STREET FIGHT: GRAFITEROS VS. EL ORDEN ESTABLECIDO. Por Viviana Collaguazo*

Imagen referencial. Foto: Pixabay

La construcción del primer subterráneo del Ecuador en el Distrito Metropolitano de Quito (DMQ) fue altamente cuestionada por la ciudadanía quiteña, inicialmente debido al elevado presupuesto destinado, a la posibilidad de poner en riesgo la declaratoria por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), Quito Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Esto debido a que la construcción podría afectar vestigios arqueológicos del centro histórico y posteriormente la caotización generada respecto de la movilidad vehicular. Pese a la controversia generada en torno al tema por parte de la ciudadanía quiteña, el subterráneo denominado metro de Quito se construyó y, según versiones oficiales esta construcción tiene un 75 % de avance.

El domingo 9 de septiembre del presente año, un grupo de personas – al parecer 15- de identidad desconocida ingresaron a las instalaciones en donde descansaba el primer tren del metro de Quito, sometieron a sus custodios con armas blancas y de fuego, según reza el informe policial, y procedieron a grafitear uno de los vagones, hecho que ha conmocionado a la capital de los ecuatorianos. Por su parte, el alcalde Mauricio Rodas quien afirma que: “la construcción del metro de Quito es la obra de infraestructura y movilidad más importante en la historia de la ciudad, misma que, la transformará y la proyectará hacia la modernidad y hacia el futuro”, ha catalogado al incidente como una “brutal agresión”, ha expresado su total repudio y ha condenado este hecho.

Así mismo, ha manifestado que existen dentro del Distrito 80 espacios destinados para expresión del arte urbano y que el Municipio de Quito ha destinado 100 000 dólares por información que dé cuenta de actos vandálicos en general, no sólo respecto de la grafiteada del metro; así mismo, ha informado que, el Ministerio del Interior administrará este fondo permanente y, en caso de acabarse éste el Municipio brindará otro aporte (Rodas, 2018).

En paralelo a la construcción de la magna obra, esta ha demandado el recorte presupuestal en instituciones dependientes del Municipio del DMQ, dejando sin o con poco presupuesto para ejecutar o seguir ejecutando actividades que desempeñaban, por ejemplo, actividades de investigación. Así, despidos masivos tuvieron lugar. Del mismo modo, la falta de políticas públicas para enfrentar la demanda migratoria de los hermanos venezolanos, la falta o pésima asistencia en torno a salud y a servicios básicos (luz, agua potable, alcantarillado, recojo de basura.) correspondiente a barrios marginales, el tema de la inseguridad vacío visible dentro del Distrito, son hechos que agravan y cuestionan aún más la gestión administrativa del alcalde de Quito.

No obstante, por supuesto que actos vandálicos y el uso de la violencia en cualquiera de sus dimensiones no deben ser tolerados, al contrario deben ser repudiados y sancionados. Empero, ¿acaso no vemos cómo día tras días los agentes del Distrito encargados de la seguridad y el orden -policías metropolitanos- son quienes despliegan actos cargados de enorme violencia frente a las personas que atentan contra el espacio público con sus ventas ambulantes y con sus cuestionadas expresiones artísticas?

Querer blanquear la ciudad y tratar de convertirla en un atisbo de ciudades europeas no debería ser una máxima si colateralmente se desplazan y se excluyen demostraciones culturales vivas y latentes con códigos propios de Ecuador y de la región latinoamericana.

Ulteriormente de condenar o de sumarse al hecho acaecido el pasado domingo 9 de septiembre la pregunta que surge es: ¿Qué hay detrás de este hecho? y las preguntas subsecuentes generadas: ¿Será acaso la mera expresión de un reducido grupo social que encontró forma de visibilizar su arte? ¿Será una suerte de vendetta por los desplazamientos obligatorios y las continuas represiones que ha venido haciendo el alcalde en pro de la estética – occidentalizada-, el orden y el ornato? ¿Será un llamado de atención a las autoridades, a la ciudadanía, en sí al orden establecido para darnos cuenta de que el sistema es permeable? ¿En qué medida los quiteños nacidos y los quiteños residentes nos sentimos parte de los vándalos grafiteros; quién nos asegura si hubiéramos estado la noche del domingo pasado con un aerosol en la mano no haber rayado, dibujado, pintado, grafitado la insigne obra de la alcaldía de Quito?

Más allá del ostensible repudio o regocijo que esta expresión ha generado, esta podría percibirse como un llamado para ubicar a las autoridades y hacerles saber que la sociedad y su funcionamiento es una construcción permanente que es funcional en la medida en que las demandas -prioritarias- populares son atendidas en base al consenso y al diálogo.

Así como, que cualquier forma de control y de disciplinamiento violento generan más violencia. Podría ser todo lo escrito y más; lo que debe estar presente son los signos de resistencia y de lucha que se visibilizan pese a la permanente represión física y/o simbólica que sufrimos desde la subalternidad.

*Maestranda en Estudios Sociales Latinoamericanos por la Universidad de Buenos Aires (UBA), graduada en Sociología y Política por la Universidad Central del Ecuador (UCE). Investiga la conflictividad social y los movimientos sociales en Ecuador y Bolivia. Actualmente investiga la politización popular de las clases subalternas en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Bibliografía:

Rodas, M. (10 de septiembre 2018). “Rueda de prensa sobre el proceso de recompensas para quienes colaboren con información, para encontrar a los vándalos que afectaron al primer tren del Metro de Quito”. En: Facebook. Recuperado de: