EL ARTE DE LUCHAR CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO. Por Jaime Giménez

Lía Oliveira se prepara para su performance transformista en las II Jornadas por los Derechos Humanos en Quito. Foto Esteffany Bravo S

 El País

27 Marzo 2018

Un grupo de artistas denuncia a través de sus obras los malos tratos a las mujeres, que en Ecuador afectan a seis de cada 10

El día que dio a luz a su primer hijo, La Suerte cambió de cara. Después de un lustro inundando de vida las paredes de Quito con sus inconfundibles murales, esta artista gráfica ecuatoriana comprendió que debía incorporar el compromiso social a sus obras. “Me di cuenta de que estamos construyendo un mundo en el que él se va a criar”, expone. Desde entonces, sus pinturas han sido la imagen del colectivo feminista Vivas nos queremos, que ha movilizado a miles de personas en los últimos años contra los feminicidios. La Suerte, el nombre artístico de esta ilustradora de 29 años, es uno de los rostros más conocidos de una nueva corriente en Ecuador: el arte con perspectiva de género.

En un país donde seis de cada diez mujeres han sufrido algún tipo de violencia machista, según las estadísticas oficiales, varias artistas han decidido poner su creatividad al servicio de la causa feminista. La Suerte, una de las ilustradoras con más reconocimiento en la capital ecuatoriana, ha estampado su firma en un manual de aborto seguro y en un libro de denuncia contra clínicas de deshomosexualización. Como ella, otras cantantes y artistas escénicas han dado un paso adelante para comprometerse con una lucha que ha tomado un gran impulso en América Latina.

Desde la misma trinchera pero con otro lenguaje, la rapera Caye Cayejera agita las conciencias de la juventud ecuatoriana con sus afiladas rimas. Esta artista de 34 años, que se autodenomina “lesbiana trans feminista”, vivió su explosión como cantante de hip hop en 2016 tras el lanzamiento de su segundo trabajo, Manténgase. “Para mí, el rap es una forma de hacer incidencia política y hablar de las cosas que no se dicen en los medios de comunicación, enviando y detonando mensajes que ayudan a que la gente despierte”, revela la cantante, originaria de una comunidad rural de Los Andes ecuatorianos. Aparte de su trabajo artístico, Caye Cayejera también se dedica al activismo. Forma parte del Taller de Comunicación Mujer, un colectivo que defiende los derechos de las mujeres y de personas LGBTI en instituciones internacionales como la Organización de Estados Americanos.

Además de aportar una reflexión sobre la violencia de género desde una perspectiva diferente, el arte también ofrece un lenguaje más sencillo de digerir para el público. “Existe una visión del feminismo como un movimiento agresivo. Transmitir el mismo mensaje desde la ilustración permite que este sea más fácil de entender, teniendo en cuenta que las generaciones actuales son muy visuales”, explica La Suerte. “Lo bueno del arte es que crea sensibilidades que con el texto o con otro tipo de acciones no se generarían, se mueve algo que tenemos dentro y que no es tangible”, añade la ilustradora, que también ha realizado exposiciones de arte contemporáneo en Quito. Tanto las pinturas de La Suerte como las rimas de Caye Cayejera han servido para movilizar a jóvenes que antes de observar sus dibujos o escuchar sus canciones no se sentían interpeladas por el feminismo.La movilización de las nuevas generaciones ha propiciado en los últimos años un importante crecimiento del movimiento feminista en Ecuador, en paralelo al resto de América Latina. A las clásicas manifestaciones del 8 de marzo se han unido otras acciones como plantones para exigir justicia por mujeres asesinadas o campañas de denuncia pública por casos de abuso sexual. Algunas artistas han querido acompañar estos procesos mediante creaciones que mostrasen la situación de agravio que viven muchas mujeres a diario. Es el caso de Valeria Andrade, quien a través de su obra Cañón de carne denuncia la cosificación que ella misma sufre por parte de los hombres que le lanzan miradas acosadoras en la calle. En su obra, Andrade evidencia cómo la sociedad culpa a las víctimas, asumiendo que son ellas las que seducen a los hombres y, por tanto, merecen ser tratadas como objetos sexuales.

Para mí fue muy chocante regresar de Europa, donde hay una diversidad, hay una visión sobre lo que es lo homosexual que es totalmente diferente a la latina

Sin embargo, la crítica independiente Ana Rosa Valdez no cree que el arte deba ser concebido como un lenguaje al servicio del activismo. “El arte puede contribuir a producir ideas, reflexiones y nuevos entendimientos de las luchas sociales, como las del movimiento feminista, pero esto no debe confundirse con el uso del arte como instrumento para la causa activista”, declara Valdez, que fue directora nacional de Artes Plásticas del Ministerio de Cultura de Ecuador y en la actualidad dirige la revista Paralaje.xyz. “El arte no es una herramienta de lucha social, sino un espacio de producción de pensamiento”, remata. No obstante, Valdez valora obras como la de Andrade por la potencia de su discurso y su carácter crítico.

Por su parte, la rapera Caye Cayejera, quien a través de sus versos busca “levantar poco a poco un ejército feminista”, está convencida de la utilidad del arte para servir a su causa. “La capacidad de denuncia que tiene el arte lo convierte en una herramienta que ayuda a tener mayor aceptación y así generar transformación social”, afirma. Su lucha artística contra el patriarcado no se limita al hip hop. Esta vigorosa mujer de mirada combativa también ejerce como artista escénica. Una de sus últimas actuaciones tuvo lugar tras la manifestación contra el feminicidio del pasado 25 de noviembre en Quito, cuando saltó al escenario para arbitrar un juicio popular satírico. Desnuda de cintura para arriba y atravesada por una cuerda que rodeaba su cuerpo, hizo subir uno a uno a los acusados —la Educación, la Sanidad, la Justicia, la Iglesia y la Familia tradicional— para que fueran juzgados por familiares de víctimas.

“Con el juicio popular buscábamos que las personas que se han visto afectadas por diferentes tipos de violencia puedan obtener la justicia que el estado no les da”, comenta la artista nacida en Yaruquíes, en la provincia de Chimborazo. “Ese día tratamos casos relacionados con la violencia feminicida, con la violencia de género que no solamente recae sobre las mujeres, sino sobre la niñez en general y sobre la población LGBTI”, esgrime.

Imagen de una representación que tuvo lugar el día de la Marcha Nacional contra el Feminicidio, el 25 de noviembre.Imagen de una representación que tuvo lugar el día de la Marcha Nacional contra el Feminicidio, el 25 de noviembre. Esteffany Bravo S.
 Arte drag para defender los derechos LGBTI

El colectivo Dionisios precisamente nació hace dos décadas en Quito para visibilizar al colectivo LGBTI a través del arte, apenas unos meses después de la despenalización de la homosexualidad en Ecuador. Su principal impulsor es Daniel Moreno: “Fuimos pioneros en el arte drag. Este hombre de 45 años acababa de terminar por aquel entonces sus estudios en escenografía, vestuario y maquillaje en España, donde también aprendió sobre arte transformista. “Para mí fue muy chocante regresar de Europa, donde hay una diversidad y una visión sobre lo homosexual totalmente diferente de la latina”, expresa apesadumbrado. “En España aprendí a vestir y maquillar, pero nunca me imaginé aplicarlo en mí y, mucho menos, en mi país”.

Existe una visión del feminismo como un movimiento agresivo. Transmitir el mismo mensaje desde la ilustración permite que este sea más fácil de entender

Moreno fue capaz de superar las adversidades y apostó por salir del armario en su carrera artística. Tras haber ejercido como actor convencional, su nuevo personaje de drag queen causó estupor en sus círculos cercanos. Su familia le pidió que la mantuviera al margen de su trabajo artístico y sus colegas actores le dieron la espalda al considerar que su nuevo papel no encajaba dentro de lo que ellos consideraban arte.

Pese a los obstáculos, Dionisios consiguió consolidarse como un referente artístico para la comunidad homosexual, que por primera vez en Ecuador encontró un lugar al que acudir sin sentirse discriminada. “Un amigo solía decir que Dionisios era el pequeño Broadway del Ecuador”, recuerda Moreno. “Era increíble; teníamos lluvia, fuego y pirotecnia en escena en un espacio muy pequeño. Todo eso lo hicimos solo con inventiva y necesidad de crear”, rememora este hombre.

En la actualidad, Dionisios continúa su trabajo en favor de los derechos LGBTI, pero ya no cuenta con un espacio físico como anteriormente. De las 55 obras de teatro que presentó el colectivo, Moreno recuerda una especialmente, llamada Mujer de casa. “Era una crítica a la figura de la mujer en la casa, del machismo y la manipulación. Al final de la obra, la protagonista le corta el cuello a su marido en el día de su aniversario y prende fuego a la casa”, narra con humor.

El trabajo de Moreno, como el de otros artistas como Pacha Queer, busca dar voz a las diferentes identidades de género a través de las creaciones artísticas. “Existe un debilitamiento de la identificación LGBTI en Ecuador por el contexto de agresividad y de amenaza en que vivimos, eso hace que nadie quiera dar la cara”, denuncia Caye Cayejera, quien también trabaja para contrarrestar la influencia de grupos ultra religiosos contrarios a la llamada ideología de género.

“Ni la Tierra, ni las Mujeres somos Territorios de Conquista”. Ilustración de La Suerte.“Ni la Tierra, ni las Mujeres somos Territorios de Conquista”. Ilustración de La Suerte. Esteffany Bravo S.

Esa hostilidad de grupos conservadores también la han sufrido algunas propuestas artísticas que reivindican los derechos de las mujeres. Es el caso del mural realizado en julio de 2017 por el grupo boliviano Mujeres Creando en el Centro Cultural Metropolitano de Quito. La pintura, situada a pocos metros de la Catedral de la ciudad, exhibía a una mujer desnuda crucificada sobre la frase “Ave María, llena eres de rebeldía”. Además, el mural contaba con una Virgen de los Abortos y una inscripción que rezaba “tu iglesia crucifica mujeres cada día, el feminismo las resucita”. Tras una queja de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, el Ayuntamiento de Quito decidió restringir el acceso al mural. Más recientemente, en enero de 2018, la sala de teatro Pop Up de Guayaquil fue clausurada tras la presentación de la obra El santo prepucio, que critica la hipocresía de la Iglesia.

Precisamente para luchar contra la imposición de una moral tradicional que subordina a las mujeres y niega la diversidad sexual, artistas como La Suerte, Caye Cayejera y Daniel Moreno están decididas a continuar su trabajo. Haciendo uso de su creatividad, facilitan la difusión de mensajes comprometidos con la defensa de los derechos de grupos oprimidos. Utilizando lenguajes artísticos como la música, la pintura o el teatro, siembran la semilla del compromiso en las mentes de la juventud ecuatoriana, contribuyendo así a construir una sociedad más igualitaria. Así lo asevera Caye Cayera: “Las mujeres somos supervivientes históricas de una violencia que nos atraviesa desde niñas”.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2018/03/21/planeta_futuro/1521630902_176149.html