GLOSAS A LOS DICHOS DEL ENCUENTRO ENTRE MORENO Y GUAIDÓ. Por Mario Unda*

El Presidente de la República, Lenín Moreno, recibió en Salinas al mandatario interino de Venezuela, Juan Guaidó. Foto: Andres Reinoso/Presidencia de la República.

El 28 de febrero de 2019 se anunciaba que Lenín Moreno había invitado al autoproclamado “presidente interino” de Venezuela, Juan Guaidó, a visitar el Ecuador. La visita se concretó el 2 de marzo con la llegada de Guaidó, según se dice, en un avión de la fuerza aérea colombiana.

Democracias

Según Moreno, el proceso que sufre actualmente Venezuela es una vuelta “a la democracia”. Una afirmación así sólo muestra el modo estrecho y limitado en que Moreno entiende la democracia.

  • La democracia no es solamente el reemplazo de un gobierno por otro. Incluso los teóricos liberales son un poquito más ambiciosos: reclaman que ese reemplazo se produzca a través de elecciones universales y directas. Pero Guaidó no fue elegido presidente por el pueblo venezolano: se nombró él mismo en un mitin callejero sin seguir ninguna formalidad institucional (con las que gusta recubrirse la democracia liberal).
  • Por otro lado, Guaidó es representante de un sector de la derecha opositora que siempre se opuso al diálogo y que explícitamente ha rechazado el cambio de gobierno a través de elecciones, optando por salidas violentas. ¿Cómo esperan que se produzca el cambio? Durante un buen tiempo han esperado que el gobierno de Maduro simplemente se desplome solo. Las movilizaciones populares son utilizadas como accesorio para presionar un derrumbe, un golpe o una invasión; y parece ser que hacia allí se dirigen también los acuerdos a los que Guaidó anunció haber llegado con sectores de trabajadores públicos.

Pero, si el derrumbe no ocurre, no quedan más que dos salidas: o alguna variante de golpe militar (incluso dentro de un escenario de movilizaciones), o una intervención militar extranjera. Los auspiciantes de Guaidó, con el gobierno de Trump en primera fila, apuestan evidentemente a este último escenario. Lo prueba la serie de “advertencias” acerca de respuestas rápidas y contundentes si se ataca o se detiene a Guaidó, si Venezuela ataca a Colombia, etc.; es decir, la búsqueda hipócrita de pretextos inventados, como le gusta a la diplomacia estadounidense… ¿No se ha enterado el señor Moreno de la falsedad de la denuncia de Estados Unidos en la ONU respecto a las “armas de destrucción masiva” que, según ellos, tenía Irak? ¿Esos son los procesos democráticos que exalta ahora Moreno?, ¿cómo imagina que se van a llegar a obtener resultados democráticos a través de métodos antidemocráticos y autoritarios? Salirse de un régimen autoritario no significa caer mágicamente en la democracia: el resultado será seguramente autoritarismo y violencia, sólo que de otro signo.

  • Y eso por no hablar del programa: por lo que se les ha escuchado, ya no se trata de un gobierno que convoque a elecciones “lo más rápido posible”, pues, dicen, seguramente se requerirá más tiempo. ¿Más tiempo para qué? Para despedir grandes masas de trabajadores, para rebajar o eliminar impuestos a los grandes empresarios, para multiplicar los precios de los bienes y servicios. ¿Qué democracia es aquella que avizora medidas antipopulares? Ah, es verdad: finalmente, es el mismo programa al que Moreno ha ido deslizándose desde el inicio de su mandato. Pero que compartan el recetario neoliberal no los convierte en democráticos, ni a uno ni al otro.

Liderazgos

Al recibirlo en Salinas, Moreno le habría dicho a Guaidó que «pronto volverá la democracia a Venezuela y que el país está a la espera de las directrices “de quien lidera este proceso que es usted”.» Esto seguramente es uno más de los chistes tipo motivador que a Moreno le gusta hacer y que hace tan mal. Apenas se había proclamado, Guaidó recibió el reconocimiento del gobierno de Donald Trump. En su presencia en el concierto realizado en Colombia apareció, nada más y nada menos, que junto al vicepresidente de Estados Unidos. Su mayor carta de triunfo son los tweets y los mensajes de Trump y de funcionarios estadounidenses. ¿Es que alguien que se cobija tan abierta y diligentemente a la sombra de un poder extranjero puede “liderar” alguna cosa?

Autodeterminaciones

Otro momento de interés ocurrió cuando Moreno le confió a Guaidó uno de sus últimos descubrimientos. Según la nota de prensa, “Moreno recordó que en un inicio tuvo una postura de respeto a la autodeterminación del pueblo y que a través del diálogo se llegue a un final feliz, pero que lastimosamente la tozudez del gobernante se ha convertido en sintomática”.

Eso es casi una declaración de principios (o de falta de principios, si se mira bien), porque significa el abandono completo de la soberanía como criterio para orientarse en las relaciones internacionales en un mundo tan conflictivo como el actual, un mundo en el que las grandes potencias se disputan nuevamente el reparto del mundo. Y, si ya no es la soberanía, no queda más que el acomodamiento y la sumisión. Por eso el abandono de la búsqueda de salidas pacíficas: es el sometimiento a la política violentista que empuja el gobierno de Trump.

Pero la justificación es casi peor: “la tozudez” de Maduro… ¿Y en qué se diferencia esa tozudez de la tozudez de la oposición de derecha? Los desatinos políticos del madurismo (esa triste degeneración del chavismo) tienen su claro espejo en los desatinos políticos de la oposición de derecha radical.

A propósito de lo anterior, una pequeña nota cronológica

El 23 de enero, Moreno había reconocido la ficticia “presidencia interina” de Guaidó, el 20 de febrero anunciaba un “acuerdo técnico” con el FMI -acuerdo del que no se han molestado en aclarar las políticas que derivarán, aunque cualquiera puede imaginárselo- y el 28 de febrero invitaba a Guaidó a una reunión en Ecuador.

Simetrías y paralelos

El gobierno de Moreno es la expresión de la degradación del populismo correísta. El populismo, como forma bonapartista que es, obtiene su fuerza de los conflictos inestables que sacuden a la sociedad en situación de un cierto empate de fuerzas, y de su habilidad para “cabalgar” sobre ellos.

Pero el morenismo nació debilitado, fruto del debilitamiento del correísmo en su última fase. Un debilitamiento acentuado por la ruptura áspera entre Moreno y Correa. Moreno trató de recomponer el equilibrio a través de los diálogos y de la consulta popular.

Su perspectiva de equilibrios parece haber sido la de lograr acuerdos puntuales y diversos con los distintos sectores. Lo expresó de modo claro durante los últimos cambios de gabinete: gobernar la economía con el “centroderecha” y las políticas sociales con el “centro izquierda”. Pero se trata de un equilibro imposible, porque ambas cosas jalan para distinto lado, y finalmente la economía se impone. Deseoso de asegurar su alianza con los grandes capitales, Moreno se imposibilitó de llegar a acuerdos decentes con los sectores populares, y finalmente terminó dilapidando la condescendencia ciudadana con que inició su gobierno. El resultado es que ahora, a medio camino, se ve llevado a ceder cada vez más y en todo a los intereses de los grandes capitalistas, al tiempo que cae en picada en las encuestas.

Y como una cosa lleva a la otra, este reciente episodio de política internacional deleznable no es más que la consecuencia del derrotero iniciado.

Una forma particular de degradación populista. Pero no es una sorpresa: finalmente, el desplazamiento hacia políticas neoliberales y a retomar acuerdos con el FMI lo había iniciado el propio Correa en la última fase de gobierno. Finalmente, también, el populismo latinoamericano, lejos de haber llevado algún norte fijo de política e ideología, se ha caracterizado por estos bandazos y desplazamientos, sobre todo al comenzar procesos de crisis: con los mismos o con distintos personajes; en tiempos cortos o en trayectos más largos; incluso dentro de un mismo período de gobierno. Así fue con Haya de la Torre y el aprismo; así con Perón y el peronismo; así con Chávez y Maduro; así con Evo Morales. ¿Por qué iba a ser distinto con el tránsito entre correísmo y morenismo?

*Sociólogo, docente de la Universidad Central del Ecuador.