¿NUEVO MUSEO NACIONAL? Por Fabián Amores Núñez

Inauguración del Museo Nacional en la Casa de la Cultura. Foto: CCE.

Para quienes como yo, dedicamos prácticamente 10 años de trabajo en el antiguo Museo Nacional (MUNA) del Banco Central del Ecuador, fundado en 1969 y ubicado desde 1991 en las instalaciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, saber que el Ministerio de Cultura y Patrimonio, a su cargo desde el año 2010, decidió su cierre en noviembre del 2015 significó una enorme pérdida para el país.

Sin mayores explicaciones en su momento, dicha cartera de Estado dio paso a que el mayor repositorio de la memoria de la Nación sea ocupado por Habitat III. Después de dos años y medio de ir dilatando el proceso de su reestructuración y reapertura, finalmente entre luces y sombras se anunció su inauguración para el 18 de mayo del presente año.

Luego de haberlo visitado en dos ocasiones y haberme tomado el tiempo necesario para analizarlo, comparto algunas conclusiones sobre diversos aspectos.

Concepto

Un Museo que no responde a una cronología, sino a dos ejes temáticos principales. Eje 1: poder político y participación social; y Eje 2: territorio, economía y trabajo, más cinco temas dispersos: núcleo histórico: conceptos transversales; oro, plata y cobre; Amazonía, paisajes sonoros en donde se intentó mostrar al Museo como innovador, pero cuyo resultado fue un gran espacio frío, más parecido a una feria donde encuentras de todo un poco, sin un orden lógico de los bienes, ni unos discursos muy claros alrededor de los objetos mostrados. El concepto de un “Museo contemporáneo” terminó siendo un espacio totalmente lejano de la gente de a pie y confuso, incluso para quieres como yo, trabajamos en él por largos años y conocemos las colecciones.

Curaduría

  1. Parece que los guiones museológicos y museográficos no fueron trabajados por los curadores de las reservas, sino que el Ministerio de Cultura (MCYP) contrató a curadores externos que al no conocer las colecciones, generaron unos discursos alejados de los bienes que custodia el Ministerio, antes Dirección Cultural del Banco Central del Ecuador, y luego forzaron objetos para que calcen con los ejes temáticos planteados.
  2. Los textos son muy complicados de digerir para el común mortal de este país donde la gente no lee y por lo tanto ni siquiera se toma la molestia de leerlos.
  3. Una vez más caemos en la idea de que los curadores son seres especiales (o espaciales) que están por encima del espectador y la impresión que me da es que mientras más complejos sean los textos, mejor curador o investigador es ¿Cuándo entenderán que los museos no se hacen por los curadores para su círculo académico, sino para la gente común que además es la verdadera dueña de ese patrimonio?

Traducciones

No hablo kichwa, por lo que no puedo referirme a los textos traducidos en dicha lengua, pero sí puedo decir que los de inglés dejan mucho que desear, ya que parecería que sólo se tradujo palabra por palabra sin adaptar el contexto para que el extranjero entienda.

Inclusión

Si ya desde los discursos curatoriales se ve unos textos muy complejos, entonces ya es fácil darse cuenta de que los contenidos de cada área expositiva son excluyentes, si tomamos en cuenta que vivimos en un país donde la gente no lee. Vi que hay sillas de ruedas y un elevador que comunica la gran sala 1 (de la que no me quedó claro el tema central) con la exposición de metalurgia prehispánica. Para subir a los otros dos niveles se mantiene el ascensor de toda la vida. Hay textos en español, inglés y kichwa, pero hay pocos mediadores que no estoy seguro de que puedan explicarle a uno sin dificultad esos ejes temáticos. Los que vi tienen la mejor predisposición y entusiasmo, pero tendrán una durísima tarea intentando digerir tanta mezcolanza para medio darle algún sentido a sus explicaciones. No vi si hay textos en braille para personas no videntes. Ya en el aspecto del discurso, se habla de resaltar la diversidad cultural, pero no hay una unidad al respecto, todo es muy disperso.

Seguridad de los bienes 

Seguramente con la idea de acercar el patrimonio a los ciudadanos, se exponen cuadros, esculturas y demás objetos sin ninguna barrera que impida que la gente toque las obras o las manipule, con excepción de lo que está en vitrina. No hay sensores como ya los hubo en el anterior montaje, que se activen cuando alguien se acerque a tocar un bien o incluso una vitrina. Me parece positivo que se permita tomar fotos sin Flash de las obras, pero como no hay seguridad que proteja a los bienes adecuadamente puede ser un riesgo gravísimo en el país.

Hilo conductor

No existe. Al ingresar te lanzan al abismo a una exposición sobre el origen de las colecciones, con muros atiborrados de fechas y datos que nadie lee y con una mezcolanza de objetos de distintos periodos que a un iniciático en los museos lo deja noqueado. Luego te encuentras con el Eje número 1 que habla sobre “Poder político y organización social” para al final encontrarte con las escaleras que suben a la sala que contiene la exposición llamada “Oro, plata y cobre: claves de la metalurgia prehispánica” que por lo que percibí no está anclada a ningún eje temático. En el descanso antes de entrar hay un librero con varias publicaciones que nadie me supo explicar para qué eran.

Entonces para ver el resto hay que regresar de nuevo al Hall principal para subir al mezanine y enfrentarse al resto de la muestra.

En el siguiente espacio está el eje temático 2 “Territorio, economía y trabajo” que se corta porque al lado están dos exposiciones diferentes tituladas “Amazonía Ecuatoriana: la fascinación del pensamiento” y “Paisajes sonoros: música y movimiento en la construcción de la nación”, ambas aisladas de los dos ejes temáticos centrales de todo el Museo.

Para terminar subes al último piso donde vuelves al eje temático 2.

Área lúdica:

Es una propuesta interesante, pero como no hay un hilo conductor de nada, entonces te enfrentas con Velarde, mezclado con Guerrero y Tomás Ochoa encima de todo, de modo que el que no entendió lo que estuvo en los ejes temáticos, difícilmente encontrará sentido a estos objetos.

Interculturalidad 

No sentí al MUNA como un espacio que invite al diálogo entre los objetos y los visitantes y mucho menos me sentí representado en esa mezcolanza donde no se entiende qué es qué. Se trajeron prestados dos obras maestras de la “Escuela Quitena” del maestro Vicente Alban que pertenecen al Museo de América de Madrid y no se les ha dado su justo valor porque están perdidas en esa selva de objetos y vitrinas.

Por otro lado, al no haber en las colecciones de Quito objetos representativos de la cultura afroecuatoriana, se puso en el Hall principal las esculturas de la artista ecuatoriano-suiza Alice Trepp que ya han sido expuestas en varios museos del país. Lastimosamente, estas hermosas obras tampoco están ancladas a ningún eje temático, como si los afrodescendientes no pertenecieran a la historia. Son sólo esos objetos que la gente usa para tomarse fotos divertidas, sin entender ni reflexionar sobre las historias de esas mujeres representadas y mucho menos sobre la artista que las creó.

Lo indígena tampoco está claro y nuevamente nuestros hermanos de las comunidades siguen estando fuera de los discursos oficiales, según los cuales, los curadores les dan contando la historia sin tomar en cuenta su propia visión de su pasado.

En el caso de lo mestizo, si en el cotidiano vivir es difícil entender plenamente este concepto, es mucho más confuso en el nuevo MUNA. Yo no me sentí representado.

Servicios 

La tienda fue una aspiración que tuvo por años el Museo, que hoy se presenta como un lugar donde se vende de todo, menos nada que tenga que ver con el museo o siquiera sus colecciones. También me parece como una tienda aparte, sin nada que la ate al resto del espacio. Hay un sitio para cafetería que aún no funciona y un guardarropas donde los visitantes deben registrarse y dejar sus pertenencias, pero donde todo es muy confuso porque no hay garantías de que se cuiden los objetos, debido a que no hay espacio suficiente y en lugar de fichas, le entregan a uno un cartón con un número en marcador y en el objeto le ponen un pedazo de cinta para reconocer lo que se deja.

Conclsión 

Un Museo lejano de la gente, complicado, caótico, donde no se entiende el meollo de cada eje temático, con algunos recursos tecnológicos muy buenos, pero desperdiciado. Así que les invito a visitarlo con calma, con mente abierta y que luego podamos compartir experiencias.