EL CENTRO HISTÓRICO QUIERE SER BLANQUITO, DESLONGADO. Por Hugo Palacios (el búho)

El alcalde Mauricio Rodas concluirá su período en el año 2019.

Dicen los que lo han visto, sobre todo iluminado en las noches, que el centro histórico es una maravilla, guapeza de iglesias, lindura de calles, maravilla de tejados, y ya mismo de soplar velitas: 40 años hay que celebrarlo a lo grande, tirar la casa por la ventana, contratar chivas ambulantes, hacerse una selfie con la Virgen de El Panecillo de fondo, etc., etc.

Podríamos seguir hablando de los innumerables etcéteras que el centro histórico nos muestra. Lo malo, quizás lo único negativo es que no nos muestra su rostro más cotidiano. Se nos dibuja la fachada, las luces, la pinta de shopping barroco, los turistas que hablan en inglés, susurran en alemán, se enamoran en francés, pero…

Ese pero debería estar escrito en mayúsculas. Pero mejor no decirlo. Pero mejor silenciarlo. Pero sí que joden los que se quejan de todo. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) dizque quiere convertirlo en un referente turístico y la Alcaldía claro, con ese señor impresentable que no da una, también. Sí, es bello, hay que mejorarlo, pero no a costa de nuestra historia, de nuestra gente, de nuestro rostro de tierra ahumada, de nuestra identidad diversa.

Ellos, los que deciden lo que es mejor para nosotros, hablo de políticos sin identidad, de empresarios sin conciencia, de medios privados que prefieren callarse; ellos quieren un centro más decente, más pinta de casino y, por supuesto, no tan longo, menos cholo. Lo que se dice, un sitio turístico caché, de plástico fino y con subtítulos en inglés. ¡Oh yes!

La violencia, esa señora de traje prestado y codicioso, se ha incrementado a la vista de todos. Claro, el Alcalde dice que el centro es un paraíso, que solo falta que Adán pose desnudo con Eva en el Palacio Arzobispal. La carita de Dios –frase marketera de mal gusto- quiere ser más blanquita. Ya se sabe que dios es blanco de pies a cabeza, no se vale un dios moreno, longueadito, qué dirían las gentes de bien, los arzobispos y sus sotanas celestiales, las gentiles damas de la caridad.

Se escuchan voces anónimas que le susurran al oído a ciertos comerciantes: “vea bonito, se vende mucho mejor en Quitumbe, ahí está la plata”. De gana vendiendo tonteras. Deje sus empanadas, sus chochos con tostado, sus chucherías de a dólar y dedíquense a lo que vale: artesanías para turistas. Eso vende. Vamos a tener pronto miles de turistas y a ellos les encantan esas boberías. Habrá que vestirse bien, no dar mala imagen. Sería fabuloso que los mendigos, lustrabotas, prostitutas y vendedores informales se hagan el quite unas cuantas manzanas más allá, quizás a Quitumbe. El proceso de gentrificación con vientos de agresividad va viento en popa. ¿No sería bueno consultar con los moradores del centro histórico, consensuar, negociar, llegar a acuerdos mínimos? No. ¿Para qué? El Patrimonio de la Humanidad no se negocia con cualquiera, para eso están los hombres de negocios, la gente decente que no sabe de historia, pero sí de números. Ay, los cholos, siempre tan arribistas, queriendo ponerse de igual a igual con las cultas élites.

Por eso, es mejor llenar de policías municipales el casco colonial. Claro, ahora se van a llamar agentes de control. Control, que les quede claro. 220 nomás. No, no son voltios, son el número de agentes que desfilarán por esas calles, controlando que el espacio público tenga un uso decente. Por ejemplo, están llenando de cercas la Plaza Chica, para que ciertos indecentes artistas callejeros se vayan a otro lado. Y claro, una ciudad que se precie de ser ‘Carita de Dios’ debe tener más cámaras, hay que controlar como debe ser. Con 150 tenemos. Y ya. No vaya ser que esos vándalos sin oficio ni beneficio llenen de grafitis los edificios patrimoniales. Vayan a grafitear a otro lado, quizás a Quitumbe. Cuidado con el ornato de la muy ilustre y muy…

Es sabido que los funcionarios municipales cometen algunos abusos en nombre de ya mismo 40 años de ser Patrimonio Cultural de la Humanidad, y que son órdenes de la Unesco, y que qué maravilla sería tener una miniciudad europea en la mitad del mundo. Eso vende. Eso atrae turistas como mote. Pero mote de canasto sí nada, artesanías mejor, lo exótico con mayúsculas, gente de piel clarita disfrazada de indígena y con fondo de música andina. Hay que ser creativos, mercaderes de alto calado.

Algunos vecinos comentan con discreción que han aparecido “espontáneos” solicitando las famosas “vacunas”, unos dolaritos para que su negocio sea cuidado y no les pase nada. Desde enero andan vacunando y la prensa ni miau.

¿Cuánto facturará ese caballero que dicen que es el Alcalde en los medios de comunicación para que los tenga mutis por el foro? Se dice también que la violencia se ha multiplicado y que las amenazas tienen diversos tonos. Salir o regresar a casa es un riesgo. Pero pareciera que decenas de familias no existen, son apenas unos murmullos de vecinos maleducados que no aceptan la modernidad que rinde dólares como espuma.

Una vecina del lugar –que prefiere no ser identificada- comenta que, hasta diciembre del 2017, con precaución, se podía circular a pie durante la noche, pero que “actualmente las bandas de asaltantes de la 24 de mayo y de otros lugares se han extendido y tomado la García Moreno, antes menos insegura, debido a que había tránsito, hoy, territorio de asaltantes y varias mafias”. Se sabe de la presencia de “brujos”, mafias armadas de al menos 20 personas, incluido menores de edad.  Personajes violentos trabajando coordinadamente, dedicados a vender vaya usted a saber qué, a asaltar, robar, insultar, atacar a residentes, peatones y por supuesto, los inocentes turistas”.

Dicen los que saben que éstos son algunos de los métodos para hacer que algunas familias abandonen el centro histórico, para que se vendan las propiedades y se vacíen los negocios a precios de gallina enferma. Es obvio que quieren desalojar a cientos, quieren imponer el miedo, por eso se hacen de la vista gorda, los yo no he sido, no he visto, no me han contado. Patrañas, si somos maravilla de Alcaldía, habrase visto. De lo que se sabe, algunos vecinos ya se han ido. Soportar tanto amedrentamiento y mirarse impotentes ante lo que viven cada día, los convenció de abandonar sus casas y negocios. Y no es solo en la calle Rocafuerte, sino también en la García Moreno, en la Sucre, la Flores, la Espejo.

Otro vecino del lugar manifestó que “mediante la imposición de vallas, y otros obstáculos que impiden la circulación vehicular se fortalecen esos territorios mafiosos, se crea una suerte de acorralamiento, vulnerabilidad absoluta, transeúntes atrapados, residentes, comerciantes y turistas amedrentados, amenazados, acosados, asaltados, humillados y rodeados de micro-traficantes, prostitución y múltiples mafias”. Y si alguien le pregunta al Rodas sobre el particular seguro dirá que es un perseguido de Correa, que es inocente, que el Metro ya viene, que los quiteños estamos felices con él, que el canguil revienta a 200 grados centígrados y que más vale colaborar con la `’Carita de Dios’, que de gana van a espantar a los turistas, que es bueno ser longo pero no tanto…

Y escuchen esta perla. Según Mónica R.-, moradora del Centro Histórico, se dio una reunión en el Instituto de Patrimonio en diciembre del 2017, en presencia de 120 cabezas de familia, habitantes del centro. Cuenta que un funcionario municipal intentó apelar a su sensibilidad rogándoles que acepten las innovaciones, “que siempre había querido conocer Europa, que soñaba con las ciudades peatonalizadas, y que ya que no le era posible realizar ese viaje, le permitiésemos tener ese gustito, de vivir en una ciudad europea”. ¡Elé tóma elé! No hay duda. Quieren un centro histórico hecho de silicona, agrandándole sus atributos y quitándole sus desventuras. Quito va a ganar con más edificaciones modernas y lujosas, con más inversión inmobiliaria para generar miles de empleos, con más embajadas donde hay tanta subida en vano. Un Quito supermoderno, ultrashopping, una especie de Macchu Picchu con cúpulas y concreto iluminado.

Es una pena que estas autoridades miopes, sin visión de ciudad no puedan ver la belleza de nuestra cultura ancestral, de nuestra cultura mestiza. ¿Quieren un centro histórico de oropel? ¿Quieren un casco colonial postizo, zona de exclusividad con fuegos artificiales? ¿Eso quieren? ¿Una europita con iglesias barrocas? El verdadero Patrimonio Cultural de este Quito son sus gentes, su cultura viva, su amabilidad, sus travesuras nocturnas. Pero si para el alcaldecito y sus adláteres lo más importante son el cemento, las luces y la apariencia, allá ellos y su eterno vacío.