CONTAMINACIÓN PETROLERA, CÁNCER EN LA AMAZONÍA Y TEMOR DEL CIENTÍFICO. Entrevista de Romano Paganini*

Contaminación petrolera en en la provincia de Orellana y Sucumbíos por la empresa Texaco. Foto: Update.

César Paz y Miño reveló la relación entre la contaminación petrolera en la Amazonía y el cáncer. Una conversación sobre la salud pública, la responsabilidad del Estado y los motivos por los cuales él como científico se siente inseguro en ejercer la ciencia de denuncia.

Quito. –  César Paz y Miño investiga cerca del cielo. El director del Centro de Investigación de Genética y Genómica en la Universidad (UTE) tiene su oficina cerca del teleférico que lleva los turistas hacía el cerro Pichincha. Desde el campus de la universidad privada se ve gran parte de la capital ecuatoriana.

César Paz y Miño, padre de una hija médica, se especializó en genotóxicos o sea tóxicos biológicos, químicos o físicos que dañan la estructura genética del humano. Es un tema controversial ya que los genotóxicos dominan nuestra vida urbana y por lo tanto afectan a muchos grupos de interés: la agroindustria (pesticida), la industria de salud (rayos X, medicamentos) la industria de autos y computación (explotación de materia prima). “Los genotóxicos siempre me llamaron la atención”, explica Paz y Miño como la razón por la cual empezó a investigar el tema. “Y de alguna manera el trabajo universitario debería ser comprometido con los problemas sociales, y de la salud pública. Algo que se pueda definir como la ciencia de denuncia”.

Para investigar ciertos temas no se siente seguro como científico: El médico César Paz y Miño en su oficina en la UTE, Quito.

Unas de las investigaciones de Paz y Miño que más movió al mundo científico ecuatoriano fueron sus hallazgos en la Amazonía en el 2008. En ese entonces el especialista en genética evidenció los daños en los cromosomas y en el ADN afectado por el petróleo. Los estudios sirvieron como argumento a las poblaciones afectadas en el proceso contra la petrolera estadounidense Texaco/Chevron.

César Paz y Miño, la Corte Constitucional de Ecuador sentenció a Texaco/Chevron a pagar una indemnización de 9,5 mil millones de Dólares. Usted como médico ¿cómo interpreta esta sentencia?

Desde que inició la demanda de los afectados por la petrolera Texaco/Chevron existieron una serie de inconvenientes. Los recursos legales que se han utilizados por parte de la empresa han significado muchas oportunidades para que la demanda no continúe o que se descalifique. Pienso que una vez que han pasado todos los procesos legales y se reafirma la sentencia, es un triunfo de la población. Al final es ella la que ha ganado la demanda y ahora deben ser restaurados los daños que se produjeran. Es un buen antecedente, una alerta para que cualquier industria petrolera, química o la que sea, cumpla las normas ambientales y de seguridad para las poblaciones.

 Sus estudios científicos fueron uno de los argumentos claves de parte de los demandantes ¿Por qué inició esta investigación?

En el 2008 hubo una demanda social y un compromiso político con el presidente Rafael Correa a la cabeza. Había un campo de investigación interesante en función de la necesidad de la gente. Y si hay una problemática real tienes que hacer estudios, esa es la función de las instituciones, de la salud pública para saber qué pasa con la gente involucrada.

¿Qué es lo que más le llamó atención de la situación en la Amazonía en ese entonces?

Cuan directa que está expuesta la gente: viviendo al lado de chimeneas y mecheros, pisando hidrocarburos descalzos, teniendo sus animales al lado de piletas donde se volcaron los deshechos o donde hubo derrames de petróleo. Las personas tenían problemas dérmicos, alérgicos y en general tenían un cambio de comportamiento en su salud. Hay estudios que muestran que en las zonas afectadas hay un aumento de cáncer hasta 130 por ciento. Nos dimos cuenta que eso no puede ser solo por las condiciones socio-económicas o sea la pobreza, como se trató de atribuir.

¿Sino?                     

Por la exposición a los hidrocarburos en sí. Repetimos nuestros estudios en tres comunidades y en los tres registramos una alteración en su estructura cromosómica y en el ADN. Y las roturas de cromosomas, ahí casi no quedan dudas, benefician el desarrollo de cáncer.

 ¿Nos puede explicar eso?

En los sitios en donde se rompen los cromosomas se empiezan a activar otros genes. Estos genes mutan y activan genes malignos. Cuando hablamos de genotóxicos en general hablamos de riesgos de cáncer. Entonces, las personas que están expuestas a hidrocarburos tienen mayor riesgo de cáncer. Aparte de que esto coincide con los datos epidemiológicos de la zona que demuestran que hay mucho más cáncer en las zonas afectadas.

¿Cuál fue la reacción en Ecuador en ese entonces?

Cuando uno hace ese tipo de trabajo siempre hay alguien que se siente aludido o en potencia perjudicado. Y siempre topas con intereses.

¿Hubo intervenciones concretas de parte de Texaco/Chevron?

Siempre se trató de cuestionar los trabajos de todos los involucrados. Los estudios fueron considerados como parte de la argumentación de los demandantes y eso crea un malestar en mucha gente, ya que se trata de más de nueve mil millones de dólares. Entonces, había que cuestionar los trabajos científicos que apoyen cualquier dato que hagan ver, que las prácticas de extracción eran en su momento malas. Igual, a nivel internacional eso es inusual.

¿Por qué?

Hay países que hacen extracción petrolera con medidas de seguridad mucho mejores. Pero si tú ves, lo que ocurrió en el Ecuador – con el argumento que se estaba actuando bajo la ley de la época – no se respetaron los mejores procedimientos técnicos sino los más blandos. Y eso trajo problemas a las poblaciones. Había una falta de responsabilidad de llevar las mejores medidas para proteger a las personas. No debería preocupar el tema financiero al máximo sino el tema humano. Ahí está el kit del tema, independientemente de los hallazgos míos.

Su investigación se realizó hace diez años atrás. Desde entonces ¿hubo un impacto concreto a nivel político?

Digamos que las autoridades de salud tomaron en cuenta que hay una problemática real. Pero si tú ves el historial de la salud en la zona, se siguen manteniendo las mismas condiciones. Parecería que no hay una acción fuerte y directa acorde a las evidencias científicas y no hablamos solo de genética, sino del tema de salud en general.

En otras palabras: sus investigaciones quedaron en vano

No, porque quedó la evidencia, quedaron las publicaciones, queda la trayectoria del trabajo y una metodología valida. Yo cumplí con mi papel, convencido de que lo que hay que hacer en estos casos es una ciencia de denuncia. Lo único es que ese aporte termina siendo estrictamente científico sin impacto en la práctica social.

¿Por qué dejó de investigar los impactos del petróleo en la salud?

El sistema no está muy interesado en la problemática y nadie te toma en cuenta. Las prácticas sociales, productos de evidencias científicas, siguen siendo las mismas, pues las decisiones políticas casi nunca se toman con evidencias científicas. Hasta el cambio climático no está reconocido. Probablemente puedes lograr cambios dentro de una empresa, si te abrieron las puertas para investigar. Ahí puedes decir: cubran a las personas, denles mejores medidas, separen la comida en las áreas más contaminadas.

 ¿Es la única razón por la cual dejó la investigación?

También me llegaron otros temas de la genotoxicología que me parecieron interesantes. Además quería trabajar más con las personas en mi función como médico. De hecho trabajamos hoy en día con trabajadores que están expuestos a radiación. Les hacemos una vez al año un biomonitoreo y les podemos indicar como se pueden proteger mejor.

Igual llama atención que usted dejó de trabajar en la Universidad Católica después de diecinueve años, justo cuando estaba a punto de publicar sus hallazgos respecto al petróleo.

En la Universidad de las Américas (UDLA) estaban montando el Instituto de Investigaciones Biomédicas y me llamaron. En la Católica siempre me apoyaron las investigaciones, apoyaron al investigador.

Sin embargo, lo que usted investigó encierra ciertos riesgos

Si… 

Usted se expone…

…y además se trató de descalificar las investigaciones o desprestigiar la revista donde fue publicada. El argumento fue que son revistas de poca presencia y por lo tanto los estudios no son válidos. Por dicha investigación me escribieron a través del editorial, diciendo que nuestro trabajo no cumple con las reglas científicas. Criticaron que el tamaño de la muestra era muy pequeño y que los datos no eran concluyentes.

¿Quién le escribió?

Fueron los interesados, un bufete de abogados, no me quiero meter con nombres. Yo acepto las críticas, en el mundo científico es así. Pero si ustedes están cuestionando mis trabajos, solo  replícalos. Hazlos en las mismas condiciones, sino sus críticas son solo conjeturas. Y las conjeturas en la ciencia no sirven.

¿Por qué no revela los nombres de las empresas?

Porque eso sería como provocar una reacción legal que no tengo porque. La evidencia está ahí en las publicaciones. Siguen ahí y por lo tanto no importa lo que ha pasado.

Tiene temor…

… por supuesto! Siempre está el temor de que haya una acción legal contra uno como investigador. Por eso antes de publicar yo también me asesoro con abogados.

O sea, ‘la ciencia de denuncia’ como usted la ejerce es una cosa y su vida privada…    

… es otra, claro. El individuo es una cosa ínfima frente al poder de las empresas. Eso hace que uno pueda perder su vida por involucrarse en un estudio que evidencia un daño causados por una súper empresa. No tengo porque jugarme una cuestión que es responsabilidad estatal.

¿A qué se refiere?

Soy un científico trabajando en un país que pienso que tiene que defender la posición del científico. Si no, ¿para qué hacemos ciencia? Yo tengo una responsabilidad institucional desde el momento en que hago una investigación en nombre de la institución, y no me ha dado la espalda. Pero ¿qué pasa, si existe una demanda personal contra el investigador porque está atentando a una súper empresa? Yo no lo he vivido pero pensaría que te dejarían aislado. No solo la universidad sino el país entero.

 ¿Usted dice que no hay suficiente protección legal para los científicos de parte del Estado ecuatoriano? 

No hay un sistema de protección del investigador que hizo una investigación de ciencia de denuncia que involucra personas, salud y empresas. Te lo tienes que jugar como individuo, te hundes o te salvas. Si se involucra demasiado el tema legal yo no me siento seguro.

¿Conoce otros científicos que les pase lo mismo?

Acá no, pero fui parte del consorcio de países de la cuenca del pacífico, que trabaja el tema de contaminación. Ellos conocen la presión empresarial hacia las instituciones y hacia las revistas científicas. Por ejemplo, hay colegas que se les complica mucho publicar sus estudios sobre el arsénico. Y claro: el arsénico es un derivado de un producto químico que viene de la industria química que tiene mucho poder. Ahí es responsabilidad científica de investigar y de tratar de difundir las investigaciones igual.

*Periodista independiente y vive entre el Atlántico y el Pacífico. Recién publicó su primer libro titulado “Manos de la Transición – Relatos para empoderarnos” (Apuntes para la Ciudadanía, Quito/Diciembre 2017).