JESÚS FUE DE IZQUIERDA. Por Atawallpa Oviedo Freire*

Si aplicamos la categoría derecha – izquierda a la época de Jesús o a cualquier época, Jesús fue de izquierda. Si entendemos por izquierda a aquella ideología o persona que defiende a los pobres, a los explotados, a los oprimidos, en definitiva, a quienes carecen de los mismos privilegios que otros gozan, estableciendo una situación de desigualdad y de explotación. Obviamente, que hay izquierdas que luego de haber llegado al poder han hecho lo mismo que las derechas, incluso con actitudes autoritarias y hasta fascistas.

Hay muchas parábolas que hacen referencia a cómo Jesús estaba con el pueblo y en contra de los potentados de Palestina, de los rabinos, del imperio romano y de todos los que sometían a las masas empobrecidas. Es muy conocida la frase: “Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios” (Lucas 18:25) o el caso de la expulsión de los mercaderes y cambistas en la plaza donde había un templo.

“Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús llegó a Jerusalén y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas con sus mesas. Entonces hizo un látigo de cordeles y los echó del templo, con todo y sus ovejas y bueyes; a los cambistas les volcó las mesas y les tiró al suelo las monedas; y a los que vendían palomas les dijo: Quiten todo de aquí y no conviertan en un mercado la casa de mi Padre” (Juan 2:13,17).

Su ira era principalmente con los cambistas, que se enriquecían fácilmente solo cambiando dinero, sobre todo, haciendo préstamos con altos intereses. Jesús ya se daba cuenta de lo que era (y sigue siendo) el mercado cambiario y prestamista y los cuestionaba por ello; que es lo mismo que hoy disputamos y que se llama “libertad de mercado” o “neoliberalismo”.

Desde antes de Jesús hasta nuestro tiempo, el mercado de los cambistas ha sido el medio de enriquecimiento más rápido para algunos a costa de los trabajadores que no tienen el capital. Jesús lo tenía muy claro y desató su ira contra ellos como ahora se desata por los que detractan la usura bancaria y la bolsa de valores (Wall Street).

Jesús era pobre, un campesino hijo de un carpintero que tenía lo mínimo para subsistir y, obviamente, como muchos necesitados que se rebelaron contra ese reino injusto, enfrentándose a las altas cúpulas judías y romanas que se mantenían y se beneficiaban con el trabajo y el esfuerzo del pueblo. Como en aquella época no había separación entre la religión y la política, (en realidad, ahora es más sutil pero se mantiene), Jesús comenzó a hablar de la necesidad de construir otro reino u otro mundo.

Un reino con un dios de justicia y equilibrio para todos, pues el de los judíos, era un dios del pecado, de la culpa, de la injusticia, de la pobreza, que justificaba y hasta valoraba la pobreza como medio de expiación de los pecados y como el supuesto medio para un reencuentro con dios en una otra vida. Tal como se dice hasta el día de hoy: “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3).

Jesús comenzó a predicar de otro dios y de construir otro reino totalmente diferente al que habían construido los judíos y los romanos. Su mensaje despertó mucha simpatía entre el pueblo y hubo quienes adhirieron y comenzaron a apoyarlo en su lucha. Obviamente, esto provocó la reacción de los potentados, especialmente de los rabinos y de todos los ricos, que buscaron medios para eliminarlo, como se ha hecho siempre con todo revolucionario, en todo lugar, hasta el día de hoy.

Como vieron en él a un sedicioso, que ponía en peligro el orden instituido, negociaron con los jerarcas romanos para que éstos lo mataran, pues ellos no podían hacerlo directamente. De ahí la referencia a Poncio Pilatos de que “se lavó las manos”. Comenzaron a divulgar falsos comentarios sobre él y a acusarlo de que estaba en contra de dios y de que era un hereje; tal como ha sucedido siempre y que, en nuestro tiempo, llamamos “fake news” (noticias falsas) o propaganda que desinforma, dándose el caso de que han habido muchos linchamientos a personas inocentes.  Eso mismo hizo con Jesús, cuando cargando la cruz, le obligaron a recorrer las calles para que el pueblo lo maltratara. Y finalmente, como era la práctica en aquella época, lo mataron crucificado, tal como se hacía con los insurrectos y con los criminales que generaba la pobreza.

Con ello creyeron haber extinguido al revolucionario impertinente, más por el contrario, sus seguidores se fueron multiplicando y apareció más gente que lo seguía. Así, el pensamiento del nuevo reino de dios o del nuevo mundo que buscaba Jesús se fue extendiendo más y más por varias regiones. De la misma manera se han popularizado otros pensadores y maestros en el mundo entero.

¿Y cómo lo sabemos todo esto? Pues, de las cartas de Pablo de Tarso, de los evangelios y de otros escritos de aquella época, pero luego de la muerte de Jesús, todo dio un giro de 180 grados.

Pablo de Tarso era un judío de los fariseos, es decir, ultraconservador, (como Netanyahu hoy en día), quién se interesó por este revolucionario del que todos hablaban. Dice Pablo de Tarso que, un día yendo a Damasco tuvo la revelación de que Jesús era el mesías que habían estado esperando los judíos, según sus creencias. Claro, que los judíos no lo aceptaron y siguen esperando al tal salvador hasta el día de hoy. Por lo que Pablo decidió averiguar más sobre él y se fue a Jerusalén en busca de información sobre el insurgente muerto. Logró hablar con algunos de sus seguidores, en especial con Santiago, el hermano de Jesús; y con Pedro, uno de sus principales seguidores.

Pero no habló ni con María, la madre de Jesús; ni con María Magdalena, su compañera, pues en esa época (y hasta el día de hoy) las mujeres no eran ni valoradas ni apreciadas, fruto del patriarcalismo impuesto por las religiones, desde Abraham hace unos 6000 años hasta este tiempo. Contrariamente, Jesús, defendía a las mujeres, incluso a las prostitutas, como aquella a la que querían apedrear los fariseos o de la derecha judía y les dijo: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”. Otros dicen que en realidad dijo: “Aquel de ustedes que no se halla acostado con ella, que tire la primera piedra”. Y así defendió a todos, a los homosexuales, a los discapacitados, a los enfermos, considerados tales por haber pecado en esa o una anterior vida, pues para Jesús dios no podía castigar a nadie sino amarlos, como padre y madre que era. Muy diferente al dios de los judíos (y de los actuales cristianos y católicos), que es punitivo, rencoroso y purgador. De ahí, la actual derecha homofóbica, misógina, xenófoba, etc.

Pablo de Tarso llegó a la conclusión de que Jesús era el Mesías o Cristo en lengua latina y comenzó a hablar de un tal “Jesucristo”, pero principalmente a escribir pues en esa época el 95% de la población eran analfabetos o sabían muy poco, como el caso del mismo Jesús. Pablo de Tarso como fariseo creó un Jesucristo a su medida y conveniencia, no él que había sido sino el que él pretendía desde su óptica de judío fariseo o de derecha. Por ejemplo, Jesús no creía en la historia del pecado venial del que hablaban los judíos, pues no creía en un dios mezquino que expulsaba a sus hijos del paraíso y llegó a considerar que ese era un invento de los fariseos, pero Pablo de Tarso dice que Jesús sí lo creía; consecuentemente la iglesia Católica lo repite. Y así fue cambiando y modificando al Jesús revolucionario, por el Jesucristo que conocemos hoy en día. Mientras Jesús luchaba por un Dios de amor, Jesucristo imponía (y sigue imponiendo) un dios castigador, rencoroso, duro.

Los seguidores de Jesús que lo conocieron y que compartieron con él difundían la versión original, de lo cual hay referencias en dos que lo siguieron como Mateo y Marcos, que escribieron parte de los evangelios. Aunque ahí también hay una mano interesada para construir la historia a su conveniencia, pues, como sabemos, la historia la escriben los vencedores y la hacen a su necesidad. Mateo y Marcos no sabían escribir como Jesús y cuando se escribieron sus evangelios, ya tenían alrededor de 80 años, por lo que los escribas fariseos acomodaron la versión a su beneficio. No todo es creíble, especialmente, toda referencia a un dios culpabilizador.

Este movimiento revolucionario se fue extendiendo a través de los años por varias regiones y Jesús llegó a tener seguidores hasta en Roma. Algo parecido a lo que hicieron los marxistas con Karl Marx que lo han popularizado por todo el mundo, pero con múltiples interpretaciones y hasta peleas entre ellos. Eso mismo pasó entre los seguidores de Jesús y comenzaron a aparecer varias corrientes en los 250 años posteriores, entre ellos también los que se hicieron eco del Jesucristo de Pablo de Tarso. Por lo que, entre ellos, había varias disputas sobre cuál era el verdadero Jesús, como entre los seguidores de otros revolucionarios y personas en toda la historia mundial.

Lo cierto es que los jesusianos y los cristianos se convirtieron en un gran conglomerado que ponía en riesgo al imperio romano. En una primera instancia, intentaron aniquilarlos cuando les acusaron de unos robos; luego se desató una persecución de muerte contra los jesusianos y los cristianos por parte del pueblo romano. En realidad, fue para levantar al pueblo contra ellos por la mala situación económica en que vivían y culparles de su desventura. Como siempre, la derecha y el imperialismo se han inventado algún episodio para enfrentar al pueblo contra el pueblo, con el fin de calmarlos y de desviar la atención. Lo hicieron antes y lo siguen haciendo ahora.

Pero esto no acabó con el movimiento revolucionario y siguió creciendo, pues la pobreza seguía latente y se había agudizado más, mientras los jerarcas romanos vivían en la lujuria. Se convirtieron en un movimiento insurreccional, por lo que para calmarlos y ponerlos de su lado, el emperador Constantino tuvo la gran idea de incorporar al cristianismo como la religión oficial del imperio romano, lo cual le dio gran resultado y los aplacó de cierta manera. Para consolidar el cristianismo crearon toda una estructura jerárquica, que es la iglesia católica con todo un poder político y religioso, sustentado en una serie de estructuras patriarcales para su funcionamiento y expansión.

Jesús, que no fue sacerdote, que nunca dio una misa, que no creó ninguna religión, que jamás fundó una Iglesia; terminó siendo utilizado, tergiversado y deformado, ya no para servir a los pobres sino a los ricos. Desde entonces hasta el día de hoy. De esta manera, fueron cooptados los cristianos al imperio romano y derrotados los jesusianos, que si bien se dieron cuenta que era una treta de Constantino ya no pudieron hacer nada contra los cristianos. Como en el caso de Marx, en la que al final se impuso el marxismo de Lenin y de Stalin y crearon el marxismo-leninismo, como de igual manera el Jesús-cristianismo. ¿Qué dirían de todo ello, el propio Jesús y Marx?

Incorporado el cristianismo, los romanos cristianizados procedieron a cristianizar el mundo, imponiendo el dios castigador y culpabilizador de los judíos, más algunas incorporaciones desde el propio bagaje de los latinos y de los helénicos, para hacer un Jesús y un Dios a sus intereses de poder. Sin embargo, en la iglesia y fuera de ella, hay quienes saben cuál era el verdadero Jesús y han venido peleando por restablecer su verdadero mensaje y, principalmente, la visión de dios.

Una de las expresiones más importantes se dio con lo que se llamó la Teología de la liberación al interior de la Iglesia, movimiento revolucionario que, el papa de derecha o conservador Juan Pablo II, se encargó de cortar. Aunque la escisión no fue de raíz, todavía no han logrado recuperarse y hoy con Francisco lo están intentando, pero como Francisco es muy tibio o de centro, no han podido ir más allá. Con un papa de izquierda renacería Jesús en todo su esplendor y esa es la tarea pendiente.

Los europeos también fueron cristianizados, perdiendo todas sus tradiciones y su cultura. Los pueblos indígenas y milenarios de Europa que eran los Celtas, los Galos, los Normandos, los Ibéricos, los Belgas, los Vikingos y los Germanos, finalmente fueron convertidos, no solo en sus creencias espirituales sino que les impusieron el latín del que derivan todos los idiomas latinos que hoy conocemos. Esto no pudieron hacerlo con los europeos del Norte, desde lo que hoy es Alemania, que si bien luego fueron cristianizados no perdieron ni sus lenguas ni sus culturas, mientras que, los europeos mediterráneos lo perdieron prácticamente todo. Y es por eso, que hoy la derecha, e incluso la izquierda, dicen que su cultura es la romana, helénica y cristiana, desconociendo sus verdaderas raíces, lo cual es lamentable.

El cristianismo es de origen asiático con una fuerte carga semita y hoy la derecha europea rechaza a los pueblos semitas, sin tomar conciencia de que Jesús era palestino; y hasta lo presentan como un hombre blanco, cuando era moreno como los actuales. Cuando la derecha ve a un moreno originario del Medio Oriente que camina por Europa, está viendo a alguien con fenotipo similar a Jesús, pero lo quiere fuera de Europa. ¡Qué ironía!

Los europeos cristianizados se lanzaron a evangelizar el mundo e hicieron lo mismo que los cristianos romanos habían hecho con ellos. Impusieron violentamente su dios vengativo y su cultura.  Luego de 500 años, las espiritualidades y culturas indígenas ya han casi desparecido, al igual que los idiomas que van en ese proceso. Y de la misma manera, los latinoamericanos no se reclaman parte de la cultura amerindia sino también de la cristiana, romana y helénica. Todos adoctrinados, defendiendo las imposiciones hechas. Y el Jesús que soñaba con otro reino sigue soñando, pues ese nuevo mundo todavía está muy lejano.

Jesús se sentiría feliz con los revolucionarios de este tiempo, que no son los cristianos de derecha, ni con los marxistas actuales, sino aquellos que han superado el cristianismo, el marxismo y hasta el izquierdismo, como es el caso de los zapatistas en México y de los Kurdos en el Asia Menor. Ellos tienen las mismas ideas que Jesús, como cualquier otro revolucionario profundo, que entiende que solo es posible otro reino u otro mundo, en la medida en que se termine la verticalidad y se instaure un sistema de armonía entre lo vertical y lo horizontal; un mundo en donde quepan muchos mundos. Esto es, un mundo donde las desigualdades o brechas sean mínimas entre las personas y con todos los seres que forman parte y hacen la vida.

*Escritor nacido en Ecuador. Abogado, a los dos años de ejercicio dejó de engañarse y guardó su título. Desde hace 16 años viaja por Europa -principalmente- acompañando procesos de despertar de la conciencia.