MORENO, UN NEOLIBERAL MÁS. Por Alberto Acosta y John Cajas Guijarro*

El presidente Lenín Moreno en el Palacio de Carondelet junto a su nuevo gabinete ministerial. Foto: Telemetro.com

El Ecuador -y en gran medida el propio mundo empobrecido- vive atrapado en el ciclo maldito de la acumulación capitalista periférica y dependiente. Similar a tiempos pasados, repetimos el camino: empezamos con el “boom” de alguna exportación -primaria- que financia a un Estado “desarrollista” (que, a veces, se autotitula “revolucionario”), para terminar en el “eterno retorno neoliberal”.

Después de todo, no eras más que otro ladrillo en la pared…”

Pink FloydAnother Brick in the Wall

Quizá el proceso tras el movimiento de estas etapas es el siguiente: en el “boom”, el Estado intenta modernizar al capitalismo y crea “bienestar”, exacerbando al máximo las contradicciones del capital (pues salarios y ganancias no pueden crecer simultáneamente para siempre sin cambios estructurales permanentes). Luego viene la crisis, donde el Estado ya no es tan útil al capital y emergen -con creciente fuerza- las demandas de libre mercado y flexibilización (laboral, financiera, y hasta ambiental) en la desesperación de recuperar los ritmos de acumulación. Tanto esa mayor explotación, pero sobre todo algún nuevo “boom” exportador de materias primas, llevan a un punto en donde -si la tensión social no revienta- se reanima la acumulación y otra vez emerge el Estado modernizador (luego de que los sectores populares hayan pagado los costos de la crisis).

Así, mientras muchos pelean hasta el cansancio por “más Estado” o “más mercado”, pocos dicen que Estado y mercado solo son piezas funcionales del capitalismo, una gran máquina cíclica e inestable, como podemos argumentar incluso teóricamente. Es más, hay evidencia para pensar que el Ecuador está atrapado en los perversos muros de dicha dinámica cíclica, por cierto complejizada por las múltiples patologías de la abundancia

¿Cómo derrumbar esos muros, sobre todo en tiempos de crisis? Las únicas opciones parecen ser el fortalecimiento del tejido social y una fuerte organización popular “desde abajo” y por “la izquierda”, siempre con la Pacha Mama. Sin embargo, esas opciones fueron duramente debilitadas durante la dominación burguesa correísta, especialmente con su represión y criminalización a la protesta social. Ese debilitamiento fue útil para que, cuando afloró el inicio del fin del “boom” desde 2014, el propio gobierno de Rafael Correa retorna al neoliberalismo; regreso que el gobierno de Lenín Moreno lo está consolidando.

Así, más allá de las “viscerales” diferencias entre Correa y Moreno, quien fuera su candidato presidencial en 2017 (año en que ambos pasaron del querer al odio en cuestión de meses), correístas y “morenistas” están unidos por los lazos del espíritu neoliberal.

Entendido este contexto, se devela que las acciones del gobierno de Moreno -reiteremos, continuando el proceso iniciado por el correísmo-, están acorde a la renovada “larga y triste noche neoliberal” que vive el país y gran parte de la región. Todo buscando rescatar al capital de su crisis, cargando el peso a los -debilitados- sectores populares.

Los hechos que ratifican la condición neoliberal del “morenismo” son indiscutibles:

Si en su momento afirmamos que Correa fue un neo-neoliberal, por usar al gran Estado creado en el “boom” como herramienta para modernizar el Estado y disciplinar la sociedad, todo los hechos antes señalados -y muchos que están por venir- demuestran algo evidente: Moreno es un neoliberal, un neoliberal “sensibilizado” que no busca paquetazos globales, sino ajustes gradualistas, incluso presionando al diálogo para legitimar sus medidas económicas. Sin embargo, es justo esa legitimación del neoliberalismo “morenista” lo que se debe evitar. Por eso, ojalá que la historia -y los sectores populares- reconozcan que Moreno, al igual que su antecesor, después de todo no es más que otro ladrillo en el gran muro del capital…