PEDRO RESTREPO Y LAS LEALTADES EQUIVOCADAS. Por Hugo Noboa Cruz

El cantautor Jaime Guevara y Pedro Restrepo al cumplirse 30 años de la desaparición de Santiago y Carlos. Foto: Asfadec

La desaparición forzada de personas es uno de los crímenes más atroces de lesa humanidad, casi siempre están involucrados el Estado y funcionarios gubernamentales, miembros de cuerpos represivos del Estado.

La lucha de los familiares de personas desaparecidas, generalmente se encuentra con barreras institucionales que impiden conocer la verdad, el Estado se lava las manos. Los únicos aliados persistentes en la búsqueda de la verdad y el reencuentro, son los pueblos solidarios, que como el ecuatoriano, han dado muestras de consecuencia inquebrantable durante largos períodos y en diversas circunstancias. Los organismos no gubernamentales de derechos humanos actúan como parte de ese pueblo solidario y deben cuidarse de no enarbolar banderas partidistas, menos de personajes nefastos o al menos sospechosos.

Graves casos de desapariciones forzadas masivas ocurrieron durante los gobiernos dictatoriales en América Latina, especialmente en los años de 1970 y 1980, no sólo en el Cono Sur sino en otros países como Colombia, Guatemala y El Salvador y, antes aun, en la República Dominicana oprimida por Rafael Trujillo o en otros gobiernos déspotas de la región… Esto sigue ocurriendo.

Tal vez los casos más emblemáticos de búsqueda de la verdad ante las desapariciones en Latinoamérica fueron: el de los familiares de las víctimas de esta práctica execrable durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, lucha que contó con el apoyo solidario de varios organismos de derechos humanos y especialmente de la vicaria de la Solidaridad de la Iglesia Católica. Y, por otro lado, el de las madres y abuelas de la plaza de mayo en Argentina, que con pañuelos blancos en sus cabezas aun buscan -las que sobreviven- a sus hijas e hijos, a sus nietas y nietos desaparecidos durante las dictaduras militares, especialmente la de Jorge Videla. Muchos de los niños desaparecidos en Argentina junto a sus padres, asesinados, fueron a parar en manos de familias de los militares represores haciendo de su vida una paradoja, criados por los verdugos de sus padres.

En el Ecuador, hay muchos casos de desapariciones por razones políticas o de otro tipo, uno de los más representativos es el de los jóvenes hermanos Carlos Santiago y Pedro Andrés Restrepo Arismendi, desaparecidos el 8 de enero de 1988, en manos de cuerpos policiales que actuaron impunemente durante el gobierno de León Febres Cordero, esto hoy se sabe con más certeza aunque a medias.

Apenas se supo de esta grave violación a los derechos humanos -no fue el único caso de desaparición forzada durante el febrescorderato- la solidaridad y acciones de los organismos de derechos humanos, de artistas populares y del pueblo ecuatoriano en general no se hizo esperar. Los plantones de los miércoles en la Plaza Grande de Quito fueron creciendo hasta hacer temblar a los gobernantes y cuerpos represivos, que no dudaron en reprimir duramente esas manifestaciones populares.

Durante esos plantones y otras acciones que exigían la verdad y el regreso de los muchachos, destacaba el coraje inclaudicable de sus padres, Pedro Restrepo y Luz Elena Arismendi, lamentable y trágicamente falleció en medio de esa lucha, pero la lucha continúo por el coraje de Pedro, que luego se vio reforzado por el de Martha Cecilia, hermana de Luz Elena. María Fernanda era una niña que creció valiente en ese dolor y en esa lucha.

Los otros actores que desde el inicio se unieron solidariamente a esa lucha esta: el equipo de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu), Laura, Rocío, Elsie, Estela, Nelly…, así como miembros de otros organismos de derechos humanos en Quito y en todo el país; por su puesto, los familiares de las víctimas del gobierno de Febres Cordero, donde destacaban personajes como doña Bachita y doña Rosita, madres de Arturo Jarrín y Consuelo Benavides respectivamente, ejemplos de madres valientes luchadoras. Los artistas populares no faltaron, particularmente un símbolo como Jaime Guevara, que con su guitarra y su voz valientes, llegó a ser casi un miembro más de la familia Restrepo Arismendi, de allí que su palabra en este momento y siempre es de mucho respeto.

Ahora no sorprende la tristeza que siente Jaime por la posición política que ha asumido Pedro Restrepo – su hermano como él mismo le dice- al declarar públicamente su lealtad y gratitud al expresidente Rafael Correa con un “yo soy correa”, aun cuando éste hubiera sido el único presidente -de tantos que pasaron- que ordenó más exhaustividad en la investigación de la desaparición de Carlos Santiago y Pedro Andrés y que intentó se repare en algo este crimen de Estado, lo cual no era más que su obligación.

Pedro no debió haber pronunciado públicamente su vocación política por Correa, más allá de sus agradecimientos justificados o no justificados, peor aun siendo un emblema de la lucha por los derechos humanos en el Ecuador, respetado por todos. Se hubiera apreciado mucho su sabio silencio en un momento en el que tomó relevancia el proceso instaurado contra el ex presidente por un delito común de secuestro, que atenta contra derechos humanos fundamentales.

Uno debe tener lealtades con la familia, con los amigos, con las compañeras y compañeros de lucha más cercanos, con principios éticos universales como los que sustentan los derechos humanos. En última instancia -en este caso- con quienes acompañan incansablemente una lucha de 30 años.

Los políticos en el poder y los funcionarios, únicamente cumplen o no con su deber, son mandatarios del pueblo. Correa y los suyos lo hicieron a medias en el caso de los hermanos Restrepo y menos aún en otros casos de graves violaciones a los derechos humanos, pero ocultaron también o hasta se solazaron con los casos de grave violación a los derechos humanos de muchas personas y colectivos durante los 10 años del correato. El activismo por los derechos humanos debe ser consecuente en todos los momentos y regímenes políticos.

Pero, igualmente, debemos rechazar expresiones de muchas personas, especialmente por redes sociales, que pretenden denigrar la figura de Pedro Restrepo y de la familia, con varios calificativos e insinuaciones maliciosas. No tienen ningún derecho para hacerlo.

Que sepan Pedro, Martha Cecilia y María Fernada, que no se ve afectado en absoluto el respeto, el cariño y la solidaridad de quienes conocimos desde el inicio su coraje y la valiente lucha de la familia. Tu equivocación Pedro, de expresar en un momento tan polémico públicamente tu lealtad a un expresidente autoritario cuestionado por la mayoría de la población, incluyendo organizaciones populares y sociales perseguidas por el correato, no impide de ninguna manera reiterarte admiración y entregarte siempre un abrazo solidario. Todos podemos equivocarnos. Esperamos estés pronto de vuelta a una militancia plena por los derechos humanos, sin condicionamientos políticos partidarios, ni lealtades incomprensibles.