EL POPULISMO RELIGIOSO SE INSERTA EN LA POLÍTICA DE AMÉRICA LATINA. Por Jerónimo Giorgi*

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El monopolio católico a ido cediendo terreno frente al evangelismo

El Observador Uruguay

01  febrero del 2018

La participación de las iglesias evangélicas o neopentecostales en la política latinoamericana crece día a día y alimenta las facciones políticas de la ultraderecha para impulsar su agenda conservadora. Ya sea a través de candidatos propios o apoyando líderes afines, definen elecciones y presionan en la toma de decisiones, gracias a su poder retórico que canaliza la desesperanza en la política.

La asociación entre religión y política no es cosa nueva. Históricamente la Iglesia Católica ha estada vinculada, generalmente, con los partidos conservadores o  ultraconservadores, así como con movimientos como Tradición, Familia y Propiedad surgido en la década del 60 y vinculado a las dictaduras del cono sur. La religión católica también ha estado presente con diversas posturas políticas a través de la democracia cristiana, que en algunos países llegó a la presidencia. E incluso en la izquierda, a partir del Concilio Vaticano II, el movimiento de la Teología de la Liberación tuvo una gran influencia. En la actualidad, el catolicismo sigue presente en la retórica política de gran parte de los países latinoamericanos.

Sin embargo, el monopolio católico que, hasta la década del 70, no conocía competencia, ha ido cediendo terreno durante las últimas décadas frente al evangelismo. Actualmente esta corriente es practicada por casi el 20% de la población de América Latina y en algunos países centroamericanos está cerca de alcanzar a la mitad de la población, debido a una particular penetración en las clases bajas y marginadas de la sociedad.

A pesar de la competencia por los fieles, al igual que la Iglesia Católica, los sectores evangelistas se han infiltrado en la política para imponer sus ideales opuestos a la alteración del orden patriarcal, a la reinterpretación del concepto de familia, a la homosexualidad y a las libertades sociales. Según el artículo: Iglesias evangélicas y el poder conservador en Latinoamérica, publicado por el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), el evangelismo explota además políticamente su gran despliegue mediático, gracias a sus propias emisoras, canales de televisión y redes sociales, que deja en desventaja a los demás candidatos del sistema político. Estas organizaciones cuentan además, según Javier Calderón Castillo, autor del artículo, con una “gran capacidad económica ligada al aporte-convicción de sus feligreses” y son fervientes “defensores del neoliberalismo y la sociedad de consumo”.

En este marco, las organizaciones evangelistas están cada vez más presentes en la vida política de América Latina. En países como Costa Rica, República Dominicana, Perú y México han organizado marchas en contra del movimiento LGBT. En Colombia, donde representa el 20% de la población, los evangelistas, asociados con el expresidente Álvaro Uribe, tuvieron un rol fundamental en la derrota del plebiscito del 2016 para ratificar el Acuerdo de Paz, debido a que implementaba los derechos de la mujer y de la comunidad LGBT. En Brasil, con unos 22 millones de pentecostales, Eduardo Cunha, antes de ser condenado a 15 años de prisión por corrupción, lideró la bancada evangelista en contra de las reformas a favor de los derechos reproductivos de la mujer y el dudoso juicio parlamentario a la presidenta Dilma Rousseff. Y en Guatemala, donde el evangelismo prácticamente ha alcanzado al catolicismo, el Gobierno es presidido por Jimmy Morales, un humorista y teólogo evangelista, que en sus discursos exhibe aires de predicador.

En la mayoría de los países de América Latina, al igual que el catolicismo, el evangelismo ha penetrado las esferas políticas con el fin de imponer su agenda ultraconservadora. Pero a diferencia de la narrativa más ortodoxa de la Iglesia, los pastores evangelistas están introduciendo en la política una suerte de populismo religioso, más radical y de mayor alcance.