LOS PHD´S Y LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA. Por Alfredo Espinosa Rodríguez*

La presidenta de la Asamblea Nacional, Elizabeth Cabezas, retiro la propuesta de eliminar el requisito de PhD para rector. Su argumento fue que retira la propuesta “en virtud de incorporar nuevos elementos a mi iniciativa, ampliar la participación de los actores, profundizar el análisis de las reformas, y habiendo escuchado a los dos sectores involucrados”. Así lo señala el oficio PAN-ECG-2019- 0085. Foto: Twitter EC

La vorágine educativa de la última década promulgó la excelencia en función de la entrega cuantitativa de títulos (PhD´s) a estudiantes graduados dentro y fuera del país. El cartón era, en sí mismo, sinónimo de calidad.

Este fetiche de la postmodernidad educativa amparó su fundamento en la mejora de las condiciones económicas que traería consigo, la sola presencia de un documento adicional a la hoja de vida de los doctorandos. A lo que se añade la estructuración de una nueva élite intelectual dedicada, en primera instancia, a la producción indiscriminada de textos (papers) para llenar las páginas de las revistas indexadas y de investigación nacional e internacional; en segunda, a la administración educativa de las distintas casas de estudio y; en tercera, a la enseñanza y formación de nuevos profesionales.

En la priorización de funciones, muchos docentes inclinaron la balanza en favor de los dos primeros puntos; destinando buena parte de sus esfuerzos a la publicación de artículos de investigación y al cumplimiento de las formalidades burocráticas (tramitología) de la academia, enfocadas en mantener y mejorar su ranking local (categoría). Sin lugar a dudas, los títulos de quinto nivel otorgan a los profesionales mayor especialidad en la investigación, necesaria para quienes desean profundizar sus conocimientos en las distintas disciplinas.

No obstante, circunscribir la excelencia de los docentes a estos parámetros nos llevaría a dos potenciales errores: primero, hacer de la universidad un espacio monolítico que considere como ilegítimos y periféricos aquellos conocimientos que no se produzcan y reproduzcan bajo la mirada sacramental de los doctores y; segundo, masificar el estereotipo ya existente de que el título de PhD es sinónimo de ser buen docente o que esta condición estipulada en la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES), es sine qua non para ser rector o docente principal en cualquier ámbito académico, más aún en el universitario.

Aunque la presidenta de la Asamblea Nacional, Elizabeth Cabezas, dio marcha atrás en su proyecto de reforma a la LOES para eliminar el título de PhD como requisito para ser rector y profesor principal universitario; el tema pone en escena la necesidad de repensar la academia en cuanto al vínculo docentes/calidad de la enseñanza.

Por ello, cabe preguntarnos: 1.- ¿En qué medida el título de PhD es garantía suficiente para que un docente sea catalogado como “bueno” en la disciplina que enseña o que un rector sea “exitoso” en la administración de una universidad? 2.- ¿Los PhD´s con su sola presencia y título elevan la calidad del conocimiento? Para algunos académicos estas interrogantes probablemente sean producto de una “apreciación subjetiva”.

Sin embargo, son de gran validez si consideramos que la colonialidad del saber no busca por sí misma mejorar la calidad de la enseñanza, sino más bien representa la superposición institucional de los cánones de fondo y forma del conocimiento nor-europeo respecto a las epistemologías del sur.

Lo que está detrás de esto, es la presencia de un Estado que regula, sí, pero para hacer del sistema universitario una calcomanía de Europa y Norteamérica. No debemos olvidar que producto de este acto esquizofrénico la universidad Amawta Wasi fue cerrada.

Ahora bien, los docentes y rectores universitarios deben ser conocedores de la problemática de la academia y la pedagogía; de las epistemologías occidentales pero también de las propuestas subversivas de conocimiento; los rectores y quiénes aspiren a ese puesto, deben ser buenos administradores de los recursos económicos y humanos de la universidad.

En sí, los buenos docentes y rectores hacen de la universidad un pluriverso de saber y conocimiento. ¿Quién nos garantiza que los PhD´s actuales y los nuevos que son docentes y rectores lo hagan? El título no es imán de éxito, ni tampoco certifica que estos profesionales cuenten con la pedagogía necesaria para compartir sus conocimientos y brindar una enseñanza de calidad.

*Comunicador Social. Maestrante de Estudios Latinoamericanos. Analista en temas de comunicación y política. Docente.