DARÍA MI VIDA SOLO PARA QUE LA SUELTEN: MEMORIAS DE UNA MADRE. Por Yanera Constante

Yanera Constante en los exteriores de la Fiscalía de Tungurahua al cumplirse 8 años de la desaparición de su hija. Foto: cortesía @Covidefem

Testimonio recogido y editado por Darío Iza Pilaquinga*   

Mi nombre es Yanera Constante, mamá de Giovanna Paulina Pérez Constante, de 19 años. Ella nació el domingo 23 de junio de 1991 en Ambato. Estaba cursando el tercer semestre de la carrera de Auditoria en la Universidad Técnica de Ambato cuando fue desaparecida. Giovannita desapareció el sábado 4 de diciembre de 2010 y dentro de todo el tiempo de espera y búsqueda, también hay irregularidades y falta de investigación por parte de agentes y fiscales como en las desapariciones de Juliana Campoverde o Angie Carrillo.

Ella también tiene un presunto y principal sospechoso de su desaparición, a quien conoció el 3 de diciembre en una reunión de amigos a la que mi hija asistió con su prima y su mejor amiga.

Como es normal, en cualquier persona o por ser propio de su edad, ambos compartieron en medio de la reunión sus números telefónicos y él la llamó al día siguiente, precisamente el 4 de diciembre. Andrés L. el nuevo amigo y ahora principal sospechoso la llamó en la mañana a las 10:45, luego a las 5:31 pm y finalmente a las 5:38 pm. Además le escribió 15 mensajes de texto desde las 8:15 de la mañana y el último a las 5:39 de la tarde. Estos datos están en el expediente, pero lamentablemente, Edison Villegas, primer fiscal encargado de la investigación de la desaparición de Giovannita no actuó con suficiente diligencia. No realizó investigaciones rápidas que ayuden a detener al sospechoso, al contrario le dio tiempo para que la familia “lo ponga como desaparecido”.

Pero qué raro, él desaparece de su propia casa. Él supuestamente bajó a desayunar y ya no lo encuentran. También es raro que pocos días antes de su “desaparición” presuntamente le robaron su teléfono celular. Siento que esas son mentiras y contradicciones de su familia, incluso en las versiones dadas a la Fiscalía se contradicen y mienten en la cara de los fiscales.

Ante la falta de celeridad, yo misma he elaborado un expediente con la información concerniente a la desaparición de mi hija. Ese compilado he entregado en la Asamblea Nacional, a Fiscalía General del Estado, pero ¡Nunca pasa nada! No sé si se tomaron el tiempo de leer lo que dejo, pero todo sigue igual.  Mi hija sigue desaparecida.

La persona que desapareció a Giovanna, también desapareció

Giovanna Pérez, de 19 años, desapareció tras conocer a Andrés L. Foto: archivo de la familia.

Giovannita salió el sábado 4 de diciembre de 2010 rumbo a la Unidad Educativa Rodríguez Albornoz, donde estudiaba su hermana menor, pero en horas de la tarde se comunicó conmigo y me contó que iba al cine con un chico, al que había conocido el día anterior en una reunión de amigos. Después de esa conversación no volví a hablar con mi hija. La buscamos en el cine, en salas de diversión y en morgues, pero después de ocho años no tenemos información para dar con su paradero.

Antes de desaparecer mi hija recibió llamadas y mensajes de texto y mientras mi hija asistía a unos repasos de villancicos en el colegio Julio Albornoz donde estudiaba su hermana menor, también recibió una llamada para encontrarse con este joven, es más una persona ve a mi hija a una cuadra de la casa de los padres de Andrés L. esa es la última persona que la ve, no hay más pistas certeras.

Cuando no sabíamos en dónde estaba Giovannita quisimos poner la denuncia, pero nos dijeron que teníamos que esperar 48 horas. Esperamos todo el sábado y domingo y en el transcurso de la semana siguiente (lunes) pusimos la denuncia. Nos asignaron un agente para iniciar las investigaciones, pero el principal sospechoso suspendió su línea telefónica, cerró su cuenta de Facebook, incluso dicen que se despidió de su enamorada y le ha dicho que va a regresar después de cuatro años. Esta información se ha conseguido después de varias investigaciones, es más la familia del sospechoso no quiso entregar la computadora del joven y solo después de 3 años -a través de la Fiscalía – logramos recuperar esa computadora que ya había sido manipulada, ya no se puede sacar ninguna información.

Andrés L. despareció el 12 de diciembre, ocho días después de la desaparición de mi hija Giovanna. Antes que él “desaparezca” fue llamado a dar versión, pero él no acudió ni en la primera citación, ni a la segunda, pero rara coincidencia, ocho días después desaparece de su propia casa.  Puedo pensar, que en esos días tuvo el tiempo suficiente para planificar junto a su familia su escape o que simplemente se justifique su ausencia como desaparición y así no rinda cuentas y diga qué mismo pasó con mi hija, porque Andrés L. es el principal nexo que tiene la Fiscalía. No entiendo por qué la Fiscalía aceptó la denuncia de la desaparición de Andrés, si él está vinculado al caso de la desaparición de mi hija. No tiene sentido, ni siquiera el supuesto hecho tiene una coartada lógica, a diferencia del caso de Giovanna, hay pruebas de que él llamó a mi hija y quedaron en verse.

Además es extraño porque – incluso- su hermana Rosario L. puso la denuncia como desaparecida, pero nunca lo ha buscado. Ella mismo dice que no busca a su hermano, que no ha pedido ayuda para buscarlo y más justifica diciendo que el primer fiscal de su caso le dijo: tenga perfil bajo. No entiendo, esos argumentos. Ni siquiera difundió la imagen de su familiar, eso es muy extraño. Lo mismo dice su mamá a los fiscales, les dice: que ella no dirá nada porque está a cargo su hija, no hay mayor preocupación de ella.  A mí, eso no me cabe en la cabeza ¿cómo es posible que una madre no se preocupe o que diga eso?  Yo siento que tienen esa actitud, porque en verdad ellos saben en dónde está Andrés L.

Ante tanta indiferencia, yo le he dicho a Rosario L., sometámonos a la prueba del polígrafo, pero ni ella ni su abogado acceden. Justifican que el uso de esa herramienta no es legal, pero en mi situación yo estoy dispuesta a someterme a cualquier tipo de pruebas como dicen -el que nada debe, nada teme- pero siempre tratan de escapar, incluso Rosario L. al inicio de la investigación, dijo que había contratado a un investigador privado, pero en la última audiencia cuando le preguntaron por él, dijo que no tenía su contacto, que no conocía su nombre. Yo digo ¿cómo no sabe a quién contrata o a quién pagó? La duda es si esta persona en realidad existió o simplemente es una invención para evadir responsabilidad.

Fiscalía de soluciones rápidas

Imaginen, que hubiese sido de mí, si mi caso no caía en la Fiscalía número 1, entre comillas, de Soluciones Rápidas. Imaginen si caía en soluciones Lentas…en esta Fiscalía no se dedican exclusivamente a personas desaparecidas, se dedican entre otras, a tratar novedades sobre vehículos perdidos, letra de cambios, cheques, insultos. En fin, es una miscelánea de trámites que maneja la Fiscalía que investiga el caso de mi hija. En la provincia de Tungurahua no hay una Fiscalía que se dedique exclusivamente al tema de desaparecidos.

Los agentes realizan – sobretodo- actividades de tipo administrativo. Además, no tienen la suficiente capacitación ni especialidad para investigar casos de personas desaparecidas. Ante ello, lo que siempre he pedido al Estado es que se preocupe de la formación de agentes y fiscales ecuatorianos y que realice una inversión para capacitarlos con peritos internacionales.

Mis comentarios y denuncias siempre han sido públicas, incluso he realizado el señalamiento directo sobre el posible vínculo de Andrés L. en la desaparición de mi hija, pero ni así los familiares de este muchacho han salido a desmentir. ¿Qué significa eso? ¿Por qué no lo buscan? Hay versiones dentro del expediente que indican que vieron a mi hija cerca de la casa de Andrés ¿por qué no se dice nada más?

Hay muchas coincidencias en un informe de 2014. La entonces enamorada de Andrés L. declaró que en la computadora de él encontró un archivo en donde estaba una canción en inglés que le dedica a ella y en su letra decía muñequita en cuatro años regresaré, pregunta a Mateo y extrañamente coincide con tres declaraciones que afirman haber visto a Andrés en 2014, pero claro con su fisonomía cambiada. Esa versión la dio una persona que, por motivos de seguridad, pidió a la Fiscalía que se reserve su identidad, además apoyó en la elaboración de un identikit.

Otras versiones indican que le vieron entrando a la casa de la hermana con un familiar y que en esa ocasión vestía una capucha y una gorra. Allí, le dijeron a Andrés que él no tenía que estar ahí, pero que al final le dijeron que entre a la casa. Con toda esa información y pese a que he tenido conversaciones con el principal de la Dinased no ha cambiado en nada la situación. ¡Todo está estancado! Él, resaltando su experiencia en investigación de personas desaparecidas coincide en que Andrés L. tiene que ver con la desaparición de mi hija. Me dijo: o bien es responsable directo o sabe qué pasó con Giovannita, porque es extraño que haya abandonado todo: dos carreras, su vida o bien fue autor intelectual o sabe qué pasó y por eso huyó.

Este 4 de diciembre de 2018, mi hija cumplió ocho años desaparecida. Desde los primeros días, “empapelamos casi todo el Ecuador”, nos volvimos locos buscándola. ¡He pasado años de depresión! ¡No se imaginan mi vida como era! ¡Era una suerte de zombi, no hablaba con nadie! Los fines de semana pasaba en mi cama casi no comía, solo me levantaba al baño y cuando llegaba el lunes lo único que podía hacer era pedir a Dios que me de fuerzas para ir a trabajar. ¡Me convertí en una mujer ermitaña, llena de soledad y tristeza! Mis ojos ni un solo día han parado de llorar.

Pienso que solo Dios y mi hija que está junto a mí me mantienen viva, pero pese a todo el dolor seguimos toda la familia buscando a Giovannita en las circunstancias que ella se encuentre, sea con vida o si Dios se la quitó, pero que no quede en la impunidad y que los cómplices y encubridores paguen por todo el daño que nos causaron.

La computadora del sospechoso

En las marchas, plantones y reuniones, la familia Pérez Constante muestra el rostro de Andrés L. como principal sospechoso de la desaparición de Giovanna. Archivo de Asfadec.

Rosario L. en una de sus declaraciones le dijo al Fiscal que ella sin conocer la clave entró a la cuenta de Facebook de su hermano Andrés L. y que sin saber qué hizo “presionó una teclita” y que con esa acción se bloqueó el Facebook. Pero, quién cree eso… Si para entrar al Facebook o bien tienes iniciada la sesión o sabes la clave, pero sin contraseña es imposible entrar a la cuenta de alguien. Incluso, dentro de la cuenta, una persona debe seguir una serie de pasos y al final poner el motivo por el que cierra la cuenta y no con un solo botón. La historia de la supuesta “teclita” solo sugiere, que eso no pasó y que en realidad antes que Andrés L. se vaya, cerró su cuenta o dio la orden para que la cierren.

Para acceder a la computadora se envió varios oficios, pero la hermana del sospechoso nos decía: la computadora está donde un amigo y así se daban las vueltas, no nos querían dar la computadora. Tuvieron que pasar tres años y medio para que nos den, pero los técnicos que revisaron la máquina nos dijeron que había sido manipulada y que no se podía sacar nada de información, sin embargo, pudimos sacar algo: algunos contactos de sus amigos se les ha citado para que den versiones, pero ellos no colaboran, dicen que no saben nada, no dan información, incluso niegan que el sospechoso haya estado con mi hija.

He pedido entre varias cosas, que se haga una pericia de las direcciones IP, en la que se sepa el lugar desde donde se cerraron la cuenta, pero nada se ha hecho. Todo trámite demora mucho. No hay la suficiente empatía para ponerse en mis zapatos. No es lo mismo buscar un vehículo que una persona o que hagan un oficio para tramitar una letra de cambio o una diligencia con otra entidad. Para hacer cualquier documento se demoran y eso que estoy ahí presionando –tal vez hasta les caiga mal por presionar, por pasar un día a la institución. Esa lentitud ha llevado a que el caso de mi hija después de 8 años no se resuelva.

Versiones contradictorias

En 2017, Sebastián V., amigo de Andrés L., rindió una versión en la que dijo: Andrés L. usaba drogas, que se “pepeaba”, pero en 2018 cuando la Fiscalía lo llamó para que amplíe su versión llegó acompañado de Salomón L., el mismo abogado patrocinador de Rosario L. Entiendo que es abogado de libre ejercicio, pero es mucha casualidad, incluso eso no es todo, sino que, en esa ampliación de versión, Sebastián negó todo lo que había dicho hace menos de un año. Él dijo que no había dicho eso, que su amigo solo consumía licor. El fiscal sorprendido, dijo: pero su versión está firmada por usted mismo. Sebastián, respondió: no me leyeron, yo no sé lo que firmé.

Esa suerte de indiferencia de los propios familiares de Andrés L. sobre su supuesta desaparición fue corroborada por el propio agente a cargo de la investigación de ese “caso”. El agente, me dijo: ellos no me llaman, no preguntan nada, yo tengo que llamar, yo tengo que visitarles,  incluso dentro de una de las versiones en esa investigación el agente que estuvo a cargo de ese “caso”, dice: “presumiblemente, Andrés L. se cambió de identidad y esté fuera del país”. A esto se suma la “actitud de resistencia de Rosario L., al hecho de pegar afiches con el rostro de su hermano”. No solo que no quieren dar información a los agentes, sino incluso a medios de información de Ambato, cuando le invitan y quieren apoyar con espacios para difundir información del caso se niegan.  No acepta.

Siento que tienen miedo, sobre todo a las repreguntas, “saben que si no está su abogado presente pueden dar información que les delate”. El abogado de esa familia, dentro de las versiones, ha cuestionado las preguntas del fiscal para que Rosario L. no responda.

Plan de recompensas

El sospechoso en la desaparición de mi hija resulta que también está desaparecido, él estudiaba en la Pontificia Universidad Católica de Ambato (Uniandes), incluso está en el plan de recompensa. En el proceso investigativo hace dos años se hicieron exámenes de luminol en la casa de la mamá y papá del joven. Hemos ido con los perros que olfatean osamentas, pero no hemos encontrado nada. Pero por versiones de los amigos del principal sospechoso, nos dijeron que a mi hija le han enterrado por el cerro Casigana (2939 m.s.n.m.). Fuimos a la montaña durante una semana con todas las autoridades, grupos especiales en la búsqueda, pero encontramos el cadáver de otra persona que había desaparecido hace un año y medio.

En ese barrido no encontramos a mi hija, pero siempre hay comentarios que está  por un lado, que le han hecho desaparecer, que le han enterrado por otra parte. Con los agentes y el fiscal hemos recorrido muchas quebradas y montañas, pero lamentablemente no la hemos encontrado. Lo que también nos han dicho es que el principal sospechoso ha estado por la ciudad entre el 2013 y 2014. Eso quiere decir, que no está desaparecido, sino escondido. Ojalá podamos encontrar a Andrés L. para saber qué hizo con mi hija, porque el diario vivir de un padre es bien duro, solo pienso que Dios me da la fortaleza para poder seguir luchando, investigando, tratando de localizar al principal sospechoso y saber que pasó.

Estado: cinco fiscales en siete meses

Los principales problemas que hemos afrontado es la lentitud de Fiscalía para cualquier trámite, mínimo tardan dos semanas, incluso en ocho años, según versión del Estado vamos por el noveno fiscal, pero esa versión es inconsistente a la cantidad de huecos temporales que el propio informe de Fiscalía me entregó, si bien se señala que pasaron nueve personas a cargo de la investigación en determinados meses, no se señala qué pasó en otros meses en los que no se señalan nombres. Eso se entendería como que no hubo fiscal encargado, como que estuvo abandonada la investigación, pero incluso el Estado no agrega dentro del listado de nombres a Lorena Cárdenas, fiscal encargada, de quién jamás me podré olvidar.

Ella fue una persona muy indolente y cruel porque cuando yo acudía a su oficina a consultar si hay novedad o avances en la investigación, respondía de una manera muy déspota y decía: “Señora, porque la busca, si ya ha de estar muerta”, esas palabras, lo único que hacían eran deprimirme más.

Incluso, hay una ocasión que, en siete meses me cambiaron cinco fiscales, eso significa un promedio de un fiscal por mes y medio, lo que se traduce en un abandono real de siete meses. En estos momentos, el proceso de investigación de mi hija tiene 39 expedientes con 3925 fojas, hay mucha información en todas esas páginas, números telefónicos, pero más allá de eso, no han realizado operaciones técnicas como triangulación de llamadas, ni verificar la cantidad de llamadas al mismo número. Llenan de información, pero sólo sirve para archivar. ¡Eso sólo es volumen, papeles!

Edison Villegas fue el primero fiscal que conoció el caso de Giovannita y quien ordenó la suspensión de la medida cautelar justificando en que Giovanna era mayor de edad y que por esa condición ella pudo haber huido con Andrés L. y dijo: que no era necesario buscarla, pero eso no fue todo, sino que solicitó que se archive la causa de mi hija. Dijo, que la desaparición de una persona mayor de edad por sí sola no constituye un delito, sin embargo, el fiscal de ese entonces, Iván Garzón, no aceptó el pronunciamiento del Villegas y delegó a otro fiscal para que continúe con la investigación.

Estoy segura que si el entonces fiscal Villegas realizaba las diligencias oportunas se hubiesen conseguido resultados, hubiésemos sabido qué pasó y de ser el caso, Andrés L. no hubiese escapado.

En esa desesperación de no saber qué paso en los primeros años hicimos afiches con el rostro e información de mi hija, encontramos gente de buen corazón que nos apoyó. Publicamos incluso una recompensa por 15 mil dólares y en esa ocasión nos encontramos con malas personas que trataron de aprovecharse de nuestro dolor, claro que nosotros estábamos dispuestos a conseguir el dinero de cualquier forma, incluso “estaba dispuesta a vender el alma al diablo”. Por mi hija, yo daría mi vida. Solo poderla abrazar y  mira, daría mi vida solo para que la suelten. Han sido muchos años de tristeza, de dolor, visitando medios de información y autoridades; y  realizando oficios a la Presidencia de la República, al Ministerio del Interior, a la Fiscalía General del Estado, al Comité Permanente de Derechos Humano y a la Gobernación de Tungurahua. También somos integrantes desde el inicio de la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas e Ecuador (Asfadec) en donde todas y tods compartimos nuestro dolor.

Ecuador: Desaparecidxs y el derecho a verdad y justicia

En octubre de 2018, Yanera Constante junto a Elizabeth Rodríguez denunciaron los casos de personas desaparecidas ante la Comisión Intereamericana de Derechos Humanos (CIDH), en Estados Unidos.

 

Sabemos lo que significa ese dolor, saber que cada día que pasa, cada día que anochece le pido a Dios que en cualquier lugar que la tenga, la bendiga. Cada momento, cada recuerdo, mientras camino, como o cuando veo a mi otra hija veo a Giovannita, son muy parecidas en su físico, siento que la veo.

Pese a toda nuestra lucha, pese a que fuimos los familiares de personas desaparecidas quienes visibilizamos con nuestra organización esta problemática nacional, el actual presidente de la República, Lenín Moreno, no nos ha escuchado. Desde el gobierno se dispone diálogo con todos los sectores, pero a nosotros no nos escucha. Nosotros entendemos que el Estado es responsable de la desaparición de  personas por acción u omisión,  tiene toda la responsabilidad.

*Educomunicador por la Universidad Central del Ecuador. Compilador de la memoria y defensor de derechos humanos.  Este testimonio fue recuperado del programa de radio “Ayúdanos a Encontrarlos (5 de diciembre, 2015) entrevista a Yanera Constante y Mauro Pérez. Producción de Asfadec a través de Rayuela. El programa completo puede ser escuchado en: https://goo.gl/PyGont