UN VELO OSCURO SE CIERNE SOBRE BRASIL. Por Pilar Troya Fernández

El candidato ultraderechista Jair Bolsonaro disputará en segunda vuelta con Fernando Haddad, reemplazo de Inácio Lula da Silva. Foto: Última Hora

Buena parte del futuro de la región se juega cuando el gigante elige. Brasil, en la ola de derechización que asola el continente, acaba de colocar en segunda vuelta con 47% de los votos a un fascista declarado, Jair Balsonaro, del Partido Social Liberal (PSL).  

Tras años de desinformar con violencia y discriminación, los medios de comunicación hegemónicos liderados por la gigantesca Red Globo, en alianza con el poder judicial retorcido actuando como partido político, utilizando lawfare para destruir a los políticos progresistas, lo consiguieron, instalaron definitivamente el fascismo en la cabeza de una parte – demasiado grande – del pueblo brasileño. Normalizaron el discurso de odio en la política.

Este resultado comenzó con el golpe que derrocó a Dilma Rousseff en 2016, una vez que la burguesía se dio cuenta, tras cuatro elecciones seguidas, que el Partido de los Trabajadores con Luiz Inácio Lula da Silva a la cabeza era imbatible en las urnas.

El antipetismo fue creado con gran dedicación y ahínco por las élites, pero sin calcular que a la par creaban al monstruo que acaba de ganar la primera vuelta.

Las perenes huellas del pasado esclavista, las nuevas iglesias pentecostales como referentes de sociabilidad juegan un papel también, pero, sobre todo, nada de esto sería posible si no fuera bajo el telón de la crisis desatada en 2014 y de la que aún no se avizora su final. La crisis que el golpe pretendía resolver para que la burguesía recupere sus tasas de ganancia. El golpe no ha conseguido nada en este campo, la situación está, siendo muy optimistas, estancada. Es decir, 4 años seguidos de crisis. Es un escenario parecido a la Alemania de 1933.

¿Por qué digo fascista declarado? Es un señor que no para de decir cosas como que la dictadura se equivocó por solo torturar y no matar; que está a favor de la tortura, que el lugar de las mujeres es la cocina y que está bien que ganen menos porque se embarazan; que no amaría a un hijo homosexual; que para solucionar la violencia hay que repartir más armas y más balas (modelo que este preciso instante muestra su fracaso total en Rio de Janeiro con un claro aumento de la violencia y el crimen tras la intervención militar); que la solución a los problemas agrarios es matar a los sin tierra, que no dará ni un milímetro más de tierra para los indígenas y los quilombolas; que como sus hijos fueron bien educados jamás tendrá una nuera negra, entre otras perlas. Cualquier periódico serio no solo del país sino de la región y del mundo lo explica también. Aquí una larga lista no exhaustiva.

Ahora su campaña que es – en buena medida- una máquina de mentiras y fake news en redes sociales dice que todo es falso, que es un mito o que lo sacaron de contexto, pero en la internet constan cientos de videos disponibles para que cualquiera lo verifique.

El payaso colorado del Norte, Donald Trump, es casi un demócrata comparado con este coso (como lo llaman en Brasil). Un tipo que lleva 27 años entre el Congreso y el Senado y que ha pasado por 8 partidos y se quiere presentar como antisistema cuando siempre ha sido parte de el. Quiere decir que el representa lo no corrupto cuando en realidad ha robado siempre, junto con sus hijos, ellos también diputados, senadores, concejales. Aumentos de 432% en sus cuentas en 5 años son difícilmente explicables. Es totalmente parte del sistema y de lo peor del sistema. Representa bien a las personas fascistas de closet que ahora se sienten libres, no solo de esparcir sino de actuar en consecuencia con su discurso de odio.

Es un ex militar expulsado del Ejército por violento. Un tipo demasiado parecido a Hitler, con un pasado oscuro, sin ningún logro relevante: tras tantos años como diputado y senador ha conseguido aprobar apenas 2 proyectos de ley. Un tipo ignorante y corto, que durante la campaña derivaba todas las preguntas sobre economía directamente sin responder a su asesor Paulo Guedes, un chicago boy en toda regla, que estudió precisamente en esa universidad y tiene la propuesta económica más neoliberal jamás vista en el país.

Si al pueblo brasileño tras 877 días del golpe contra Dilma le quedaban pocos derechos, si el ‘coso’ gana, no le va a quedar ninguno. La nueva Ley de Educación dice que este derecho no es universal. La inversión pública en salud y educación está congelada 20 años por enmienda constitucional; los derechos laborales retrocedieron 80 años con una desregulación total que permite no solo la tercerización completa y la precariedad como norma, sino que legaliza una suerte de esclavitud moderna.

Todos los programas sociales que lograron sacar a 40 millones de la pobreza, que permitieron el acceso a la universidad, dieron vivienda a quienes no los tenían, que fortalecieron la agricultura familiar, etc. han sido recortados al mínimo. El hambre y la pobreza han crecido sin pausa y con certeza todo va a empeorar ahora si él gana.

Todas las propuestas de Bolsonaro son la continuidad del golpe, acabar de destrozar lo público y lo común; privatizar completamente la vida. Se consolidarían los retrocesos emprendidos a velocidad supersónica desde 2016.

Todo rastro de soberanía nacional se perdería también. El pre-sal, la mayor reserva mundial de petróleo submarino ya fue licitada a compañías extranjeras, falta venderles la Eletrobras y la Petrobras, Embraer está en camino. Sería una señal muy fuerte para el continente de que la agenda ultra neoliberal llegó para quedarse.

En la sociedad brasileña la mayoría votó defendiendo el racismo, la misoginia, la homofobia, la fuerza bruta, la violencia, la crueldad y la ignorancia que Bolsonaro representa. El macho alfa duro para quien todo se soluciona a balazos y que considera que solo los hombres ricos, blancos y heterosexuales como el tienen derechos.

Comienza un nuevo capítulo durísimo de lucha no solo para la izquierda, sino para cualquier colectivo o persona progresista, para todos los que creemos en lo público, lo común, la solidaridad, la justicia, la igualdad y el amor como caminos en la política. Es una batalla difícil, pero no imposible. Hay que vencer al odio y enterrar al fascismo, ojalá para siempre, sino Brasil no tiene más futuro que un mar de pobreza y muerte -de los pobres, mujeres, negros, indígenas, las personas lgbti, no podemos olvidar a la concejala Marielle Franco asesinada el 14 de marzo de 2018, en Río de Janeiro.

El periódico O Globo, continuando con su tradición de servicio a una de las élites más retrógradas y violentamente antidemocráticas de América Latina, titula que Brasil está entre el bolsonarismo y el petismo. Fernando Haddad ya no representa solo al Partido de los Trabajadores, tampoco apenas la posibilidad de mejorar condiciones de vida y garantizar derechos de los más pobres; ni siquiera solo la democracia, representa la civilización contra la barbarie.

Brasil, 7 de octubre de 2018 [Alemania, 4 de enero de 1933].