A PROPÓSITO DE LA QUIEBRA DEL IESS. Por Juan Cuvi*

Paúl Granda, presidente del Consejo Directivo del IESS, habló sobre la edad para la jubilación en Ecuador. Foto: cortesía IESS

A futuro, cuando se analicen las políticas de salud implementadas durante los gobiernos de Alianza País, un resultado ocupará el puesto estelar: la quiebra de la seguridad social. Y también surgirá la correspondiente interrogación: ¿cómo fue posible que esto ocurriera en medio de la mayor bonanza económica de la historia nacional?

En efecto, desde cualquier punto de vista resulta inconcebible que la sobreabundancia de recursos termine en una bancarrota. Solo la politiquería tiene esa virtud. Un manejo demagógico y clientelar de las arcas públicas no puede esperar otros resultados.

El populismo es el hijo irresponsable de la abundancia. Dilapida el erario en la misma proporción que lo saquea. El despilfarro es una condición sine qua non de la corrupción.

Durante una década, las políticas de salud se sometieron a las necesidades político-electorales del régimen. Había que ganar adhesiones con obras de relumbrón y con la proliferación de servicios. Primó la lógica del inmediatismo. Por eso se desfinanció el fondo de pensiones del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) para cubrir la demanda cotidiana de la atención de salud.

Con esa perspectiva, el futuro y los jubilados fueron condenados al campo de las externalidades, de los efectos secundarios de una política coyuntural. Eliminar los aportes del Estado era, en ese sentido, una mentira coherente. Desde la ignorancia y la mala fe, Rafael Correa pontificó que el IESS tenía un exceso de ahorros. Y con esa declaración abrió las puertas a una sangría financiera insostenible.

Los populistas tienen otra peculiaridad: jamás se hacen cargo de la consecuencia de sus actos. Cuando el barco encalla, le echan la culpa a la brújula. Hoy, la respuesta a la debacle pretende descargar el bulto sobre la espalda de los trabajadores. El actual presidente del directorio del IESS –quien como correísta también fue parte del descalabro– acaba de anticipar que una de las medidas para “salvar” la seguridad social será el aumento de la edad de jubilación y el incremento del aporte de los afiliados. ¡Menudo cinismo!

La seguridad social de un país es un tema extremadamente complejo. Es imposible tratarlo en un artículo de opinión. Su manejo requiere de un largo proceso de construcción colectiva, tanto técnica como académica y de una negociación política que involucre a toda la sociedad. No obstante, sí es posible –e indispensable– dar respuestas puntuales a los intentos del gobierno y de los empresarios de sacarse el bulto.

Por ejemplo, los trabajadores afiliados al Frente Unitario de Trabajadores (FUT) acaban de plantear salidas alternativas a la crisis del IESS: cobro de la deuda del gobierno, cobro de la mora patronal, auditoría y suspensión de la subcontratación con prestadores privados, racionalización del gasto. Estas medidas, sin resolver el tema de fondo, al menos evitan que los platos rotos los paguen los más vulnerables. Tal como recomienda el Fondo Monetario Internacional.

*Master en Desarrollo Local. Director de la Fundación Donum – Cuenca. Ex dirigente de Alfaro Vive Carajo.