ALIANZA PAÍS SOÑÓ CON EL BIPARTIDISMO BURGUÉS. Por Hugo Noboa Cruz

Ex presidente Rafael Correa encabeza la campaña de recolección de firmas del Movimiento Acuerdo Nacional. Foto: @Soy_Mana

Con el respaldo, entre otros, del grupo Eljuri, de Isabel Noboa Pontón, y el grupo Nobis, con el silencio de la mayoría de la banca beneficiaria de la “década ganada”, e incluso -hoy parece irse descubriendo- aupados por nuevos sectores burgueses cercanos a prácticas delictivas, Alianza País ensayó ser uno de los polos del bipartidismo burgués.

En el que pretendió ubicar o reubicar expresiones políticas de las diferentes fracciones dominantes, las mismas que se vieron desarticuladas luego de la crisis de gobernanza que vivió el Ecuador en las décadas de 1990 y 2000, caracterizada entre otros fenómenos por la caída de tres presidentes: Abdalá Bucaram, Jamil Mahuad y Lucio Gutiérrez, en medio de una amplia movilización popular.

Los líderes de Alianza País aprendieron lecciones de esa época, incluso a proteger sus intereses y su estabilidad en base a una adecuación del aparato estatal y del marco legal que garantice la neutralización de la oposición, particularmente del campo popular y la impunidad de sus prácticas corruptas, para nada revolucionarias. Pero no todo les salió bien.

El nuevo ordenamiento mundial que se perfilaba muy dinámico desde la década pasada, con una crisis del capitalismo mundial y la emergencia sobre todo de la economía china, pero también la de otros miembros del grupo BRICS – conformado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Brasil lideró los procesos de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Mercado Común del Sur (Mercosur) – e incluso de actores menores como Turquía o Irán se presentaba en forma de ventanas de oportunidad para las fracciones burguesas de los diferentes países latinoamericanos, pero de manera especial de aquellos gobernados por los autodenominados “progresistas” o “socialistas del siglo XXI” que intentaban desmarcarse parcialmente de USA y abrir nuevos mercados.

Los grandes -pero también muchos medianos- empresarios ecuatorianos entendieron ese proceso y los beneficios financieros por lo que no dudaron desde el primer momento en invertir en la candidatura del outsider Rafael Correa o aliarse más tarde, aun a sabiendas de las ciertas cuotas de poder que adquirían algunos radicales militantes o ex militantes de partidos y movimientos de izquierda, que podrían resultar peligrosos.

Después se verá cómo se los controla y neutraliza, después de todo es fácil comprarlos con alguna puchuela, un latisueldo en alguna función pública alta, una embajada o un puesto de asesor. Además, de que resultaba muy útil tenerlos cerca para que contribuyan al objetivo de dividir sindicatos y otras organizaciones sociales que resultan molestas para la acumulación del capital y la firma de acuerdos comerciales.

En ese marco, la partidocracia desgastada (los socialcristianos no había podido llegar directamente a la presidencia de la República desde León Febres Cordero 1984-1988 y se conformaban con enclaves locales, aunque importantes, como Guayaquil y otros bastiones de la Costa) y a regañadientes dio camino libre para que el pueblo elija, una vez más, a un supuesto salvador, que como todos los anteriores, algún momento los traicionaría y se alinearía incondicionalmente con el capital.

Precisamente, el añejo partido Social Cristiano – Madera de Guerrero heredero del conservadurismo político más obcecado, que albergó y alberga entre sus filas y aliados a algunos de los mayores beneficiarios económicos y políticos del poder estatal, nacional y local, es uno de los que de pronto se vio o se creyó marginado en el nuevo momento histórico de oportunidades, aunque tenía cuadros dentro del gobierno.

Muchas de las rabietas de sus personajes en contra de ministros y altos funcionarios del correísmo, no fueron por la defensa de la ética en la gestión pública, sino porque afectaron sus negocios de antaño sobre los cuales habían “adquirido derechos” que creían eternos y porque no les hacían partícipes de los nuevos negocios como mega obras de infraestructura o la comercialización del petróleo con precios altos y procesos oscuros.

Ese partido Social Cristiano es el que ahora disputa más vigorosamente y con cálculo milimétrico uno de los polos del renovado bipartidismo burgués, pero para ello tiene que derrotar a las otras alternativas, no importa cómo, enfocándose sobre todo e inicialmente en un nuevo actor que le resulta peligroso, porque le compite fuertemente: el movimiento Creando Oportunidades (CREO) del banquero Guillermo Laso, que para los social cristianos ya ha tenido demasiado protagonismo. Los próximos procesos electorales de 2019 y 2021 irán decantando esas disputas por los polos del bipartidismo.

A Alianza País, hoy bicéfala y liderada legal y temporalmente por el presidente Lenín Moreno y no por su caudillo original, se le complica el futuro político por su fraccionamiento y aparecimiento de otro movimiento paralelo, “Acuerdo Nacional por la Revolución Ciudadana”, con la supuesta misma base social y mismo imaginario populista que pretende su reconocimiento en el Consejo Nacional Electoral.

Les será difícil a cualquiera de las dos fracciones y aun hipotéticamente unidas las dos, mantenerse como fuerza política lo suficientemente importante como para disputar por ejemplo una segunda vuelta de las próximas presidenciales, aunque las pierda. Al parecer, los revolucionarios ciudadanos, con sus viejos y nuevos ricos, tendrán que despedirse de sus sueños de ser un polo del bipartidismo burgués, poniendo en riesgo negocios consolidados en la última década. Los grupos económicos volverán a reacomodarse políticamente.

Justamente, la posibilidad de que el desarrollo capitalista del Ecuador y sus beneficios colaterales, con sello “Revolución Ciudadana”, de la mano de sus aliados internacionales, especialmente China y Rusia, se verá finalmente frustrada en todas sus diferentes opciones políticas. Lenín Moreno era una de ellas, no la mejor, es lo que más molesta a Correa. Por ello achaca, convenientemente, a  Moreno la culpa de ese fracaso y la supuesta traición al proyecto original, sin reconocer sus propias responsabilidades y las de otros colaboradores cercanos.

Por su lado, si quiere sobrevivir, al actual presidente no le queda otra opción que aliarse abierta y desvergonzadamente con la burguesía, más abiertamente aun. Su gabinete ministerial es una muestra de ello, sabe que tiene un alto costo político pero si no lo hace su gobierno no tiene sostenibilidad, nunca quiso apoyarse en el pueblo ni servir a sus intereses, como tampoco lo quiso el gobierno liderado por Correa y, aunque remota y demagógicamente así lo quisieran, no habría actualmente la suficiente fuerza para esa vía, el desgaste del discurso “revolucionario” ha sido demasiado grande, trabajaron muy bien para ello.

La posibilidad de que otros grupos económicos y políticos burgueses entren a ser parte de la disputa por el bipartidismo es remota, al menos a corto plazo. La social democracia ortodoxa – Izquierda Democrática – está muy lejos de recomponerse como fuerza política importante, a pesar de su intento de resucitar de la mano del general Paco Moncayo, tiene ya su acta de defunción refrendada, más aun con la pobre gestión de su pequeño grupo parlamentario.

El movimiento SUMA (Sociedad Unida Más  Acción) del alcalde de Quito, Mauricio Rodas, tendrá que diluirse en alguna de las otras tendencias, peor después de la mala gestión de su líder visible. “Fuerza Ecuador”, de la familia Bucaram o el movimiento del magnate Álvaro Noboa que cambia continuamente de nombre, así como otros pequeños movimientos políticos, incluyendo la que parecía pujante “Democracia Sí” de Gustavo Larrea, no tienen mayores perspectivas.

En este panorama de la política burguesa y la puja de sus diferentes fracciones para ser los mayores beneficiarios del saqueo al Estado – que siempre existió y que es una característica del estado burgués, pero también de muchos ensayos reales de socialismo – y de los negocios a futuro con las corporaciones mundiales a través de tratados de libre comercio: a la izquierda y a las organizaciones sociales les queda como claro camino el trabajo local de resistencia a largo plazo, recomponer y fortalecer las organizaciones políticas y sociales del pueblo, tal vez intentar captar gobiernos locales como municipios y juntas parroquiales para ir acumulando poder; todo ello por supuesto con un arduo trabajo de educación política, para dejar de confiar en falsos caminos rápidos y nuevos mesías, que nunca procedieron de las organizaciones populares ni de los partidos de izquierda, como Lucio Gutiérrez, Rafael Correa o el mismo Lenín Moreno.

Para ello es también necesario construir, aun con grandes dificultades, la unidad más amplia del campo popular sin renunciar a principios, pero abriendo incluso las puertas a aquellos sectores de base que antes se alinearon con el correísmo y que paulatinamente van descubriendo que se equivocaron, a los cuales no se les puede achacar la principal responsabilidad de la crisis política y ética de la última década. Pero sobre todo, el proyecto de la izquierda y del pueblo deberá ser diferente, creativo, realmente democrático y debe abarcar todas las luchas por los derechos, aunque haya debate sobre la jerarquía entre ellas. Lo que sí es seguro, es que no hay lugar para repetir, a nombre de la revolución, los nefastos ensayos autoritarios y corruptos del correísmo, del madurismo, del kirchnerismo o del clan Ortega-Murillo… ¿Seremos capaces de ello?

* Médico salubrista.