LASSO Y NEBOT: LOS OTROS CAUDILLOS DEL SIGLO 21. Por Atawallpa Oviedo Freire*

Jaime Nebot, alcalde de Guayaquil, presentó candidatura de Cynthia Viteri. Foto: @jaimenebotsaadi

En el movimiento Alianza País y en el Ecuador se hacía todo, según lo que ordenaba su majestad Rafael Correa. El decidía todo, era la voz única y si alguien se atrevía a contradecirlo era suspendido o separado del partido y del gobierno

Todos temerosos acallaban y en posición de genuflexión acataban las órdenes del patrón, para así poder tener algo de la torta. La derecha lo criticaba como caudillismo y lo calificaba de populismo del siglo 21. Le acusaban de tirano, dictador y todo cuanto podían, para decir que ellos eran los demócratas, los republicanos, los amantes de la libertad, etc.

Sin embargo, Guillermo Lasso y Jaime Nebot son lo mismo, solo que son del otro lado de la orilla, pero actúan igual. El uno habla más pausadamente y es bonachón, pero en la práctica, ambos imponen su voluntad como dueños del partido y tampoco nada se hace sin su consentimiento. Que una sola persona diga que no es verdad. Que alguien diga, que si en Creo y el Partido Social Cristiano (PSC) no se hace en última instancia lo que quieren y creen Lasso y Nebot. Sino, pregunten a César Montúfar a quien Lasso le prometió apoyar a la alcaldía de Quito, pero ahora él ha decidido que sea Juan Carlos Holguín.

Y en el mismo sentido, pregunten a Doménica Tabacchi si no fue desplazada de la candidatura a la alcaldía porque Nebot prefirió a Cynthia Viteri. Y así miles de ejemplos que se podrían dar como antes lo hacía León Febres Cordero o Abdalá Bucaram en el suyo, y lo sigue haciendo Lucio Gutiérrez en su feudo. A la final, los caudillos han habido en todos los partidos políticos, unos menos arrogantes que otros, nada más.

Lo ha sido históricamente, el Ecuador funciona en base a caudillos, patrones, mandamases que imponen su voluntad por fuerza de su poder económico o ideológico. Indudablemente, una sociedad estratificada no puede funcionar de otra manera, en un mundo piramidalista el que está arriba se impone sobre el que está abajo, sea militar, sacerdote, educador, empelado público, obrero, etc. Alguien podrá decir que se necesita que alguien mande, que es obligatorio que haya un líder, que en todo debe haber alguien que conduzca, etc. Claro, en una sociedad dividida donde mandan los individuos, es normal y obligatorio.

Lasso y Nebot no son una excepción o casos aislados son el ejemplo de cómo es este sistema. Y si así funciona el partido Creo, así funciona el Banco Guayaquil y todo lo que sea propiedad privada de él. Y como Lasso, todos los demás que sean dueños de algo o se adueñen de algo para siempre, unos más suavecitos y otros más grotescos, pero todos imponen lo que desean. El caudillismo es consustancial al sistema, la única diferencia es que unos son más y otros menos. Quien quiera engañarse con palabras como liderazgo, es que simplemente ha aceptado ser dirigido por un individuo.

Por eso, los sabios que han entendido esto, suelen decir: no quiero discípulos, no quiero seguidores, no quiero un rebaño, quiero que seas tú mismo. Entonces cada cual decide si ser un “borrego” o no. El único espacio que no funciona así, son las auténticas comunidades, cooperativas, ecoaldeas, etc., que funcionan en formas de dirección directa, horizontal, asamblearia.

Esto nos deja claro, que los seres humanos están al vaivén de quienes establecen las teorías, los modelos, los estereotipos, llámense: Marx, Lenin, Mao, Castro, etc. y por el otro lado, Comte, Descartes, Adam Smith, Keynes, etc. Esta es una sociedad que se guía por individuos y no por pensamientos colectivos y estos individuos crearon hace más de 200 años la dicotomía derecha-izquierda, en sus distintas fases, como conservadores-liberales, capitalistas-socialistas, etc. Y en ese vaivén, la humanidad ya va por más de 200 años en lo mismo y la mayoría no puede ver más allá, no es capaz de ver otras alternativas, no puede descubrir algo diferente.

El mundo está dividido entre los fanáticos y fundamentalistas de derecha e izquierda, y quienes lo son menos, pero todos atrapados en la dicotomía o el dualismo recreado por el pensamiento burgués-liberal. Solo ven privatismo y estatismo o sus intermedios, pero todos enclaustrados en el mismo sistema.

La mayoría de la población, después de la debacle del neoliberalismo con millones de desplazados se volvieron pro-progresistas, ahora con la debacle del progresismo se dan la vuelta. Más de 200 años en el mismo juego pendular y no aprenden, no se dan cuenta que son fichas de esta sociedad de claustro, pero se creen libres. Antes les sometían con las armas, ahora se someten a sí mismos.

Han encarnado la religión, el caudillismo, la dependencia y aceptan calladamente ser cortesanos de Lasso, Nebot, Correa, Moreno. Todos esclavos de los partidos políticos, solo se puede participar en la política a través de ellos, pero solamente pueden aspirar a ser peones de los caudillos de cada partido. Que alguien diga si puede entrar a un partido y sobreponerse a su caudillo y si no tiene más remedio que someterse para alcanzar algún puestito. A la dictadura de los partidos políticos le llaman democracia, es decir, a la dictadura de los caudillos o dueños de los partidos políticos.

Hay que acabar con esta dictadura de quienes tienen el control político de toda la sociedad, para dar paso a la intervención de la sociedad civil y de todas las formas de organización natural y cotidiana en que funciona toda la población. Solo la acción grupal o colectiva desde las más ínfimas formaciones grupales, permitirá acabar con la farsa de la democracia y de sus partidos políticos o clanes caudillescos. Unos menos que otros, la única diferencia entre ellos.

Los que quieran seguir siendo rebaño, es decir, autoengañándose, sigan sirviendo a los partidos políticos. Y los que dicen, no me gusta la política son peores, pues ni siquiera quieren una tajada sino que se acomodan con ser dominados, y lo más ingenuo, es que se creen libres porque votan y se lavan las manos cada 4 años.