CRUCIGRAMAS Y NEGOCIOS. Por Matarata*

Foto referencial.

Nunca he sido capaz de llenar un crucigrama hasta el final. No sé si es por falta de inteligencia, porque me sobra la estupidez, o porque los crucigramas me parecen un juego similar a las pruebas de los psicólogos.

Y eso que mi padre y mi madre eran psicólogos y me tenían llenando pruebas psicotécnicas, de inteligencia, de lenguaje y ubicación espacial. La verdad es que no me sentía mal llenando esas pruebas. Me hacían sentir más inteligente al final, pero no entiendo bien cómo pueden ayudar semejantes pruebas a vivir. Digo, a entenderse con las personas, a olfatear dónde hay una historia o dónde hay un negocio. O a expresar pensamientos y sentimientos.

A llenar pruebas se ha dicho. Cuál es la palabra que no corresponde al grupo. Cuál de estas palabras significa lo contrario de la siguiente palabra. Qué número sigue en la serie. Qué figura no pertenece a la serie. Y así. Hace unos meses les conté a unas estudiantes de psicología que mis padres me tenían llenando esa clase de pruebas, quizá para que me entretenga o qué se yo.

Aunque durante un tiempo me las hacían llenar para que pueda aprobar las pruebas de ingreso al colegio. Y creo que también a la universidad. Una de las estudiantes me dijo que esas pruebas son secretas, que no está bien que un padre se las haga a su hijo, que esto y que el otro. La verdad no sé si hablábamos de las mismas pruebas pero en todo caso me sentí libre de culpa y sentí que mis padres estaban libres de culpa cuando me enteré dónde hacían sus pasantías o dónde trabajaban las estudiantes: en una clínica neurológica que queda arriba de mi casa, en donde tienen a la gente medicada y a veces le aplican electro shocks cuando la enfermedad es demasiado grave. Cuando la manía, la paranoia o lo que sea que tengan es demasiado grave, les dan electro shocks. Me pareció horrible. Y sentí que había algo criminal en semejantes tratamientos. Algo criminal.

Comparados con los tratamientos en las clínicas neurológicas, los crucigramas son una broma. ¿A quién se le pudo ocurrir dedicarse a confeccionar crucigramas y después a resolverlos? Pienso que la literatura policial y la ciencia ficción deben tener algo de crucigrama, y por eso son populares entre las masas: a mí me gusta el policial y la ciencia ficción, pero llevados al extremo dan libros eruditos y levemente aburridos, como La vida, instrucciones de uso, de Perec. Es lo que sucede también con los coleccionistas de cualquier cosa y con los historiadores de cualquier cosa.

Frente a la minuciosidad que implica armar rompecabezas, comienzo a sentirme más cómodo en la conversación, la confesión, la intuición. Al carecer de ese carácter metódico, el sentimiento artístico aflora con mayor vivacidad. No quiero decir que sea menos inteligente que el trabajo científico, sino que es más vivo: a veces es mejor actuar con sobriedad, así como otras es necesario el humor o el desdén. Son movimientos del alma y la voluntad que no se comparan con los crucigramas, las pruebas psicotécnicas, los rompecabezas, etc.

El sentimiento de la vergüenza, la risa, la tristeza, el amor son todos movimientos del alma que, si bien pueden ser objetos de análisis, no son burdas piezas con las que podemos jugar. Hay, necesariamente, una dosis de grandeza y de elevación en aceptar que nuestra naturaleza y la de los otros se encuentra determinada por estas fuerzas. No hacerlo significa someterse al tratamiento torpemente científico, que es incapaz de percibir estas motivaciones. Y aquí entra el mundo de los negocios: quien pretenda comprar o vender necesariamente juega con la ilusión. Es verdad que son necesarios los cálculos, pero estos son secundarios. ¿Qué es un gran especulador, sino alguien que sabe provocar una imagen deseable sobre un objeto? Recuerdo una vieja película en la que unos especuladores saben que deben acaparar la cosecha de naranjas, porque la cosecha ha sido muy mala y las primeras que salgan al mercado se van a agotar de inmediato. Es cierto, aquí no hay ilusión ninguna: la cosecha ha sido mala y la gente va a querer hacer jugo de naranja. Pero ¿si en lugar de naranjas usaran mandarinas? ¿toronjas? ¿No es una ilusión el lugar central que ocupan las naranjas en nuestra vida?.Lo es, porque bien podríamos reemplazarlas por otros alimentos. Pero quién puede intuir cuándo ha llegado el momento de sustituirlas. Y cómo hacerlo.

*Contenido publicado originalmente en: Matarata