SERÁ LEY: REFLEXIONES Y APRENDIZAJES SOBRE LA LUCHA POR LA LEGALIZACIÓN DEL ABORTO EN ARGENTINA. Por Fernando A. Muñoz-Miño*

Policías antimotines custodian el plantón "Pañuelazo verde por el aborto legal" que se realizó en la ciudad de Quito, 8 de agosto de 2018. Foto: Fernando Muñoz-Miño.

Una mirada sobre la coyuntura desde Ecuador

Los resultados de la votación sobre la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en el Senado argentino no resultan sorprendentes para quienes hayan estado siguiendo la evolución de la intención de voto y los debates legislativos que despertó esta temática.

Tampoco lo son para quienes reconozcan, en alguna medida, el peso de un sistema patriarcal altamente atrincherado en las sociedades latinoamericanas y los rasgos cada vez más evidentes del retorno público y visible de actores políticos ultraconservadores que desde consignas religiosas, familiaristas, pseudocientíficas y particularistas buscan incidir en la política pública y las discusiones políticas.

A pesar de que este desenlace representa que la propuesta de Ley no podrá discutirse hasta el año próximo, en términos políticos significa únicamente la pequeña postergación de un proceso que es irreversible, no sólo por el estrecho margen por el que la posiciones conservadoras se impusieron, sino porque esta lucha se ha adueñado de la calle, de la opinión pública y, en ese proceso, ha construido redes nacionales y transnacionales que en un esfuerzo solidario y sororo están apuntalando una lucha que ha adoptado un carácter abiertamente regional. Este último elemento adquirió cuerpo en las más de 65 ciudades donde se convocaron los pañuelazos, es decir, las manifestaciones de apoyo al proceso que tomaron como referente el icónico pañuelo verde argentino.

El conjunto de estas características es la que nos permite secundar las palabras del senador Fernando Pino Solanas, el más anciano de los legisladores de la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, que, con una claridad absoluta, afirmó en su intervención que la legalización del aborto: “[s]erá hoy o mañana, pero será…”.

Esta auspiciosa circunstancia, que claramente representa una victoria para la lucha feminista latinoamericana debe movilizar en todos nosotros ciertas reflexiones urgentes sobre los alcances y límites que ha tenido hasta el momento la lucha por la legalización del aborto en Argentina, especialmente a la luz del reinicio de la contienda por la legalización-despenalización del aborto en Ecuador, ahora con el carácter de Campaña por el aborto libre, legal y seguro.

Lo que sigue a continuación son ciertas reflexiones personales que distan mucho de ser palabra final en el estudio de la cuestión y que se inscriben, más bien, como un análisis de coyuntura mediado por lecturas y discusiones colectivas del proceso político. Para ello, se plantea revisar las fortalezas y desafíos que encierra este proceso, los cuales podrían resumirse en tres grandes cuestiones: a) la forma específica que adoptó el sujeto político de esta lucha y sus lógicas de articulación, b) las dificultades de la arena parlamentaria producidas por las contradicciones entre representación y representatividad, y c) la fortaleza de los discursos y prácticas neoconservadoras en el campo de disputa. Finalmente, se presentarán ciertos cuestionamientos generales sobre las urgencias que encierra la lucha por la legalización y despenalización del aborto en América Latina.

Como se sugirió anteriormente, el proceso que ha conducido a esta votación, a pesar de ella o incluida aquella, es una importante victoria para el movimiento feminista latinoamericano, ya que más allá de sus contratiempos o altibajos ha logrado no sólo publicitar sino politizar los problemas socio políticos que subyacen a la interrupción voluntaria del embarazo, entre los que se encuentran: la tutela disciplinaria de los sujetos masculinos y el Estado sobre los cuerpos femeninos y feminizados, el componente de clase presente en las luchas por el aborto, la autonomía femenina para decidir sobre sus cuerpos, la diferencia entre discursos sostenidos en la libertad y aquellos sustentados en los derechos, la importancia del tratamiento técnico y científico de la demanda, el peso de las instancias eclesiales y de la moral conservadora, el papel de los hombres en la contienda por el aborto y la lucha feminista, entre otros tantos.

El poner estas cuestiones bajo el debate público ya es ganancia cuando rompe los tabúes sociales que tradicionalmente se ciernen sobre las problemáticas vinculadas a la sexualidad y a la corporeidad en general, más todavía cuando esta lucha particular ha sobrepasado los umbrales del particularismo que muchas veces le caracteriza. Este elemento es fundamental puesto que es el que, desde una humilde perspectiva, representa el mayor avance puesto que implica que la lucha por el aborto ya no es una causa exclusiva de la mujer.

No es gratuito que se plantee mujer en singular, ya que cuando se dice que la victoria de esta lucha es que ha sobrepasado los límites de su campo original no sólo se hace referencia a que ahora en ella pueden participar hombres y mujeres indistintamente, sino que su sujeto político ya no es una mujer genérica abstracta, que en lo concreto adopta la forma de la mujer privilegiada: blanca, adulta, heterosexual y pequeñoburguesa, sino que éste también es el de las mujeres diversas: mestizas, acomodadas y populares, heterosexuales y homosexuales, rurales y urbanas, niñas, jóvenes y adultas, etc.

Esta situación favorable es producto, sin lugar a dudas, de un entendimiento complejo y asentado del contexto social en donde, más que teóricamente, la interseccionalidad que defienden los feminismos contemporáneos se manifiesta como una realidad inscrita en la carne, es decir, en la cotidianidad de la concurrencia simultánea de diferentes matrices de dominación. El comprender la complejidad social incluso con las zonas grises que muchas veces no se quiere reconocer, entre las que se encuentra, por ejemplo, la presencia vigorosa de una población mayoritariamente religiosa que esgrime moralidades altamente conservadoras, sirve de asidero a la realidad y a la posibilidad de una lucha política efectiva, ya que no se parte del idea del mundo como debiera ser o quisiéramos que sea sino del mundo como lo que ahora es y en la posibilidad de lo que pudiese ser.

Ciertamente, una gran victoria es que en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito en Argentina no se impusieran las posiciones sectarias y las dinámicas separatistas, sino que en ella primara el ejercicio del diálogo de las diferencias y diversidades, así como la articulación de las equivalencias, lo que en suma es lo que caracteriza el ejercicio político. La particularización y segmentación de la lucha es, por el contrario, muchas veces un ejercicio anti político.

Es necesario detenerse en este componente, puesto que es importante reconocer que gran parte de los alcances que ha logrado a este momento la plataforma es causa de este proceso de trabajo coalicional, en donde la exclusión de los sujetos no ha sido la norma sino la excepción. La forma que adoptó la plataforma de la campaña es un ejemplo de ello, ya que ésta se construyó como un espacio diverso de múltiple confluencia de actores colectivos e individuales en donde empataron aquellos establecidos, es decir, los que históricamente han impulsado el objetivo del aborto con aquellos actores nuevos; agentes vinculados recientemente a la causa, y en donde no han predominado agendas particulares sino una agenda construida colectivamente con objetivos puntuales.

A pesar de que en esta lucha, los grandes protagonistas han sido los colectivos identificados como feministas y de izquierdas, la diversidad de actores que se han vinculado a este proceso no se agota en aquellos, puesto que también han coincidido espacios que no se reconocen como feministas y se identifican más bien con la centro izquierda, la socialdemocracia y el liberalismo progresista. Así, por ejemplo, además de organizaciones feministas, en la plataforma han confluido partidos políticos, grupos juveniles, espacios de católicos comprometidos con el derecho a decidir, viejos movimientos sociales, fundaciones y organizaciones de la sociedad civil, intelectuales, constructores de opinión pública, etc.

Empero lo dicho, no debe pensarse que la confluencia de actores diversos empata directamente con un protagonismo compartido, es decir, con la posibilidad de que las distintas individualidades usufructúen de la plataforma, sino más bien responde a la necesidad de construir liderazgos y vocerías colectivas en donde lo que predomine no sean los discursos particularistas sino el fortalecimiento del objetivo común. La inclusión de actores diversos, y eso lo ha demostrado el caso argentino, no significa la sumatoria de demandas particulares, sino la construcción de demandas abarcadoras que apelen a un sujeto político amplio.

La consigna de la campaña da cuenta de ello, ya que cuando se enuncia que lo que se quiere es: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.”, queda claro que además del objetivo de defender de la inherente capacidad de las mujeres de decidir sobre su cuerpo y sexualidad, lo que se impone es, sobre todo, el imperativo de prevenir la muerte de mujeres por procedimientos inseguros, acreditando que entiende que aquellas que se someten a intervenciones clandestinas son precisamente las más vulnerables y marginadas por motivos de clase, edad y/o etnia.

En ello también se evidencia la vital diferencia entre un discurso sostenido en la libertad y aquel sustentado en los derechos, ya que mientras el primero demanda algo a partir de un valor supuestamente esencial y universal, el segundo reconoce que, dado que la libertad no es igual para todos y se encuentra condicionada a los específicos contextos, su misión fundamental es igualar las condiciones para el ejercicio de la demanda, abandonando la ingenuidad de un esencialismo simplista. Por eso: “tener la libertad de…” no es lo mismo que “tener el derecho a…”.

Ahora bien, todas estas potencialidades y aportes de la lucha política por el aborto en Argentina deben complementarse y sopesarse junto con dos importantes limitaciones que, a mi opinión, han condicionado el desarrollo de la lucha en general y el tratamiento de la ley en particular: la composición de los cuerpos legislativos y el carácter conservador de la sociedad. Más allá de los resultados en sí mismos, como puede verse en los cuadros que acompañan esta reflexión, la composición y votación de la Cámara de diputados y la del Senado de la Nación Argentina dan cuenta de varios elementos de importancia como: la no necesaria equivalencia entre un carácter ideológico partidista y/o coalicional con una posición favorable al aborto, la variación de la votación por el sexo de los legisladores, la importancia de los partidos locales y minoritarios, etc.

Cuadro No. 1: Número de votos y porcentaje de votos en la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación Argentina[1]

Fuente: Cámara de Diputados de la Nación Argentina y Senado de la Nación Argentina.
Elaboración del autor.

Sobre el primer punto, vale considerar que dado que en Argentina los principales actores del sistema político son bloques coalicionales amplios, en ellos reside una diversidad ideológica que con dificultad puede ubicarse en un continuum izquierda-derecha. A pesar de ello, se puede observar con mayor facilidad que las fuerzas pertenecientes al bloque gobernante neoliberal “Cambiemos” se inclinaron mayoritariamente por el voto negativo, mientras que el bloque nacional popular y principal opositor del gobierno “Frente para la Victoria – PJ” apoyó mayoritariamente la opción positiva. Esto no significa que este último actor tenga mejor consistencia ideológica sino que ha desarrollado, a fuerza de la movilización social y una mejor sintonía con el carácter de la contienda política debido a su posición oposicional, una mayor sensibilidad respecto a las causas feministas.

A esta situación y a este aprendizaje tardío respondería la interesante frase que enunció la ex presidenta Cristina Fernández, dirigente de este bloque político, en su intervención en el Senado: “Vamos a tener que agregarle el feminismo a lo nacional y popular. Nacional, popular, democrático y feminista…”.

A aquello, valdría sumar el hecho de que el debate político sobre el aborto sigue causando escozor en muchas izquierdas tradicionales, cuyo recelo dogmatismo y anquilosamiento ha conducido, acá y en muchas partes del mundo, a que en sus agendas la lucha feminista sea subordinada como una disputa de carácter menor o de prioridad secundaria y eso en los casos en que no se la acusa de una perversión pequeñoburguesa. Este infausto malentendido ha tenido consecuencias terribles para la tendencia, entre las cuales una de las más graves es que muchos militantes feministas hayan decidido desdeñar de las izquierdas. En hora buena, como se dijo anteriormente, muchos feminismos contemporáneos, entre los que se puede rescatar especialmente el de los márgenes, el comunitario y el popular reconocen la convergencia de matrices de dominación y reivindican su carácter izquierdista, llevando la disputa también al interior de los espacios de izquierda.

Cuadro No. 2: Número de votos y porcentaje de votos en la Cámara de Diputados y el Senado de la Nación Argentina, desagregado por bloque parlamentario[2]

Fuente: Cámara de Diputados de la Nación Argentina y Senado de la Nación Argentina.
Elaboración del autor.

Respecto a la posible relación entre sexo y voto, a la luz de los resultados de la votación del Senado se podría pensar que, en efecto habría una vinculación, dado que los senadores hombres votaron mayoritariamente por el no: 24 votos en contra y 17 a favor, frente a las senadoras mujeres que votaron equitativamente por el sí y por el no: 14 votos afirmativos y 14 votos negativos. Sin embargo, es curioso regresar la vista a la votación de la Cámara para reconocer que en este caso en la votación masculina se impuso la posición favorable a pesar de tener una escasa diferencia: 79 votos positivos frente a 76 votos negativos, similar a lo que acaeció en el caso de las diputadas mujeres: 50 a favor frente a 49 en contra.

 Cuadro No. 3: Número de votos y porcentaje de votos en el Senado de la Nación Argentina, desagregado por sexo.

Fuente: Cámara de Diputados de la Nación Argentina y Senado de la Nación Argentina.
Elaboración del autor.

 Cuadro No. 4: Número de votos y porcentaje de votos en la Cámara de Diputados de la Nación Argentina, desagregado por sexo

Fuente: Cámara de Diputados de la Nación Argentina y Senado de la Nación Argentina.
Elaboración del autor.

Sobre los resultados de la votación senatorial, se han escuchado razonables críticas que denuncian la injusticia que significa que una mayoría de hombres que no pueden abortar sea la que termine decidiendo el destino de millones de mujeres en posibilidad de abortar, por lo que  incluso se ha hecho presente una consigna: “sin útero, sin voto.”. Aunque se pueda ser absolutamente empático con el sentimiento que enciende este lema, en su interior reside una amenaza que no debe tomarse a la ligera, la cual apela al sectarismo del que se habló anteriormente.

Este es un factor de riesgo en diferentes dimensiones, ya que apunta a entender la política como un ejercicio exclusivo de los sujetos afectados, enfatiza en la particularización de las luchas y, sobre todo, niega a priori la posibilidad de empatía y coherencia de los sujetos. Para ver con mayor claridad la peligrosidad de restringir la lucha al campo de los actores particulares se podría pensar en el contrasentido que significaría que la legislación sobre cualquier tema específico sea elaborada y votada exclusivamente por los actores a los que atañe, ya que esto no sólo comete el error de caer en lógicas corporativas sino en la fragmentación y simplificación de la lucha política.

La alternativa a ello no significa, como podría erróneamente asumirse, que la construcción de la política se reduzca a un ejercicio tecnocrático, a manera de gobierno de los expertos y los especialistas, sino que la construcción de la lucha y la política, a pesar de tener específicos actores protagónicos responda a la intersección de los diferentes sujetos en pugna y sea producto de un debate amplio y nutrido. Negar esta posibilidad es impedir que los agentes sociales asuman una actitud corresponsable sobre los problemas de su comunidad y significa caer en la problemática cuestión de vanguardismos y esencialismos de la lucha revolucionaria.

Finalmente, en lo respecta a los partidos locales y minoritarios se puede decir, tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la Nación Argentina, que el actor decisivo en el momento de las votaciones fue el interbloque Argentina Federal, acompañado por otros bloques más pequeños altamente vinculados a las dinámicas locales. Este tema no es menor, ya que al margen de la dicotomía coalicional de Cambiemos-Frente para la Victoria y del justicialismo, cuyo bloque parlamentario de la Argentina Federal representa el 12,84% de la Cámara y el 33,33% del Senado, los otros partidos y bloques tienen una presencia del 19,46% a nivel de diputados y 12,50% en lo que respecta a senadores, haciendo que sus votos sean fundamentales en votaciones tan ajustadas como éstas.

En general, el escenario legislativo puede enunciar varias cosas, de las cuales, una de las más importantes es recordar que en la representación de los servidores públicos elegidos por votación popular no se agota la representatividad de los grupos poblacionales específicos y de las diversas ideologías. Ello, igualmente, visibiliza la urgencia de no olvidar la necesidad de que los mejores y más consecuentes cuadros políticos no sólo se queden en el campo de la movilización social sino que disputen activamente en el campo electoral, ya que en la institucionalidad estatal también se cierne altas posibilidades de transformación.

Todo lo dicho empata con el complejo contexto social que en Argentina, en toda América Latina y el mundo da muestras claras del retorno vigoroso de posiciones ultraconservadoras, que coincidencialmente han empatado con la contracción de los gobiernos del giro a la izquierda y la profundización de las políticas neoliberales. Aquello puede verse no sólo en la realización de movilizaciones multitudinarias de carácter conservador, que a pesar de reivindicar el lugar común de la defensa de la familia no dejan de expresar un manifiesto carácter reactivo (e.g.: contra la “ideología de género”, contra las familias diversas, contra el aborto, etc.), sino también en la multiplicación de posiciones xenofóbicas, racistas, sexistas y discriminatorias en general.

A pesar de ello, la gran ventaja es que, como bien ha demostrado el caso argentino, la iniciativa política nació y se mantiene del lado del movimiento feminista y de la lucha por los derechos, mientras que en la otra orilla sólo se han manifestado posiciones reactivas sin mayor capacidad de innovar los repertorios de lucha y de contestación política: frente a la consigna #NiUnaMenos propusieron #NadieMenos, frente al uso simbólico del pañuelo verde asumen el uso del pañuelo celeste, frente a las marchas del 8 de marzo, contra el feminicido o la pederastia organizan marchas a favor de la familia. Con todo, no hay que olvidar los profusos recursos con los que de por sí cuentan los actores y benefactores de las movilizaciones conservadoras: organizaciones de base a nivel parroquial, redes eclesiales complejas, influencia en medios de comunicación y la opinión pública, abundantes recursos económicos, etc.

Sobre todo, no hay que obviar que el mayor condicionante en la pugna por la hegemonía cultural termina siendo la desinformación y el miedo del cual se han valido los actores ultramontanos para difundir evangélicamente una racionalidad conservadora que cuenta con numerosos adeptos en el grueso de la población. Ello no significa, en absoluto, que la lucha está perdida o que no debe darse, sino por el contrario, que ante tal contexto la disputa es imperativa y debe llevarse a cabo en las diferentes trincheras paralelas de la lucha.

A pocos días de haberse iniciado la primera asamblea preparatoria para la Campaña por el Aborto Libre, Legal y Seguro en Ecuador regresar a ver el caso argentino no sólo es un ejercicio clarificador sino también una tarea impostergable. Las características de sus luchas sugieren varios elementos de utilidad, de los cuales vale especialmente recapitular: la importancia de disputar culturalmente los problemas públicos, la utilidad  fomentar espacios de articulación amplia con base en la interseccionalidad de las luchas, la trascendencia de disputar al interior del campo de las izquierdas, la necesidad de reconocer las características del campo legislativo, el valor de sostener la iniciativa política, la ventaja de tener claro el principio de realidad sobre el cual se quiere transformar, entre otros tantos.

Estos factores permiten comprender que el sostenimiento y fortalecimiento de la lucha por el aborto en Latinoamérica se encuentra atravesado fundamentalmente por la cuestión del actor: ¿cuál es el sujeto político que sostiene-sostendrá la bandera de la lucha? ¿Es un actor que responde a la articulación o se encuentra ensimismado en su particularismo? ¿Qué capacidades reales tiene el actor político en el espacio de la movilización social y de la arena legislativa? ¿Cómo este actor ha construido-construirá la opinión pública? ¿De qué forma el actor se inscribe en la disputa amplia por el sentido común frente a los sujetos conservadores? Las respuestas a estas preguntas fundamentales, y otras más, son las que condicionan el escenario de la disputa y las que, finalmente, determinarán el desarrollo de la lucha por el aborto en cada contexto particular.

Ciertamente, este análisis no abarca con el detenimiento necesario los elementos mencionados ni todos los elementos disponibles, pero contribuye para reflexionar sobre la coyuntura y ponderar ciertos elementos de utilidad para la continuación de la lucha feminista a nivel local y regional. Justamente, reconocer en las otras luchas la coincidencia y continuidad de los propios procesos es fundamental para poder sostener el carácter contrahegemónico, revolucionario y emancipador de la militancia feminista. Más todavía cuando es claro para quienes militamos en las izquierdas y acompañamos la luchas feministas que en Argentina, en Ecuador y en América Latina, el aborto, más temprano que tarde, será ley.

* (Quito, 1991). Historiador por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) con estudios de posgrado en Sociología política por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso), sede Ecuador. Integrande de El Colectivo, organización político-cultura de jóvenes intelectuales ecuatorianos. famunozmino@hotmail.com

[1] El porcentaje se mide sobre el total del tamaño de la Cámara y el Senado, a pesar de la no votación de Emilio Monzó, presidente de la Cámara de los Diputados, y las ausencias de Julio De Vido y Eugenia Catalfamo.

[2] En cada tipo de votación se presentan dos porcentajes: el primero responde al porcentaje en relación con el tamaño de la bancada o partido y el segundo responde al porcentaje en relación con el tamaño total de la Cámara o el Senado.

Referencias:

  • Cámara de Diputados de la Nación Argentina. 2018. Votación del proyecto de Interrupción voluntaria del embarazo, 13 de junio de 2018. URL: https://bit.ly/2t7lrDP
  • Senado de la Nación Argentina. 2018. Actas de votación del proyecto de Interrupción voluntaria del embarazo, 9 de agosto de 2018. URL: https://bit.ly/2MkkSCf
  • Senado de la Nación Argentina. Sesión interrupción voluntaria del embarazo. 8 de agosto de 2018. URL: https://bit.ly/2M5lI6u
  • “Pañuelazo mundial: manifestaciones en decenas de países por aborto legal en Argentina”. La Izquierda Diario, 6 de agosto de 2018. URL: https://bit.ly/2ny3j3D
  • “Será hoy o mañana, pero será”: un discurso para seguir luchando por la despenalización del aborto”. El País, 9 de agosto de 2018. URL: https://bit.ly/2B0Rahf
  • “Discurso en el Senado. Cristina Kirchner dijo que “Las miles de chicas que se volcaron a la calle” hicieron cambiar su posición sobre el aborto”. El Clarín, 9 de agosto de 2018. URL: https://clar.in/2MlpVCl