EL PERIODISMO EN LA GUILLOTINA. Por Jaime Vicente Chuchuca Serrano*

El mayor número de periodistas asesinados se encuentran en México. Foto: Periodistas Sin Frontera.

La actividad periodística ha abierto sus brazos más allá de toda referencia a los medios de comunicación tradicionales. Con las redes sociales cada individuo se ha convertido en periodista de sus avatares diarios. Sin embargo, el periodismo no ha dejado de ser la principal fuerza en la comunicación social.

Este país se escandaliza porque uno dice hijueputa en televisión, pero no se escandaliza cuando hay niños limpiando vidrios y pidiendo limosna, eso si no, eso es folclor…”

Jaime Garzón, periodista asesinado.

A pesar que los monopolios comunicativos a nivel mundial son de los más ricos, la mayoría de trabajadores periodistas, que no poseen medios de comunicación, siguen estando en los peores rangos salariales.

El periodismo es una de las principales actividades comunicativas que forma la conciencia política, la opinión pública y el sentido común de las poblaciones; es decir, administra parte de las ideas que constituyen el orden social. En ese sentido, el periodismo puede cuestionar directamente al poder, hecho que abre intersticios para la venganza de personajes inescrupulosos.

Aunque no hay cifras precisas, en el año 2017 fueron asesinados más allá de 65 periodistas en el mundo; 47 periodistas en América Latina. De estos, 26 periodistas son mexicanos. México tiene similar número de periodistas asesinados que Siria y más que Afganistán. Además, hay que sumar 336 encarcelados y 54 secuestrados a nivel global. No se tienen cuentas sobre el número de exilios, autoexilios, ni periodistas procesados judicialmente.

En lo que vamos del año 2018, en Latinoamérica se registran 17 periodistas asesinados, de los cuales el mayor número sigue estando en México, diez periodistas.

Armanda, de Reporteros Sin fronteras, señala que en los últimos 15 años se mataron a 1000 periodistas. La mayoría de asesinatos continúan en la impunidad. Recordar estas cifras no tiene ningún afán de hacer crónica roja, sino el de remarcar los datos para arrebatarlos al olvido y sostener que el pensar sigue estando en riesgo.

En los claroscuros rincones de nuestros países el periodismo se encuentra en peligro de muerte. No hay de otra, revelar información que comprometa a los mandamases de los Estados se ha convertido en un peligro. La sociedad debe tomar conciencia de ello. La actividad periodística, que es otra forma de hacer política, no sólo está reglada por la agenda de los dueños de los medios de comunicación, sino por las reservas de la tanatopolítica estatal y las redes del narcotráfico que han crecido abismalmente. Los tres periodistas ecuatorianos asesinados, responden a este tipo de fibras políticas que proliferan en nuestros países.

Las universidades y la sociedad tienen el deber de formar periodistas libres, críticos y éticos que superen la censura y la autocensura. La democratización de la información y los derechos a informar y estar informados van de la mano con la democratización de los medios de comunicación. Al periodismo le cumple uno de los más elevados roles en la educación de los pueblos, quizá por eso decía el Gabo que “el periodismo es el mejor oficio del mundo”.

Aunque las políticas estatales y sociales, de modo general, son esenciales para preservar el derecho a la vida, las políticas de los periodistas deben acercarse a las grandes mayorías sociales y a los desvalidos, como una manera de precautelar los derechos de los más vulnerables y crear una autodefensa social que preserve la libertad de pensar, opinar y vivir. Las ideas críticas siempre escapan a la guillotina.

*Docente de la Universidad de Cuenca. El artículo fue publicado en la Revista El Observador, 107. Octubre de 2018