BRASIL: EL CAMPAMENTO INDÍGENA MÁS GRANDE DEL MUNDO. Por Michel Laforge

Brasilia. Movilización Nacional Indígena.

Brasilia, la gran capital imaginada por Juscelino Kubitschek para propulsar a Brasil al frente de sus ambiciones de modernidad, amaneció el pasado lunes 23 de abril con una nueva aldea indígena instalada en el Campamento más grande del mundo “Tierra Livre” que recorrió el Eje Monumental.

Cerca de tres mil indígenas arribaron desde los diferentes ecosistemas que los albergan y nutren para instalarse con sus carpas en una área verde de la capital del Estado Federal de Brasilia  con el fin de que el Estado escuche sus demandas por décimo quinto año consecutivo.

En Brasil existen actualmente 305 pueblos indígenas hablantes de 274 lenguas distintas con una población de aproximadamente 1 millón de habitantes. Además, hay cerca de 112 grupos indígenas en situación de aislamiento voluntario, cuya condición de libertad es constantemente atacada.

Otro indicador preocupante es el suicidio con 106 casos en el año 2016 y esta tiene mayor incidencia en los  jóvenes indígenas de los diferentes sectores del país.

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Pueblos indígenas de Brasil. Movilización Nacional Indígena.

En medio de los grupos que estaban en las carpas se podía ver a representantes de más de 100 pueblos que acudieron al lugar con sus atuendos tradicionales, pinturas corporales y tocados de plumas diferentes para participar en los diferentes espacios de debate.

Esta vez, sin embargo, el contexto es particularmente preocupante para la Articulación de Pueblos Indígenas de Brasil (APIB) porque el gobierno de Michel Temer con el apoyo de la denominada Bancada Ruralista[1] continúa con sus esfuerzos por revertir la protección sobre los territorios indígenas y conseguir que éstos puedan ser abiertos para el agro negocio. Con esto, no solamente no se han demarcado nuevos territorios, sino que ha habido diferentes iniciativas legislativas para desconocer los territorios ya demarcados. Además, buscan disminuir radicalmente el presupuesto de la institución estatal encargada de los pueblos indígenas, Funai.

Por eso, la principal manifestación organizada por los participantes en el Campamento Terra Livre que recorrió el Eje Monumental hasta llegar al Palacio del Congreso dejó un rastro de pintura roja detrás de ella, como una metáfora visual de la sangre indígena derramada en el país. Un meme que circulaba por esos días decía: “en el Brasil todos tenemos sangre indígena: algunos en las venas y otros en las manos”.

Además, de una estrategia de lucha y de denuncia permanente de los abusos a los que son sometidos este sector, que es claramente una minoría en un país de 200 millones de habitantes, se adoptó definitivamente en el campamento de Brasilia una estrategia de participación activa en la vida política. Se presentó candidatos indígenas a todos los cargos de elección popular, es así que, en lo que respecta a las elecciones presidenciales de octubre del presente año, una de sus principales lideresas, Sonia Guajajara, sería candidata a la vice presidencia que presentaría el Partido Socialismo y Libertad (Brasil), en alianza con un líder del Movimiento Sin Techo en el Brasil. Aunque no necesariamente tenga grandes posibilidades de ganar, esta fórmula tiene por objetivo el visibilizar de manera más importante la problemática indígena en el país, desconocida por la mayoría de los brasileños, quienes reciben su información de los medios tradicionales, los cuales no necesariamente presentan una realidad diferente del discurso del “mendigo sentado en un banco de oro” que es utilizado tradicionalmente para minimizar los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios.

Sin embargo, ese “banco de oro”, los territorios de la Amazonía brasileña y sus innumerables recursos pueden también convertirse en grandes emisores de gases de efecto invernadero, si se dejara continuar la deforestación al ritmo actual. En las discusiones internacionales sobre cambio climático existe cada vez más conciencia de que esos territorios deben ser protegidos, fortaleciendo cada vez más los derechos de los pueblos indígenas que los habitan. Los grandes terratenientes y agroexportadores no deberían creer que son los únicos interesados en esos recursos: el resto del mundo los está vigilando.

[1] Así llamada por estar compuesta por congresistas afines de agro negocio