¿ES POSIBLE UN FEMINISMO DEL HIYAB? Clarisa Freire Barreno*

Varias mujeres musulmanas utilizan el hiyab, un velo que cubre la cabeza y parte de sus hombros. Foto de Pixabay

Resulta irónico que en Oriente algunas mujeres luchan por quitarse el hiyab, el burka y otras series de prendas de vestir impuestas por el machismo y el patriarcado; y por el contrario, algunas mujeres originarias de Oriente y que viven en Occidente luchan porque no les quiten o les prohíban usar esos distintos velos de ocultación de la mujer. Y lo más sorprendente es que algunas de estas mujeres que llevan el velo patriarcal hablan de feminismo y dicen que representan al feminismo musulmán o al islámico.

Las propias mujeres defendiendo facetas del patriarcado y luchando por dirigir las instituciones del patriarcado, en sus más altos puestos. Con ello creyendo que la mujer está progresando y que la brecha de género está acortado y de esta manera se está extinguiendo el patriarcado. A lo mucho, lo que quizás lograrían es disminuir el machismo, si solo creen que es cuestión de dirigir y vivir equitativamente las instituciones y creencias patriarcales.

La abogada y defensora de los derechos humanos Nasrin Sotoudeh ha sido condenada a 38 años de prisión y 148 latigazos por su trabajo en contra del uso forzoso del hiyab en Irán. Por su parte, en los EEUU, la congresista demócrata Ilhan Omar se siente orgullosa de llevar el hiyab y cuestiona a quienes la critican. Se dice feminista y fue la vicepresidenta del caucus feminista de su partido demócrata laborista agrícola de Minnesota.

Ilhan Omar llegó a afirmar que “nadie pone un pañuelo en mi cabeza excepto yo misma, es mi elección”. Sería algo parecido a que ella diga, nadie en mi vagina corta mi clítoris excepto yo misma, es mi elección. Esto en relación con otra práctica del patriarcado musulmán y el islamista de hacer la ablación del clítoris. Práctica que incluso hoy en día es defendida por propias mujeres musulmanas y solo faltaría que algunas se reclamen feministas. Incluso, que digan que les han dado un contenido libertario, como dice con respecto del hiyab la escritora Sirin Adlbi Sibai[1].

Es entendible que no estén de acuerdo con quienes les quieran obligar a no portar los velos patriarcales, pero no por ello se lo puede encarnar más o radicalizarse y cubrirse totalmente con el burka, en una supuesta señal de protesta o de identidad. El musulmán-islamismo, el cristianismo-catolicismo, el judaísmo son instituciones patriarcales. No se trata de hacerles interpretaciones femeninas o de cambiar o eliminar las partes discriminatorias contra la mujer que hay en sus libros o de la posibilidad de acceder a los altos puestos de estas religiones. En todas las religiones, además de monoteístas, Dios es un hombre y no una mujer, los hijos enviados por el dios patriarcal (Mahoma y Jesús) son varones. Y eso es suficiente, entonces no se trata de decolonizar el islam o el cristianismo, sino que deben desaparecer en forma general todas las institucionales patriarcales y crear unas nuevas.

Es un absurdo hablar de un feminismo musulmán o islamista, pues como dice la feminista argelina Wassyla Tamzali: “Yo no estoy en contra del velo, estoy en contra del discurso del velo. Si alguien lo lleva y asume su papel como mujer en la sociedad, yo no estoy en contra, porque asumo que no todas las mujeres abrazan el feminismo, que es un pensamiento político. Pero es absolutamente incompatible ser feminista y llevar el velo. Me opongo a que el velo sea una forma de liberar a la mujer y me enfado cuando escucho que no es un obstáculo para el feminismo, porque el feminismo es un pensamiento político que está basado precisamente en la liberación del cuerpo”. [2]

Todo esto, también implica reconocer que Occidente tiene otros o similares velos, que aunque no los porte físicamente los tiene en su mente, en sus creencias, en su estilo de vida. De ahí que también resulta irónico el discurso de algunos occidentales cristianos contra los musulmanes y judíos, cuando también ellos portan diferentes tipos de hiyab, visibles e invisibles.

En EEUU había una ley que prohibía llevar la cabeza cubierta dentro de las Cámaras del Congreso, siguiendo la norma cristiana de quitarse cualquier cosa encima, como cuando se entra en la iglesia o se toca el himno nacional. Paradójicamente, fue la misma Omar la que obligó a derogar esta norma que imperaba desde hace 181 años.

Lo cual, al mismo tiempo es válido en tanto cualquier persona puede vestirse como quiera, en cuanto sea una cuestión personal o en tanto sea parte de su cultura natural y no que haya sido impuesta, como en el caso del hiyab que es impuesto por el patriarcado. No se puede imponer, el quitar o el poner el velo patriarcal, tiene que ser por voluntad y conciencia propia. Por ello también resulta cuestionable la actitud de los republicanos de EEUU y de una parte de los propios demócratas a la que Omar se pertenece, cuando hacen comentarios racistas y antiinmigrantes contra ella, pues es negra y de origen somalí. Incluso, Donad Trump mencionó que debía dejar su escaño en el Congreso, además de que debía de abandonar de inmediato su puesto dentro del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara.

En este sentido, yo creo que hay un solo feminismo, y es aquel, que es anticapitalista, antirracista, antirreligioso, antiextractivista. Los feminismos en plural son otra trampa del patriarcado, para tenernos engañadas y para dividirnos más. Comparto con lo que dice Cristina Fallarás: “Toda base de construcción de violencia contra la mujer se basa en la idea de Eva y de la virgen. No conozco a ninguna virgen que no sea mi hija de diez años. Cualquier construcción basada en una virgen se basa en un opuesto, que puede ser castigado y sometido. Además, su virgen es capaz de parir sin follar. Con lo cual nosotras somos unas guarras, no sólo porque necesitamos follar sino porque además no somos vírgenes. Si le sumas a esto que Eva es la culpable de todos los males sobre la capa de la tierra, ¿me vas a decir que una mujer que crea en esos dogmas católicos puede ser feminista? (…) Si eres cristiano defiendes jerarquía, machismo, violación, dolor, acumulación de riquezas, genocidio… esa falacia de los cristianos obreros no puedo entenderla. De ninguna manera alguien que defienda la Iglesia católica puede contribuir a la lucha por los derechos humanos”. [3]

Y esto mismo lo podemos aplicar a cualquier religión, ideología de dominación, raza superior, economía liberal, productivismo, etc. El feminismo tiene que ser totalmente anti patriarcal, sino no lo es. No puede ser, en una parte sí patriarcal y en otra no. Es incongruente ser antimachista y pro-capitalista, pro-homofóbico, pro-anti inmigracion, pro-religión, etc. Incluso, pro-ateísmo, pues ésta es otra creación patriarcal, en tanto, es una visión materialista, objetivista, cientificista, antropocentrista; que desconoce lo sensitivo, inteligente y cuántico de la naturaleza no-humana.

Los feminismos solo nos están conduciendo a la participación de las mujeres en las altas cúpulas institucionales del patriarcado, con ello consolidando la dominación sistémica con la incorporación de algunas mujeres en sitios de poder. Lo que significa la pérdida del horizonte integral y la desmovilización consecutiva o ulterior de las mujeres. De ahí que Nancy Faser propone el feminismo del 99%, que “es un intento de dar nombre y un conjunto de ideas a un nuevo activismo feminista que se está desarrollando en los últimos años y que creemos que representa una alternativa real al tipo de feminismo que ha sido el predominante, al menos en USA, Reino Unido o Francia y algunos otros países (no estoy muy segura si en España). Hasta hace muy poco en estos países el feminismo liberal ha sido la forma más dominante y se ha centrado principalmente en las preocupaciones de las mujeres de clase media alta o las mujeres del top 10%. Son ellas las que se han beneficiado de este feminismo y han encontrado su camino para prosperar en jerarquía empresarial”. [4]

Y así con los ecologismos, los indigenismos, los animalismos, los especismos, los izquierdismos… Por ello, es urgente un movimiento anti patriarcal, que agrupe no solo lo de género sino a todo lo demás.

*Más que feminista, matrista, de matria el complemento de patria.