¿CUÁNDO SUENA MI TELÉFONO? Por Michel Laforge

Foto referencial de Pixabay

Cuando suena mi teléfono celular y no reconozco el número que me está llamando, tengo como regla personal el contestar. Nunca se sabe, puede ser una oferta de empleo, algún amigo perdido de vista o la noticia de que gané en la lotería (aunque para esto primero tendría que comprar boletos de lotería).

Pero últimamente, no sé si les ha pasado, he tenido varias llamadas de operadoras de telefonía celular, empeñadas en ofrecerme cambiar de operadora o de plan, con unas “técnicas de mercadeo en línea” para mi gusto, poco refinadas: suena el teléfono y habla una voz con claro acento ¿será parte de las “técnicas de mercadeo”? que lo llamen de otra región geográfica, a priori más exótica, que evoca el sol, la playa, las vacaciones).

“¿Es usted el señor Fulano de Tal?” de ahí, el  “gancho” clásico es: “Señor Fulano de Tal, usted ha sido sorteado para una oferta increíble”, según la cual uno tiene acceso a miles de megas, llamadas ilimitadas y el uso gratis de una red social o tal vez dos.

Visiblemente, la técnica es no dejar hablar al cliente potencial, alineando todos los argumentos (que deben estar en una cartilla pegada justo enfrente de ellos), hasta llegar a la pregunta decisiva: “¿Está usted dispuesto a aceptar la gran oferta que le acabo de presentar?”. La consigna que deben tener es no dejar mucho tiempo para pensar la respuesta, que hay que tomar la decisión rápidamente y dar la sensación de que se puede perder una oportunidad que no se va a tener en mucho tiempo o tal vez nunca más.

Frente a estas llamadas, y dependiendo del humor del momento, uno duda en cerrar el teléfono con una frase vengadora, tipo “no me interesa y ya no me llamen” o en darle alguna cuerda al pobre “promotor” que, adivinamos, hace un trabajo precario remunerado probablemente por la cantidad de llamadas efectuadas y seguramente por la cantidad de contratos vendidos. Pero, tal vez esto es peor, porque es darle la esperanza de que su formación acelerada para la venta en línea va a tener algún fruto, y que va a conseguir vendernos esa suscripción a TutiPlay o como se llame la súper plataforma de videos que conseguiríamos con nuestro hipotético plan.

El problema no es solamente que sé muy bien porqué escogí el plan de telefonía celular que tengo y el argumento del “Tutiplay” y del “FullFamily” no me va a hacer cambiar de opinión, sino que, por principio, desconfío de esas ofertas supuestamente atractivas que uno recibe directamente a su teléfono. Como muchos ecuatorianos, no necesito haber sido estafado con la promesa de una cena gratis en un hotel de lujo para saber que este tipo de ofertas son, en el mejor de los casos, estrategias de mercadeo para venderle a uno lo que no necesita, y en el peor, esquemas de engaño muy bien armados.

Pero, bueno, si lo siguen haciendo, es que hay gente que debe seguir cayendo. Así que, en aras de una labor social y para evitar que sigan cayendo los incautos, aquí va mi consejo de la semana: si no has comprado ningún boleto para participar en una lotería, no creas nunca que has salido sorteado y sólo cierra tu teléfono. Y que el pobre trabajador precario que sigue trabajando en esos “call center” chimbos busque un nuevo empleo.

#LosDeAPie