LA CRISIS GLOBAL QUE SE AVECINA Y LA NECESIDAD DE RESISTIR. Por Bayardo Tobar*

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Lo que los economistas de pensamiento neoliberal y el “frente económico con visión empresarial” recomiendan como  la única vía para reactivar la economía ecuatoriana: deprimir salarios y precarización laboral. Sin embargo, estas recetas son consideradas por analistas internacionales como la causa de la desaceleración y de una nueva e inminente recesión de la economía global en el 2019.

Para Joseph Stiglitz, en la desaceleración proyectada para el 2019: pesa un factor que nunca había sido tan grave como hasta ahora: la caída general de las rentas salariales acompañada, en algunas áreas económicas, por una precarización laboral tóxica para la demanda de consumo e, indirectamente, para la de inversión. En términos sencillos, tal y como se ha repetido con frecuencia, salarios deprimidos y contratación precaria no pueden sostener el crecimiento económico durante mucho tiempo”. El Editorial del diario español El país, corrobora el diagnóstico: “Así pues, hay razones para temer una desaceleración global; pero el origen está en el agotamiento del modelo basado en la depresión salarial y los contratos temporales.”

De otro lado, las previsiones sobre una potencial crisis financiera -más grave que la del 2008- se fundan en el sobreendeudamiento. Así lo reconoció hace poco la directora gerente del FMI, Christine Lagarde: “La deuda total acumulada en el mundo es un 60% superior a la que había en 2007, justo antes del estallido de la crisis financiera, y equivale a 182 billones de dólares”. El problema no es la deuda en sí, a pesar de su enormidad, sino el endurecimiento de las condiciones financieras, resultado del alza de la tasa de interés y la apreciación del dólar.

A los dos factores señalados, desaceleración y sobreendeudamiento, hay que sumar la guerra comercial del gobierno de  Donald Trump contra China y la Unión Europea que amenaza con acelerar el estallido de la crisis.  A manera de ejemplo, la disminución de las ventas de Apple en el mercado chino principalmente, al finalizar el 2018, provocó de inmediato la caída del valor de sus acciones en Wall Street y la alerta en los mercados financieros. Y, dado que el sistema global no se reduce a un conjunto de procesos económicos, el detonador de la crisis no puede ser solamente económico sino geopolítico, militar, institucional, etc.

Es importante destacar que el origen de la crisis  económica que se anuncia se encuentra en las medidas implementadas para salir de la crisis del 2008. En efecto, los billones de dólares y euros de los contribuyentes utilizados por los gobiernos de Estados Unidos y de la Unión Europea para salvar a los bancos, al precio de demoler el “Estado de Bienestar”, dejar sin vivienda y sin empleo a millones de familias, recortar criminalmente  las pensiones jubilares, entre otros. En efecto, se inundó de iliquidez al sistema, bajó la tasa de interés a cero, precarizó las relaciones laborales y se reanimó el crédito, la inversión y la actividad económica, pero, los beneficios se concentraron en el 1% de la población. De esa manera, se incrementó la desigualdad económica. No es casual, por tanto, que antes de que se recuperen los niveles de crecimiento previos a la crisis del 2008, en las principales economías del mundo se adviertan ya signos de recesión y crisis financiera global.

Las previsiones sobre la economía mundial constituyen, desde luego, una mala noticia para la  economía ecuatoriana, dependiente de las exportaciones y con necesidades de financiamiento. Todo hace prever un menor ingreso de dólares al país por lo que se requiere un mayor y efectivo control de las salidas de divisas ya sea por la vía de las importaciones o de la incontrolada fuga de capitales a través de banca y las empresas off shore. En lugar de ello, el gobierno disminuye aranceles, el impuesto a la salida de capitales, el impuesto a renta y la inversión pública. Y como si eso fuera poco, a través del  consejero de la Presidencia de la República, se encuentra empeñado también en la subasta de empresas públicas y la privatización de la seguridad social, bajo el eufemismo de las concesiones y el “sistema mixto”. Es un proceso acelerado de desinstitucionalización de la economía, socavamiento de las finanzas públicas y de las posibilidades de reactivación económica. Al tiempo que los economistas de pensamiento neoliberal profundizan la campaña para obtener un crédito del FMI con el pretexto de fortalecer la liquidez y cubrir el déficit del Banco Central, pero en realidad, como sucedió en Argentina, es para financiar una mayor e imparable fuga de capitales.

A pesar de que la coyuntura electoral no favorece la reconstitución y acción de los movimientos sociales (muchos líderes, inclusive, ya han sido cooptados por el proceso electoral y figuran como candidatos), frente a los grandes grupos económicos que tratan de aprovecharse del shock externo para saquear de las arcas fiscales y apoderarse de las empresas públicas y la seguridad social, es el momento  de construir la resistencia. En lugar de adecuarse pasivamente a las tendencias dominantes a escala mundial y a la codicia de las élites es la hora de actuar para que esas tendencias se adecuen a las exigencias del país.

Parte importante de la resistencia es denunciar las falsedades que se difunden como verdades únicas: que para aumentar en empleo hay que bajar los salarios; que para que crezca la economía hay que bajar los impuestos, que el bienestar social es el resultado residual del crecimiento económico, que no hay que gastar más allá de los ingresos, etc. Al contrario, si se revisan las estadísticas internacionales y nacionales, se comprueba que los países que tienen renta per cápita más alta son los que tienen impuestos más altos, o que los países donde han bajado los salarios son los que tienen menos empleo y los que han subido los salarios son los que tienen más empleo. Finalmente, ni los hogares ni los gobiernos jamás han logrado, por mucho tiempo, gastar menos de los ingresos. El equilibrio fiscal al igual que el libre mercado es más fantasía que realidad.

*Contenido publicado originalmente en ISIP