EL TIEMPO DE CHALECOS AMARILLOS Y DE LOS PSEUDO REVOLUCIONARIOS. Por César R. Espín

Las protesas convocadas por los chalecos amarillos ha sumado a miles de personas. Foto: Reuters

¿Cómo sería realmente una verdadera revolución anticapitalista si sucediera en estos tiempos? Esta es una pregunta que ha estado pasando por mi mente, y la de muchos, a medida que los actuales acontecimientos se desarrollan en Francia.

El Movimiento Gilets Jaunes o Chaleco Amarillo ha organizado por cuatro sábados consecutivos, sorprendentes y masivas movilizaciones en toda Francia contra el régimen neoliberal de Macron, convirtiendo una protesta social, en un intento de insurrección popular.

El sábado 8 de diciembre hubo más de mil arrestos en torno a las multitudes que ocuparon el centro de París y que han causado estragos generales desde Toulouse hasta Burdeos y desde Nantes a Marsella. Las protestas incluso se extendieron a Bruselas en Bélgica.

Mientras que  muchos empresarios capitalistas de Francia se quejan de que las protestas ya les han costado millones de euros en ganancias perdidas justamente en el período previo a la Navidad, a Macron, también le ha pasado un coste y revés político en cuanto ya ha dado marcha atrás y suspendido durante seis meses la subida del impuesto a los carburantes.

A primera vista, este es el sueño de todo radical. Miles de personas están tomando las calles, bloqueando carreteras, preparando quema de barricadas, resistiendo a la clásica represión policial con sus gases lacrimógenos, cañones de agua y vehículos blindados.

Hasta ahora, el movimiento ha pasado por alto todas las estructuras organizadas habituales de los sindicatos y los partidos políticos y no hay duda de por qué ha podido mantener su impulso. El movimiento, no tiene líder y sus miembros se oponen ampliamente a la autoridad para tomar decisiones. En un comunicado, explicaban que si ellos nombraban  “representantes” y “voceros”, eventualmente los volvería pasivos y peor aún reproducirían rápidamente el sistema y actuando de arriba hacia abajo como los cabecillas que gobiernan.

La protesta y revuelta de los Chalecos Amarillos es de un anticapitalismo que ellos han aprendido de la vida real y no desde líderes e intelectuales, ni tampoco de las páginas de un libro o panfleto de izquierda. Todo tipo de personas han saltado a bordo de esta rebelión y aunque no necesariamente hablan un mismo lenguaje ideológico perfeccionado, su sentimiento y motivación es claramente anti-capitalista, anti-sistema y anti-jerárquico.

La “democracia” francesa es tan falsa como la “democracia” estadounidense o la ecuatoriana y los que están en el poder, harán todo lo que sea necesario para mantenerla. Así el Estado francés ya ha amenazado con disparar directamente contra los manifestantes si es necesario. Esto se puede constatar fácilmente en la enorme cantidad de policías en las calles y la violencia que obviamente se ha desatado contra los rebeldes  chaleco-amarillos (no boinas rojas).

Para el movimiento anti-sistémico de los Chalecos Amarillos, el reto es aglutinar mas grupos y movimientos verdaderamente independientes de la sociedad civil marginada y explotada para derribar el enorme poder que tiene el propio sistema. Dicho esto, el Estado sabe que no podría contener a la población de todo el país si se alzara con suficiente energía al mismo tiempo.

El sistema posee un enorme poder de propaganda y control social. Se le dice constantemente al público francés que la rebelión se está agotando, que ha sido secuestrada por extremistas (extrema derecha o extrema izquierda, dependiendo de la audiencia a la que se dirige), que ha caído en el vandalismo, etc. Se le dice al público también que el movimiento es solo sobre los precios del combustible o que es peligrosamente “populista” o ¡Todo ha sido organizado por los rusos! Afortunadamente, cada vez más personas en Francia están viendo todo esto como una manipulación mediática desde poder, un poder que siempre ha usado todos sus medios posibles para agredir y devastar para luego mostrarse como el “principal” defensor de los derechos humanos y la “democracia”.

Al mismo tiempo, ha habido una respuesta alentadora de los radicales en Francia y más allá. Después de un escepticismo inicial acerca de la naturaleza del movimiento, la gran mayoría de la verdadera izquierda revolucionaria ha decidido que el movimiento de protesta debe ser apoyado activamente y sus elementos reaccionarios deben ser impulsados desde adentro y afuera, sin ningún tipo de imposición ni coacción.

Supongo que ya saldrán aquellos “activistas” e “izquierdistas” de concierto, de retórica copiada y cafetín a querer tomar ventaja de esta lucha y calcar sus discursos. Estos pseudo-activistas de izquierda (que a menudo se los ve usando gorras verde olivo o en su defecto boinas) que siempre han usado la retórica de la resistencia y la verdadera revolución para venderse políticamente, darse a conocer como “revolucionarios” o lograr alguna atención que nunca tuvieron para su status quo, verán esta rebelión como oportunidad política desde el confort de sus reductos.

El tiempo justo ha llegado para que esta rebelión sin portavoces ni representantes políticos haga temblar los cimientos de un sistema cruel, egoísta y desastroso. También ha llegado el tiempo para que los pseudo revolucionarios se escabullan silenciosamente en sus nichos y curules; y, preparen sus fatuos discursos para reproducirlos inmediatamente en las redes sociales que son sus espacios de camuflaje ideológico y dejen que la multitud indignada, iracunda e incontrolable se manche con su propia sangre en su intento de asaltar las corruptas ciudadelas del poder.