CRÓNICA DE ANARQUISTAS EN LA CALLE DEL PUERTO. Por Tomas Rodríguez León

Puerto de Guayaquil.Foto: Ministerio de Transporte y Obras Públicas.

En Guayaquil se constata peligro y alegría,   calor y locura. Ciudad portuaria que desde la rivera de su gran río se aproxima al mar. Tiene evidente sobredosis de libertad, muy propicia a la anarquía en su gente. Se vive a veces   una caricatura existencial y esa experiencia se   ensaya mirando furtivamente a un poeta, a aquel de verbo extraño que por doquier camina o a ese otro terrorista auténtico de la no convencionalidad.

El escritor porteño subyace en la cotidianidad o en la espontaneidad del verbo. Libres transeúntes, no escriben ni una sola palabra porque están dedicados a vivirla, Así era Carlos Julio Arosemena, intelectual porteño que no escribió nada y que cuando le preguntaron porque no escribía sus memorias respondió “porque las estoy viviendo”.

Existir desde la ausencia del reconocimiento sí que es una anarquía. El individuo se la lanza a la multitud sin presentar argumentos, porque su oferta es lo indecible y su suave violencia se verbaliza en oraciones de prosa poética, sin el menor cuidado.  Manera radical y absoluta de vivir para disparar palabras o mejor, aún para simplemente existir para sí mismo. “Harta demencia”

No hablare de todos, sino de   tres poetas de la calle, anarquistas que nadie conoce, casi ni yo mismo y juro que mi relato es fidedigno.

El primero

Rara vez en mi prosa y en mi prisa, lustro mis zapatos, pero  para hacerme de un tiempo que sobra, ante la  tarde  rojiza guayaquileña , con la humedad próxima del malecón llego armado hasta los dientes con dos libros, uno de Sartre y otro de Nietzsche, cuando dejo mis libros en el asiento para acomodarme, levanta su mirada el obrero del calzado, un sujeto de unos 50 años, me dice: -Sartre,  de seguro es usted partidario del existencialismo francés y sabrá de la Simone, Camus, Marleou Ponty, Kierkegaard…Casi caigo de  susto, un lustrabotas abre un diálogo imposible de entablarlo en la universidad de la cual formo parte como docente.

-Amigo es usted un intelectual -le digo

-Intente serlo en su momento y ahora me libere también de eso, contesta.

Pero su formación no es de cualquiera, continúe

-Bueno, no es mérito pero diré a mi favor que me forme como sociólogo en una universidad norteamericana y en psicología social tengo una mención.

-Pero amigo que hace acá

-Sacándole brillo a los zapatos de los caminantes, ser irresponsable, llegar a mi casa con respetabilísimas monedas y dormir sin preocupaciones ni cansancios burocráticos…también leer, es el último de mis vicios académicos

Así, al pie del Río Guayas se cataliza el sentimiento de un hombre libre consagrado a la calle, un sujeto solitario y humilde que lo hace con en el impulso de una ciudad porteña y proletaria.  La poesía, un suceso circundante,   es ajena al circuito cultural, a la retórica manoseada de salón, a la pereza institucional que dialoga con las formas. Es esta una poesía impregnada de libertad ya casi sin ira ni denuncia.  Rica melodía anarco existencial con elementos que no agrega gravedad ni dramatización al conflicto social, pero es un canto solidario de libertad, a no dudarlo

El segundo

Dice mi hermano que no sabe porque no se premia a la cachinería de Guayaquil con el premio Eugenio Espejo a la Cultura.  Y es verdad, todo intelectual que se respeta, visita con franqueza el único lugar del mundo donde encuentras el Canto General de Pablo Neruda, las leyendas de Becker o la poesía escogida e Machado a 50 centavos de dólar  y en forma sorprendente llegas a atrapar al vuelo dos discos CD de Edith Piaf por un dólar sin que hayan salido siquiera  de su empaque

Compromiso ideológico anarquista llegar a la cachineria a rescatar lo  que una burguesía agónica y culta  dejo como herencia a  hijos desaprensivos,  empresarios poco útiles que  lanzan a la basura lo que no deben (ojala lo sigan haciendo) para que un libertario en ciernes, escarbando un poco, como buscando tesoro en tierra, encuentre un reciclarte para alardear

Esta zona compartida de bandidos y poetas no invalida ni desmerece aquella identidad de un hombre que descubro al paso. Se trata de un viejo de unos 65 años, canas abundantes que no ocultan su rubia cabellera y de ojos azules intensos, sin camisa y sin los cuatro dientes centrales, este viejo vende grandes vidrios y yo necesito o me da la regalada gana de cómpralos. El tipo se ofrece llevármelos si le compró todos y aceptó la oferta.  En unos momentos llega con una chatarra en pie, un camioncito que rueda por historia y por derecho, igualito al del viejo ex revolucionario de la película Amores perros.  Dialogamos

– A dónde quiere que lo lleve, me dice.

Y medio clandestino en el lenguaje respondo: –Al Barrio Centenario, primer barrio burgués de Guayaquil.

-Ja ja ja contesta  su boca desdentada  haciendo brillar sus ojos azules – hemos sido vecinos-

Me sorprendo lo necesario y justo. Le pregunto de todo a tropel pues merece mi curiosidad, es usted manaba -no señor, guayaquileño de cepa, mis antecedentes son los de un héroe de la Independencia

-Qué hace en la cachinería

-Trabajo para joder. Tengo tres hijas la una es abogada, la otra médico y la otra ingeniera, se cabrean por lo que hago, pero yo disfruto…

Un burgués libertario, un poeta mugroso, un anarquista callejero que me deja complacido pero preocupado ¿será ese mi futro?

Poesía circulante en alcantarillas de pésima higiene, campo cultural guayaco, rinconcito arrabalero, corpus de libertad, reflexiono en silencio y me retiro

Va el tercero

Los conflictos del mundo del trabajo, la acción y la violencia de la burocracia pública y privada, las conferencias médicas, el terno flamante, el requisito para el trabajo de investigación, el premio del colegio de médicos…Todo, todo se va a la mierda para un reconocido cirujano plástico ¡Encima cirujano plástico¡ que decide liberarse y dejar la profesión  para ponerse un chaleco de vigilante y pito en mano dedicarse a parquear carros por $0.50 en Urdesa

Ya me lo habían advertido ¡El doctor se rayó, lo dijo en una plática un colega dueño de una clínica próxima!

Decido programar una espontánea charla pretextando parquear mi carro.  Si el anarquismo se autoproclama la ideología de la armonía, es menester recordar el verso Deja, deja que cante/ mi voz enronquecida no te espante/ que es mi rencor profundo/ ¡Quiero cantar la destrucción del mundo! el fin del mundo está próximo ¡Qué belleza¡ el fin prometido del mundo burgués y sus convencionalismos.

Me aproximo con algo de timidez, no vaya a ser que este rayado- me digo a mis adentros

– Qué dice mi doctor, digo fingiendo confianza de conocido

–  Como esta colega me responde sin perder postura ni dignidad, al ver mi mandil.

El hombre está bien vestido, erguido, impoluto e impertérrito

-Cómo así por acá, le digo familiarmente con un tono de quien no cuestiona sino que indaga con naturalidad su estancia

-Y ya ve, soy libre. Me harte de tanta formalidad y obligación cotidiana, como siempre lo repetimos los médicos hay que cambiar las rutinas a estilos saludables de vida

– Qué más puedo decir es un hombre libre

¿Ama usted la libertad?