LOS DEBERES HUMANOS. Por Tomas Rodríguez León

Eleanor Roosevelt sostiene la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Foto: archivo ONU.

Es verdad, la doctrina de los derechos ha triunfado, ha triunfado más que su ejecución. Este hecho primordial visibiliza los anhelos no cumplidos de una humanidad que ha ocultado la preeminencia correlativa de los deberes humanos, tan universales tan urgentes como los derechos.

La cultura occidental hija de los 10 mandamientos y de la Revolución Francesa, limitan la teoría de la justicia en favor de los ensueños. Las hipótesis de la realidad social con sus necesidades, emergen como una queja dirigida a alguien que desde arriba corrija los defectos, este alguien es Dios, el Estado, la ley…siempre el poder.

No hacer el bien es un mal muy grande”.
Jean-Jacques Roseau

Las utopías son hijas de los anhelos y el punto de partida de lo humano advierte la existencia de la libertad. Las utopías sin libertad son solo una fe colectiva que se recrea en el opio del derecho, tan constatable como aspiración, tan restringida a lo normativo y tan insolvente. Los colectivos que demandan derecho, han puesto de moda el amor a la ley haciendo que la utopía se divorcie de la libertad.

Y entonces, los que quieren que los derechos se cumplan, festejan a los legisladores y ritualmente se inclinan ante la ley. Muchos de ellos, asocian rápidamente el derecho con la ley y los derechos jurídicos los vinculan con la justicia. La justicia ya no es el objeto del acuerdo social sino la consagración y la algarabía ante la ley. Los dos principios: ley sentenciada y justicia subsumida a códigos, son la solución al problema, la libertad esta fuera. La justicia que se incorpora al derecho es resultado impuesto del legislador externo a las personas. Las exigencia sociales condensadas al cuerpo legal difícilmente se traducen en práctica social…pero eso no importa ya tenemos ley…

Enamorarse fríamente de las leyes en una sociedad injusta, es una práctica de sumisión al Estado que desconoce que la conquista de la ley no otorga derechos sino que en muchos casos recrea la violencia, por más que tenga ropajes liricos y pretensiones ostentosas.

Los deberes deben 

Los deberes humanos también suelen estar incluidos en la biblia de los entornos legales, pero pueden ser abstractos y subjetivos, por lo que todos lo asumen y nadie los reclama o lucha por ellos. O se los evade o se los olvida. Pero ciertamente proveerlos es necesario para la libertad y hacerlos visibles son una necesidad vital para la comunidad humana.

La relación entre derecho y deber podría ser asimilada como dualidad o binomio o como equivalencia entre moral y derecho. Difícilmente, el deber se incluye en la concepción del derecho, porque están los deberes más ligados al derecho natural que al jurídico y porque no siempre a un derecho le sigue un deber. La noción de deber humano debe fundarse en la autonomía personal que no relama norma ni se edifica en pacto social, por lo menos en aquel pacto pensado, prefigurado y lejano. Tampoco es construcción habilitante para generar gobierno de conductas, es más bien libertad sentida en el otro, es hacer todo aquello que no perjudique a nadie, casi único deber humano o esencia de otros deberes. Los límites de los deberes humanos en contraposición a los derechos no son determinados por la ley ni son parte del mito de la voluntad general, porque su elaboración no es parte de la mecánica estatal con su lógica de consensos o comicios y porque los deberes no tienen alguaciles o gendarmes para que se sancionen. Los deberes humanos son la suma de toda la dignidad humana.

Nos fue propuesta una Declaración Universal de Derechos Humanos y con eso creímos que lo teníamos todo, sin darnos cuenta de que ningún derecho podrá subsistir sin la simetría de los deberes que le corresponden. Con la misma vehemencia y la misma fuerza con que reivindicamos nuestros derechos, reivindiquemos también el deber de nuestros deberes. Tal vez así el mundo comience a ser un poco mejor”. José Saramago

La noción del deber

En la Edad Media, Dios era la fuente del derecho y del deber, los hombres tenían obligaciones como criaturas-creaturas. En la Modernidad, el hombre presume que tiene que obedecer solo a su conciencia, pero el tribunal de la conciencia se ausenta en la abstracción moral, es cuando urge recrear el deber como ética vital para nunca dañar a nadie ni dañarse así mismo. Nace el humanismo, pero no ha terminado de construirse por la volatilidad de su naturaleza moral.

En la Posmodernidad que nunca será post modernidad sino se duda de todo, los deberes humanos y los derechos humanos deben ser acciones que se inclinen a la razón y a la sensibilidad. Kantianamente, el deber debe reducirse a la razón o en buena derivación nietzscheana, el “deber” será amar ciega y locamente la vida. A lo que agregaríamos: la vida propia y la ajena, la que existe y la que existirá.

Pero hay que dejar espacio a las creencias, para no caer en el racionalismo bárbaro o en el vitalismo lirico. Hay que permitir que surja una “moral provisoria” que de sentido al deber y también al “derecho”; los escenarios son los contextos culturales donde están las costumbres y las formas de obrar buenas o malas (justas o injustas) ahí, los deberes humanos podrían ser parte de la obligación moral. Moral que trata y se exige en la bondad.

El derecho es coacción, el deber es moral (consciente y libre). Vale el ejemplo, en Ecuador antes que imponernos los deberes para con la naturaleza, declaramos los derechos de la naturaleza, la misma que no por tener derechos evita su devastación. El antropomorfismo en boga.

Los deberes humanos, exigencia moral de trato justo, construcción de costumbre y no de ley. Deberes humanos frente a los niños, inocentes de la sociedad y la vida, frente al anciano humano en despedida, frente a la mujer poesía y piel, madre y hermana. Deberes humanos para proteger la naturaleza que es casa de todos. Deberes humanos que nos invitan a no dañar nunca a nadie, a ayudar al necesitado o dar de lo propio sin esperar la generosidad de los poderes.

Para construir los deberes humanos, la justicia debe ser el mínimo común múltiple de la bondad.