UBER VS TAXIS AMARILLOS EN QUITO. Por Michel Laforge

Foto referencial de Pichincha Universal.

Viajar en taxi es siempre una oportunidad de intercambiar ideas o informaciones con un perfecto desconocido. En Quito, la experiencia es generalmente agradable: para los pasajeros experimentados, los habituales intercambios iniciales sobre el clima (en particular, sobre las posibilidades de lluvia) o sobre el estado del tráfico (variante ligada al estado del asfaltado de las calles), pueden llevar rápidamente a abordar temas que se pueden volver mucho más personales, como la política local o nacional (la huida de Houdini-Alvarado me ha dado personalmente material para varios viajes) o consideraciones de la utilidad de los feriados.

Personalmente evito los temas deportivos, ya que todos los choferes sobrepasan ampliamente mi pobre instrucción futbolística y detectan rápidamente que no puedo ser un buen interlocutor para discutir de los méritos del entrenador de la selección o de la última performance de tal o cual jugador en el fútbol mexicano.

Por supuesto, también puede uno encontrar almas oscuras, que le sueltan a uno lo más tranquilamente barbaridades racistas, machistas o xenófobas, pero son los menos.

Uno de mis temas favoritos es entender cómo funciona el sistema de taxis en la ciudad y en particular, porqué es uno de los sectores económicos donde todavía funcionan cooperativas, modelo de organización que por ejemplo en el sector agropecuario,  nunca fue realmente adoptado por los campesinos ecuatorianos. O cómo es el proceso de regularización de aquellas compañías-o cooperativas- que funcionan en las parroquias aledañas a Quito y que, pese a las promesas del gobierno anterior, nunca han terminado de legalizarse.

¿Recuerdan aquello de que debían pintarse de amarillo y rojo o amarillo y negro?…pues parece que eso ha sido completamente abandonado, pero por supuesto, no la necesidad de tener un GPS y un taxímetro. Algunos choferes aseguran que este requerimiento está ligado a los intereses económicos de algunas autoridades presentes o pasadas del tránsito municipal, que tienen empresas que venden taxímetros…lo que nos lleva a reflexionar sobre la ridiculez de querer imponer estos requisitos supuestamente modernos a ciertas empresas de transporte público en la era de Uber.

Con Uber, ya no es necesario disponer de un GPS para la ubicación, ni un taxímetro a $750 para calcular el precio de la carrera: un celular hace todo este trabajo y además, calcula ese mismo precio antes que uno se haya subido en el carro. Es una revolución tecnológica que, con un poco de suerte, quebrará a los eventuales funcionarios-empresarios y podría mejorar la experiencia del pasajero quiteño.

Sin embargo, se le pueden hacer a Uber las mismas observaciones que en otras ciudades: es una competencia desleal porque no se preocupa de pagar las prestaciones sociales de sus “socios-conductores” (aunque no estoy tan seguro de que los choferes de taxi convencionales estén todos cubiertos por la seguridad social) y sobre todo, no paga ni un dólar de impuesto por su actividad económica en el Ecuador, es decir, por el sólo hecho-genial, estamos de acuerdo-de haber inventado una plataforma digital super eficiente, se llevan, según mis fuentes-socios-conductores, fuera del país 25% del monto de cada carrera.

Claro, con Uber tienes la impresión de estar en la modernidad, a la moda, de ser ciudadano del mundo y todo eso; además,pareciera que escogen realmente a gente con cierto nivel de educación, en carros usualmente muy bien cuidados. Sin olvidar la experiencia increíble de ver a tu transporte acercarse en un mapita en tu celular, de saber el nombre del chofer por adelantado y tener la certidumbre de cuánto te va a costar ese gusto. Por el momento, y aunque Uber no es legal en Quito, tiene abiertas oficinas en la ciudad y como dice uno de sus “socios-conductores”, “hasta los funcionarios de la agencia de tránsito utilizan sus servicios”.

Además, uno de los puntos importantes de Uber es que no corres el riesgo de que te contesten un “no voy para allá” airado, como si ciertos sectores de la ciudad fueran zonas inaccesibles o contagiosas. Sólo introduces la dirección y la aplicación te propone mágicamente un precio. Y los socios-conductores tienen un máximo de carreras que pueden ignorar.

Entonces ¿Uber o no Uber?

Faltaría sobre todo investigar otras opciones, que ya están disponibles en la ciudad y que presentan ciertas de las ventajas del pedido de la carrera por celular, sin tener la desventaja de quedarse con el 25% del monto de la carrera y llevarse las ganancias fuera del país. Mientras tanto, sigue disfrutando de Uber y meditando sobre cómo tus monedas llegan a la estructura legal y fiscal de la compañía en los Países Bajos (Uber BV) o ¿será en las Bermudas (Uber International CV)?

#LosDeApie

Nos interesa tu opinión. Haz un comentario, comparte tus experiencias