¡VENEZUELA AID LIVE, YES, YES! ¡OH YES! Por Hugo Palacios (el búho)

Foto referencial

 ¡Belleza de concierto en la frontera colombo venezolana! Unas ganas de llorar con cada artista que aparecía. Se me fueron las lágrimas con Maluma y su genuino arte reguetonero. Casi me desmayo de la emoción con la reconciliación en vivo y en directo de Chino y Nacho, dos poetas de la epifanía posreguetonera. Felices los tres, los cuatro, todos.

Por poco y me convierto al escuchar a un motivador personal que parecía estar poseído, aleluya, amén. Enmudecí con los discursos de tanto famoso. Al borde del infarto con Maná, rayé el sol, la luna y las stars. Con Carlos Vives sentí lo que es una gota fría directa al heart; con Juanes me puse su camisa black. ¡Qué solidarios, qué demócratas, qué sensibles al dolor, a la pobreza y al hambre de los venezolanos! ¡Oh yes!

Y fueron más, muchos más. Paulina Rubio me sacó un suspiro añejo, porque me hizo recordar a ese hombre es mío o sea Guaidó es suyo. Diego Torres me hizo querer que se quiera, me fui a pintar la cara color esperanza o sea de franjas y estrellas. Me subió la bilirrubina al ritmo del Cristo merenguero de Juan Luis Guerra. El Puma Rodríguez sacó el pavo real que hay en my. Fonsi me estremeció despacito y Alejandro Sáenz me dejó el corazón partío. ¡Aplausos people!

Me imagino que organizarán una docena de conciertos por los pobres y necesitados de Colombia, por sus miles de muertos y desaparecidos, porque no hay día en que no asesinen a un luchador social. Por los empobrecidos de la Argentina, de Brasil, de Haití. Así vamos a tener conciertos de lujo para todo el año. Centenares de camiones con ayuda humanitaria. Si es así canto en dúo con el mismo Maluma las veces que sean necesarias, me sumo a la coreografía de Bosé, de Sáenz; toco el acordeón con Vives, soy el hombre de Paulina, y a dios le pido con Juanes y déjame llorar con Montaner. ¡Qué maravilla de humanitarios! ¡Alabado sea Washington!

Si ha sido de escribirle una cartita a ese tal multimillonario Richard Branson para que nos manden artistas y alimentos y medicinas. Uno de gana peleándose con el gobierno. A punta de conciertos con esos artistas y ya. Con tres conciertos al año cambiamos hasta de Presidente. Solo basta con que algún “guarever” se autoproclame Presidente y don Branson nos manda a su ejército de artistas. Facilito ha sido. De gana tanta campaña, tantas elecciones. Tontera.

Y para que el show sea completo hay que invitarle de ley al Presidente Uribe-Duque para que hable de derechos humanos. A Bolsonaro para que nos dé clases de democracia y de inclusión. A Piñeira para que nos explique lo que significa equidad. A Macri para escuchar sus sabias palabras en torno a cómo combatir la pobreza. A Don OEA Almagro para que nos avale un curso intensivo de inglés belicoso y a Lenín Moreno para una charla de autoayuda cuántica. ¡Oh yes!

Y claro, el sustancial apoyo de las grandes cadenas televisivas para que sean la pantalla perfecta de tanto amor a la humanidad, de tanta solidaridad almacenada en camiones, de tanta libertad en los micrófonos y en las cámaras y en el papel. Si algún país quiere conciertos a lo grande jure que tiene petróleo bajo tierra y listo. Queda descartado Haití por cometer el error de ser tan pobres y no ocurrírseles sembrar oro negro.

Que Maduro debe irse. Claro. Que es un impresentable. Obvio. Pero avalar a otro impresentable como Guaidó, y dar carta abierta a una intervención extranjera o una guerra civil, hay que ser bien trumpurulata.  Ese es un problema de venezolanos y son ellos los que deben resolverlo. Pero como Guaidó ya dijo que hay que evaluar todas las opciones, o sea, si toca pedir una manito de aviones y balas gringas, ya no es culpa. Total, Bolsonaro y Duque son amigos que abrirán sus puertas sin problema. Todo sea por la democracia y la libertad y la confraternidad… y el petróleo. Amén.