar a los ignorantes de mala fe recordemos que Juan Montalvo creó la sección ecuatoriana de la primera internacional (marxista) y  que Plácido Caamaño acusaba a Eloy Alfaro de comunista.