¡LA LEY DE COMUNICACIÓN, AL PAREDÓN! Por Carlos Villacís Nolivos*

Con 75 votos afirmativos, el Pleno de la Asamblea Nacional aprobó la reforma a la Ley de Comunicación. Foto: Asamblea Nacional.

La extraña relación entre destino y casualidad a la que se hizo referencia en el anterior artículo “La insoportable levedad comunicacional del sillón vicepresidencial” tiene en esta coyuntura un correlato necesario. ¿Qué va a pasar con los contenidos de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC)? Ahora que la Asamblea Nacional dio paso a las reformas que convierten a la LOC en una normativa ‘light’ es justo no quedarse en la superficie y reflexionar sobre los temas de fondo.

Hay algunos temas vertebradores que ameritan debates, criterios, posturas y consensos entre sectores ciudadanos, sociales, populares y universitarios. Mirar estos temas requiere de una profunda dosis de autocrítica, pues la situación actual es resultado de errores en la aplicación por parte de los gobiernos de turno, de ataques insensatos por parte de gremios periodísticos, de pasividad de parte de la ciudadanía y de incomprensible silencio por parte de las universidades.

Aquí algunos temas para discutirlos:

  • La necesidad de la regulación en el ámbito de la comunicación se dio por muchos de los abusos cometidos por parte de medios de comunicación privados antes de 2007. Sin embargo, la creación de aspectos punitivos en la LOC empleados por el poder de turno para castigar a sus contrincantes políticos devino en un abuso desde el lado opuesto del espectro mediático. A esto se unió la conformación de un holding de medios gubernamentales que reproducen hasta ahora solo el criterio oficial -lo que hace que no sean públicos- y genere resistencias en ciertos sectores.
  • Esto generó el caldo de cultivo perfecto para una ofensiva de los dueños de los medios con respaldo de ciertos estamentos sociales en contra de la regulación mediática. En otras palabras, la reacción de los grupos de poder económico fue posible por los errores de algunos segmentos de izquierda que llegaron al poder. En este punto es necesaria una autocrítica profunda de parte de los movimientos políticos y sociales, de las izquierdas, de las universidades y de los periodistas, quienes por mucho tiempo levantaron la bandera de la regulación y la democratización de la propiedad de los medios. Es momento de rescatar estas luchas y reencauzarlas.
  • La LOC requería reformas y era obvio que organismos como la Superintendencia de la Información y Comunicación (Supercom) se convirtieron en el símbolo de la censura oficial. Su actuación se limitó a cuestionar a los medios y en ningún momento, desde ningún estamento del correísmo, se promovió la proclamada democratización de los medios. Los intentos de construir medios comunitarios aún siguen en entredicho por la poca eficacia del financiamiento y se ha cuestionado desde múltiples sectores a procesos como el concurso de frecuencias.

El trasfondo de todo esto fue que el anterior gobierno nunca entendió la comunicación como un proceso social sino que la minimizó a un instrumento funcional al ejercicio político. Fue propaganda y publicidad, más no comunicación. Los diez años del correísmo, en términos regulatorios, fueron interesantes aunque con poca capacidad de autocrítica, pero en términos de democratización comunicacional fueron deficitarios. Hay una deuda pendiente aquí. Una vez más, la responsabilidad recae tanto en quienes impulsaron la LOC desde el Estado y que fueron incapaces de hacerla un instrumento de poder social, como en las propias organizaciones políticas, sociales, comunicacionales y académicas que no encontraron las metodologías, las reflexiones y las estrategias adecuadas a la exigencia histórica de transformar la comunicación, incluyendo el ejercicio periodístico.

  • Parece que el camino hacia la autorregulación impulsada por los dueños de los medios y respaldada por los gremios periodísticos está expedito. Hacia allá apuntan las reformas que pasaron al segundo debate y que fueron aprobados en la noche del 18 de diciembre de 2018, como el fin del código deontológico y del linchamiento mediático. Hacia allá apuntaba también la infausta propuesta de terminar con la exigencia de la profesionalización para el ejercicio periodístico, que afortunadamente no encontró cabida gracias a la enorme resistencia expresada en las redes sociales. Ante esto queda la pregunta: ¿ese es el futuro de la comunicación y el periodismo en el Ecuador?
  • El tema de las frecuencias de radio y televisión es un tema político. El proceso del anterior gobierno ha sido cuestionado y se habla de un nuevo proceso. Según reseña la nota de El Comercio, una asambleísta socialcristiana propuso una transitoria que viabiliza un nuevo proceso de concesión y renovación de frecuencias. “Así, por ejemplo, a pedido de Cristina Reyes, del Partido Social Cristiano (PSC), se incluyó una transitoria relacionada con la renovación de las frecuencias de radio y televisión. ‘Se renovarán por única vez las concesiones de frecuencia de radio y televisión, previo al informe jurídico y técnico sobre el cumplimiento de las obligaciones establecidas en los respectivos contratos de concesión y cuyo plazo haya vencido previo a la fecha de promulgación de la presente Ley en el Registro Oficial’, indica el texto. Este era un pedido de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión (AER)”, señala la publicación de medio capitalino. (1)
  • Si hay un tema que preocupa sobremanera es la poca o nula participación en este debate de parte de las universidades de tercer y cuarto nivel donde existen facultades o carreras de Comunicación Social. No hubo mayores propuestas de estas instituciones en los diez años del correísmo y actualmente tampoco. Es cierto que hubo docentes y estudiantes que presentaron propuestas durante el debate previo a la aprobación de la Ley de Comunicación en la Asamblea, pero no ha existido reflexión permanente sobre los temas relacionados al ejercicio profesional en función del marco legal existente. ¿Se debate sobre la autorregulación, la censura previa o el linchamiento mediático en las clases que se dictan en las facultades? ¿Se han construido propuestas permanentes y sostenidas sobre la democratización de la comunicación y el periodismo desde las universidades y sus estamentos? ¿Se han movilizado para provocar debates dentro y fuera de la universidad? Probablemente haya iniciativas y eso es loable, pero hay poca presencia institucionalizada de la educación superior para generar aportes teóricos y prácticos a los asuntos planteados en esta coyuntura. No hay una o varias corrientes universitarias que generen influencia social como para provocar reflexiones y crear conocimiento sobre estos procesos.
  • Otro tema preocupante es la inexistencia de medios públicos reales. La manera como informan los medios en poder del Gobierno actual no difiere de la forma como lo hacían con sus antecesores. Son medios gubernamentales. ¿Dónde está la ciudadanía?

Sin duda, faltan muchos temas por analizar y sobre los cuales es pertinente un debate amplio y con autocrítica. Es responsabilidad de la ciudadanía entera que lo acontecido en los años de vigencia de la LOC no se quede en la anécdota, la historia, la polémica o la casualidad. Como se ve, nada es fortuito y se debe abrir los ojos para leer los contextos y mejorar las interpretaciones que se hagan de ellos. El que tiene ojos para ver… que vea. El debate está abierto y la lucha también.

*Es comunicador social. Ha desempeñado la docencia universitaria, el periodismo en medios de comunicación privados y públicos, trabajos de consultoría y ejercicio profesional en el sector público.