LA VIGENCIA DEL COMANDANTE ERNESTOCHEGUEVARA. Por Eduardo Ruilova Quezada*

Escultura de Che Guevara en la Habana - Cuba realizado por el artista cubano Enrique Ávila. Foto: Pixabay.

Hace 51 años fue asesinado en la Higuera, Vallegrande, República de Bolivia el insigne marxista autodidacta, revolucionario y guerrillero latinoamericano Ernesto “Che” Guevara, con la intervención directa del Comando Sur, la Central de Inteligencia Americana (CIA) y el gobierno boliviano de aquella época.

La decisión de sentenciarlo a muerte la tomaron los generales de ejército Alfredo Ovando y Juan José Torres, jefe de estado mayor del Ejército boliviano, personaje último admirado y felicitado por algunos partidos de izquierda, básicamente los partidos comunistas, por ser un gobierno reformista.

Ernesto Guevara en sus giras juveniles visitó parte de Chile, Uruguay, Brasil, Ecuador, Perú, Bolivia, Venezuela, Centro América y se radicó momentáneamente en Guatemala. Luego partió a México, no lo hizo con sentido aventurero, sino para conocer de cerca y profundamente las condiciones de explotación, miseria, desempleo e insalubridad en las que sobrevivían indígenas, campesinos, mujeres, jóvenes, niños y ancianos, tanto en los campos como en las ciudades impactándolo profundamente en su condición de médico y más como ser humano. Estos hechos radicalizaron sus accionar político, dado por sus lecturas de las obras de Karl Marx, Federico Engels, Vladímir Ilich Uliánov Lenin, León Trotski, Mao Tse Tung, Aníbal Ponce, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella y José Martí, autores que entre otros fueron parte importante del afianzamiento de su ideología revolucionaria.

La teoría, la práctica y su objetividad le facultaron radicalizar su anticolonialismo, su antimperialismo y pensamiento revolucionario. Manuel Agustín Aguirre, en su libro El Che Guevara aspectos políticos y económicos de su pensamiento, en la página 11 anota la disconformidad con el reformismo y el progresismo: “en la vida misma del Che, se conjuga una necesaria interacción dialéctica, la teoría y la práctica, que es lo que constituye la praxis revolucionaria (…) en Bolivia, luego de la revolución nacionalista de 1952, donde afirma tajantemente, como lo anota su amigo de entonces, Ricardo Rojo, al tratarse de Paz Estenssoro: ‘Este no es más que un reformista, que va a fumigar con DDT a los coyas (nombre que se da a los indios) para quitarles los piojos, pero no a solucionar su problema esencial que es la que es la causa de los piojos…Una revolución que no llega a las últimas consecuencias está pérdida”.

En 1953, el Che Guevara por segunda ocasión visitó Guatemala y se quedó 9 meses. Apoyó al gobierno de Jacobo Arbenz, convocó al pueblo para que defienda los logros realizados por el gobierno como la Reforma Agraria y la nacionalización de una parte de las tierras propiedad de la United Fruit Company, una de las mayores transnacionales bananeras de la época; repudió la intervención militar norteamericana y al gobierno títere del ex coronel de ejército Castillo Armas impuesto por el embajador norteamericano el 8 julio de 1954, con la finalidad de revertir o devolver las propiedades confiscadas a los terratenientes y, a la burguesía guatemalteca; su anticomunismo enfermizo salió a flote al emitir la orden de quemar todo libro que tuviera carátula roja.

Episodio que lo reconoció en el discurso pronunciado el 28 de julio de 1960, en el acto de apertura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes: “Queremos saludar especialmente, (…) a Jacobo Arbenz, presidente de la primera nación latinoamericana que levantó su voz, sin miedo, contra el colonialismo, y que expresó, en una reforma agraria profunda y valiente,  el anhelo de sus masas campesinas”.

Michael Ratner y Michael Steven Smith en su libro ¿Quién mató al Che? dice que “…David Atlee Phillips [funcionario de la CIA] encontró una hoja suelta sobre el médico argentino de 25 años que había llegado a la ciudad en enero de ese año para estudiar los cuidados de la salud en medio de la revolución social. ‘¿Le parece que debemos levantar un expediente sobre este?’, le preguntó al asistente. El joven médico, aparentemente, había tratado de organizar un último intento desesperado de resistencia con los leales a Arbenz; luego, buscó refugio en la embajada de Argentina y finalmente partió para México. ‘Sí supongo que nos conviene iniciar un expediente sobre él, respondió Phillips”; así levantaron el primer expediente político contra el Che Guevara.

Ante la apretada persecución desatada por la seguridad guatemalteca y norteamericana para capturarlo, se traslada a México en donde entabla amistad con Fidel Castro por intermedio de su hermano Raúl Castro Ruz y Ñico López, dirigente estudiantil y participante en el asalto al cuartel Moncada, en ese entonces exiliado en Guatemala, quién le habló por primera vez de Fidel Castro y le comentó sobre los planes de hacer una revolución en Cuba.

En carta enviada desde el Congo a su amigo Armando Hart Dávalos, el 5 de diciembre de 1965, en la cual entre otras cosas emite su opinión disconforme sobre los manuales político-filosóficos soviéticos: “en este largo período de vacaciones le metí la nariz a la filosofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar, ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método es lo más antimarxista, pero además suelen ser muy malos”.

Como anécdota, Paco Ignacio Taibo II en su libro “Ernesto Guevara también conocido como el Che”, página 68 y 69, relata que los dos ateos (Nico y Ernesto) se dedicaron a “la venta callejera, al contado y en abonos, de la imagen de latón de un Cristo milagrosísimo, montado en una cajita de madera y con luces que se transparentaban a través de la estampita (…) la venta callejera, para la pequeña banda de ateos, no parece ser un negocio potente, que vaya más allá de la supervivencia…”.

El socialismo del Che

La victoria de la revolución cubana puso una nueva inyección política a los partidos y movimientos políticos de izquierda latinoamericana, la participación del Che en el proceso cubano y su radicalismo insurreccional, acompañado de una muy buena formación marxista puesta en práctica y demostrada en los cargos de gobierno que le tocó desempeñarse. Con su ejemplo ejecutaba lo que pregonaba, lo que sabía y exponía sus conocimientos sobre historia latinoamericana y las brutales condiciones de explotación a sus pueblos; sometimientos que le impulsó a desarrollar su teoría revolucionaria e insurreccional, para abolir las condiciones de explotación del capitalismo, dentro de un nuevo sistema político-económico como es el socialismo.

En el discurso pronunciado en la Asamblea General dirigida por los obreros de la Textilera Ariguanabo el 24 de marzo de 1963, expuso que: “el socialismo no es una sociedad de beneficencia, no es un régimen utópico, basado en la bondad del hombre como hombre. El socialismo es un régimen al que se llega históricamente, y que tiene como base la socialización de los bienes fundamentales de producción y la distribución equitativa de todas las riquezas de la sociedad, dentro de un marco en el cual haya producción de tipo social. Es decir, la producción que creó el capitalismo: las grandes fábricas, las grandes haciendas capitalistas, las grandes fincas capitalistas, los lugares donde el trabajo, el trabajo del hombre se hacía en comunidad, en sociedad, pero en aquella época el aprovechamiento del fruto de su trabajo se hacía individualmente por los capitalistas, por la clase explotadora, por la poseedora jurídica de los bienes de producción”.

El 24 de febrero de 1965, en Argel durante el Seminario Económico de Solidaridad Afroasiática, expone algunas definiciones de lo que para él significaba el socialismo y se refiere a la situación de la Unión Soviética con respecto a los avances de su sistema político económico y su posición con respecto a la solidaridad con los países del denominado Tercer Mundo.

“No puede existir socialismo si en las conciencias no se opera un cambio que provoque una nueva actitud fraternal frente a la humanidad, tanto de índole individual, en la sociedad en que se construye o está construido el socialismo, como de índole mundial en relación a todos los pueblos que sufren la opresión imperialista. Creemos que con ese espíritu debe afrontarse la responsabilidad de ayudar a los países dependientes y que no debe hablarse más de desarrollar un comercio de beneficio mutuo basado en los precios que la ley del valor y las relaciones internacionales de intercambio desigual, producto de la ley del valor, oponen a los países atrasados”.

Guevara se opone frontalmente y denuncia que las relaciones comerciales y de intercambio que realiza la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y la China con los países en desarrollo no son bajo ninguna forma de carácter socialista, al contrario son netamente capitalistas, porque se sustenta en la ganancia, en el lucro, en la explotación a dichos países.

“¿Cómo puede significar ‘beneficio muto’ vender a precios de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimiento sin límites a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grande fábricas automatizadas del presente? Si establecemos este tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial. Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados, constituye una parte insignificante del comercio exterior de estos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral de cambio”.

“No hay otra definición del socialismo, válida para nosotros, que la abolición de la explotación del hombre por el hombre. Mientras esto no se produzca, se está en el período de construcción de la sociedad socialista y, si en vez de producirse este fenómeno, la tarea de la supresión de la explotación se estanca o, aún, retrocede en ella, no es válido hablar siquiera de la construcción del socialismo”.

Contrario al latifundio y por la Reforma Agraria

Demostraba las condiciones de explotación, de concentración de riqueza en pocas familias, la conformación de alianzas por parte de terratenientes y la naciente burguesía que con el desarrollo del capitalismo se constituirían luego en burguesía comercial-agrícola y financiera en Latinoamericana; conformación que la demostró con ejemplos y definiciones claras y precisas un sus discursos y escritos; en este caso hacemos referencia al discurso: “Cuba: ¿Excepción histórica o vanguardia en la lucha anticolonialista?, páginas 407-408, en el que anotó:

“El latifundio fue la base del poder económico de la clase dominante durante todo el período que sucedió a la gran revolución libertadora anticolonial del siglo pasado. Pero esa clase social latifundista, que existe en todos los países, está por regla general a la zaga de los acontecimientos sociales que conmueven al mundo. En alguna parte, sin embargo, lo más alerta y esclarecido de esa clase latifundista advierte el peligro y va cambiando el tipo de inversión de sus capitales, avanzando a veces para efectuar cultivos mecanizados de tipo agrícola, trasladando una parte de sus intereses a algunas industrias o convirtiéndose en agentes comerciales del monopolio. En todo caso, la primera revolución libertadora no llegó nunca a destruir las bases latifundistas que actuando siempre en forma reaccionaria, mantienen el principio de servidumbre sobre la tierra. Este es el fenómeno que asoma sin excepciones en todos los países de América”.

Luego del triunfo de la revolución, el Che en el discurso pronunciado en el Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes el 28 de julio de 1960, relata: “Yo recuerdo, en aquella época, una conversación con un señor, que me decía que estaba libre de todo problema con el Gobierno Revolucionario, porque no tenía nada más que novecientas caballerías; novecientas caballerías son más de diez mil hectáreas. Y por supuesto que éste señor tuvo problemas con el Gobierno Revolucionario, y se le quitaron las tierras, y se repartieron además, y se dio en propiedad la tierra al pequeño campesino individual; y además se crearon las cooperativas, en las tierras en la que ya estaba acostumbrado el obrero agrícola, el trabajador agrícola, a trabajar en comunidad por un salario”.

Con estas palabras deja en claro el contenido político a emplearse para la ejecución de una auténtica Reforma Agraria, que será la primera a ejecutarse  en América Latina con un profundo contenido social y sin características minifundistas, sino que dieron impulso al sistema cooperativo agrícola y ganadero. Como decía el Che “…no puede llamarse revolucionario el gobierno que diga que va a hacer o que haga una reforma agraria tibia; revolucionario es el gobierno que hace una reforma agraria cambiando el régimen de propiedad de la tierra, no solamente dándole al campesino la tierra que sobra, sino y principalmente, dándole al campesino la que no sobre, la que está en poder de los latifundistas, que es la mejor, que es la que rinde más, y es además la que le robaron al campesino en épocas pasadas”.

Militante antimperialista

Cuba luego de su triunfo revolucionario y de la nacionalización de fábricas, empresas, bancos, educación, comercio exterior, de los bienes de la burguesía  imperialista y nativa, y de sus playas debido a que las mejores estaban en manos privadas de nacionales y extranjeras quedó en el ojo de la torme nta del imperialismo norteamericano  que hasta hora se encuentra.

Eso sin contar su declaración de país socialista, por denunciar y despertar las causas del subdesarrollo, de las desigualdades, de la opresión, del saqueo e invasión imperialista, de la violación a los derechos humanos y por reivindicar la solidaridad entre los pueblos.

El imperialismo no ha cambiado su razón de ser y existir, amparándose en su ley de seguridad nacional; en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico continúa invadiendo países ricos en recursos naturales y minerales estratégicos, apropiándose de manera inmediata en alianza militar con los países europeos a través de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); promueve dictaduras civiles y militares en el África y Asia, en América Latina apoya a los gobiernos de derecha, a los que en la última década se disfrazaron de socialistas del siglo XXI con la finalidad de permitir el continuado saqueo de los recursos naturales estratégicos, apropiarse de inmensas extensiones de tierras fértiles y depredando todo tipo de bosques para dedicarlos a la agroindustria.

Luego de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo norteamericano bajo el argumento de brindar ayuda económica para el desarrollo de América Latina crea organismos como la Alianza para el Progreso y mecanismo de ayuda económica para el desarrollo de los pueblos a cambio de lograr el bloqueo a Cuba; recuérdese la creación de instituciones de crédito como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID); luego el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y el Tratado de Libre Comercio (TLC) que impuso el sistema económico-político neoliberal a través del empleo de la fuerza mediante cruentas dictaduras civiles o militares. Todo con la finalidad de impedir el desarrollo tecnológico, científico e industrial de los países subdesarrollados para que continúen siendo productores de materias primas.

El imperialismo continúa generando guerras y conflictos étnicos para vender el armamento fabricado por el Complejo Militar Industria (CMI) norteamericano, que es de carácter privado; en el campo político-ideológico atacó por todos los medios y por todos los flancos hasta lograr la caída y casi desaparición del sistema socialista mundial y el desprestigio de la izquierda marxista; propagandizó el fracaso del denominado socialismo real, con la finalidad de proclamarse victorioso e imponer al mundo la hegemonía unilateral norteamericana.

Así el  imperialismo intentó e intenta aniquilar a la Revolución Cubana y la lucha antimperialista que busca despertar e impulsar a los pueblos del tercer mundo en su lucha hasta lograr su independencia política y económica; planteamientos que ningún gobierno norteamericano nunca lograrán, debido a que las causas que las provocan están presente y vigentes hoy más que nunca a pesar de haber transcurrido 57 años del pronunciamiento del Che en su discurso en Punta del Este (Uruguay) durante la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la Organización de los Estados Americanos (OEA), el 8 de agosto de 1961.

La Revolución Cubana “…es un hecho especial que ha hecho hervir la sangre de los imperios del mundo y también hervir la sangre, pero de esperanza, de los desposeídos del mundo, al menos. Es una revolución agraria, antifeudal y antimperialista que fue transformándose por imperio de su evolución interna y de las agresiones externas, en una  revolución socialista y que lo proclama así, ante la faz de América: una revolución socialista. Una revolución socialista que tomó la tierra del que tenía mucha, y se la dio al que estaba asalariado en esa tierra, o la distribuyó en cooperativas entre otros grupos de personas que no tenían ni siquiera tierras donde trabajar, aun cuando fueran asalariados”.

Es una revolución que ha reafirmado la soberanía nacional y, por primera vez, ha planteado para sí y para todos los pueblos de América y para todos los pueblos del mundo la reivindicación de los territorios injustamente ocupados por otras potencias.

(…) Es una Revolución con características humanistas. Es solidaria con todos los pueblos oprimidos del mundo; solidaria, señor presidente, porque también lo decía Martí: “Todo hombre verdadero  debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre”. Y cada vez que una potencia imperial avasalla un territorio les está dando una bofetada a todos los habitantes de ese territorio. Por eso, nosotros luchamos indiscriminadamente sin preguntar el régimen político ni las aspiraciones de los países que luchan por su independencia; luchamos por la independencia de los países, luchamos por la reivindicación de los territorios ocupados. Apoyamos a Panamá, que tiene un pedazo de su territorio ocupado por los Estados Unidos. Las llamamos  Malvinas y no Falkland, a las del sur de la Argentina, y llamamos Isla del Cisne a la que Estados Unidos arrebató a Honduras y desde donde nos está agrediendo por medios telegráficos y radiales”.

En la página 408 del mismo texto, describe magistralmente como el imperialismo a lo largo del tiempo ha ido generando conflictos y guerras entre países latinoamericanos para extraer sus recursos naturales y entregarlos a los grupos monopólicos norteamericanos; nos dice también que para garantizarles su explotación asegurar sus ganancias y evita la intromisión de monopolios de otros continentes. Mantiene en vigencia la tristemente célebre doctrina Monroe, la pugna político-ideológica de la guerra fría sustituida por una aparente lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Estos argumentos los continúa utilizando para mantener el bloqueo contra Cuba e  impedir el avance y conformación de movimientos insurreccionales o revolucionarios para la construcción del socialismo.

“América fue campo de la lucha interimperialista y las ¨guerras¨ entre Costa Rica y Nicaragua; la segregación de Panamá; la infamia cometida contra Ecuador en su disputa contra el Perú; la lucha entre Paraguay y Bolivia; no son sino expresiones de esta batalla gigantesca entre los grandes consorcios monopolistas del mundo, batalla decidida casi completamente a favor de los monopolios norteamericanos después de la segunda guerra mundial. De ahí en adelante el imperio se ha dedicado a perfeccionar su posesión colonial y a estructurar lo mejor posible todo un andamiaje para evitar que penetren los viejos o nuevos competidores de otros países imperialistas”.

El comandante Ernesto Che Guevara, en su mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, publicado el 16 abril de 1967 manifiesta: “El campo fundamental de la explotación del imperialismo abarca los tres continentes atrasados: América, Asia y África. Cada país tiene características propias, pero los continentes, en su conjunto, también las presentan.

América constituye un conjunto más o menos homogéneo y en la casi totalidad de su territorio los capitales monopolistas norteamericanos mantienen una primacía absoluta. Los gobiernos títeres o, en el mejor de los casos, débiles y medrosos, no pueden oponerse a las órdenes del amo yanqui. Los norteamericanos han llegado casi al máximo de su dominación política y económica, poco más podrían avanzar ya; cualquier cambio de la situación podría convertirse en un retroceso en su primacía. Su política es mantener lo conquistado. La línea de acción se reduce en el momento actual, al uso brutal de la fuerza para impedir movimientos de liberación, de cualquier tipo que sean”.

El Che Guevara fue el delegado diplomático para ejercer la defensa de la Revolución Cubana en foros y organismos internacionales como la Organización de los Estados de Americanos (OEA) y la Organización de Naciones Unidas (ONU), en las Asambleas de los Países No Alineados (NOAL); también para que establezca relaciones de cooperación y amistad con los países socialistas agrupados en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), de manera especial con la URSS y la República Popular China.

En su discurso pronunciado en Argel, el 24 de febrero del año 1965, luego de haber visitado los países del campo socialista de manera especial a la URSS y China Popular, el comandante Ernesto Che Guevara realizó una crítica severa a las relaciones de intercambio entre ellos con los países en vías de desarrollo, expresando a manera de reclamo que: “…el desarrollo de los países que empiezan ahora el camino de la liberación, debe costar a los países socialistas. Lo decimos así, sin el menor ánimo de chantaje o de especularidad, ni para la búsqueda fácil de una aproximación mayor al conjunto de los pueblos afroasiáticos; es una convicción profunda. Creemos que con este espíritu debe afrontarse la responsabilidad de ayuda a los países dependientes y que no debe hablarse más de desarrollar un comercio de beneficio mutuo basado en los precios que la ley del valor y las relaciones internacionales del intercambio desigual, producto de la ley del valor, oponen a los países atrasados.

¿Cómo puede significar beneficio mutuo vender a precios de mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimiento sin límite a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente?

Si estas son las relaciones, los países socialistas son en cierta manera cómplices de la explotación imperial. Se puede argüir que el monto del intercambio con los países subdesarrollados, constituye una parte insignificante del comercio exterior de estos países. Es una gran verdad, pero no elimina el carácter inmoral del cambio. Los países socialistas tienen el deber moral de liquidar su complicidad tácita con los países explotadores de Occidente”.

“Cada vez que se libera un país, dijimos, es una derrota del sistema imperialista mundial, pero debemos convenir en que el desgajamiento no sucede por el mero hecho de proclamarse una independencia o lograrse una victoria por las armas en una revolución; sucede cuando el dominio económico imperialista cesa de ejercer sobre un pueblo. Por lo tanto a los países socialistas les interesa como cosa vital que se produzcan efectivamente estos desgajamientos y es nuestro deber internacional, el deber fijado por la ideología que nos dirige, el contribuir con nuestros esfuerzos a que la liberación se haga lo más rápida y profundamente que sea posible.

Internacionalista

Ernesto Che Guevara, desde el inicio de su actividad política demostró ser un internacionalista a carta cabal, gracias a su gran sensibilidad y a su humanismo marxista adquiridos por haber conocido de cerca los problemas económicos, sociales, de salud, de empleo de los sectores  pobres de Latinoamérica. Luego de consolidarse la Revolución Cubana, como ejemplo para América Latina y el mundo decidió continuar por la vía insurreccional  la liberación de los pueblos del mundo, con la finalidad de terminar con el colonialismo, neocolonialismo, la invasión militar, el saqueo y apropiación de recursos naturales renovables y no renovables de los países del tercer mundo.

Así lo expuso en el mensaje a los pueblos del mundo a través de  la Tricontinental, el 16 de abril de 1967, en donde denuncia la intervención imperialista norteamericana en América Latina, Vietnam, Laos y la continuidad neocolonialista de los países europeos en África y Asia.

Intervencionismo descarado que obliga a Ernesto Guevara a denunciar la arremetida política, militar y diplomática anti cubana. “Bajo el slogan ‘no permitiremos otra Cuba’ se encubre la posibilidad de otras agresiones a mansalva como la perpetrada contra Santo Domingo o anteriormente la masacre de Panamá y la clara advertencia de que las tropas yanquis están dispuestas a intervenir en cualquier lugar de América donde el orden establecido sea alterado, poniendo en peligro sus intereses. Esa política cuenta con una impunidad casi absoluta; la OEA es una máscara cómoda por desprestigiada que esté; la ONU es de una ineficiencia rayana en el ridículo o en lo trágico”.

Fue una voz solitaria en el combate desigual que llevaba el pueblo heroico de Vietnam en contra del imperialismo norteamericano; reclamó insistentemente del apoyo político, diplomático de la ex Unión Soviética y de la República Popular China, en lugar de disputarse como una zona geopolítica importante entre estos dos países, para después disputarse con el imperialismo norteamericano; Guevara en el mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental reclama:

“Vietnam, esa nación que representa las aspiraciones, las esperanzas de victoria de todo un mundo preterido, está trágicamente solo. Ese pueblo debe soportar los embates de la técnica norteamericana, casi a mansalva en el sur, con algunas posibilidades de defensa en el norte, pero siempre solo. La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxitos al agredido, sino de correr su misma suerte; acompañarlo a la muerte o la victoria.

Cuando analizamos la soledad vietnamita nos asalta la angustia de este momento ilógico de la humanidad. El imperialismo norteamericano es culpable de agresión; sus crímenes son inmensos y repartidos por todo el orbe. ¡Ya lo sabemos, señores! Pero también son culpables los que en el momento de definición vacilaron en hacer de Vietnam parte inviolable del territorio socialista, corriendo los riesgos de una guerra de alcance mundial, pero también obligando a una decisión a los imperialistas norteamericanos. Y son culpables los que mantienen una guerra de denuestos y zancadillas comenzada hace ya buen tiempo por los representantes de las dos más grandes potencias del campo socialista”.

El 11 de diciembre de 1964, en el discurso pronunciado en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el comandante Guevara hace una defensa ejemplar a la política internacional cubana y a los países africanos de manera especial a la República del Congo, en el cual los belgas había asesinado al dirigente Patricio Lumumba y expresa su punto de vista sobre la denominada coexistencia pacífica:

“De todos los problemas candentes que deben tratarse en esta Asamblea, uno de los que para nosotros tiene particular significación y cuya definición creemos debe hacerse en forma que no deje dudas a nadie, es el de la coexistencia pacífica entre Estados de diferentes regímenes económico-sociales. Mucho se ha avanzado en el mundo en este campo, pero el imperialismo -norteamericano sobre todo- ha pretendido hacer creer que la coexistencia pacífica es de uso exclusivo de las grandes potencias de la tierra. Nosotros expresamos aquí lo mismo que nuestro presidente expresara en El Cairo y lo que después quedara plasmado en la declaración de la Segunda Conferencia de Jefes de Estado o de Gobierno de países No Alineados: que no puede haber coexistencia pacífica entre poderosos solamente, si se pretende asegurar la paz del mundo. La coexistencia pacífica debe ejercitarse entre todos los Estados, independientemente de su tamaño, de las anteriores relaciones históricas que los ligara y de los problemas que se suscitaren entre algunos de ellos, en un momento dado”.

“Quería referirme específicamente al doloroso caso del Congo, único caso en la historia del mundo moderno que muestra cómo se pueden burlar con la más absoluta impunidad y con el cinismo más insolente el derecho de los pueblos. Las ingentes riquezas que tiene el Congo y que las naciones imperialistas quieren mantener bajo su control son los motivos directos de todo esto. En la intervención que hubiera de hacer, a raíz de su primera visita a las Naciones Unidas, Fidel Castro advertía que todo el problema de la coexistencia entre las naciones se reducía al problema de la apropiación indebida de riquezas ajenas y hacía la advocación siguiente: «cese la filosofía del despojo y cesará la filosofía de la guerra.» Pero la filosofía del despojo no sólo no ha cesado, sino que se mantiene más fuerte que nunca y, por eso, los mismos que utilizaron el nombre de las Naciones Unidas para perpetrar el asesinato de Lumumba, hoy en nombre de la defensa de la raza blanca, asesinan a millares de congoleños”.

“Nuestros ojos libres se abren hoy a nuevos horizontes y son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar; que la «civilización occidental» esconde bajo su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales. Porque nada más que ese nombre merecen los que han ido a cumplir tan «humanitarias» tareas al Congo. Animal carnicero que se ceba en los pueblos inermes; eso es lo que hace el imperialismo con el hombre, eso es lo que distingue al «blanco» imperial”.

En mismo discurso el Che alerta y convoca a la movilización continental y mundial a luchar contra el imperialismo, la burguesía transnacional y nativa por la liberación de los pueblos:

“Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo, nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle el sueño. Nos consideraban rebaño impotente y sumiso y ya se empieza a asustar de ese rebaño, rebaño gigante de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierten ya sus sepultureros el capital monopolista yanqui.

La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se ha elegido, la vienen señalando con precisión también de un extremo a otro del Continente. Ahora esta masa anónima, esta América de color, sombría, taciturna, que canta en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño, ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza a sufrir y a morir, porque ahora los campos y las montañas de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades, en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos casi quinientos años burlados por unos y por otros.

Ahora sí la historia tendrá que contar con los pobres de América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se los ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin término de cientos de kilómetros, para llegar hasta los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, en un lado y otro, cada día, ocupando las tierras, afincando sus garfios en las tierras que les pertenecen y defendiéndolas con sus vidas; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas; haciéndolas correr en el viento, por entre las montañas o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará más. Esa ola irá creciendo cada día que pase. Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.

Porque esta gran humanidad ha dicho « ¡Basta!» y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente. Ahora, en todo caso, los que mueran, morirán como los de Cuba, los de Playa Girón, morirán por su única, verdadera e irrenunciable independencia”.

Siempre alentó y apoyó a los jóvenes para el trabajo revolucionario

En su discurso del 20 de octubre del año 1962 expresaba  “que debe ser un joven comunista” “… deben ser la vanguardia de todos los movimientos” (…) “Los primeros en el trabajo, primeros en el estudio, primeros en la defensa del país”, (…)“…tener una gran sensibilidad ante todos los problemas, gran sensibilidad frente a la injusticia; espíritu inconforme cada vez que surge algo que está mal, lo haya dicho quien lo haya dicho. Plantearse todo lo que no se  entienda; discutir y pedir aclaración de lo que no esté claro; declararle la guerra al formalismo, a todos los tipos de formalismo…”.

“El joven comunista debe proponerse ser siempre el primero en todo, luchar por ser el primero y sentirse molesto cuando en algo ocupa otro lugar. Luchar por mejorar, por ser el primero. (…) Ser un ejemplo vivo, ser un espejo en donde se miren los compañeros que no pertenezcan a las juventudes comunistas. (…) se plantea a todo joven comunista ser esencialmente humano, ser tan humano que se acerque a lo mejor de lo humano, purificar lo mejor del hombre por medio del trabajo, del estudio, del ejercicio de la solidaridad continuada con el pueblo y con todos los pueblos del mundo, desarrollar al máximo las sensibilidad hasta sentirse angustiado cuando se asesina a un hombre en cualquier rincón del mundo y para sentirse entusiasmando cuando en algún rincón del mundo se alza una nueva bandera de libertad”.

Exposiciones que lo hacía con insistencia para que juventud se interese y se integre al proceso revolucionario, les fundamentaba el porvenir que les esperaba porque ellos eran y son los cimientos del desarrollo de Cuba, ejemplo que deberían seguir los jóvenes del mundo. La juventud no se integraba en los niveles que el gobierno deseaba, querían los dirigentes que se interesen por los graves y grandes problemas que empezaba a atravesar el país por el inicio del bloqueo norteamericano y que los planteaba claramente el gobierno porque eran problemas que tenían que resolverlos no solo los dirigentes revolucionarios sino la población aglutinados ya en diferentes organizaciones de masas.

En su discurso denominado “La Juventud y la Revolución” del 9 de mayo de 1965, dijo: “…la insistencia que continuamente les he hecho, es para que no dejen de ser jóvenes, no se transformen en viejos teóricos o teorizantes, conserven la frescura de la juventud, el entusiasmo de la juventud. Sean capaces de recibir las grandes consignas del Gobierno, transformarlas internamente y convertirse en motores impulsores de todo el movimiento de masa, marchando a la vanguardia”. Por otra parte, hay que balancear y jerarquizar. Estas son las tareas que debe cumplir la juventud. Ahora ustedes han hablado de la revolución técnica. Este es uno de los aspectos más importantes, de las tareas más concretas, más adaptadas a la mentalidad de la juventud. Pero la revolución técnica no puede irse sola, porque revolución técnica está sucediendo en el mundo…”

Dialéctico siempre, sabe que los países por él nombrados han llegado a la cumbre del desarrollo por el continuo avance e impulso a la investigación científica en todas sus formas. “En los Estados Unidos,  Francia, Inglaterra,  República Federal Alemana na revolución técnica y no tienen nada de países socialistas; entonces, la revolución técnica debe tener un contenido de clase, un contenido socialista y para eso se necesita que haya en la juventud la transformación necesaria para que sea auténtico ese motor impulsor; es decir, se vayan liquidando todos los resabios de la vieja sociedad que ha muerto. No se puede pensar en la revolución técnica sin pensar al mismo tiempo en una actitud comunista ante el trabajo y eso es sumamente importante. Si no hay actitud comunista frente al trabajo, no hablen de revolución técnica socialista”.

Sabe también que el avance y desarrollo de los pueblos depende de quién sea el dueño o poseedor de la técnica (léase ciencia),  porque si está en manos privadas serán quienes se enriquezcan aceleradamente sin importarles en lo mínimo la suerte de un país, hasta de la humanidad. Al contrario, si la ciencia o la técnica son controladas por un gobierno o Estado socialista ésta pasará a dar satisfacciones inmensas a su patria y al mundo; así deja entrever el Che en su discurso pronunciado el 29 de agosto de 1963, en el Encuentro Internacional de Estudiantes de Arquitectura:

“…ustedes, estudiantes del mundo, no olviden nunca que detrás de cada técnica hay alguien que la empuja, y que ese alguien es una sociedad, y que con esa sociedad se está o se está contra ella. Y que en el mundo hay los que piensan que la explotación es buena, y los que piensan que la explotación es mala y que hay que acabar con ella. Y que, aun cuando no se hable de política en ningún lado, el hombre político no puede renunciar a esa situación inmanente a su condición de ser humano. Y que la técnica es un arma y que quien sienta que el mundo no es perfecto como debiera ser, debe luchar porque el arma de la técnica sea puesta al servicio de la sociedad, y por eso rescatar antes a la sociedad para que toda la técnica sirva a la mayor cantidad posible de seres humanos, y para que podamos construir la sociedad del futuro, désele el nombre que se quiera. Esa sociedad con la que nosotros soñamos, y a la que nosotros llamamos, como le ha llamado el fundador del socialismo científico, el comunismo”.

NOTA: Las definiciones e intervenciones del comandante Guevara han sido tomadas de la Colección Nuestra América, Ernesto Che Guevara. Obras 1957-1967, Casa de las Américas, T#2.

*Estudió Sociología en la Universidad de Cuenca; realizó un curso de Educación Política en la Escuela “Julio Antonio Mella” de la Habana Cuba y ha participado en seminarios nacionales e internacionales.

Militó en el Socialismo 35 años, fue secretario general y presidente Provincial del Partido Socialista Ecuatoriano, luego del Partido Socialista-Frente Amplio y miembro de la Directiva Nacional del Partido Socialista Frente Amplio, se ha desempeñado como Director Austral del Instituto de Educación Laboral -INEL- de la CEOSL, fue asesor político de la Federación Provincial de Trabajadores del Azuay -FETLA-, Concejal Suplente, ex Vicepresidente del Tribunal Electoral del Azuay.

Ha publicado: “Imperialismo, Deuda Externa y Militarismo en América Latina”; “Apuntes Sobre Democracia y Globalización”; “Gutiérrez: Edecán del Imperio”; “Entre el Consenso de Buenos Aires y el Socialismo del siglo XXI”; Falsa Revolución; La Derecha Disfrazada y El Maridaje del Correísmo con los Grupos Económicos del Ecuador.