ASAMBLEA SIN JUICIO. Por Napoleón Saltos Galarza

Quito, 10 de marzo de 2018

Ayer en el banco de los acusados no estaban sólo el Presidente de la Asamblea y el Fiscal General de la Nación. En el escrutinio público estaba sobre todo la actuación de la Asamblea. Ésta tenía la oportunidad de sentar las bases de un juicio político a las principales funciones del Estado, a la Asamblea y a la Función Judicial. Y otra vez una oportunidad desperdiciada en un juego de acusaciones y vendettas personales de los dos acusados, y en un juego de cálculos de grupo de los juzgadores.

La comparecencia de los dos acusados tuvo un libreto similar. La línea de tiempo de los cálculos del adversario para mostrar el ataque y las maniobras del poder en el control de los puestos.

Los argumentos del Fiscal se puede reducir a una sola tesis: yo tenía en mis manos los juicios que incriminaban a mis adversarios. En el caso Odebretch se evidenciaba la culpa del ex-Contralor, Pólit. En el caso pases de la policía se evdienciaba la responsabilidad del Presidente de la Asamblea. Por eso querían sacarme del puesto. Ergo, no era un ataque individual, sino un ataque a la Institución. Y luego el último Informe a la Nación, antes de la salida anunciada, sobre la labor de la Fiscalía en la lucha por la justicia.

Los argumentos del Presidente de la Asamblea se centraron en mostrar la peligrosidad del Fiscal en su contra, la forja del parte policial sobre el origen del audio, el encubrimiento del Fiscal sobre casos en los que interviene su abogado defensor personal. El Informe secreto sobre el 30S desapareció nuevamente. Con cara compungida y la voz entrecortada, el reconocimiento de la falta “por la vehemencia en la lucha contra la corrupción.” Y luego el último Informe a la Nación, antes de la salida anunciada, y la promesa de seguir en la lucha ejemplar desde el curul o desde la calle.

El libreto más triste llegó con las intervenciones de los Jefes de Bancada. Había que controlar el debate desde el comienzo.

La síntesis estuvo en la intervención del representante socialcristiano: la decisión está tomada, sólo hay que ratificar la moción. Una noche histórica: lo importante es el juego de cargos, ni siquiera el espectáculo del juego de tronos. El tema es ver el próximo reparto dentro de la Asamblea. Después de diez años de silencio, atemorizamiento y control desde el autoritarismo correista, la Asamblea regresa a la vieja política del reparto de cargos, bajo la égida de las antiguas fuerzas oligárquicas.

Luego la sucesión de intervenciones de los otros representantes de Bloque, para “saludar a mi provincia” y aprovechar la oportunidad para que la teleaudiencia conozca las propuestas e iniciativas presentadas dentro de las cuatro paredes. La conclusión, hay que aprobar la moción, los culpables individuales tienen que ser condenados.

Al final, la crónica de una votación anunciada, como en esas películas en que se promete el misterio, el secreto, pero se conoce por anticipado el resultado. Los noticieros nacionales e internacionales ya podían anunciar la noticia: la Asamblea, por una mayoría de 103 votos, destituyó a su Presidente e inició el juicio al Fiscal General de la Nación. No había nada más que hacer, misión cumplida, el Presidente encargado pudo declarar clausurada la sesión. Y todos con los ojos en el nombramiento del nuevo Presidente de la Asamblea, en los cabildeos para reestructurar las Comisiones Parlamentarias.

Era importante la comparecencia de los máximos representantes de las funciones del Estado, no sólo para que se vayan por sus responsabilidades personales, sino para poder enjuiciar la calidad de la democracia que tenemos, la posibilidad de restablecer la capacidad fiscalizadora del Parlamento, la oportunidad de que la Asamblea inicie un viraje, la ocasión para aportar al menos a la reconstitución de una democracia representativa-liberal.

Y desde atrás, la ausencia del soberano, el pueblo, reducido a espectador, a telespectador del juego de cargos.

Foto: Quitopress