NO ENTERRAMOS A MARX. Por Tomás Quevedo Ramírez*

Karl Marx nació en Alemania en 1818 y falleció en Londres, en 1883. Foto: quillette.com

Karl Marx fue uno de los pensadores más importantes del siglo XIX y sin dudar uno de los que mayor impacto e influencia tuvo durante el siglo XX.

El sendero no está prescripto. Si la humanidad caminase derecho hacia un resultado ya conocido, no habría historia, sino lógica. No hay libreto. Si lo hubiese, la historia perdería todo su interés.  No hay por delante ni límites  ni camino trazado”[1].

Su pensamiento se mueve ente la filosofía, la economía, la política y la historia. Su único trabajo consistió en ser periodista, fundó varias revistas y colaboró con algunos periódicos tanto europeos como norteamericanos, siendo víctima de la censura y el exilio. Una vez que fue expulsado de Alemania no tuvo nacionalidad y su vida estaría marcada por una práctica teórica que intentaría explicar en términos histórico-políticos la expansión y consolidación del capitalismo como modo de producción dominante.

Los 200 años del nacimiento de Karl Marx no han pasado desapercibidos. Liberales y conservadores -como en los viejos tiempos- siguen temiendo la presencia teórica y política del viejo topo. Desde el sentido común de las élites, la burguesía o los ricos, se sigue acusando a Marx de haber inspirado masacres, de haber limitado las libertades y de ser el autor intelectual de los gobiernos autoritarios y dictatoriales. Sin embargo, si Marx representa todo eso ¿por qué no se lo ha podido enterrar?

Por una parte, el capitalismo persiste como principio económico e ideológico que organiza la vida social y cuya base es la explotación tanto del ser humano como de la naturaleza. Como resultado, se puede observar una creciente desigualdad y el empobrecimiento de la mayoría de la población en el mundo; que se traduce en fenómenos como: el desempleo juvenil, el desmantelamiento del estado de bienestar en los países centrales, en el hecho de que los jubilados se estén convirtiendo en un estorbo para los Estados, en la expansión violenta del narcotráfico, en la subordinación de las economías latinoamericanas a los mandatos del mercado mundial y en la acumulación acelerada de la riqueza en manos de pocas personas.

Por otra parte, el pensamiento de Marx sigue siendo actual para explicar los fenómenos mencionados en términos históricos, políticos y económicos. La apropiación privada de la riqueza social o, en otros términos, la monopolización de los medios de producción en manos de una reducida élite mundial sigue latente. En este orden económico -determinado desde hace varios siglos- se percibe como natural el hecho de que la mayoría de la gente no pueda acceder a una vida digna o que sea reprimida con violencia cuando lo ha intentado.

En fin, la razón por la que Marx a 200 años de su muerte sigue vigente, es porque el capitalismo ha fallado en su promesa de progreso y libertad para todos. En los tiempos que vivimos, somos testigos de cómo los derechos ganados con las revoluciones, insurrecciones y movilizaciones del siglo XX son anulados. Frente a un panorama de creciente privatización de los recursos que permiten la reproducción de la vida, es necesario profundizar la lectura de Marx y el análisis de su pensamiento; para poder dar cuenta de las múltiples violencias que el capitalismo está radicalizando, he ahí la respuesta.

[1] (A. Herzen “Desde la otra orilla”/1870)

* Docente de la Universidad Central del Ecuador