SOBRE LO QUE NO SE HABLA EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR DE ECUADOR. Por Johannes M. Waldmüller *

René Ramírez, ex titular de la Senescyt, junto al expresidente Rafael Correa. Foto: Flickr de Senescyt

Es muy preocupante la parcialidad del discurso político y técnico que tienen las universidades en la transformación de la sociedad y de la política para el futuro.

Parcialidad, porque se habla típicamente solo sobre la necesidad de insertar más dinero en la academia. Contratar más docentes con títulos de PhD o reforzar las disciplinas técnicas, arguyendo que serían exclusivamente estas las que necesita el país para prosperar y florecer [1].

Como se argumentará aquí, no hay nada más alejado que esto de lo que realmente se está necesitando en el país. Esto se debe a la típica omisión neoliberal y reproducida por los gobiernos “progresistas”, ya que en realidad nunca ha habido prosperidad económica sostenida sin avances en la investigación, la ética, la cívica y la cultura.

Efectivamente, Ecuador se destacó como un país de la región y de la “ola rosada” de gobiernos más o menos progresistas que incluyó la educación superior como pilar fundamental para transformar la economía y sociedad del país, incluyendo articulaciones de conceptos como la Sociedad del libre conocimiento [2], bioconocimiento, Sumak Kawsay y, aunque de manera cooptada, el Buen Vivir.

Además, se invirtió en cuatro nuevas universidades y el programa “Prometeo” para atraer intelectuales e investigadores de alto perfil de todo el mundo. Estas ideas recibieron buena atención en el mundo académico a nivel global; sin embargo, como sabemos hoy, no se cumplió pese a las promesas [3]

Algunos aspectos de estos fracasos [4] se manifiestan en la vigente Ley de Educación Superior (LOES), pero también en las actuales propuestas de su reforma que básicamente volverían más precario el trabajo académico, en lugar de planificarlo desde una perspectiva que mejore los resultados para la academia.

Durante los últimos años, algunos novedosos proyectos universitarios eran inicialmente interesantes y prometedores como Yachay e Ikiam, que fracasaron completamente. Se convirtieron en el primer caso de despilfarro de recursos públicos, corrupción y empobrecimiento de la población local ligado a un centro educativo.

Mientras que Ikiam mostró a los coautores de la piratería biológica neoliberal (Wilson y Bayón 2017b) totalmente opuesta a los principios del libre bioconocimiento inicial. Como tercer proyecto está la Universidad de las Artes en Guayaquil, se enemistó por  puestos políticos y solo desde hace poco se puede comprar sus propias publicaciones en el mercado, un ejemplo de graves omisiones.

Otro centro es el remodelado Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN) que se transformó en un aparcamiento para amigos políticos con vínculos al régimen oficialista y al grupo político “Podemos”, de España[5]. IAEN se caracterizó por los enormes gastos públicos, superando incluso en ocasiones a becas suizas para estudios de pos doctorados en EE.UU y algunos de ellos sin justificación[6].

En general, cada año hay amplios presupuestos públicos en las universidades estatales destinados para la investigación; sin embargo, no son usados completamente y se devuelven al Estado[7], con el efecto conocido de presupuestar menos fondos para el año siguiente. Algunas universidades privadas, por su lado, aprovechan este vacío que deja la mano pública en toda la región.

Vale recordar que, en un Estado funcional, el papel de la educación superior tendría que seguir el interés público de educar de manera crítica, ética y cívica a sus estudiantes, mientras que la educación privada sigue intereses económicos, que lo aprovecharon durante las últimas décadas debido a los vacíos y omisiones del sector público[8]. En efecto, están más en las noticias por sus cuentas en paraísos fiscales o inversiones en agroindustria que por sus logros para la sociedad.

En resumen, lo que más ha sufrido en los últimos 10 años ha sido el avance de las ciencias en sí mismo, el conocimiento, la educación de calidad y finalmente, la amplia brecha entre sociedad y academia en general, en un país que ya se caracterizaba por ser sumamente sub-investigado en comparación con sus países vecinos.

Lastimosamente, estos fracasos eran previsibles desde hace mucho tiempo. Primero, porque no se reflexionó sin ideologías y, luego, tampoco se trabajó en conjunto para que orgánicamente se creará sinergias entre centros de investigación existentes y nuevos. El caso más notorio ha sido la falta de articulación entre la Escuela Politécnica Nacional (EPN) y Yachay Tec,  en el cual se procedió a crear estos centros ex nihilo causando graves desbalances para el sistema académico en la distribución de fondos, salarios, proyectos y puestos.

Segundo, mientras se creó estos centros de fachada moderna similar a pueblos Potemkin, no se desarrolló el sector académico desde un punto colaborativo, técnico y profesional, sino meramente político y de jerarquía vertical. De ahí, por ejemplo, que el mismo exgerente edil de la educación superior, René Ramírez, no contaba con un título de PhD; entonces, cómo se le ocurrió establecer como criterio de calidad este título para las instituciones supervisadas, con la notoria excepción de decanos y otros rangos altos.  Estas circunstancias también abarcan la pregunta ¿por qué no existe una institución centralizada e independiente para la promoción y fomento de las investigaciones como lo tiene Colombia y Perú,  cuando en realidad cada universidad del país hoy día está obligada a crear departamentos de investigación y a promover las carreras investigativas de sus docentes?

En la EPN, por ejemplo, son comunes las eufemísticas convocatorias de investigación que prometen hasta $ 200.000 de presupuesto. Sin embargo, en el inicio se comunica a las y los investigadores interesados que este monto en realidad nunca será disponible o solo será para aquellos que lograron enchufarse bien al sistema de poder, lo que no carece de cierta ironía cuando las ciencias de hecho no deberían hacerse sujeto de cualquier poder de turno como mostraron en múltiples ocasiones, la Teoría Crítica y el sociólogo francés Pierre Bourdieu.

 ¿Para qué puede servir entonces la investigación totalmente sub-financiada? ¿Cómo esperar transformaciones de la economía y sociedad desde la academia – no olvidemos que el petróleo ya está agotándose – cuando no hay coordinación de fondos, ni temas, ni carreras con escalafón en la investigación? Peor aún, si se considera que la buena docencia de alta calidad es  impartida por PhD y post doctorados, es decir, por personas con mucho interés y capacidades que: uno, continuamente se amparan  en la investigación para siempre mantenerse al tanto; dos, necesitan una drástica reducción de la carga horaria de clases que impide cualquier dedicación seria a la investigación. Mientras, en el Occidente es común impartir entre 4 y 6 horas semanales, en Ecuador la carga “normal” es considerada entre 12 hasta 18 horas a la semana. Peor aún, la actual reforma del LOES propuesta por el Consejo de la Educación Superior busca ampliar las horas para docentes a medio tiempo, en lugar de reducirlas para todo el personal académico[9]

Para lograr estos fines se debería además liberar a los docentes de la enorme carga administrativa que tienen hoy en día. En algunos casos llega a más del 50% de su tiempo laboral total solo para cumplir con los requerimientos de administración y evaluación que se inventan constantemente en el Consejo de Evaluación, Acreditación y Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (Ceaaces), la Secretaría Educación Superior Ecuador (Senescyt), entre otras. Mientras que las universidades públicas y privadas del país típicamente emplean una armada de administradores que en algunos casos tienen salarios mucho más altos que los mismos docentes y en general cuentan con más poder interno y respaldo que los cuerpos docentes. Sin embargo, son ellos y los estudiantes los que deberían en realidad determinar el ritmo y rumbo de las instituciones, desde sus necesidades.

Cambiar esta situación contraproducente incluiría, por supuesto, también la posibilidad de organizar y participar en congresos regionales e internacionales de libre acceso; en lugar de importar y promover congresos de negocio, donde incluso estudiantes tienen que pagar altas tasas de admisión. También, se podría aplicar los escalafones de carreras profesionales, que deberían basarse en logros académicos realistas donde no solo cuentan las publicaciones en SCOPUS[10], que paradójicamente contribuyen a la injusticia del saber entre Norte y Sur, sino también libros, capítulos, guías y proyectos con la comunidad como avances para la sociedad.

Además, generalizar la posibilidad de crear cátedras con propios presupuestos para asistentes y estudiantes; becas para posgrados en las universidades nacionales, en lugar de enviar a nuestros estudiantes únicamente fuera del país lo que equivaldría de hecho a la confesión de que no serviría la propia academia (Ospina 2016). Estas reformas propuestas deberían ser financiadas por aquellos que últimamente se beneficiarán de estos avances, es decir, por la sociedad o en algunos casos que merecerían constante supervisión crítica por privados.

De hecho, llama mucho la atención que en Ecuador existan pocas redes, la mayoría poco transparentes, de la filantropía privada y corporativa sin imponer sus intereses ni programas para su fortalecimiento, para cofinanciar cátedras, investigaciones, becas y centros de estudios. Sugerimos, por tanto, que una institución altamente profesional de la coordinación científica debería públicamente discutir sobre mejorar la forma de su configuración para evitar nuevos abusos de presupuestos; tendría entonces la ventaja de articular desde la política educativa líneas de estrategia y metas concretas para la investigación inter y transdisciplinaria en el país.

¿Por qué fortalecer investigaciones inter y transdisciplinarias?

La razón es doble.

Primero, porque es un mito neoliberal que el avance del país dependería simplemente de buenos tecnócratas y conocimientos tecnológicos, es decir, de una formación más aplicada. En realidad lo que se necesita fortalecer mucho y de urgencia es la educación holística, crítica, reflexiva y cívica que eduque a buenos ciudadanos emancipados. Es decir, a personas que no creen en cualquier demagogia, populismo de turno y que tienen el coraje de levantar la voz pública e inmediatamente cuando son testigos (cómplices o víctimas) de abusos de poderes, presupuestos y sexismos. En otros lares, a esto se llama “coraje civil” y promoverlo debe ser la meta primordial de toda la educación, si hemos aprendido algo de los 10 años del correísmo y del período anterior de León Febres-Cordero y similares es fortalecer tal educación holística, que  es el secreto de aquellas naciones que se desarrollaron a largo plazo en países económica y políticamente estables[11].

Para alcanzar este fin hay que poner mucho más énfasis en la educación ética, histórica-cultural, política, social, antropológica y filosófica. Esto incluye apoyar la articulación de mejor manera de las facultades y universidades entre ellos y también con los colegios, centros y programas culturales e históricos con los cuales cuenta el país. Al mismo tiempo, esto fortalecería el turismo y sobre todo el turismo regional y cultural. Por ejemplo, que se desarrollen proyectos históricos y turísticos sobre el mapamundi de la misión geodésica en Crucita – Pedernales, ubicado en la costa sobre la misma latitud cero de la Mitad del Mundo.

Segundo, porque muchos de los temas más urgentes del país requieren en realidad una colaboración mucho más estrecha y horizontal entre disciplinas científicas sociales, de derecho y técnicas. El ejemplo más prominente es la gestión y prevención de riesgos en un país tan altamente vulnerable como éste. Al momento,  de redactar este texto señalamos que el país no cuenta con un plan de contingencia nacional, dos años después el devastador terremoto de abril de 2016.

El análisis interseccional de vulnerabilidades, la planificación urbana – rural y las adaptaciones de sistemas económicos y ecológicos requería en realidad nuevos centros de investigación interdisciplinaria e interuniversitaria que se dediquen a recuperar la enorme brecha que existe en Ecuador en este tema, comparado a países como Colombia, Perú y Chile. Otra oportunidad pérdida: de hecho, en estas materias el país y la región podrían convertirse en un líder global, con un excelente laboratorio natural, si habría alguna visión y comprensión política de la importancia del tema en tiempos del acelerado cambio climático.

También, hay otros temas de alta urgencia que solo se dejarían resolver de manera colaborativa entre universidades, disciplinas y docentes, ya sea para lograr aceptación pública y política como la urbanización acelerada, la crisis del campo rural, en gran parte causado por la expansión de la agroindustria en lugar de mitigar la crisis; el turismo ecológicamente y culturalmente sensitivo; la urgente renovación del sector jurídico del país; la abolición de los subsidios a los recursos no renovables, fuente importante de las desigualdades, contrabando y delincuencia en el país;  la transformación de la economía basada por un lado en la extrema desigualdad de tenencia de tierra; el modelo extractivista y agroexportador a costo de los ecosistemas, de derechos laborales y humanos, de las mujeres invisibilizadas; y mejorar el sistema educativo del país.

Antes de cualquier cambio, sin embargo, señalamos algo más importante. Cada renovación de la educación superior del país tendrá que evitar las siguientes cuatro falacias:

  • Expandir o profundizar el modelo agroexportador y extractivista, sobre todo del petróleo, minería y gas, que últimamente sirve como motor del mismo sistema imperial-capitalista que relega a Ecuador a un lugar proveedor y nada más en la economía global. En su lugar se debe buscar procesos de fabricación de más alto grado, siempre estimulando el consumo circular interno y regional.
  • Evitar los sueños “ideológicos utópicos” (Žižek 1989), dejándose deslumbrar por la modernidad occidental y la idea errónea que se podría alcanzarla simplemente por más dinero o nuevos edificios, sin cambiar los rasgos culturales de fondo. Como lo describieron Bolívar Echeverría sobre Ecuador  y Fernando Coronil para el caso de Venezuela, en lugar de enfrentar y transformar paulatinamente, con mucha perseverancia, la cruda realidad de ser una sociedad basada en la violenta extracción de recursos y fuerza humana, la política de cualquier turno sigue inventándose proyectos “barrocos” del Estado “mágico”, pueblos Potemkin, fachadas de la modernidad (Wilson y Bayón 2017a), que más mal que bien ocultan la realidad del clientelismo extractivo, el comportamiento y los mindsetsde las élites últimamente coloniales y hasta racistas, de los cuales continuamente se benefician las mismas familias en detrimento de lo demás.

Inyectar simplemente más plata en  tal sistema nunca mejoraría el problema de fondo y esta es la razón porque Ecuador en realidad necesita las Ciencias Sociales para lograr aquellas transformaciones. Hay que estudiar las viejas y coloniales “culturas del exctractivismo” en detalle para transformarlas en adelante.

  • La ciencia para ser exitosa requiere libertad, un fuerte ethos académico, no interferencia política ni privada con respecto a puestos y resultados, independencia, colaboración, paciencia, confianza (Merton 1977) – sobre todo en sus actores, es decir, en los investigadores/docentes – pero también excelentes formas de la promoción, espacios de divulgación y la voluntad del sector privado y público de buscar nuevas sinergias a pesar de algunos resultados, a primera vista, incómodos. Como enseñó la Teoría crítica de Frankfort con mucha repercusión en Latinoamérica, donde se cierran centros de educación, donde se limitan fondos y donde se aplica la autocensura, no hay buena investigación científica sino que se la somete a poderes, lo que no ayudaría a la sociedad ecuatoriana. Pero más allá de esto, requiere también renovar conceptos anticuados de la educación; por ejemplo, organizar conferencias y eventos en la periferia, en vez de únicamente hacerlo en Quito y Guayaquil, crear nuevas colaboraciones y convenios entre instituciones existentes en el país, incluyendo el intercambio de estudiantes. Además, es necesario la activa participación de estudiantes en las investigaciones en diferentes zonas del país, lo que involucra mucho más a la gente común, sobre todo de las provincias, en la vida universitaria. Pues, muy frecuentemente es el conocimiento local que supera las ideas de los tecnócratas en los centros urbanos de donde diseñan sus “soluciones”.
  • Finalmente, hay que superar la anticuada imaginación que la tarea del docente se agotaría únicamente en impartir clases. En realidad, un profesor moderno – él que quizás aspiraba crear la Revolución Ciudadana – tiene que convertirse en un “bróker de conocimiento” completo: gestiona docencia, carreras; dirección de tesis, facultades, publicaciones, proyectos, colaboraciones interuniversitarias, congresos  y participaciones públicas, incluyendo en línea (Bourdieu 2008 [1984]). Es decir, debe ser alguien de alta formación y experiencia que entrega continuadamente postulaciones a financiamientos nacionales -si existieran –  e internacionales para obtener proyectos, eventos, congresos y promociones de carrera. Con base en estas experiencias se actualizaría continuamente los contenidos de sus cursos y se contribuiría a la vida pública y académica, es decir, se convertiría idealmente en un “intelectual orgánico” responsable, como lo imaginaba Antonio Gramsci.

Académicos de tal corte merecerían todo el apoyo público-privado porque son aquellos que actúan como importantes interfaces entre sectores privados, públicos e internacionales, en esa capacidad logran obtener fondos, gente y nuevas soluciones al país. En otras palabras, es preciso cambiar la reputación, el standing y el reconocimiento que tienen en el país y dentro de las propias universidades. Esto incluye, por supuesto, adaptar las administraciones a sus necesidades, así como bajar las cargas de docencia con el fin de generar más libertad para actividades igualmente importantes pero de larga duración.

En resumen, desde una perspectiva de la realidad ecuatoriana y no simplemente eurocéntrica – lo que necesita el país ahora para el sector de la educación superior y por tanto para la sociedad en general, no sería simplemente inyectar más plata en un sistema ya podrido o más publicaciones en revistas pagadas (en lugar de acceso libre), más productos vendibles (sobre todo no desde el bioreservorio común que es la Amazonía) o más títulos. Tampoco se trata de eliminar contenidos políticos de las universidades, como se ejerce en las privadas. Más bien todo al contrario.

Lo que se necesita es un debate honesto y profundo sobre el rol de las universidades y docentes en el país entre muchos actores, pero también sobre los objetivos de la sociedad en términos de transformación y sobre el papel que tendrá el sector universitario en esta planificación, ya que simplemente generar empleo y profesionales no corresponde a los altisonantes objetivos de la Constitución. Finalmente, llamamos a empezar la reestructuración y profesionalización de las universidades desde la investigación y docencia, así como de las demás instituciones responsables para la política y el financiamiento de la educación superior. Esto implica desarrollar estrategias nacionales para atribuir a cada universidad sus tareas, enfoques y niveles. No todas necesariamente deberían ofrecer todo y del mismo nivel, también entre las formas de investigación hay diferentes niveles (investigación de base, investigaciones aplicadas, etcétera) y cada región del país podría así, por ejemplo, primero adoptar y luego convertirse en un distinto centro de excelencia y enfoque. Esto estimularía la movilidad de estudiantes y docentes que deberían conocer las realidades del país, realidad pendientes desde al menos dos décadas, que son cada vez más urgentes con  los nuevos graduados PhD que vuelven desde el exterior.

Cada cambio hacia la dirección esbozada ayudará sin lugar a duda no solamente a fortalecer el sector universitario, sino beneficiará a toda la sociedad, incluyendo a la vida política que contaría cada vez más con ciudadanos ilustrados y emancipados sobre verdaderos proyectos de transformación.

Pero todo en contra de las líneas base dibujadas aquí, llevará solamente a la construcción de nuevas utopías fantásticas de corta vida y programas de maculatura que al largo plazo subvierten toda la sociedad, dañan a la confianza y cohesión social, para el beneficio de unos pocos que muchas veces ni siquiera son nacionales sino representantes de empresas multinacionales. ¡Es hora de hablar ampliamente sobre los objetivos y estrategias para alcanzarlos!

Johannes M. Waldmüller.  Docente Investigador – Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales con amplia experiencia en la educación superior dentro y fuera del país.

[1]  Paz y Miño, Juan J. 2017a. “Universidad: entre avances y frenos”. ALAI (Agencia Latino Americana Informaciones) (blog). El 27 de noviembre de 2017. https://bit.ly/2HLnJyL

[2] http://floksociety.org/

[3] Villavicencio 2016, 2014; Carvajal 2016; Ambrossi 2016. Ambrossi, Rodrigo Tenorio. 2016. “La universidad de los olvidos”. Plan V, el 3 de julio de 2016. https://bit.ly/2jlpQ1r 

[4] Esta discusión no busca denunciar, sino aportar una crítica constructiva para demostrar el nivel frecuentemente absurdo de la política para la educación superior.

[5]  Redacción Plan V. 2015. “El largo brazo de Podemos en Ecuador”. Plan V(blog). El 5 de abril de 2015. https://bit.ly/2rdG2X8

[6] ———. 2017a. “Las caras racistas de Ecuador”. Plan V (blog). El 6 de agosto de 2017. https://bit.ly/2vfHCtW

———. 2017b. “Así se concedieron becas irregulares en el IAEN”. Plan V (blog). El 16 de octubre de 2017. https://bit.ly/2FxOZ1G

[7] La Hora 2015; Ministerio de Economía y Finanzas, 2017.

Presupuesto de universidades públicas variará ligeramente”. La Hora, el 21 de diciembre de 2015. https://bit.ly/2JLXWqT

Ministerio de Economía y Finanzas. 2017. “Boletín de Ejecución Presupuestaria: Abril – Junio 2017”. 26. Boletín trimestral. Quito: Ministerio de Economía y Finanzas. https://bit.ly/2JFZJgM

[8]  Muñoz, Blanca. 2006. “La deseducación: Comunicación de masas y control ideológico en las sociedades globalizadas”. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas 14 (2): s/p.

[9] CES. 2017. “Propuesta de reforma al reglamento de carrera y escalafón del profesor e investigador del sistema de educación superior”. RPC-SO-037 265–2012. Quito: Consejo de Educación Superior. https://bit.ly/2rcRIIM

[10] Es una base de datos bibliográfica iniciada en 2004, de resúmenes y citas de artículos de revistas científicas.

[11] Véase Acemoglu y Robinson 2012. Acemoglu, Daron, y James Robinson. 2012. Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty. New York: Crown.

Referencias

Bourdieu, Pierre. 2008. Homo academicus. Buenos Aires: Siglo XXI.

Carvajal, Iván. 2016. Universidad: Sentido y Crítica. Quito: Centro de Publicaciones.

Coronil, Fernando. 1997. The Magical State: Nature, Money and Modernity in Venezuela. Chicago: University of Chicago Press.

Echeverría, Bolívar. 2000. La modenidad de lo barroco. Mexico D.F.: Ediciones Era.

———. 2011. “Potemkin Republics: Reflections on Latin America’s Bicentenary”. New Left Review 70: 53–61.

Merton, Robert. 1977. “La estructura normativa de la ciencia”. En La sociología de la ciencia 2. Investigaciones teóricas y empíricas, editado por Norman Storer, 355–68. Madrid: Alianza.

Ospina, Pablo. 2016. “El derroche y los posgrados”. Plan V (blog). El 28 de marzo de 2016. https://bit.ly/2rcVXEj

———. 2017b. “La universidad y la investigación social”. ALAI (Agencia Latino Americana Informaciones) (blog). El 4 de diciembre de 2017. https://bit.ly/2I6go00

Villavicencio, Arturo. 2014. “Universidad, conocimiento y economía”. 1. PRE-TEXTOS PARA EL DEBATE. Universidad Andina Simón Bolívar. https://bit.ly/2JM4MfZ

———. 2016. “La ‘excelencia’ académica según el correísmo”. Plan V, el 3 de julio de 2016. https://bit.ly/2rgdkVt

Wilson, Japhy, y Manuel Bayón. 2017a. La selva de los elefantes blancos. Megaproyectos y extractivismos en la Amazonía ecuatoriana. Quito: Abya-Yala & Instituto de Estudios Ecologistas del Tercer Mundo.

———. 2017b. “The nature of post-neoliberalism: Building bio-socialism in the Ecuadorian Amazon”. Geoforum 81: 55–65. https://bit.ly/2JIWnK0

Žižek, Slavoj. 1989. The Sublime Object of Ideology. London: Verso.