ALTERAR LA DESCOLONIZACIÓN. Por Francisco Masabalin*

Niñas y niños en la educación intercultural. Foto: cortesía de FEINE.

Lo “nuevo” no se junta fácilmente con lo “viejo”, lo nuevo implica, muchas veces destruir lo viejo. Sin embargo, cuando ésta novedad de lo “nuevo” es lo que siempre ha sido “viejo”, pero la novedad es volver a redescubrir aquello que lo moderno, nunca ha podido sepultar, la existencia de un sistema de vida en las “naciones y pueblos nativos”

La conquista y la dominación ha sido uno de las características de relacionamiento desde el Norte hacia los pueblos del Sur[1]. Una supuesta superioridad, impuesta a la fuerza y canonizadas en sistemas jurídicos coloniales y republicanos, creyendo tener el derecho a oprimir a los pueblos y naciones, ya que los considera inferiores. Éste, pese a que la “ley de indias” levantó un debate en torno al agravio a los indígenas, pero raramente fue cumplida, en consecuencia, consideraba la consabida tutela para el bienestar material y espiritual.

Durante la época colonial, los denominados conquistadores también fueron esclavos de su propia ingenuidad, debido a su necia obsesión de esclavizarlos e imponer una cultura inaudita mediante la violencia. La “superioridad o inferioridad” fue un invento del poder para dominar y la violencia no sólo se tradujo en la imposición de una estructura política, económica o cultural, sino que se encuadró en un sistema jurídico distinto que violentaba los valores de una cultura autóctona.

Si profundizamos el papel de los sistemas jurídicos en las sociedades coloniales-republicanos, está claro, que éstos estaban diseñados para garantizar un modelo de Estado-nación e imponer un sistema legal a las culturas diferentes al de su legislador. Además en los Estados Republicanos, la aspirada “unidad nacional” construiría en base a la imposición de la educación castellanizada.

Al respecto, cuando Walter Mignolo habla de una “mentalidad europea” sostiene que buscó implantar la creencia del pensamiento moderno como el único locus valido para comprender el mundo, imponiendo sobre las mentalidades de las comunidades locales de los territorios invadidos y apoderándose así de las formas del “saber, ser y pensar”. De igual forma, la historia colonial ha enseñado que las civilizaciones más importantes del mundo serian: la grecia, egipcia, persa, romana, china, europea, norteamericana, etc. Sin embargo, la azteca, maya, inca y muchos otros, siempre fueron invisibilizados.

Cuando el autor plantea ésta problemática sobre la colonialidad, parece ser algo arcaico, pero es aquí cuando nos preguntamos ¿Ha cambiado la realidad de los pueblos indígenas en la actualidad? ¿Seguimos en los mismos atavíos? O ¿A qué tipo de poder se adscriben actualmente? Los poderes predominantes en la actualidad – Estado – Partidos, etc. Se constituyeron en aquel momento, excluyendo entre otros sujetos a los indígenas, considerando que no había racionalidad en sus actos, en clara posición de inferioridad, utilizando los mismos patrones a gobernarse que a los del colonizador.

Paralelamente a ésta cuestión, en el Ecuador contemporáneo se percibe un creciente reconocimiento de los pueblos y el respeto a la diversidad socio-cultural como parte de los procesos de democratización que intentan enmarcar la innovación institucional. Empero, cada vez menos se escucha hablar sobre la “descolonización”, pero a éste ha contribuido un entendimiento satírico y exótico por los indígenas. Así, las acciones descolonizadoras es entendida e implementada simplemente como actos folklóricos para turistas, promovidos por entes públicos, privados y organismos no gubernamentales, donde se presentan a personajes disfrazados de indígenas en nombre de recuperar “la identidad cultural de los pueblos”, alterando o forzando los estereotipos racistas.

Si creemos que la “descolonización” es igual a sólo promover eventos culturales de promoción, vestir ropas ancestrales y promover sus costumbres o hacer algún tipo de ritualidad, sólo nos estamos moviendo en nuestros prejuicios antojadizos. De manera que lo que en verdad los pueblos indígenas exponen no es simplemente sólo la devolución de sus espacios, sino la transformación del Estado, la transformación democrática y de cómo se ejerce dentro de una forma culturalmente definida de vida.

Entonces se ha debatido sobre la matriz uninacional, aceptando autodefinirse en una nueva forma de entender y construir el Estado Plurinacional e Intercultural para establecer una nueva forma de convivencia en diversidad; sobre todo para descolonizar la estructura institucional del Estado. Lamentablemente, con disfrazarse por un momento se creen que ya es intercultural, además, colocando un indígena en cualquier ente público se cree que está construyendo un Estado Intercultural, es así como desatinadamente se ha ido comprendiendo la descolonización en el Ecuador.

Pero que pasa ¿si alteráramos la descolonización? Seguramente, no faltará de quienes señalen que desde la independencia 1820 ya no somos una Colonia y vivimos en una amplia participación, por tanto ya no es apropiado seguir hablando dicho tema. Pero la cuestión no es tan simple, pues aquello que nos ha endosado la Colonia, aún permanece con mayor fuerza en los poder locales, es el carácter racializada de la estructura socio-política y económica. Entonces ¿con los nuevos Estados Republicanos no terminó el problema? yo diría, se renovó.

Por ejemplo, Chimborazo es una de las provincias con mayor concentración indígena en el Ecuador y la migración rural ha sido un golpe fuerte hasta la actualidad, en comparación nacional[2]. No obstante, los indígenas llegaron a formar parte de una “economía informal” importante, trabajando de barrenderos, albañiles, vendedores ambulantes, entre otros empleos; mientras que en los trabajos intelectuales eran realizados por “no indígenas” y los trabajos manuales por “indígenas”.

Claro que en los últimos años se ha hecho evidente estos avatares, pero nunca migraron para instalar sus propias empresas o grandes centro comerciales en Guayaquil, principalemente; sino serviciales de carga en muchos casos. Pero a ningún indígena que nació, creció y estudió allí, se le ocurriría la idea de plantear por una alcaldía de Guayaquil ¿una ciudad importantes en manos de los indígenas? Como diría Delfín Quishpe: “no puede ser”. Así podemos ver que en muchos espacios o empleos, cuyos rasgos somáticos todavía son tomados como signos de su “racialidad”.

Por ese mismo atavío parece persistir en el grupo defensor desde otro punto de vista: por ejemplo, es indiscutible que en las organizaciones del movimiento indígena ecuatoriano sus dirigentes no sean originarios de cualquier nacionalidad o pueblo indígena, pero los asesores asumen que sea un intelectual mestizo. ¿Por qué? ¿Los indígenas siguen en la servidumbre colonial? ¿No existe la intelectual indígena hasta ahora? ¿Qué se esconde detrás de todo eso? Complejas preguntas como para responder en cortas reflexiones.

Indiscutiblemente, muchos indígenas han profesionalizado, pero por lo general, aun es menospreciado en relación a otro sector y los espacios que ocupan sufren una devaluación imaginada (persiste la idea de que el indio aún es incompetente). Mientras que por el otro lado, en algunos casos; sin tener títulos profesionales con sólo ser parte de un político engañoso y llamándose profesional, han ocupado cargos importantes en las carteras de Estado, aunque para más tarde caer en el descredito y hasta fugitivos. Estas diferenciaciones están condicionadas por el ordenamiento social que inauguro con la colonia, posesiones importantes para pocos y miseria para la mayoría.

Pero consideremos que los lineamientos coloniales buscaron instalar la idea de la superioridad e inferioridad frente a la minoría; pues claro había que alejar a los “indios” de toda intelectualidad de las herramientas técnicas – teóricas, que en sus manos podían ser armas contra cualquier casta dominante. Así impedirles el acceso a determinadas herramientas racionales y mantener sus estatus de inocencia; si bien la educación se universalizó, ésta se dio en una distinción entre quienes recibían la educación en las grandes ciudades urbanas y los que se encontraban en las áreas rurales periféricas, lo que se asentó el tipo de división racionalizada.

Entonces, una forma de “alternar la descolonización” sería desestructurar esas clasificaciones “indígenas –mestizos”, pues éstas son identidades coloniales. En la actualidad se hace normal ver al “indígena” practicando sus ritualidades y los “no indígenas” como intelectuales, eso sucede porque se sigue reproduciendo los modismos regionales, pues unos están para cumplir un “trabajo ancestral” y los otros, un “trabajo intelectual”; pero pensar el futuro del país obliga cuestionar ésta catalogación con el fin de romper los estereotipos que se han hecho sobre “el otro y sobre nosotros”, una lacra del pasado que aún atormenta nuestro presente.

De tal forma, que la descolonización sería que dejemos de seguir jugando y disfrazándonos de indígenas sólo para divertir a turistas y pasemos a “invadir” espacios sociales y teóricos en los que se han ido produciendo ideas “sobre nosotros”, para “ser nosotros” quienes produzcamos ideas apuntando a desnaturalizar el orden social. Pero es ahí, cuando decimos que se trata de ocuparnos rigurosamente en la clarificación de nuestros objetivos, sueños y utopías originarias  dejando de servir como un simple afiche folcklórico o un cuadro exótico, pintado para adornar la vitrina de otros solamente.

Ahí es cuando la descolonización debería dirigir a poner fin a éstas distinciones diferenciadas, pero no por la buena voluntad de los denominados “mestizos”, sino por las capacidades y el esfuerzo propio de los indígenas. Por tanto, no se trata de hacer disfraces de un pasado, sino de enfrentar los desafíos contemporáneos para no aislarnos sólo en un “mundo indígena” inventado por las organizaciones no gubernamentales.

Un gran logro sería ver un indígena como el gran físico-astronauta de la Nasa o grandes científicos en cualquier área que ponga en relieve sus investigaciones para el mundo. Para ello se requiere mucho trabajo y organización interna de los sectores sociales indígenas para transformar el resentimiento en una oportunidad de construir caminos reales de interculturalidad para romper muchos esquemas sistemáticos; sin embargo, ya sea con una propuesta u otra siguen entrampados con los proyectos para minorías étnicas-indígenas pero desarrolladas por una minoría “mestiza”, es así como se continúan ocupando el lugar de indígenas, sin pasar de la raya.

En conclusión, si concebimos que la descolonización se trata de un proceso que busca poner fin a las gentilezas segregacionistas de la estructura de producción y de superioridad tiene que afectar necesariamente en las relaciones sociales; modificando éstas estructuras de mando, renunciando las actuaciones disfrazadas sólo para que otros se diviertan, dejando de hacer sólo litúrgicos y pasando a la producción de una vanguardia intelectual que exponga una nueva mentalidad: los potenciales políticos y las capacidades económico-culturales de nuestra gente.

Un país donde no se margine a las personas por sus etiquetas de “indios”, ni oculte los problemas de exclusión, discriminación y racismo sistemático e invisibilizado, para que bajo ese título no mantenga los privilegios de clase. Cuando volvemos a mirar en retrospectiva, las grandes movilizaciones sociales indígenas de esta última década, así como los extensos momentos anticoloniales y republicanos de nuestra historia, nos damos cuenta que han dado lugar a una diversidad de actores y horizontes que surgen en la actualidad para participar, disputar y reorientar el sentido de lo que ahora vivimos con el nombre de “proceso de cambio”.

De esa manera, la descolonización supondría inevitablemente asumir a transformar la complejidad de los sentimientos de “inferioridad y superioridad” como una tarea irresuelto que debe promover “en nosotros y los otros” para encauzar en un Ecuador imaginario frente los núcleos de las desigualdades existentes.  

Unos hacen

lo que siempre otros no hacen,

unos luchan y otros aprovechan”.

*Licenciado en Ciencias Sociales y Política, Master en Estudios Latinoamericanos, Doctor en Estado de Derecho y Gobernanza Global (C)- Área de Ciencia Política – Facultad de Derecho – Universidad de Salamanca- España. Contacto: masabalinsf@yahoo.com

[1]Pueblos del Sur: es como una metáfora que se entiende a los pueblos oprimidos y marginados por el morpus del capitalismo, los colonizadores y la depredación de la naturaleza.

[2]Fuente: #TVS_NOTICIAS #RIOBAMBA #CEDATOS #CANDIDATOS. Polivio Córdoba. Director de CEDATOS. visitado: 10-IX-2018.