IDA Y VUELTA DEL FMI. Por Juan Cuvi*

Christine Lagarde, director general del FMI junto al presidente Lenín Moreno. Foto: @Lagarde

La derecha interpreta desde el prejuicio la oposición de la izquierda y de los movimientos sociales al Fondo Monetario Internacional (FMI). Piensa que se trata de un capricho o de un prurito ideológico. Le cuesta trabajo –­o no le conviene­­­­– aceptar que detrás de esta posición existen fundamentos políticos e históricos incuestionables.

El FMI es una institución liberal creada luego de la II Guerra Mundial para corregir las distorsiones administrativas del capitalismo. Su función apunta a optimizar el sistema a partir del fortalecimiento de las políticas proempresariales. Nunca ha cuestionado los mecanismos estructurales que generan desigualdad social.

Si la naturaleza de la izquierda se realiza en la búsqueda de alternativas al capitalismo, es obvio que se oponga a instituciones que trabajan por su perpetuación (aunque gran parte de la izquierda latinoamericana y europea parece haber extraviado este compromiso en los meandros de la burocracia progresista). Más todavía cuando las recetas que impone ese organismo ratifican la injusticia inherente al capitalismo: salvataje para los grandes grupos económicos, restricciones laborales para los pobres.

No es coincidencia que el FMI aparezca en momentos de crisis. Mejor dicho, cuando las épocas de bonanza empiezan a diluirse. Mientras la abundancia asegure una óptima acumulación de capital, no se preocupa mayormente por el desorden administrativo de los gobiernos. Así ha ocurrido desde la primera vez que intervino en el Ecuador, a finales de los años 50 del siglo pasado. Apenas terminó el boom bananero, el FMI hizo su entrada triunfal.

Con el primer boom petrolero, en los años 70, ocurrió algo similar. El FMI no intervino: simplemente dejó que las dictaduras militares se endeudaran como locas, para luego pasarle al país la factura de la parranda. Entonces aplicaron las medidas clásicas: alza de combustibles, privatización de los servicios públicos, congelamiento salarial, sucretización de las deudas, leyes trole, intentos de privatizar la seguridad social…

Con el segundo boom petrolero el país repitió el libreto, aunque con consecuencias más catastróficas. Una vez aterrizado el gobierno, luego del delirio modernizador de Correa, Alianza PAIS volvió al redil en el año 2014. Para guardar las apariencias, el régimen aceptó un monitoreo del FMI a control remoto. Pero fue imposible parapetarse detrás del discurso demagógico de la soberanía. Al final, tuvo que poner en práctica medidas que venían cocinándose desde mucho antes: explotación del Yasuní, fomento de las alianzas público-privadas, endeudamiento desaforado, venta del oro a Goldman Sachs, suscripción de un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea.

En síntesis, durante el correato se allanó el camino para la consolidación de las políticas neoliberales que hoy se están implementando. Lenín Moreno no hace más que cerrar la pinza que le heredó su antecesor, aprovechando la debilidad de los movimientos sociales y de la izquierda. Hoy se habla de concesionar empresas estatales, flexibilizar las normas laborales, ampliar la explotación del ITT, abrir el país a la voracidad de la minería, firmar más TLC… Son las piezas que le faltaban al rompecabezas.

*Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum – Cuenca. Ex dirigente de Alfaro Vive Carajo.